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Barcelona / j re crivello

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Agosto -estoy de vacaciones-

Luz interior -y Milton M-

Imagen de Judith Lloret Lansaque

By J Re crivello   Imagen: Judith Lloret Lansaque 

“Mi corazón ama la primavera” –pensé

Con ello Dalia Z., divorciada, con una granja a cuestas y sin hijos estaría pensando en delinquir, trabajar o robar algún amor. Esa noche dejo todo bien cerrado, se pinto los labios con un rojo sereno, se metió en una falda arrebatadora y se propuso visitar la Catedral. Así llamaban al pub/bar de música que quedaba detrás de la estación del próximo pueblo. Una localidad que era el núcleo de la comarca, famosa por sus ferias ganaderas y algún cambio de partida ilegal de ganado en mal estado por unos cimarrones radiantes. Ella se había mentalizado, un galán joven, por cierto su edad era de 30 años y no podía ser menos. También se había prometido esta vez no rechazar ni al más feo, ni al tartamudo, o al señor llegado en silla de ruedas. Todos eran tipos llenos de vida, y pasados unos minutos aquel calor que desprendían podía incomodarle o no. La batalla –para ella, estaba en el primer beso, cruzado, con leve lengua y sabor a tabaco o construido por la higiene mentolada de aquel que escondía la droga. También si aparecía uno sin olor a cigarro, esta vez le aceptaría. Son tiempos que se recogen las historias y los nuevos saurios han perdido esa característica del galán de la película Casablanca. ¡Ah!… Bogart. Su humo llenaba la pantalla, sus ojos batían de escandalo a su alrededor, en busca de esa cosilla que las mujeres amamos, ¡la emoción!

Bajo de la furgoneta cerca de la 23:30. Se retoco un poco el peinado, se miro en el cristal, el vaho del frio le impidió verse, camino y entro resuelta. El espacio con una barra a la izquierda y muchas mesas ocupadas: “buen comienzo” –dijo. Saludo a alguno y fue a la barra. A los pocos segundos alguien intentaba hablarle, de carácter delgado, de mirada necia, “este no era”. Se lo quito de encima yendo al lavabo, al regresar el pájaro estaba apoyado dando la lata a otra. Al final de la barra pudo ver a un tipo, rudo, lleno de movimientos delicados que contradecían su compleja construcción.

_Hola –dijo. La camiseta de su conquista era redonda, abierta, sin cuello y cultivaba senos de culturista. ¡Que horror!, pero se contuvo. Él se giro y respondió:

_ ¿Te conozco? “Tal vez –dijo, para agregar: vengo poco por aquí”. El divago con su mirada y le recorrió desde la punta de sus senos hasta posarse en su nariz. Dalia Z. tenía una cabeza pequeña y un corte de cabello ondulado que llamaba la atención por su vigor. “Esta noche no hace frio” –dijo el. El tema no acababa de arrancar, ella decidió dar un hachazo:

_ ¿Que haces cuando te aburres? El sonrió, a los hombres les molestaba que entraran en su intimidad y no le dejaran espacio para su gloria personal.

_Escucho música y me hago unos bocadillos de pan de miga, pollo y lechuga con mayonesa que están muy bien –respondió, casi sin respirar. Dalia Z. se repuso y paso su dedo por su labio, como si fuera incauta, lo había visto en un culebrón mexicano y luego batió sus cejas. Si agregaba más se desmayaría de tanta horterada seductora que había puesto en marcha. El salió en su socorro al preguntar: Esa camisa que llevas ¿es muy ceñida?, -y divago sobre caramelos y hormonas, o senos amplios y apreturas, que le llevaría a sorber cerveza ante tanta inutilidad. Dalia Z. en su interior deseaba ¡un Bogart! Por favor… ¡sal con esa estrella de Bogart! Y el tipo al terminar el sorbo fue mas explicito y dijo con ese estilo lanzado y sin parar: “me da igual como te llamas, soy un lobo solitario. ¡Un lobo!” Repitió dos veces aquello, y se acercó hasta su oído para decir, “si vienes conmigo tengo buena música, bocatas y sexo”. Ella se asusto, y ¿si este tío es un cabroncete que al llegar me maltrata, o me dispara en la nuca? Por su cabeza pasaron segundos terribles, hasta responder suave:

Si, pero si te pasas, prometo dejarte lleno de agujeros. Milton m vio sobresalir una pistola que asomaba en el interior de su camisa, de raso negro y puntas de estrellas pequeñas y doradas. Pagaron y se marcharon.

