Buscar

Barcelona / j re crivello

Categoría

Cronicas urbanas

U Faber: 12 a quién Ud. no invitaría a cenar: “Mamá dime si estoy equivocado, es Dios otro policía”

2pac_33

Todos tenemos 12 personas que no invitariamos a cenar, le invito a incluir a U Faber en su lista. Subiré algunos de estos…

U Faber se había detenido en una calle del bajo Manhattan, sentía morriña de Barcelona y abrió la libreta donde apuntaba las anécdotas más famosas de su experiencia de taxista en Nueva York. Pasó con el dedo entre las páginas amarillentas y se detuvo en una donde solo ponía una frase:

¡Qué asco! Se han dejado olvidado el niño. Intento recordar aquel día, pero su memoria no le aportaba gran cosa, salvo que fue hasta la comisaria, lo entrego a los servicios sociales, relleno unos documentos y una poli negra de labios rollizos le miro durante algún rato. Colgado del recuerdo, de repente abrieron la puerta de su coche. ¡Rápido hasta la 56 casi 12! Era ella, ¡la poli! ¡La Negra! ¡La de la Comisaria del niño! Puso en marcha el coche y mientras surcaba una gran avenida y sucesivas le fue observando, estaba más vieja y vestía al estilo moderno. Se había cortado el cabello y ello le aportaba unos rasgos más sensuales.

—A Ud. le conozco –se animó U Faber

—Fui poli, es normal y abrió la ventanilla. El otoño se metía dentro con sus aires fríos y húmedos.

— ¿Le apetece un chicle? U Faber le alcanzó unos chicles verdes brillantes de menta acida que su clienta mastico hasta decir:

—Joder ¿Qué llevan?

—Pimienta fina mezclada con menta, los hacen en la India y me los trae un amigo hindú desde Bangalore cada tres meses. Solo dos cajitas y las dedico a mis clientes especiales y… sabrosos. U Faber había metido la pata, dejo caer un cierto interés por esa negra, muy negra y ex poli. Ella exclamó

— ¡Ya me acuerdo! Tú eres el taxista que trajo un bebe a la Comisaria hace… ¿6 años? “Si”

—¿A qué te dedicas ahora? –pregunto U Faber soltándose como si estuvieran en su salón bebiendo licor rojo mesclado con wiski

—Soy cantante de rap Y muy famosa. Y comenzó a cantar una canción de Gabylonia que habla del amor al rap El escuchaba y al acabar dijo: “Bien. ¿Cómo te llamas?”

_Linda Zurc! Actúo dentro de dos días en este sitio. ¡Pásate! Y le dio una entrada. U Faber dudaba, dijo algo así como:

—Normalmente trabajo muchas horas, pero se quedó con el ticket. Se despidieron. Linda Zurc! caminó en dirección a la discográfica elrap-lohacestú. U Faber decidió dejar con este viaje resuelto el día. Miro el ticket y en el lateral ponía un número de teléfono y con una letra apretada ¡llámame! No ¡déjate de historias!, -le dijo esa voz interior-. Si le llamas esta negra te llevara por caminos que tú conoces. Paso un día y el ticket le quemaba en el bolsillo y llamó

—Hola, Soy el taxista. Del otro lado un murmullo suave respondió con un: las ex polis no aceptamos invitaciones fuera del trabajo y una risotada cargada de sexo. U Faber golpeo con el nudillo el cristal he hizo una mueca. “No es una cita respondió, es un paseo por la ciudad”, para imaginar aquella cara redonda y los labios zulúes que rapeaban en la tele. Amo el hip hop estuvo a punto de decir. Pero ella soltó una frase:

— ¿Tus paseos con el taxi huelen a gasolina?

—Siempre

— ¿O Casi?

—A veces –confirmo la voz de U. Faber

—Anoche cante un rap que ponía esta frase –dijo ella:

#La mezcla quema al primer contacto# Siempre –pensó él. U Faber quedo esa noche, aunque un viento frio de otoño golpeara con insistencia en su taxi. Fuera. En el interior del taxi, en el cuero de los asientos, los dos resbalaban, la sangre de ambos corría sin detenerse, los besos de los labios zulúes remaban en su boca, la gallina de cemento del parque cercano se derretía, y la música sensual y barroca de la cinta de la Zurc! sonaba con tanta fuerza que temía ver llegar el coche de la NYPD, bajarse un poli con una linterna y golpear en su cristal para preguntar:

“¿DNI?”

