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Barcelona / j re crivello

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Agosto -estoy de vacaciones-

Luz interior -y Milton M-

Imagen de Judith Lloret Lansaque

By J Re crivello   Imagen: Judith Lloret Lansaque 

“Mi corazón ama la primavera” –pensé

Con ello Dalia Z., divorciada, con una granja a cuestas y sin hijos estaría pensando en delinquir, trabajar o robar algún amor. Esa noche dejo todo bien cerrado, se pinto los labios con un rojo sereno, se metió en una falda arrebatadora y se propuso visitar la Catedral. Así llamaban al pub/bar de música que quedaba detrás de la estación del próximo pueblo. Una localidad que era el núcleo de la comarca, famosa por sus ferias ganaderas y algún cambio de partida ilegal de ganado en mal estado por unos cimarrones radiantes. Ella se había mentalizado, un galán joven, por cierto su edad era de 30 años y no podía ser menos. También se había prometido esta vez no rechazar ni al más feo, ni al tartamudo, o al señor llegado en silla de ruedas. Todos eran tipos llenos de vida, y pasados unos minutos aquel calor que desprendían podía incomodarle o no. La batalla –para ella, estaba en el primer beso, cruzado, con leve lengua y sabor a tabaco o construido por la higiene mentolada de aquel que escondía la droga. También si aparecía uno sin olor a cigarro, esta vez le aceptaría. Son tiempos que se recogen las historias y los nuevos saurios han perdido esa característica del galán de la película Casablanca. ¡Ah!… Bogart. Su humo llenaba la pantalla, sus ojos batían de escandalo a su alrededor, en busca de esa cosilla que las mujeres amamos, ¡la emoción!

Bajo de la furgoneta cerca de la 23:30. Se retoco un poco el peinado, se miro en el cristal, el vaho del frio le impidió verse, camino y entro resuelta. El espacio con una barra a la izquierda y muchas mesas ocupadas: “buen comienzo” –dijo. Saludo a alguno y fue a la barra. A los pocos segundos alguien intentaba hablarle, de carácter delgado, de mirada necia, “este no era”. Se lo quito de encima yendo al lavabo, al regresar el pájaro estaba apoyado dando la lata a otra. Al final de la barra pudo ver a un tipo, rudo, lleno de movimientos delicados que contradecían su compleja construcción.

_Hola –dijo. La camiseta de su conquista era redonda, abierta, sin cuello y cultivaba senos de culturista. ¡Que horror!, pero se contuvo. Él se giro y respondió:

_ ¿Te conozco? “Tal vez –dijo, para agregar: vengo poco por aquí”. El divago con su mirada y le recorrió desde la punta de sus senos hasta posarse en su nariz. Dalia Z. tenía una cabeza pequeña y un corte de cabello ondulado que llamaba la atención por su vigor. “Esta noche no hace frio” –dijo el. El tema no acababa de arrancar, ella decidió dar un hachazo:

_ ¿Que haces cuando te aburres? El sonrió, a los hombres les molestaba que entraran en su intimidad y no le dejaran espacio para su gloria personal.

_Escucho música y me hago unos bocadillos de pan de miga, pollo y lechuga con mayonesa que están muy bien –respondió, casi sin respirar. Dalia Z. se repuso y paso su dedo por su labio, como si fuera incauta, lo había visto en un culebrón mexicano y luego batió sus cejas. Si agregaba más se desmayaría de tanta horterada seductora que había puesto en marcha. El salió en su socorro al preguntar: Esa camisa que llevas ¿es muy ceñida?, -y divago sobre caramelos y hormonas, o senos amplios y apreturas, que le llevaría a sorber cerveza ante tanta inutilidad. Dalia Z. en su interior deseaba ¡un Bogart! Por favor… ¡sal con esa estrella de Bogart! Y el tipo al terminar el sorbo fue mas explicito y dijo con ese estilo lanzado y sin parar: “me da igual como te llamas, soy un lobo solitario. ¡Un lobo!” Repitió dos veces aquello, y se acercó hasta su oído para decir, “si vienes conmigo tengo buena música, bocatas y sexo”. Ella se asusto, y ¿si este tío es un cabroncete que al llegar me maltrata, o me dispara en la nuca? Por su cabeza pasaron segundos terribles, hasta responder suave:

Si, pero si te pasas, prometo dejarte lleno de agujeros. Milton m vio sobresalir una pistola que asomaba en el interior de su camisa, de raso negro y puntas de estrellas pequeñas y doradas. Pagaron y se marcharon.

Al salir un mensaje en el guasap de Milton M sonó, decía: ¡llámame! lo firmaba su padre Milton Z.