Al salir un mensaje en el guasap de Milton M sonó, decía: ¡llámame! lo firmaba su padre Milton Z.

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Luz de atardecer

By Juan re-crivello

Es una luz que se manifiesta sin fuerza, es como una mosca cansina que gira una y otra vez hasta esperar que acabe el lio en la que reside.

Ayer al cruzar el pie pude observar que mi zapato no estaba limpio. El barro de la calle, sin asfaltar y después de una larga lluvia me molestaba. Las grandes ciudades tienen agua y ricino en sus casas –pensé. Al mediodía la paja del granero se habrá terminado, y el gran año de cosechas prometido será una aventura breve y envidiable. No quise desmayarme, ni dejarme arrastrar por la desazón, más bien camine dos calles, esquivando barro para dar con la granja de Emiliano C., en esta parte del pueblo –a las afueras, tenemos todas las desventajas y pagamos lo mismo que en el centro. Él estaba con los animales, entre por el lateral, pronuncie su nombre y un gigantón me recibió. Estaba malhumorado, el tractor parecía muerto y la vaca del fondo anhelaba dejar de dar leche. “Problemas” –dijo. Le manifesté que el año venia atravesado y que carecería de paja para lo que quedaba de invierno. El solo respondió: “será una novedad si todo viniera bien”. Me resarcí de verle en la misma necesidad y conté mentalmente el nivel de mis ahorros, luego dije. “Tal vez necesite para uno o dos meses” El comprendió y dijo: “no te preocupes mis animales no se lo comerán todo”. Me quede allí ayudándole con el tractor e inexplicablemente su motor volvió a dar. Antes de marcharme mire en dirección a su cocina, sola y abandonada desde la muerte de su mujer. Le pregunte: “¿le apetece que le guise?”. “No”

#A los hombres solos -de campo- cuando se les cambia la vida, se transforman en viudos#

En el camino de regreso, ni barro ni ostias, una mujer como yo, divorciada y llena de vida debía permitirse el regreso del sentimiento. Mire a mi derecha, un bosque largo, denso, verde se movía acompasado de una leve brisa, como temiendo que este invierno remontase con más frio y lluvia. “Mi corazón ama la primavera” –pensé.

Luz suicida

By j re crivello

“Cuando se vive tanto que hay que pagar exceso, hay algo en el amor como una luz suicida”

Luis Rosales

Pudo comprobar que tenía fiebre. María M. agarraba en sus manos el termómetro y una línea llegaba a 39, se puso de pie y fue hasta un cajón. Allí pudo rescatar un anti gripal. Ese día había quedado con Juárez, le llamaba así debido a su delicada insistencia en decir que una parte de su vida lo había pasado en Ciudad Juárez, aquel islote famoso a nivel mundial por los asesinatos. También recordó que su gato se había marchado la noche anterior  -¿de juerga? Y aun no pisaba el alfeizar donde le dejaba la comida. Incluso pudo ver que la mañana era fría y fuera unas gotas de lluvia estaban machacando a los vecinos. Vivía –es un decir, en un barrio de Barcelona de tradición festiva y rauda. El barrio de Gracia, engullido por la inmensa ciudad pero libre de la droga y los turistas japos llenos de maquinitas para guardarse una parte del reinado que disfrutaba la ciudad en el diseño, de urbe vital y moderna. Fue hasta su móvil y envió un mensaje a su jefa. En el distrito donde trabajaba –Poble Nou, de antiguo lleno de fábricas y ahora cubierto de cajas de informática. De esta manera llamaba a las potentes industrias de tecnología virtual que crecían como setas en esta parte de la ciudad. Un zumbido -fue la respuesta de su jefa: “quédate hasta el lunes”. Estábamos a viernes y su incubadora física no bajaría de fiebre hasta la noche del sábado, por lo que decidió llamar a un ligue que tenía la virtud de sembrar de sexo con propina. Ella se refería –a él, a su delicada manera de repetir la taza de café y ponerse en la cama hasta el doble de veces. No atinaba a entender cómo se lo hacía, alguna vez había consultado a algún amigo masculino y le respondían: “tú estás loca, los tipos a duras penas al finalizar el primero, parecemos con fuerza, pero la maquina esta desconectada”. Inclusive le agrego, uno más amigo, y vil reclamo de colegas en Sitges: “somos tan putones de sexo que al corrernos ya estamos pensando en el partido de futbol”.