 

Nota 1

La poli negra Zurc! Vivía en un edificio frente a Central Parc donde dejaban entrar si estabas previamente anotado en una lista. No permitían perros, y sus dueños eran la familia del famoso rapero 2Pac fallecido que olía gasolina en las botas y decía:

“Mama dime si estoy equivocado, es Dios solo otro policía” 2Pac ver video Trapped en YouTube

Propiedad de la imagen: link

Oscar Bor y Buenos Aires

 Juan re-crivello

Pueyrredón 23. Esa era la dirección en que Oscar Bor concertaba sus citas. Una calle ancha, de las miles que tiene Buenos Aires, con aceras que se utilizan para navegar o vender Frankfurt al caer la noche. Esta ciudad está dormida, cuando los inquilinos palidecen a final de mes. Allí todo el mundo fisgonea a su vecino, o descubre que la alcantarilla es un sub-mundo parecido al exterior. Oscar Bor acostumbraba a fumar un cigarrillo detrás de otro, Chesterfield King Size, lo compraba en un Kiosco a la vuelta de su casa y camino del trabajo solía parar en un bar de la esquina, un café de nombre raro: “Filogonio”. Casi antes de dar las 22 de la noche. Era su ultimo café, luego un garito en un sótano y una orquesta de nueve músicos para que él -quien cantaba para los turistas que invaden la ciudad en estos días. Pero en su cabeza no había más que la tormenta sentimental que le invadía. María O., una espléndida morena de atrevidas formas quien salía con él desde hace ¿uno?, ¿dos? meses. ¡Es que todo había ido tan rápido! Que no se atrevía a considerar si seguían o no esta aventura. Antes de pagar extrajo un papel de su bolsillo del pantalón:

“¿Te veré esta noche? El día se alarga de tal manera que no puedo apartarte de mi interés. Todo me refiere a ti. Todo recuerda los tres cuartos del alma donde resides”

María O

_ ¡Muy fuerte! -dijo en voz alta. Siempre había pensado que sus anteriores amores eran un recuerdo vano y suave ante la intensidad de esta comedia que le tocaba vivir. Se llevó la mano a su nariz. El perfume era una huella, y esta le acercaba a aquella intensa noche donde cada muslo cometía un exceso y donde él aparecía como un alegato al miedo o a la osadía. Recordó un segundo una estrofa de su tango preferido:

Corrientes 3, 4, 8,

segundo piso, ascensor.

No hay porteros ni vecinos.

Adentro, cocktail y amor.

Y pudo pensar, que la mezcla de deseos y la llamarada que aparecía de madrugada al regresar a aquel piso donde no podía escapar  diariamente. Y, sonó su móvil

_Hola –dijo

_ ¿Vendrás de noche? ¡Como siempre! –preguntó ella.

_Si

_Hoy hablare con F S y le explicare que ya no puedo más. Le diré –agrego ella- que no voy por casa desde hace seis días por este amor que nos consume. ¡Qué nos pasa! –su exclamación fue un eco para Oscar, y escucho: Cada día es una nueva prueba que nos somete. ¡Cada día!

_No sé –la irregularidad de su respuesta le hizo agregar: a veces pienso que la cita es un malefició, nos incluye en la noche y luego perdemos esa regularidad que da la claridad de la vida cotidiana. Físicamente ¡estoy muerto! Llevamos noche tras noche envueltos en un atractivo sensual continuo que ¡joder!, parece no acabar.

_Nos recuerda al tango –dijo ella y rio con fuerza. Para agregar. ¿Es un bucle? Es un espacio –y agrego en tono explicativo-, donde lo físico, la bruma, la fragancia, los silencios, la voz que proyectamos, o esa ternura que descargas en mí. ¡Oh Dios!

_Esta noche –dijo el- cuando cante, proyectare un misterio que dejara a las almas de los noctámbulos… al lado del deseo. Les empujare a ese sentimiento que cada giro de esta música sensual nos provee… de un espacio único; donde ellos se aprietan; se perdonan; sus infidelidades o sus olvidos.