Luz de atardecer

By Juan re-crivello

Es una luz que se manifiesta sin fuerza, es como una mosca cansina que gira una y otra vez hasta esperar que acabe el lio en la que reside.

Ayer al cruzar el pie pude observar que mi zapato no estaba limpio. El barro de la calle, sin asfaltar y después de una larga lluvia me molestaba. Las grandes ciudades tienen agua y ricino en sus casas –pensé. Al mediodía la paja del granero se habrá terminado, y el gran año de cosechas prometido será una aventura breve y envidiable. No quise desmayarme, ni dejarme arrastrar por la desazón, más bien camine dos calles, esquivando barro para dar con la granja de Emiliano C., en esta parte del pueblo –a las afueras, tenemos todas las desventajas y pagamos lo mismo que en el centro. Él estaba con los animales, entre por el lateral, pronuncie su nombre y un gigantón me recibió. Estaba malhumorado, el tractor parecía muerto y la vaca del fondo anhelaba dejar de dar leche. “Problemas” –dijo. Le manifesté que el año venia atravesado y que carecería de paja para lo que quedaba de invierno. El solo respondió: “será una novedad si todo viniera bien”. Me resarcí de verle en la misma necesidad y conté mentalmente el nivel de mis ahorros, luego dije. “Tal vez necesite para uno o dos meses” El comprendió y dijo: “no te preocupes mis animales no se lo comerán todo”. Me quede allí ayudándole con el tractor e inexplicablemente su motor volvió a dar. Antes de marcharme mire en dirección a su cocina, sola y abandonada desde la muerte de su mujer. Le pregunte: “¿le apetece que le guise?”. “No”

#A los hombres solos -de campo- cuando se les cambia la vida, se transforman en viudos#

En el camino de regreso, ni barro ni ostias, una mujer como yo, divorciada y llena de vida debía permitirse el regreso del sentimiento. Mire a mi derecha, un bosque largo, denso, verde se movía acompasado de una leve brisa, como temiendo que este invierno remontase con más frio y lluvia. “Mi corazón ama la primavera” –pensé.

Luz suicida

By j re crivello

“Cuando se vive tanto que hay que pagar exceso, hay algo en el amor como una luz suicida”

Luis Rosales

Pudo comprobar que tenía fiebre. María M. agarraba en sus manos el termómetro y una línea llegaba a 39, se puso de pie y fue hasta un cajón. Allí pudo rescatar un anti gripal. Ese día había quedado con Juárez, le llamaba así debido a su delicada insistencia en decir que una parte de su vida lo había pasado en Ciudad Juárez, aquel islote famoso a nivel mundial por los asesinatos. También recordó que su gato se había marchado la noche anterior  -¿de juerga? Y aun no pisaba el alfeizar donde le dejaba la comida. Incluso pudo ver que la mañana era fría y fuera unas gotas de lluvia estaban machacando a los vecinos. Vivía –es un decir, en un barrio de Barcelona de tradición festiva y rauda. El barrio de Gracia, engullido por la inmensa ciudad pero libre de la droga y los turistas japos llenos de maquinitas para guardarse una parte del reinado que disfrutaba la ciudad en el diseño, de urbe vital y moderna. Fue hasta su móvil y envió un mensaje a su jefa. En el distrito donde trabajaba –Poble Nou, de antiguo lleno de fábricas y ahora cubierto de cajas de informática. De esta manera llamaba a las potentes industrias de tecnología virtual que crecían como setas en esta parte de la ciudad. Un zumbido -fue la respuesta de su jefa: “quédate hasta el lunes”. Estábamos a viernes y su incubadora física no bajaría de fiebre hasta la noche del sábado, por lo que decidió llamar a un ligue que tenía la virtud de sembrar de sexo con propina. Ella se refería –a él, a su delicada manera de repetir la taza de café y ponerse en la cama hasta el doble de veces. No atinaba a entender cómo se lo hacía, alguna vez había consultado a algún amigo masculino y le respondían: “tú estás loca, los tipos a duras penas al finalizar el primero, parecemos con fuerza, pero la maquina esta desconectada”. Inclusive le agrego, uno más amigo, y vil reclamo de colegas en Sitges: “somos tan putones de sexo que al corrernos ya estamos pensando en el partido de futbol”.

_Hola

_Como estas –preguntó su amante exquisito

_Con fiebre

_Con sudor y grima se pasa el momento –dijo el con un tono mesiánico.

_ ¿Vienes? –pregunto ella

_Los viernes tengo algún compromiso, pero si te parece de 2 a 4.