_Hola

_Como estas –preguntó su amante exquisito

_Con fiebre

_Con sudor y grima se pasa el momento –dijo el con un tono mesiánico.

_ ¿Vienes? –pregunto ella

_Los viernes tengo algún compromiso, pero si te parece de 2 a 4.

_OK –dijo María M. Sabía que su potente compañero se ganaba la vida con este acompañamiento, pero con ella todo era gratis. Es más al entrar, la mayoría de veces derribaba su cosecha de resistencias con un suave murmullo –al oído, luego el calor sobrevenido, podía, hasta con la pila bautismal del antiguo sacerdote del pueblo, la cual evaporaba.

#Seco, muy seco quedaba la cama, su cuarto, el lavabo y hasta su gato Odeón miraba extasiado en aquel precipicio de sexo#.

Fassbinder: Un pie en la cloaca*

Los dialogos al final en las notas de pie de página… Amigos: ¡Fabulosos! -j re-

Estaba preparando el siguiente artículo y un libro de consulta que utilizaba ha desaparecido por completo. Las cosas desaparecen inexplicablemente o re-aparecen, en estos días el cambio de mi biblioteca a un lugar diferente de la casa ha traido a mis manos “el amor es más frio que la muerte”, una biografía sobre Fassbinder, de Katz y Berling.

¿Hablamos de la magia, ante la perdida del desdichado ensayo? O, ¿del juego provocador de un cineasta que murió a los 37 años?. Sus películas nos llevan al paraíso iconoclasta de las dificultades del individuo en lucha con su tribu inmediata. De amores no correspondidos, del hartazgo de soledad del niño abandonado por su padre y una ubre materna esquiva y contradictoria. El cineasta vive en la calle y va al cine tres veces al día. Del amor bisexual o homosexual, pero en la que Fassbinder las resuelve creando dependencias con respecto a su ego. De su neurosis frente a una sociedad que le recrimina su ano-rmalidad. Basta citar una anécdota. Su madre al llevar el a su casa un amante negro le dice:

Podría haber sido alemán. O hablar nuestro idioma…” Fassbinder por ello nos habla de desvalidos, de diferentes, de la locura que se rebela contra lo estándar y pueril. Ello me recuerda de una vieja anecdota de hace 40 años de un amigo que al ir a la boda con su madre, en el frio y alejado interior del país, el dialogo entablada fue de este calibre:

_Hoy vamos a a la boda de tu tía y no conozco bien a su futuro marido -dijo su madre

_Mama, creo que es de otro color.

_¿Como de otro color?

_Negro. Creo negro. La cara de su madre se transformo, habia entrado en la sangre la mezcla a la que tanto temían.

#Visitar la cloaca es dramático, asomarse a ella intriga, pero hundirse, constituye una experiencia que cubre nuestra memoria de símbolos#

Un comentario de una lectora:

Por qué habré olvidado -no totalmente- a Fassbinder? Él, su cine, significan para mí hitos y ahora me doy cuenta cómo a veces una puede olvidar lo importante. Gracias por este artículo: voy a buscar en mi estante, una revista sobre Fassbinder… Nota: Publicado por: Vir, que nos lleva a un blog desactivado. Como siempre los blogs desactivados nos sumergen en genios dotados de memoria y… seducción. saludos -j ré-

Notas: Textos de películas

Fox. _Me pareces asqueroso.

Eugen. _¿Ah sí?

Fox. _Sí. Pura mugre.

Eugen. _¿Y tú? ¿Te lavas a menudo?

Fox. _Hay gente que se lava y gente que es limpia de por sí.

Eugen. _Y gente que apesta incluso cuando está limpia.

Fox. _Y eso es lo que a ti te gusta, ¿verdad? Porque también los hay que les gusta todo aquello que apeste un poco ¿no es así?(2)

La ley del más fuerte

Eugen. _(recogiendo del suelo la ropa de Fox). Estoy arreglando tus cosas, querido.

Fox. _Que estúpida. ¿No sabes la historia de aquel que se le estropeó el coche en una autopista de California? Pues resulta que se puso a hacer señas a los coches que pasaban, pero nadie se paraba. Al cabo de nueve horas se pegó un tiro. Ya ves.

Eugen. _¿Siempre lo dejas todo tirado?

Fox. _Hay quien siempre lo deja todo bien ordenado y otros que se preocupan más por lo que tienen en la cabeza. ¿Me lavo o me prefieres en estado natural?