_Estaré –dijo ella- como cada noche ¡contigo!

_Como cada noche -repitió él y colgó. Oscar Bor se puso de pie, subiría por esa calle rellena de adoquines para torcer a la tercera, ver el Obelisco de costado, y romper cada celda diminuta donde su pie se mojaría al contacto con la acera. Estaba comenzando a lloviznar, Buenos Aires cambiaba de cara, llenaba su barriga de melancolía y los tangos que cantaría -dentro de una hora- serian amargos, sensuales, llenos de apetito por amor y sexo.

“Casi una vida” –dijo, -y giro para entrar a su club.

la bici

Amigos… A veces las tardes de verano son estúpidamente iguales: perezosas, llenas de calor, y con algún café. Luego acompañaré a dos tipos uno de 12 -Sergi- y otro de 23, Dario. Traman arreglar una bici de las de antes, antigua, de carretera, con frenos que ya Decatlhon ha descatalogado. No soy un experto en bicis –y confieso a mi edad en casi nada- y tal vez… ya comienzo a ser sabio. Y recordé este artículo del año 2011. j re.

Un camino marron en plena siesta. Nada parece rebelarse contra el mal de la juventud. Le seguimos arbitrariamente por un indolente y afeitado paisaje. Al final de la pendiente un rio estrecho y cautivo de su soledad. Solo es bajarse y respirar. Luego el pantalón deja paso a una representación de otro ser .

Del dorsal que muestra mi compañera aparece un testigo que embruja. De mi parte un rápido botón, de agua dulce y rara. Las tardes de verano son asi. En los pueblos. En la orilla de ríos que se descuelgan de profundos picos, falsos y hartos de mantener una barriga sedienta de verde.

Pero ella esta hoy aquí. O, ¿tan solo se dispara mi sed?. De verle unida, a un manto de agua. Y presentirle como se descuelga de su morada de ciudad y ama la dicha -en la montaña.

Aunque las imágenes de un chico de provincias son tercas y fantasiosas. ¡Si! ¡tal vez! tan solo aparecen buscando un regazo. Nosotros deseamos un liquido rosado y rubio. Aunque dificil explicarlo, en el camino, la correa del tiempo une y destroza un amor cada verano. ¡Da igual!.

Le amare como si presintiera que su sabor es compartido. Como si mi olor a naftalina de este pasado invierno -aún me delata. Le mantengo cerca y con ello basta. La siento extraña y me derrito. Este verano amare locamente, luego cuidare de su recuerdo. Y del mio.

Escribo para que el agua envenenada pueda beberse

By J re crivello

Dirá el tuitero Alejandro Carrillo: “escribo para que el agua envenenada pueda beberse” y… hoy es lunes, probablemente es cuando el agua baja más rancia y escuálida. Tal vez cargada de celos, o de envidias o de un orgasmo resuelto a medias o tan solo en una ducha con un sifón de aquellos antiguos pero relleno de gel y agua moderna. ¡Sifón de ultima!, y deseos que escapan del control impuesto por la rutina y las obligaciones.

Pero diremos que escribir es un espacio que invade mundos angelicales que no se atreven a ser despellejados por la diaria lucha de los cuerpos. De las emociones. De un miedo –podemos convenir,  puede salir una agresión por no dominar aquella siesta que vuelve una y otra vez de dos padres que discuten sin más intento que despedirse de la mala combinación, de una hembra que rozaba con su mirada y un macho que se suponía menos intenso y más compañero.

Que, ¡uff! no se me dan bien los lunes. Es como un rio que desea urdir una excusa, pero debe poner los críos en el cole, lavar los dientes en una perola o apretar aquella barriguita que molesta por ser mujer y necesitar estar guapa. Pero es también un rito antiguo en los cuellos blancos: ajustar la corbata para dar esa apariencia que el cliente y la empresa suponen debe estar. Y de tantas cosas supuestas e inútiles cargamos la espalda de neuras o apetitos mal resueltos. Ante lo cual una escena de sexo solo o acompañado es una minúscula impaciencia. Deberíamos probar con la sonrisa. Esta mañana cuando caminaba en la playa solitaria de Vilanova –mis sesiones del verano de 7:30/8:30 con mi amada han comenzado- un tipo venía de frente, en su camiseta decía: One smile.

