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Barcelona / j re crivello

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Barcelona Secreta

Barcelona: Guía secreta, el fantasma de Markus

Imagén Guianni Alegra

by j re crivello

Estoy enfrente de su casa, su cantidad de rejas impide verle. Le reguardan ante la hostilidad de los transeúntes. Llevo una llave en mi bolsillo, me la ha conseguido un político socialista del Ayuntamiento de Barcelona y me advirtió: “hace 5 años que no entramos”. Por el lateral esta la puerta de acceso. Dicen que el fantasma vaga sin cesar aproximadamente desde el año 1447. Me sorprende que esta alma sin paz, al cual, le llamaremos a partir de ahora Gran Visir, este malhumorada y deshecha de tanto cantar y bailar. No poseo más datos y, solo mi atrevimiento me dejara en paz. Al entrar no hay pasillo, solo una gran planta similar a una iglesia antigua, luego una escalera. ¿Estará en la primera planta? ¿Su espíritu voluble y burlón se acercara a mí? O, debo llamarle con suavidad: ¡Gra-an Vi-siir! No sé. Algunos temen, pero mi amigo es uno de los primeros gitanos llegados a Barcelona (1) Ante lo cual me atrevo a pensar que su corazón flamenco es parte de la historia de este país, de su espíritu barroco y alegre, donde la variedad de sus gentes, las comidas y sus pactos tribales para formar un reino se superponen a multitud de rencillas.

Gra-aan Vi-siir! Debo insistir, ayer antes de venir, consulte con un fantasmologo, no sé si esta profesión es así, pero me costó la visita, 100 Euros y puestos en una mesa redonda y con una vela conecto con mi genio y convino con él una cita, también me previno que este gitano que vive en el corazón de Barcelona no aguantaría más de media hora de charla, luego su furia –podría aplacarla, me recomendó- con cola, por ello he traído conmigo, dos latas de coca Cola estaban en mi mano, frías, y un poco de hielo en un vaso. ¡Si es, que venía preparado!

– Gra-aan Vi-siir!

–Estoy aquí. Una voz recia, llena de humor irónico me hizo darme vuelta. Una nube alargada del que podía ver una cara viva y rolliza, me dio ganas de decir: ¿se come bien en tu estado?. Pero me contuve. La fumarola se veía bien, nada que ver con los estúpidos programas de la Dimensión Desconocida que ponían en la tele. Le pregunte.

– ¿Tú me ves? Que cosa más estúpida se me ocurrió y rectifique: ¿Por qué… te quedaste aquí desde aquel año?

–Barcelona es mi casa y me pertenece. La cuido. La persigo cada noche desde aquella torrecilla que tiene esta iglesia reconvertida y no soy el único en esta comunidad.

–Ayer cuando mi amigo conecto contigo… –dije

–Ese es un charlatán –me corrigió. El contacto entre nosotros, es desde hace 30 años cuando pasaste dos veces frente a esta casa y miraste en mi puerta. Su respuesta me llevo a esa época vil y despreocupada, y recordé esta casa y hasta uno de aquellos días, era de noche, hacia frio, y las nubes bajas impedían que la luna regase esta parte de la calle

–Eso es –dijo el, como si pudiera leer dentro. Luego ya más confiado le acerque una lata de cola y abrí la otra para mí. El hielo quedo a un lado. Al beber su estómago, o lo que fuera emitía un ruido al estilo catarata del Niágara. Movió los ojos con picardía y pregunto:

– ¿Qué quieres?

–A decir verdad –respondí- nada, solo verte

–Y luego crear un circo sobre esto

–Solo explicar que eres el fantasma más famoso de la ciudad

–Y llenar mi portal ¡de estúpidos japoneses con flashes a toda hora!

–Si –respondí y reí un largo rato

– ¿Y yo que gano? No se me ocurría nada que ofrecerle, si hasta era despiadado y pueril meter en una guía a un tipo que vivía tranquilo en esta casa/iglesia. Preferí preguntar:

–En tu estado ¿tenéis sexo?

–Sexo e imaginación –y, esta vez él rio de buena gana.

– ¿Y si no te ofrezco nada? – pregunte. Él se agito y pudo asomarse a la ventana y regresar.

– Déjamelo pensar –respondió y agrego: los japos son gente odiosa, los observo pasear aquí cerca en el Museo Picasso, le echan fotos hasta a las cagadas de los perros.

–Si –dije- y me despedí.

 

 

Barcelona Secreta: Café La Opera

copyright de Barcelona Secreta By Juan re-crivello

Casi a la mitad del largo paseo que lleva al final de La Rambla, se encuentra este estrecho y particular café. Rodeado de espejos, en forma de tubo y con mesas a cada lado hasta topar con una barra que da entrada a un cuadrado amplio. Pero su fuerza esta en los primeros cuatro metros, esas codiciadas seis mesas que ofrece al visitante para tan solo sentarse y mirar.