Eugen. _Mmmm.

Fuente: La ley del más fuerte

Filmografía, no esta completa. El libro ha desaparecido, ¿lo tendra él?.

El matrimonio de Maria Braun

Viaje a la felicidad de Mamá Küsters

Ruleta china.

Berlin Alexanderplatz

Querelle

En un año de trece lunas

La ley del más fuerte

Lili Marleen

Links:

http://www.salayago.com/web/Ciclo%20fassbinder.htm

http://www.mundobso.com/fichapeli.asp?codigo=B95

http://www.puertacine.com.ar/puertacine17.html

http://www.terra.es/cine/biofilmografia/articulo.cfm?ID=16814

http://www.mymovies.it/dizionario/recensione.asp?id=14454

Bio:

http://en.wikipedia.org/wiki/Rainer_Werner_Fassbinder

Milton M –y los hombres -serie 01-

By j re crivello

Dedico esta serie a dos entrañables… amigos, lectores, críticos y exigentes: Pedro J. Guirao Marco  & Santiago Fernández Rodriguez

Milton M salía todas las tardes por la acera del costado donde dejaba cada cierto tiempo abandonas mis zapatos de charol. Nunca supe si era irremediable su paseo o mi abandono después de bailar. La comarca era el hábitat de especies en desuso. Lo de Milton. un ser campechano y lleno de cemento en los hombros, no tenia solución. Algunos me decían “ese tipo corre lleno de imaginación, pero no soporta que en este pueblo hablen de su desvarío”. Tanto por lo uno u lo otro, que cada novio o novia que le conocimos vino desde la ciudad, de mas allá de los 500 kilómetros. Los entretenía con su deje socarrón, les hacia cortar leña o exprimir las tetas de alguna de sus vacas, y les contaba la historia que su requesón era tan bueno que lo vendía mas allá de las montañas que dan por el Norte a la orgullosa Alemania. Y, de tanto en tanto les despedía. Una vez me atravesé con él y nos fuimos de copas, allí se explayó: los traía de otra comarca donde se ligaba por furia. “¿Cómo?”-pregunté. Y él me explico que allí había un bar donde se despelotaban y se llenaban de barro alrededor del cuerpo, luego entraban en un ring, donde “¡ay!” –exclamo-, se servían de los empujones de unos a otros al estilo de los luchadores de sumo.

“¿Y quien vencía?” –dije sorprendido ante esos sitios donde se liga tan fácil-. El dio un rodeo, trago saliva y pidió otra cerveza para responder:

“El que primero mordía delicadamente la oreja de su rival ese tenía derecho a dormir con el o ella dos meses, bueno, dormir y llenarse de lascivia vil y cruel. Y… llevárselo a su casa”. Al ver mi extrañeza, él refirió para acabar:

Los hombres éramos en aquella época siempre los mismos: llenos de cal, cerveza y ahorro para gastar en putas. Y…  Se detuvo y me miró como si fuera una confesión ajena a la vista o la presencia de alguna mujer y dijo:

#ahora algunos somos ¡más sensuales que la leche! Y se marcho#

¿Y el sexo? -serie Femeninas y masculinos-

By j re crivello

Alborotado, solitario, con otra u otro. Molesto por un final tan austero, satisfecho por tanto ejercicio de besos. O rítmico, es decir puro ejercicio para resolver nuestra propia necesidad…

Y cada escuálido compromiso nos pone ante un con- tacto y este puede ser mísero o atrevido. Aunque detrás esta nuestro corazoncito a la espera de ver en el otro una mirada de aguamarina, tierna y caprichosa.

Si no lo hacemos a gusto no amamos. Somos tan animales que el bocado cultural esta después. Si nuestro partenaire se levanta y sabe a un sudor extraño aquello se ha ido al garete. Si ella lleva unas bragas de tormenta, nuestra libido crece y explota, pero como lleve un correoso cinto de cartón piedra estaremos perdidos. ¡Perdidos!. Y si es él, donde creímos que sabía a menta vemos que una vez de pie, al observar su espalda lisa y caprichosa, y ver como comienza a hablar de la tan jodida Republica del futbol, ¡crack! es cuando sin sentido repasamos en la agenta hasta los maridos de nuestras amigas ¡para reemplazarle!

Los femeninos o masculinos nadamos entre la espalda cargada de amor y el sueño de que este tipo o tipa que rogamos este de muerte. Me ha enamorado   -decimos. ¡Me pone!  –nos reafirmamos. Y ya puestos, salimos como locos a la búsqueda de aquel espacio para alojar nuestro próximo encuentro.