El clan de la Hiena. China 1949 -01-

Hay novelas que uno nunca terminará de escribir, pero bullen con fuerza. ¿Dónde nacen? En un espacio pequeño e imaginario que se repite en mi cabeza, donde veo a miles de chinos intentando escapar en Shanghái, a la llegada de los Guardias Rojos. Ni-Lang, la protagonista se vuelve y me mira invitándome a que cuente su alocada aventura y… sufro por no tener tanta fuerza ni tanta grandeza. –j re-
#Pero van tres capítulos…

By J re crivello

Ni-Lang estaba estirada y mirando el sol. Nada permitía entrever que esa tarde llegaría una carta. Al abrirla, pudo pensar en noticias allende su vida. La fría hoja solo permitía saber que un cadalso había matado a su familia. Uno a uno las hojas, le habían susurrado que los asesinos pensaban de otra manera. Nada haría prever, que en las próximas jornadas, en el puerto cargarían ya las últimas pertenencias de aquellos que querían marchar. Tampoco la cara servida por una de aquellas heridas que deja la guerra, y los miles de opositores que en susurro llegaban hasta este pueblo alejado de la buena de Dios. Solo pudo preguntarse: ¿cómo llegar hasta Shanghái? La caída de Chiang Kai Shek, y la llegada de Mao en este 1949, que parecía un año de lluvias y buen arroz le obligaban a subirse a un tren ¡sin más!, para plantarse allí.  Una gran ciudad donde se acaba el mundo de la fe y surge alocada y extensa la revolución maoísta, compleja y terca, llena de promesas y felicidad en la tierra. Pero, no le quedaba más remedio, marcho hasta la estación. Allí le informaron que a última hora pasaba un tren vestido de gente y paisanos, quienes intentaban al igual que ella -dijo el revisor, llegar desesperadamente a la ciudad. El campo desagotaba a sus trabajadores y les ponía en el cerco de la villa grande. Desde allí, una parte intentaría asaltar un carguero que los llevara a América. Un rio agotado, fue el bautizo de aquella muchedumbre -pudo pensar ella, y tal vez les compararía con una terminal de granos dispuesta a soltar su molienda dejándoles partir. Pero debía saber si sus últimos familiares ¿estaban muertos?   -como ponía la carta- y luego –quizás- dejarse llevar por aquel infierno. Nada perdía aquí, en este arrozal familiar, en esta casa grande que durante generaciones había sido la fuerza de los que se iban. Tan solo 2 Hectáreas, pero con multitud de arboles que producían fruta. Les había sembrado su bisabuelo con esfuerzo trayendo algunos hasta de América. Solo le bastaba acariciar los 4 cerezos, o los 8 melocotoneros y algún peral verde y recio de lava natural. Pero, era joven, llena de sueños. Presentía a los guardias rojos que vendrían, jóvenes, parásitos y cargados de orden. Decidió regresar hasta casa, enrollo una manta y dos trozos de pan. Decidió dejar el dinero oculto en una esquina de la casa, en la tubería, debajo de una palangana que evacuaba los esfínteres.

La noche llego pronto y decidida monto en aquel caos de mujeres y niños, o de hombres llenos de furia y odio. El tren horizontal y de madera marrón se movía impreciso como advirtiendo una carga de los comunistas que le detendría antes de ver la densa humareda de Shanghái. Por la mañana llegaron. Desde allí deambulo por las calles en dirección a la casa de su tía. Las avenidas estaban presididas por la fiebre de la Revolución, la gente iba y venia en busca de un sentido al mundo que se hundía. Pudo llegar a la antigua casona familiar, un cierre de madera en color salmón le recordaba las visitas de años pasados. Al entrar todo estaba revuelto, nadie había dejado un rastro. Solo pudo encontrar un cuerpo diminuto con un vestido de seda rosa y flores en rojo furioso. Era ¡su tía! Estaba doblegada en un recinto antiguo y lleno de mierda: la casa de los cerdos. Tenía un golpe en la cabeza y respiraba lo justo, le limpio la herida y le dio agua. Aì měi con esfuerzo y recuperada levemente, hizo un recuento de los muertos. Además agrego: “todos fueron cargados en un camión”. Ella se había salvado y había visto aquello amarrada al tejado, desde allí les habían ajusticiado “a solo 100 metros”. Con un grupo de cinco guardias rojos y sus escopetas. Luego un sollozo lento y cerrado le mantuvo una hora. Su tía se repuso y le dijo dónde estaba el dinero escondido, donde comprar un pasaporte, donde comprar una salida. Ni-Lang se despidió de ella, la dejo allí y se marchó.