_OK –dijo María M. Sabía que su potente compañero se ganaba la vida con este acompañamiento, pero con ella todo era gratis. Es más al entrar, la mayoría de veces derribaba su cosecha de resistencias con un suave murmullo –al oído, luego el calor sobrevenido, podía, hasta con la pila bautismal del antiguo sacerdote del pueblo, la cual evaporaba.

#Seco, muy seco quedaba la cama, su cuarto, el lavabo y hasta su gato Odeón miraba extasiado en aquel precipicio de sexo#.

Fassbinder: Un pie en la cloaca*

Los dialogos al final en las notas de pie de página… Amigos: ¡Fabulosos! -j re-

Estaba preparando el siguiente artículo y un libro de consulta que utilizaba ha desaparecido por completo. Las cosas desaparecen inexplicablemente o re-aparecen, en estos días el cambio de mi biblioteca a un lugar diferente de la casa ha traido a mis manos “el amor es más frio que la muerte”, una biografía sobre Fassbinder, de Katz y Berling.

¿Hablamos de la magia, ante la perdida del desdichado ensayo? O, ¿del juego provocador de un cineasta que murió a los 37 años?. Sus películas nos llevan al paraíso iconoclasta de las dificultades del individuo en lucha con su tribu inmediata. De amores no correspondidos, del hartazgo de soledad del niño abandonado por su padre y una ubre materna esquiva y contradictoria. El cineasta vive en la calle y va al cine tres veces al día. Del amor bisexual o homosexual, pero en la que Fassbinder las resuelve creando dependencias con respecto a su ego. De su neurosis frente a una sociedad que le recrimina su ano-rmalidad. Basta citar una anécdota. Su madre al llevar el a su casa un amante negro le dice:

Podría haber sido alemán. O hablar nuestro idioma…” Fassbinder por ello nos habla de desvalidos, de diferentes, de la locura que se rebela contra lo estándar y pueril. Ello me recuerda de una vieja anecdota de hace 40 años de un amigo que al ir a la boda con su madre, en el frio y alejado interior del país, el dialogo entablada fue de este calibre:

_Hoy vamos a a la boda de tu tía y no conozco bien a su futuro marido -dijo su madre

_Mama, creo que es de otro color.

_¿Como de otro color?

_Negro. Creo negro. La cara de su madre se transformo, habia entrado en la sangre la mezcla a la que tanto temían.

#Visitar la cloaca es dramático, asomarse a ella intriga, pero hundirse, constituye una experiencia que cubre nuestra memoria de símbolos#

Un comentario de una lectora:

Por qué habré olvidado -no totalmente- a Fassbinder? Él, su cine, significan para mí hitos y ahora me doy cuenta cómo a veces una puede olvidar lo importante. Gracias por este artículo: voy a buscar en mi estante, una revista sobre Fassbinder… Nota: Publicado por: Vir, que nos lleva a un blog desactivado. Como siempre los blogs desactivados nos sumergen en genios dotados de memoria y… seducción. saludos -j ré-

Notas: Textos de películas

Fox. _Me pareces asqueroso.

Eugen. _¿Ah sí?

Fox. _Sí. Pura mugre.

Eugen. _¿Y tú? ¿Te lavas a menudo?

Fox. _Hay gente que se lava y gente que es limpia de por sí.

Eugen. _Y gente que apesta incluso cuando está limpia.

Fox. _Y eso es lo que a ti te gusta, ¿verdad? Porque también los hay que les gusta todo aquello que apeste un poco ¿no es así?(2)

La ley del más fuerte

Eugen. _(recogiendo del suelo la ropa de Fox). Estoy arreglando tus cosas, querido.

Fox. _Que estúpida. ¿No sabes la historia de aquel que se le estropeó el coche en una autopista de California? Pues resulta que se puso a hacer señas a los coches que pasaban, pero nadie se paraba. Al cabo de nueve horas se pegó un tiro. Ya ves.

Eugen. _¿Siempre lo dejas todo tirado?

Fox. _Hay quien siempre lo deja todo bien ordenado y otros que se preocupan más por lo que tienen en la cabeza. ¿Me lavo o me prefieres en estado natural?

Eugen. _Mmmm.

Fuente: La ley del más fuerte

Filmografía, no esta completa. El libro ha desaparecido, ¿lo tendra él?.

El matrimonio de Maria Braun

Viaje a la felicidad de Mamá Küsters

Ruleta china.