Pero el sexo decae, o sufre los cambios de nuestras necedades. Y le intentamos sustituir por el ritmo, el ejercicio.

“Siempre después de hacer el amor, me levanto y hago ejercicios al lado de la cama para impresionarla”.

Decálogo real contado por un tierno amigo de Universidad ¿te acuerdas Adrián P? El paso de los años le habrá calmado. El entendía el sexo como un ejercicio, en la cama y en el post coito.

Los femeninos y los masculinos nos medimos alrededor de este termómetro. Desearíamos decir, que el liguero estimula, pero nuestro con-tacto aún más.

Desde antiguo, sexo y amor van unidos, parece que actualmente el adecuado ejercicio nos ha liberado del amor. Están de moda los gimnasios, el ponerse en forma… o mantenerla. Pero los románticos anhelan-mos

Aquel estúpido silencio. Aquella mirada de intriga, aquel deseo de transformar la cita en un capital de amor.

Agosto 15: están de moda las emociones -2015-

By Juan re-crivello

Todos hablamos de emociones. Se ha puesto de moda, como el café con hielo es una bebida que ha aflorado. Tal vez en una interpretación rápida “diríamos que la mujer y su época ha abierto el grifo” de aquel espacio entrelazado en el interior de cada hogar.

Ellas ya no solo hablan, también cabecean en cada esquina con su murga y nosotros –solo los heterosexuales hombres, pues los homosexuales ya cavilaban en esta senda, digo nos hemos adentrado en una etapa de sangre y arena:

Sangre por lo inusitado de nuestras fobias, de ira, de miedos y otras

Arena por lo impasible que aun creemos aguantar el cambio que nos sacude

“Ayer llame a uno de mis hijos –en mi caso estaba de rodríguez, mientras yo cocinaba patatas fritas más algo indescifrable, el hacia una cocina directa pero sofisticada”.

Lo dicho, hasta en la cocina –las emociones.

Agosto 14: Barcelona y luis

By Juan re-crivello

La mosca vuela y se agita. Bajo sus faldas esconde una muesca de orgullo y desazón. ¡Caramba!. Había olvidado el monederito rosa de las ilusiones.

La siete vidas que suponemos nos pertenecen, algunos, a veces las queman antes -de recuperar el espacio que todos suponemos está cerca de la muerte. Un pasito más allá, aparece un territorio lleno de gris y silencio, adivinamos que está macerando una cuenta pendiente.

Detrás de su mirada azul. De su andar lento e impreciso. Estaban, la larga amistad entre Barcelona y Grecia. La sandia hueca y roja, con ombligo del Mediterráneo. Un largo paseo diario, entre el centro de Atenas y el Pireo. Ida y vuelta.(1)

Ida, con la dorada pieza de mentira que nos proveía la mafia griega. De vuelta con el estómago sediento de alcohol, de la tarde, en el cercano mundo del turismo extranjero.

Y vuelta. Una nube de cieno que le rodeaba en los últimos días de Barcelona. El caballo, la heroína -ya le visitaba- con deseo de venganza. Venía en busca de su espíritu. Le llevaba hasta un lugar plano y seco. De éxtasis, pero de muerte.

Ni el Barrio Chino que juntos pateamos –una, dos, miles de veces. Ni el ácido prestigio de las putas que bordeaban el acantilado del carrer Unió. Ni la llamarada que crecía en la Plaza Real y amenazaba con dar fin a nuestra juventud ciega y ágil. Nada podría quebrar. Pero, él se quebró. Y este escritor lunático se apartó, del deseo caníbal. Y una larga, tormentosa noche con un trueno de color rojo le consumió. El caballo, la Atenas calurosa, la Barcelona china, se olvidaron de un mitómano:

“Turbio, santo, amigo, e incapaz de poner el ego a su servicio”. (2)

 

(1)Memorias y cuentas pendientes. Juan re-crivello

(2) “Dedico este articulo a Luis, quien me regalo el libro –de Antonin Artaud– y luego fue prisionero del caballo que se inyecta y mata”.

 

Agosto 13: Sandias -2015-

By Juan re-crivello

De pulpa fresca y rojo, les deseamos durante el verano, con rayas o sin ella. Una parte va a la mesa y otra le empujamos con esmero en neveras que aguantan ese calor extraño que forma la barrera de los 32 grados.