Continuará…

Mayo del 68 o… ¡4 años del 15M!

By J re crivello

He bebido soda fría, con gas sienta un poco mal. Antes La Casera era más brillante y ese dulce que se agarraba al cogote nos daba vidilla. Pero claro esa vida ya paso hace tiempo, ahora estamos protestando en la plaza u observamos desde cerca. Decimos cosas, y la asamblea vota a mano alzada y esta acción se expande como el agua, y se superpone al triunfo de la derecha. Ya ni me acuerdo, ¡ah sí! En mayo del 68 al poco tiempo gano De Gaulle, un tipo de bigotito y sombrero que le ajustaba la sien cuando era militar. Y él se fue, y mayo del 68 sigue en nuestras almas –desde hace 30 años. Hasta que pudimos separar lo positivo de lo no tan correcto de aquel suceso histórico. A eso… le llaman decantación. Y éramos reyes de la opinión, le metíamos el dedo en el ojo a los que se atrevían a impulsar una respuesta diferente. Recuerdo aún que decíamos -gracias a Horacio Saénz Guerrero– cosas como:

«Corre, camarada, el viejo mundo te persigue»

«No cambiemos de patrono, cambiemos el empleo de la vida»;

«Un “poli” duerme en cada uno de nosotros; hay que matarlo»;

«Tenemos una izquierda prehistórica»;

«Vivid sin tiempos muertos, gozad sin limitaciones»;

«Soy marxista, tendencia Groucho»;

«Un pensamiento que se estanca es un pensamiento que se pudre»;

 «Sed realistas: pedid lo imposible»;

 «Trabajador, tú tienes 25 años, pero tu sindicato es del siglo pasado»…

Frases hermosas ¡ya lo sé!, por eso duramos más que De Gaulle y ahora el 15 de mayo, duraremos más que la modernidad de Zapatero, que ya es decir. Y decimos… bueno, dicen los de ahora, los de la Plaza Cataluña o de la Sol:

“Vamos a cavar con el monopolio de los banqueros”,” la nacionalización de la banca!”. “Derogación inmediata de la ley de extranjería”. “Estamos totalmente en contra de la la reforma de las pensiones”. “Listas abiertas”. “Retirada de la ordenanza del civismo”. “Exigimos el reparto del trabajo y la riqueza”. “Abolición de la Ley Sinde”. Contratación de personal sanitario hasta que se acaben las listas de espera”. Si subimos los impuestos a las 50 grandes fortunas de España se acaba el déficit”. (La negrita de este la he puesto yo) “Expropiación de las viviendas vacías”. Proponemos un referéndum de proclamación de la 3ª Republica”.

La derecha que ha ganado no es De Gaulle, es de miriñaque y salón, con algún fasto de pesadilla para asustar pero… no pasa del amago. Y estas consignas, nos preguntamos: ¿duraran 25 años como mayo del 68?

La fiebre me atiza

-hace dos noches.

Muerdo un caramelo,

me limpio el sudor de las nalgas

Arrepentido estoy, de haber bebido jarabe de ron con hielo

Hasta darme cuenta -que aún me jodia- la sed(1).

(1)Los genes de Mingo. Juan re-crivello. Nuevo libro de poesía !que nunca publicaré¡

Octubre rojo: ¿Me estás hablando a mí? By Frank Spoiler

 

En esta serie (de tuits o escritos breves) que publicaré en los próximos días, participan los escritores Marlene Moleon, Frank Spoiler, Miguel Ángel Moreno, Carmen Villamarín, Julio G. Castillo, Carmen Cervera Tort, Olga Nuñez Miret,  J re crivello. Agradezco a todos ellos su confianza y participación.