Hace años el dueño un señor bajito y estrecho de miras nos quería quitar de la maratoniana espera. Del colega. De la amada. Del hombre salido hace poco del armario. Con un brazo de hierro, de aquellos que utilizaban antiguamente para bajar las persianas utilizaba su estilo para disciplinar a la clientela. Hoy a sus persianas las bajan con electricidad y esperan a su lado, para que la oxidada estirpe nos libere del ¿día de trabajo?.

En esa época pasábamos largas horas, en aquel denso espacio pero estrecho. Era ojear, mirar, contemplar. A decir verdad, su espacio fue poco a poco colonizado por la fauna de mariquitas y su estilo. Pero los neo-hippies y los progres seguimos viendo –y recordando- aquello como el puré que acompaña al bistec, y ellos le reemplazaron por la ensalada verde, grácil, genial de atrevido color y movimiento.

Hace días estuve allí, ¿es que estoy recorriendo el pasado?, ¿o mirando el futuro?. Los turistas le visitan como un lecho de ámbar, dispuestos a navegar en el para al regreso contar a sus amigos: ¡he estado allí!. Pero los garitos de moda se desplazan como los cuernos de la señora o el señor que desea platicar y sexo.

Así que el café ha quedado varado en mitad de la Rambla, hasta el llegan ahora, los moros, las fulanas y los carteristas, esta marea avanza en la crisis y desaparece llegada la buena racha.

La depresión económica ha permitido que crezca esta suerte de morada de los señuelos de sexo y robo en mitad de este orgulloso paseo, y el visitante pueda ver las nalgas de las meretrices en plena Rambla. Mientras La Opera aguanta vendiendo lo de siempre: mirones, cuernos, y ambiguos. Todo ello con cocas colas o cervezas, o cortados.

Se ha ido a pegar saltos al otro mundo -su dueño extraño y diferente a su fauna-

y los jubilados sin perra gorda se han metido en los clásicos hogares de las caixas o bancos, ahora allí hay timba, ordenadores con internet, calefacción gratis y alguna cosilla más. Faltan eso sí, las carnes ambiguas, ¡ellas daban mucho atrevimiento!. Pero si Ud. le visita, recuerde a su dueño, fiel del poder del franquismo muerto y una democracia ansiosa de sexo sin condón.

 

Como llegar

Barcelona secreta: Casa Amatller

by juan re crivello

–Hola. El industrial chocolatero saludo al arquitecto. Su interlocutor traía una maqueta de madera muy fina en la que se veía una fachada pintada en papel y pegada con cola de harina. Los grumos de aquel desperfecto permitían ver que era un sueño plantado rápidamente antes de visitarle. Pero le sorprendió aquella fachada que acababa en recortes cuadrados. No quiso interpretar, solo fue hasta una alacena y retiro de allí una abundante pila de chocolate hecha con el mejor cacao de Cuba. Luego la recorto con un cuchillo fino y duro traído de su último viaje a la India. Los cortes -en cuadrados- de no mas de 10 centímetros y recios, los puso uno encima de otro hasta imaginar en un papel aquella figura que su colega enseñaba. Luego girándose al plano que adjuntaba, contó una a una las cerámicas que aguantaban esos cuadrados imaginarios y la coronaban. Descubrió que siempre concluía en el 6, miro a Josep Puig i Cadafalch y pregunto:

–¿Seis? El genial arquitecto contesto.

–Contiene dos veces al tres: la verdad y su reflejo.

Impresionado el industrial chocolatero, llego a conectar con su segunda afición, la fotografía -y se pregunto: ¿Qué buscaba en sus largos viajes al fotografiar? Tal vez la verdad y su reflejo. Esa seria su casa. Una impresionante villa burguesa que no pasaría desapercibida, que seria el genio del mundo burgués; diáfano; alegre y, una suma de números que conducía a su íntima pregunta. Dijo:

–Me gusta. Si es una majestad –refiriéndose a la casa, formada en un lenguaje que mis contemporáneos detestan. El arquitecto rió, él rió. La vida mundana y descarada odiaba esa geometría. Luego el arquitecto dijo:

-Me permite –y extrajo una libretita: en ella leyó con voz intensa pero suave,: el seis es para nosotros: “algo que nos identifica por sentir un gran horror por la vulgaridad en todas sus formas. Nuestro lado perfeccionista no deja nada al azar y nos muestra muy exigentes, por poseer un sentido muy elevado de las responsabilidades”.

–Es verdad, se reafirmo Antoni Amatller. La casa será un bocado que partiremos en trozos y, luego fue hasta un cajoncito y extrajo dos tabletas envueltas, una en papel de oro –muy fino, y otra en plata. Para agregar “en el futuro existirá un material que envuelva estas deliciosas creaciones del alma”.

Notas:

Como llegar

Link imagen de la casa Amatller

Notas de interés

  • Dirección: Paseo de Gracia, 41, Barcelona Teléfono: (+34) 93 496 12 45
  • Transporte: Autobuses: 7, 16, 17, 22, 24, 28   Metro: L2, L3, L4 (Passeig de Gràcia)
  • Visitas: Sólo se puede visitar la planta baja, donde hay una oficina de turismo.

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