Pero podríamos decir, que cada vez que mencionamos este fruto es para desdecirnos de aquel invierno gris y correoso que no se acaba nunca. Vemos a través de ellas los futuros sujetadores –si somos hombres, o si mujeres, las nalgas de brillo que algunos señores mezclan en el agua, casi cuando esta penetra desde abajo y los que miran imaginan un sueño sensual, atrapado en ese espacio frío y cálido a la vez.

Nube de oreja y sarao.

Remo corto y fino

Un ¿lago o un pajar?

Territorios del sueño

Y la delicadeza. Luego hambre, y sed. (1)

Juan re-crivello, Los genes de Mingo (poesía en preparación para publicar)

Agosto 12: Todos soslayamos el miedo -2015-

By Juan re-crivello

Pero vive y late en nuestro interior. Es una enorme boa que se quiere tragar hasta los detalles  más ínfimos. Es motor de la duda y sentido de que millones de personas no fueran capaces de resistir a los dictadores más viles.

¡Caray!… No sé con qué se combate el miedo. No soy un experto. Se nace con él, o se adquiere en un punto estable de la galaxia cuando uno es pequeño. Pero si no se posee este en tanta cantidad, para uno es posible asomar su carita en la esquina para ver pasar la alegría.

Se puede ignorarle, se puede apartarle o como dicen los coachs se puede dejarle fluir. En este aspecto el miedo social, la búsqueda de alguien que monopolice la fuerza -por ti- es una actitud que practica mucha gente.

Y si el miedo está unido al pecado. La respuesta es de otro calibre. Sin molestar a los religiosos, diríamos que confesar un pecado o varios en la larga hilera de confesionarios instalados en Madrid: ¡Alivia!

Pero de que nos aliviamos, de tener miedo a ¿haber sido insinceros con nosotros?  Nadie garantiza nuestra libertad y felicidad más que nosotros mismos. El miedo social (y cultural) es una capa que deberíamos gestionar en nuestra esfera privada. Menos líderes de la moral existirían (menos Mao cuajarían)

“La primera mitad de 1955 fue sencillamente espantosa […] con nubes negras por todo el cielo. […] En todas partes nos maldecían. La gente decía que no éramos buenos. Todo porque [les quitábamos] un poco de grano. En la segunda mitad del año, las maldiciones desaparecieron. Ocurrieron algunos acontecimientos felices. Dos de ellos fueron una buena cosecha y las colectivización, y otro, la purga de los contrarrevolucionarios”. Mao (1)

Notas

(1)El terror llevo a la cárcel a 750.000 personas. Mao, La historia desconocida, autores Jung Chang y Jon Halliday. Edit. Taurus

Agosto 011: ¿Vendrás? -2015-

By Juan re-crivello

La parada de la estación estaba clavada en el final de una colina, sin árboles, medio abandonado y recta con respecto a un paisaje ondulado y lleno de pliegues los cuales acababan probablemente en el mar. Quede con ella a las 13, llegaba 5 minutos tarde. Me pesaba el canasto que contenía una gallina joven. ¿Para qué venia hasta aquí? Me había dicho que solo deseaba verme unos minutos, que le serviría de consuelo. Pero arrastraba este bicho en mi espalda y en tantas leguas a la redonda ni un árbol. Solo sol, una brisa suave de gusto salado. Detrás mío, percibía una anemia que salía del pueblo que dejaba y los casi cinco kilómetros que debía recorre a pie para escuchar su confesión. La sotana me quedaba larga, debía hablar con el ama de llaves y pedirle un recorte de unos centímetros. ¿Cuánto hace que estaba en esta villa? ¿Cumpliría 10 dentro de unos meses?, y, aun no paraba de escuchar dentro de mi cabeza esa mezcla de pecados y arenillas –así les llamaba yo, de tanta gente angustiada: por una mirada rara; o un robo pueril; o un abandono. No pasaban grandes cosas en el corazón humano. Bueno si, cada cierto tiempo la gente se enamoraba y paria gatos o ratones llenos de musgo. Que crecían con ganas de ser egoístas y perezosos. ¡Esa era el alma de esta aldea!. La retorcida y caliente espera de sus habitantes, ante los minutos que se deshacen. Cada infeliz de esta calle y adyacentes se lamentaba, de su suerte, del precio de la carne o de la lectura tardía del periódico –al llegar una semana después. O, de cosas como el fetiche, de si los curas debajo de la sotana llevábamos aquello que ellos cuidaban sin acierto y ellas arañaban en las largas tardes de invierno. Es que, si algo les gustaba a mis amados era esa pereza sexual, la cual intercambiaban a escondidas unos de otros. Pero en el confesionario primero lo balbuceaban y luego lo escupían impulsados de la culpa ante tanto enjuague generoso y traición… continúa.