Berlin Alexanderplatz

Querelle

En un año de trece lunas

La ley del más fuerte

Lili Marleen

Links:

http://www.salayago.com/web/Ciclo%20fassbinder.htm

http://www.mundobso.com/fichapeli.asp?codigo=B95

http://www.puertacine.com.ar/puertacine17.html

http://www.terra.es/cine/biofilmografia/articulo.cfm?ID=16814

http://www.mymovies.it/dizionario/recensione.asp?id=14454

Bio:

http://en.wikipedia.org/wiki/Rainer_Werner_Fassbinder

Milton M –y los hombres -serie 01-

By j re crivello

Dedico esta serie a dos entrañables… amigos, lectores, críticos y exigentes: Pedro J. Guirao Marco  & Santiago Fernández Rodriguez

Milton M salía todas las tardes por la acera del costado donde dejaba cada cierto tiempo abandonas mis zapatos de charol. Nunca supe si era irremediable su paseo o mi abandono después de bailar. La comarca era el hábitat de especies en desuso. Lo de Milton. un ser campechano y lleno de cemento en los hombros, no tenia solución. Algunos me decían “ese tipo corre lleno de imaginación, pero no soporta que en este pueblo hablen de su desvarío”. Tanto por lo uno u lo otro, que cada novio o novia que le conocimos vino desde la ciudad, de mas allá de los 500 kilómetros. Los entretenía con su deje socarrón, les hacia cortar leña o exprimir las tetas de alguna de sus vacas, y les contaba la historia que su requesón era tan bueno que lo vendía mas allá de las montañas que dan por el Norte a la orgullosa Alemania. Y, de tanto en tanto les despedía. Una vez me atravesé con él y nos fuimos de copas, allí se explayó: los traía de otra comarca donde se ligaba por furia. “¿Cómo?”-pregunté. Y él me explico que allí había un bar donde se despelotaban y se llenaban de barro alrededor del cuerpo, luego entraban en un ring, donde “¡ay!” –exclamo-, se servían de los empujones de unos a otros al estilo de los luchadores de sumo.

“¿Y quien vencía?” –dije sorprendido ante esos sitios donde se liga tan fácil-. El dio un rodeo, trago saliva y pidió otra cerveza para responder:

“El que primero mordía delicadamente la oreja de su rival ese tenía derecho a dormir con el o ella dos meses, bueno, dormir y llenarse de lascivia vil y cruel. Y… llevárselo a su casa”. Al ver mi extrañeza, él refirió para acabar:

Los hombres éramos en aquella época siempre los mismos: llenos de cal, cerveza y ahorro para gastar en putas. Y…  Se detuvo y me miró como si fuera una confesión ajena a la vista o la presencia de alguna mujer y dijo:

#ahora algunos somos ¡más sensuales que la leche! Y se marcho#

¿Y el sexo? -serie Femeninas y masculinos-

By j re crivello

Alborotado, solitario, con otra u otro. Molesto por un final tan austero, satisfecho por tanto ejercicio de besos. O rítmico, es decir puro ejercicio para resolver nuestra propia necesidad…

Y cada escuálido compromiso nos pone ante un con- tacto y este puede ser mísero o atrevido. Aunque detrás esta nuestro corazoncito a la espera de ver en el otro una mirada de aguamarina, tierna y caprichosa.

Si no lo hacemos a gusto no amamos. Somos tan animales que el bocado cultural esta después. Si nuestro partenaire se levanta y sabe a un sudor extraño aquello se ha ido al garete. Si ella lleva unas bragas de tormenta, nuestra libido crece y explota, pero como lleve un correoso cinto de cartón piedra estaremos perdidos. ¡Perdidos!. Y si es él, donde creímos que sabía a menta vemos que una vez de pie, al observar su espalda lisa y caprichosa, y ver como comienza a hablar de la tan jodida Republica del futbol, ¡crack! es cuando sin sentido repasamos en la agenta hasta los maridos de nuestras amigas ¡para reemplazarle!

Los femeninos o masculinos nadamos entre la espalda cargada de amor y el sueño de que este tipo o tipa que rogamos este de muerte. Me ha enamorado   -decimos. ¡Me pone!  –nos reafirmamos. Y ya puestos, salimos como locos a la búsqueda de aquel espacio para alojar nuestro próximo encuentro.

Pero el sexo decae, o sufre los cambios de nuestras necedades. Y le intentamos sustituir por el ritmo, el ejercicio.

“Siempre después de hacer el amor, me levanto y hago ejercicios al lado de la cama para impresionarla”.

Decálogo real contado por un tierno amigo de Universidad ¿te acuerdas Adrián P? El paso de los años le habrá calmado. El entendía el sexo como un ejercicio, en la cama y en el post coito.