 

 

Otoño, atardeciendo, un sol debilitado y rojo ocultándose por el Oeste, paseaba yo por un pequeño puentecito cuando escuché (más que ver) una voz que, decía chillona; “ahí va el sapo más gordo y feo de toda la charca”. Me paré muy sorprendido y, no fue hasta que di varias vueltas sobre mi mismo que lo vi… justo al otro lado de la charca y subido a una enorme y amarilla hoja de abedul, mirándome muy orgulloso  e inflando su gran papada, bueno, ejem… más que verlo intuí que me miraba pues, ese día no llevaba las gafas puestas (y la edad no perdona…) era un enorme sapo, pero lo extraño no era que el sapo estuviera allí y que él hablara, faltaría más… no, lo increíble es que me hablara a mí y, lo que era aún peor, !yo lo entendiera!

Desvié un instante la mirada mirando hacia el cielo, quizás creyendo que así desaparecería o rogando a dios porque así fuera, no lo sé… el caso es que lo volví a escuchar y ahora fue aún más incisivo y ofensivo. “Míralo, y se hace el desentendido… ¡eh, so mamón, grasiento y gordinflón, te hablo a ti, sal de mi charca y date el piro!” — me dijo con su chirriante y chillona voz. Esta vez no hubo duda, ¡se estaba dirigiendo a mí! (no había nadie más) y he de reconocer que me sentí muy ofendido, ¡muchísimo! tanto que, apartando orgulloso la mirada  inflé mi papada al máximo y huí saltando al charco y desapareciendo bajo las sucias aguas… aún pude escuchar  el desagradable y chirriante eco de sus carcajadas hirientes burlándose de mí.

 

Obra del autor:

Amazon.es

http://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_noss_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Daps&field-keywords=frank%20spoiler&sprefix=frank%2Caps

16 con 6 con 6

by j, re crivello                  Artículo que aparece en la Iguana

Una cantidad de números estúpida, pero antenoche, en mi sueño mientras veía unas viñetas me obsesionaba por pegar esta especie de letrero mágico en una de ellas. El despertador se puso farruco. Las 8. Seguía metido en los números. A las 4 habían ingresado a mi suegro. No era más que una pócima de realidad.

Cuando uno tiene una noche agitada sus sueños se mezclan y precipitan para alejarnos del compromiso. Otras veces están allí, cambiando de una manera residual el frito compromiso con los seres queridos.

Y de ello quiero hablar. Si Vd. me permite.

¿Cotiza caro vivir solo? En esta sociedad de madejas finas, de diplomacia, engaños y débiles amores, quienes han decidido vivir solos, alterando los patrones al uso –familia, hijos, algún suegro. Cuando aparece la vejez o una enfermedad crónica, tal vez, cuenten con los dedos de la mano, a quien encuentran metidos en el papel de hacer compañía. Tanta independencia parece constituir un escudo protector, pero se vuelve contra una antigua decisión.

Una señora a la que amo me decía hace unos días, “es mejor preferir la autonomía antes que la independencia”. Aquel sueño atascado me hizo reflexionar. Ser autónomos es estar unidos con esos lazos mágicos del amor, pero poseer ese espacio tan grato,  imaginado por el propio caballo del ajedrez, que salta con el fin de evitar incómodos compañeros.

 

He dicho. Hemos dicho

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ricardo Artl (capítulo ocho)  

by juan re crivello

 

La paella soplaba con angustia ante el disparate que había soltado el contertulio familiar. Era imposible disimular lo que habían oído los restantes miembros del clan, ante lo cual aquella bobada aun levitaba en la mesa. Era inútil desdecirse, Artl sentía un ligero frio en la nuca ante la desdicha de verse reprobado. Pero el jefe del clan, dejo pasar unos minutos. El viejo orín que nadaba en la palangana vacía -debajo de la mesa- era parte del ritual. Una mesa de caoba larga y antigua dos cuadros en el centro y un ventanal que recibía luz de una sierra que corría paralela al pueblo. Como nadie deseaba dar un paso, uno de los hermanos, sentado en una esquina, argumento:

_ ¿Dices que tu mujer te ha dejado y se ha marchado con otro?  “Si”              –respondió Artl. Transcurrió un buen rato y todos volvieron a quedarse en silencio, El jefe, de cabeza recia, canoso y apoyándose en su tradición de presidir aquella reunión una vez al año, de nombre Carlos Artl, atizo: ¡Ve y hazle regresar!