¡Al fin! Había llegado. Pude ver que ella estaba sentada al final del pasillo. Su maleta, una cabellera rubia, lisa y vuelta hacia atrás. Y una cara alargada y nerviosa. Le salude, un beso en la mejilla fue su respuesta. Deje la cesta con la gallina a su lado. Ella le miro, para preguntar: “¿Y esto?”

“Es para ti, de parte de tu abuela –dije. A dónde vas te hará falta” –agregue con cierta confianza sin intuir donde estaba el final de su billete. Ella sonrió, para responder:

“En aquel sitio no necesitamos aves para tamaña empresa”. Yo no me di por aludido, aquel bicho se quedaba allí o se lo llevaba, pero no lo cargaba de nuevo  otros 5 Km. “¿Tienes todo”    –pregunte.

“Si” –dijo ella y agrego: “¿cuándo vendrás?”.

“Yo ¿irme para allí? Tu sabes que tengo una misión aquí”.

“Pero podrías dejar la sotana y marcharte sin más”. En esas palabras intuía una invitación, un ruego que me llevaba a un territorio que desconocía. Ya había aceptado –en los últimos meses, ir de su mano hasta la laguna detrás de la iglesia y allí había desatendido mis valores, a mi Dios. No me sentía con fuerzas para ir mas allá del desanimo que me mortificaba. Ella acerco levemente su mano y la entrelazo conmigo. Una ola gigantesca de amor me asfixio y detuvo en un espacio fuera de la pena y la culpa. Allí no sentía nada más que silencio y tranquilidad. Dije: “si”. Pero estaba aterrorizado.

“¿Si qué? –pregunto ella. Mire la ondulación que nos llegaba por el otro lado de las vías, se levantaba marrón y clara ocultando tras de sí el mar. La gallina a nuestros pies,  podía ser estúpida o culta, no me importaba su estado, ni su empacho de granos. La abuela le había alimentado  para aguantar un siglo, hasta que su torpe razón le dejara en un sitio para remontar, ¿o tal vez intuía mi indecisión?  El calor de su mano destruyo mis dudas:

“¿Dónde?” –volví a insistir.

“V. Ssalin, 38. En la península de Kola. ¿Vendrás?”  “Si” –respondí.

Agosto 010: corazones solitarios en 2015

By rE cRIVELLO

Nadan en una especie de cartulina traída desde Jamaica. La enderezan y la alisan. Se mecen en ella prestos a olvidar sus angustias que vagan en el infierno que han escogido.

Y, ni si siquiera le asustan las réplicas de tanta música emocionada que levantan los felices habitantes de la tierra. Es que han nacido en paraísos inútiles y escasos de material. Y por más que llueva o haga un calor indecible, ellos permanecen fieles a la ausencia de infarto o estímulo.

#De oídas, mi prima me regalo un mechón de cabello. Su muñeca estaba calva y gris. Cansada de amar a Ken y soñar que el rubio preferido de las teles le dijera: ¡Ven!

NoTa:

Acabo de conocer a la nueva novia de uno de mis hijos ¡qué maravilla!

Agosto 05: Vetusta e inorgánica semilla de salmón #el Papado#

By j re crivello

Había callado. Pero en la punta de su lengua un color morado le delataba. En la mañana trajo el pan, y una gota de salami. Lo dejo arriba de la mesa de la cocina.

También agregaría un poco de agua y dos saquitos de te. Al regresar de misa comería aquella cantidad hasta dar un paso en su austeridad. Luego rezaría en la tarde. Hasta que el sol diera un aviso de querer marcharse. Pero el festín le atraparía a partir de las siete. Vendría la señora de la limpieza. De redondas formas pasaría como siempre, una escoba al comedor, daría una limpieza al dormitorio, luego el wáter con aquel estilo de fregar sin hacer ruido. Antes de marchar ella daría vuelta por aquí o allá, distraída, sin más cuento su falda dejaría un leve sonido, de acercarse a los muebles hasta dar una pista. Pero el festín de la comida en la cocina vendría resuelto con un arroz para el día siguiente. De repente, ella se asomó y pareció mirar en su dirección.

“¿Y esto?” –pregunto. En sus manos el salami del mediodía daba fe que no se había comido las lentejas. El respondió: “Me apetecía un bocadillo”. Ella por primera vez en 5 años dejo escapar su sonrisa. “Venga, acérquese” –dijo. Al entrar a la cocina, vio primero su espalda. No se atrevió a ir a más, se detuvo en la puerta. ”Si mañana tiene misa todo el día y yo no estaré -dijo ella, le dejo esta cazuela de barro con arroz. Y este salami que mordió ayer, si le parece lo guardaré en la nevera”. Al cerrar la puerta del frigo, la bella mujer se apiado de esa mirada. Pero se contuvo, una enagua azulada sobresalía por el lado derecho de su falda. El respiraría, y se marcharía al lavabo. Ambos dejaron tras de sí la sentida atracción.

El domingo dio tres misas en la mañana y una en la tarde. Ya de noche al entrar en la cocina, fue hasta la nevera, abrió la puerta, en su interior, una bola rosada desnuda y cubierta de caramelo le esperaba. Le retiro de allí, hasta llevarla a la habitación y… dio cumplido martirio de la señora de la limpieza. Una excitación, la cual le urgía desde hace años. Luego la arrastro para meterla nuevamente en el frigo. Hasta el siguiente salmo, no se atrevería a partirla y dejarla en el panteón adosado a la Iglesia. ¿En alguna de aquellas tumbas de la derecha?, tal vez muy cerca de aquellos santos, los que mascaban el fuego de las velas, los domingos o los días de turistas.

La señora fue reclamada por sus familiares. Su nombre se esfumo en el tiempo. La población continúo su ritual,

#sabedora que si el Papado era feliz y sus curas también, los feligreses rezarían con más fuerza al atravesar el próximo infierno#.

Notas:

Poder religioso y Papado

(c) 2010 by Juan Re-crivello

Cover &Illustracions by David LaChapelle

Agosto 04 -2015-

By J re crivello

La imagen espera cándida y traspuesta el final. Una conversación mantenida ayer  con una persona cercana y querida, pero a kilómetros de mi silla de terciopelo y raso,

¡Me alerto!

Prepararse a vivir los años -de 70 en mas- es apartarse de la relaciones toxicas y asumir que cada decisión que hemos marcado –mejor o peor la hemos cultivado. Decir que un error propio, era causa de otros -nos expone a la rabia. Y ello nos acerca a la soledad. Una magra existencia al final de nuestras vidas suponen decisiones y altibajos.

#la camarera del hotel puso debajo de la almohada un vientre femenino. Quien durmiera allí esa noche recordaría su pasado#

Nota:

El pie de página de esta foto es: “elegida para personificar mi rabia”

Agosto 03 -2015-

By J re crivello

Ayer he discutido con Amalia. Lo de siempre, la absoluta impaciencia por dejarme llevar a los territorios de la soledad.

No he pensado que la convivencia implica un cierto gramo de acercamiento al otro. Los escritores somos una raza que vive en la intemperie. Me explico: vivimos dos vidas la real, cumplida, agresiva o relajada y hueca; dependiendo de quien de cartas y la suerte del que reciba. La otra, es tan diferente que el mito de Escarlata en lo que el Viento se Llevo puede ser hasta insuficiente. Siempre imaginamos una frenética existencia que aparece desde los sueños, que por cierto, no son cándidos y se perciben cuando una olfatea -la mierda. O, tenemos la fuente de los recuerdos –la inspiración-, que rebotan sin cesar en esa maquinaria del cerebro. Una, u otra vez, apareciendo pintado, coloridos, afeminados o con su carga de sufrimiento. Son inalterables, a lo sumo al escribir lo reinterpretamos fantásticamente, para deleite o consuelo del lector. Pero el escribir, para nosotros no es más que una liberación de nuestro ser, a través de la manga grande y blanca llena de nata, que mueve con maestría el repostero.

Y por ultimo están las conversaciones o gestos que presenciamos. Dan varios giros,  y se combinan con la imaginación hasta ser un espejo de diferentes almas, para traspasar al papel impreso o virtual. Más de este ultimo. En mi caso, soy escritor virtual. Es decir, un día desconectaran la electricidad y todo se habrá esfumado.

#En la fiera maestría de los sueños, anoche era un asesino que cortaba brazos y piernas. Desperté a las 7 con el ruido de los paletas del vecino, pero aún ansiaba seguir interpretando#

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