Los femeninos y los masculinos nos medimos alrededor de este termómetro. Desearíamos decir, que el liguero estimula, pero nuestro con-tacto aún más.

Desde antiguo, sexo y amor van unidos, parece que actualmente el adecuado ejercicio nos ha liberado del amor. Están de moda los gimnasios, el ponerse en forma… o mantenerla. Pero los románticos anhelan-mos

Aquel estúpido silencio. Aquella mirada de intriga, aquel deseo de transformar la cita en un capital de amor.

Agosto 15: están de moda las emociones -2015-

By Juan re-crivello

Todos hablamos de emociones. Se ha puesto de moda, como el café con hielo es una bebida que ha aflorado. Tal vez en una interpretación rápida “diríamos que la mujer y su época ha abierto el grifo” de aquel espacio entrelazado en el interior de cada hogar.

Ellas ya no solo hablan, también cabecean en cada esquina con su murga y nosotros –solo los heterosexuales hombres, pues los homosexuales ya cavilaban en esta senda, digo nos hemos adentrado en una etapa de sangre y arena:

Sangre por lo inusitado de nuestras fobias, de ira, de miedos y otras

Arena por lo impasible que aun creemos aguantar el cambio que nos sacude

“Ayer llame a uno de mis hijos –en mi caso estaba de rodríguez, mientras yo cocinaba patatas fritas más algo indescifrable, el hacia una cocina directa pero sofisticada”.

Lo dicho, hasta en la cocina –las emociones.

Agosto 14: Barcelona y luis

By Juan re-crivello

La mosca vuela y se agita. Bajo sus faldas esconde una muesca de orgullo y desazón. ¡Caramba!. Había olvidado el monederito rosa de las ilusiones.

La siete vidas que suponemos nos pertenecen, algunos, a veces las queman antes -de recuperar el espacio que todos suponemos está cerca de la muerte. Un pasito más allá, aparece un territorio lleno de gris y silencio, adivinamos que está macerando una cuenta pendiente.

Detrás de su mirada azul. De su andar lento e impreciso. Estaban, la larga amistad entre Barcelona y Grecia. La sandia hueca y roja, con ombligo del Mediterráneo. Un largo paseo diario, entre el centro de Atenas y el Pireo. Ida y vuelta.(1)

Ida, con la dorada pieza de mentira que nos proveía la mafia griega. De vuelta con el estómago sediento de alcohol, de la tarde, en el cercano mundo del turismo extranjero.

Y vuelta. Una nube de cieno que le rodeaba en los últimos días de Barcelona. El caballo, la heroína -ya le visitaba- con deseo de venganza. Venía en busca de su espíritu. Le llevaba hasta un lugar plano y seco. De éxtasis, pero de muerte.

Ni el Barrio Chino que juntos pateamos –una, dos, miles de veces. Ni el ácido prestigio de las putas que bordeaban el acantilado del carrer Unió. Ni la llamarada que crecía en la Plaza Real y amenazaba con dar fin a nuestra juventud ciega y ágil. Nada podría quebrar. Pero, él se quebró. Y este escritor lunático se apartó, del deseo caníbal. Y una larga, tormentosa noche con un trueno de color rojo le consumió. El caballo, la Atenas calurosa, la Barcelona china, se olvidaron de un mitómano:

“Turbio, santo, amigo, e incapaz de poner el ego a su servicio”. (2)

 

(1)Memorias y cuentas pendientes. Juan re-crivello

(2) “Dedico este articulo a Luis, quien me regalo el libro –de Antonin Artaud– y luego fue prisionero del caballo que se inyecta y mata”.

 

Agosto 13: Sandias -2015-

By Juan re-crivello

De pulpa fresca y rojo, les deseamos durante el verano, con rayas o sin ella. Una parte va a la mesa y otra le empujamos con esmero en neveras que aguantan ese calor extraño que forma la barrera de los 32 grados.

Pero podríamos decir, que cada vez que mencionamos este fruto es para desdecirnos de aquel invierno gris y correoso que no se acaba nunca. Vemos a través de ellas los futuros sujetadores –si somos hombres, o si mujeres, las nalgas de brillo que algunos señores mezclan en el agua, casi cuando esta penetra desde abajo y los que miran imaginan un sueño sensual, atrapado en ese espacio frío y cálido a la vez.

Nube de oreja y sarao.

Remo corto y fino

Un ¿lago o un pajar?

Territorios del sueño

Y la delicadeza. Luego hambre, y sed. (1)

Juan re-crivello, Los genes de Mingo (poesía en preparación para publicar)

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