_ ¿Cómo? Si ella está muy a gusto con su amante –insistió Ricardo Artl, y agregó- me lo ha dicho ayer por la tarde en la última discusión. Fue tan         astuta –prosiguió con su relato-, que mientras le vi sorber el vaso de cola, y estando en el saloncito, no hablamos mucho pero cambio su expresión en la mirada y volvió a insistir: ¡me voy!

_ ¡Que joder! –Insistió Artl- su voz fue aumentando mientras describia aquel momento mientras miraba a su padre sentado en la esquina de la mesa- y decir: Ahí te quedas, con tu papi millonario y tus nalgas del grosor de un dado. He conseguido un hombre que me mantenga igual que tu, pero además me haga vibrar en la pista de baile.

_ ¡Estúpida! –exclamó el jefe del clan y la corte familiar susurro un aprobado que sonó como una ola hasta barrer la mesa. Artl prosiguió sin inmutarse conocía a su familia, siempre aceptaban el requerimiento paterno, pero en su relato agregó: Y le pregunté: ¿de qué pista hablas?

_En la pista, aquella que íbamos hace tiempo –respondió María Ramírez. Cuando estoy con él, se desplaza y me arrastra con facilidad. Yo siento su mejilla, o su mirada, me lleva de un lado al otro hasta olvidar en segundos cualquier traición o mediocridad. Tú nunca has entendido aquello del tango. Siempre lo has visto como un quiebro, como un compromiso. Pero su música es tenue, sensual. Si te dejas llevar, tu pareja esta a tu lado, tan metida, tan unida, que es una de las pocas gotas de vida no contaminada, por la obligación, por la responsabilidad. Es tan virulenta su carne entre mis piernas, que deseas seguirle hasta el desmayo. Y tú, ¡nunca lo has entendido! Siempre has ido un poco más lento, o has sido tacaño en la entrega. Contigo, mi cuerpo al rozarte, no se electrizaba. ¡Ni miedo, ni pasión aparecían en tus botas! El suelo se hacía áspero. La noche eterna. La música un desquite amargo. Y, no era necesario beber o retocarse. En cambio, con él, ¡vuelo!; sin alcohol, con… poca música. Es un sentimiento que nos une y arrastra sin ninguna mezquindad, sin más, es un ligero contorno, descrito en la vuelta, y en la vuelta, que marcamos juntos. Y… termino la historia –concluyo Artl.

El jefe le miro. No había más distorsión ni medida en la excusa que terminaba de escuchar. Abrió la boca, sus labios se balancearon, parecía que la frente se desplomaba encima de los ojos. Estaba abrumado. En sus medidas del tiempo no existían estas relaciones tan intensas, ni mujeres que cambiaban de amor como si les dirigiera la sensualidad y para ellas marcharse o romper un acuerdo fuera tan fácil. No, aquel no era su mundo, ni el del común. ¡Qué narices hacia uno de sus hijos metido en esas complicadas redes!, donde al final se acaba muy mal. Con lo cual intento hablar, pero su cabreo le permitió que escapara un chillido torpe:

_ ¡Déjala! ¡Es una minga de puro veneno! La Ramírez solo busca satisfacer con su danza… su soledad. Los demás asintieron, no tuvieron el atrevimiento de preguntar. Artl se puso de pie y decidió no volver a verles más. Su familia estaba desquiciada y no entendía que la relación con María Ramírez era más intensa que sus mediocres existencias. Al llegar a casa escribió una carta que enrollo y apilo en una de las habitaciones, decía:

María

¿Te vas? O, ¿de nuevo te alejas con un amante, de los que cada tanto te invitan a sentir lo prohibido? Esta tarde apartare en la esquina de la cocina tu olla de color marrón, la que siempre usas. Las ollas de loza son tercas como tú, dentro meteré tierra y una semilla de musgo, prometo que antes que termine de llenar su espacio estarás de nuevo con tu canción de siempre “perdona, me he dejado llevar” Artl.

Luego llamo a su amigo H Raz para beber un cocidito de ron que hacían en una olla de cerámica donde los olores intensos se agrupaban en la salida del zaguán y más de un vecino en los días siguientes al verle por la calle, exclamaba: ¡ese olor me recordó mis años de joven! ante lo cual Artl asentía con la cabeza sin más. ¡Es una minga depuro veneno! La frase retumbaba en su interior, su padre un tipo escapado de la Segunda Guerra y lleno de odio había llegado a Buenos Aires sin un peso, todo lo había construido con un estilo pendenciero y ajustado. Siempre cambiando ruptura y compromisos. Un individuo esquivo, luterano en las formas, quien mantenía una distancia que le recordaba sus continuas separaciones y rencillas. Nada de la fortuna paterna la heredaría, eran para sus cuatro hermanos, que rodeaban el panal para sorberlo a los minutos que el cadáver se hubiera deshinchado. Artl dudaba si amar a la Ramírez o encerrarse en esa casa donde fantasmas propios e inventados le alimentaban. El timbre sonó, ¿sería su amigo H Raz? Al abrir la puerta una mujer alargada, de caderas con cierto volumen, con dos senos que lucían esplendidos y una cara redonda y llena de vida –dijo “Hola”. Era María Ramírez. Le hizo pasar, fueron hasta el zaguán, Artl le alimento de historias referidas a su visita a la casa paterna, pero en el aire flotaba su nueva aventura, ese último amante que ella arrastraba trajinaba en sus mentes y María pretendía reducir a una circunstancia del deseo, de la calentura. Y la Ramirez agrego:

_Hace dos noches que salto encima de ese burro. Es larga su verga, anchos sus labios, hasta el cabello del centro de sus pechos huele a sed. ¡A sed! Repitió una y hasta dos veces más. Artl no quería ni hablar de esa historia. Pero María insistió: mastica y muerde en las nalgas mejor que tu. Bebe y me irrita con una mano diestra y segura, que aprieta, socorre, masturba hasta dejarme si sed ¡sin sed! Artl estaba ya harto y exclamó:

_Solo hablas de una ciénaga, la que permite que sientas que aun eres joven. ¿Y luego?

_Perdona, me he dejado llevar –dijo María. En aquel zaguán aun hubo sitio para dos besos. La olla de loza volvió a su lugar, pero la distancia entre ambos se habría poco a poco. Luego llego H Raz, y María se marcho. En el segundo vaso del cocidito de ron, ambos amigos rieron un buen rato, hasta que H Raz dijo breve y seguro al tener los ases de su lado:

_Esa acabara contigo.

_O yo le enterraré con sal como a un buen salmón –respondió Artl

_Quizás, aunque arrancarse algo del corazón, es una tarea difícil y… meter un cuerpo en sal, te marcara toda la vida –dijo H Raz.

_Sabes amigo H., tengo varias cartas de un tal Pascual Pérez(1)

_¿El boxeador? –pregunto H. Raz

_Si, ¿te apetece que las leamos? –pregunto Artl-, mientras su amigo entraba en una de las habitaciones para buscar esas deliciosas misivas.

Notas

(1)Pascual Pérez (Rodeo del MedioMendozaArgentina4 de marzo de 1926 – Buenos Aires, Argentina; 22 de enero de 1977) fue un destacado boxeador argentinode peso mosca.

Ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 y campeón mundial (1954-1960), único argentino en alcanzar ambos logros. Como amateur peleó 125 combates.1 Se hizo profesional en 1952, librando 92 combates (84 victorias, 7 derrotas y 1 empate), en los cuales ganó 57 peleas por nocaut, récord que lo ubica en un selecto grupo de boxeadores que han obtenido más de 50 nocauts. Realizó nueve defensas exitosas del título mundial. En total obtuvo 18 títulos. Está considerado como uno de los tres más grandes boxeadores de la historia del peso mosca, junto a Miguel Canto y Jimmy Wilde.2

 

 

 

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: