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Barcelona / j re crivello

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el corazón dormido

5 argumentos para que j re crivello acabe “El corazón Dormido”

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by j re crivello

1) Por que deseo saber—: ¿Cómo terminan las relaciones de un grupo de personas que se conocen desde la juventud?

2) Me apasiona We Be y su estilo carcelario. En tan solo 150 páginas esta mujer dura y sensual me ha cautivado.

3) El hotel Espíritu enclavado en el macizo –un peculiar espacio entre Sitges y Vilanova- tiene una lista de espera de 20 años. ¿Cuál es su encanto?

4) Lucas Boy su protagonista principal está obsesionado por recuperar el espíritu de la Manada, desde antiguo, los lobos son ferozmente leales a sus parejas y tienen un fuerte sentido de la familia, a la vez que mantienen su individualidad. ¿Lo logrará?

5) Podrá j re Crivello en el Corazón Dormido, describir el regreso a nuestros sueños juveniles; o será destrozado por la trama que escribe y renunciara abandonándose en la bebida.

5 Bis) Luis F fue el gran amigo perdido en la droga de j re de los años juveniles. Ese vínculo emocional le ata a un pasado irrepetible de cuando los dos fueron hippies y viajaron por 10 países. ¿Ello le impedirá acabar—: El corazón dormido?

 

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08- Lucas Boy: We Be y la calle del pecado

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by j re crivello

W B –We Be para muchos- había quedado al final de la playa de Sitges donde un hotel inmenso esta encallado desde hace años. A pesar de hacer calor, su contertulio llevaba una camisa larga de color ocre, un sombrero de paja comprado en los chinos y unas gafas estilo señora Kennedy. We Be por su parte solo apostó por un pantalón corto –de las que llevan las adolescentes- que dejaba brillar sus muslos afeitados y con una crema para piel comprada en la dermatóloga de la esquina del hotel. Había pedido el día a Lucas Boy con un pretexto de visitar a una antigua amiga. Y a decir, ella lo era. Se saludaron sin casi respuesta y durante un largo momento miraron el mar romper una y otra vez contra un par de rocas. Luego We Be preguntó:

– ¿Te instalaras aquí?

–No sé —respondió una voz quebrada y llena de intriga, para agregar—: Esta ciudad está llena de gays asquerosos. Tal vez sea Vilanova que tiene playa y un mercado.

– ¿Que queda de nuestros pactos? preguntó We Be

–Todo. Su visitante no cedía ante el recuerdo de aquellas largas sesiones de la cárcel. Utilizo una palabra poco conocida para definirla: “tú y yo, somos como un holograma” We Be no entendió, pero supuso que aquello era casi como una estampita de la virgen de las que al ser niña te colgaban del cuello y no podías dejar de llevar toda la vida. Pero se resistía, allí dentro  —en la cárcel, el anonimato, las presiones tejían una red, aquí fuera deseaba reconstruir una nueva, a su gusto, sin estridencias con nuevas fidelidades. Casi era una respuesta de fin o bordeaba ese delicado equilibrio que tejen los amigos. Su visitante estiro la mano para tocársela, ella noto ese suave calor y la aparto. Luego le dijo al oído, tengo una habitación allí detrás—: “¿Vienes?” – y le siguió. Parecía que no podía responder de otra manera, una vez en la habitación los brillos y sus muslos se rozaron, nadie quitaba un pacto de una manera tan fácil. Y aunque se resistía, fueron pocos minutos, para a continuación estar de pie mirando desde la ventana la arena.

– ¡Has cambiado! –se escuchó en su espalda

–Si –dijo

– ¿Cómo es posible? –pregunto una voz airada. En la cama enredada en la sabana de color ocre, yacía una mujer violenta y antigua, llena de ofensas, caprichosa y fuerte. Para los suyos era un corazón de mantequilla, pero en el descampado vital implacable. Su físico trabajado en el gimnasio de la cárcel sin un gramo de grasa con una irregular concesión, poseía –según confesión propia unas bellas nalgas y si subías más allá de su mentón los labios presidian una cara delicada pero altiva, cautivadora pero muy atractiva para los masculinos.

–Al despedirse —We Be intento organizar una confesión de su retirada—: Me descomprimí –dijo y continuó; pude de ver –de nuevo- una o varias naturalezas masculinas y, recordé a Luis F. También, en la carcél el cerco nos cambia el carácter, nos lleva  a decir cosas o asumir compromisos pensando que el tiempo que esperamos recorrer será larguísimo. Poe ello debíamos protegernos… del asco, de la pasma, o de las violaciones.

– ¡Me utilizaste! Un látigo fue su recriminación

–Tú también a mí –respondió We Be, y, fui generosa contigo. Esta última frase hizo daño. Parecía despedirse de una antigua fidelidad. En la cama se deslizo una sombra, al ponerse de pie podría haber gritado, o un sollozo. Nada, solo un suave hilillo en el wáter contuvo esa despedida. Pero parecía presentirse que una rotura era demasiado, y convinieron verse cada cierto tiempo y ayudarse. Su amiga era una experta en robar sin ser vista. ¿Duraría mucho fuera? Tal vez sí. Era dura, de mirada cautivadora y con cierta tendencia a parecer a los hombres que una fuerza sexual estaba allí para dominarles, luego les ponía bajo su territorio de influencia. Sabía que el sometimiento y la fidelidad estaban a su alcance y algún que otro asesinato no probado cargaba en su cuenta. We Be se despidió de Carmen M. Antes de salir un beso travieso y de labios les separó.

 

23 horas del mismo día

Hay una calle pequeña en Sitges de no más de 300 metros, que muere en el Paseo Marítimo, es la “Calle Del Pecado”, esa noche We Be fue en busca de una copa. Llevaba una camisola abierta de color extremo y el sol le había enrojecido la piel confundiéndola con una guiri. Los bares instalados con terrazas sucesivas estaban animados, no sabía en cual entrar. El tradicional espectáculo gay animaba a una clientela variada en la cual los heteros eran predominantes. Casi al final, pudo ver una barra de colores estridentes e iluminación que surgía de plafones empotrados en el suelo. Entro. Pidió una copa. Se encontraba fuera de lugar, gente joven, turistas que gritaban y reían. Alguien que se desplazó de sitio le dijo: “Hola”. Ella sonrió y sus ojos brillaron –y pregunto—: “¿Qué haces aquí?”.

–Siempre vengo antes que irme a dormir. Su partenaire llevaba una camisa azul marina suelta, encima de un pantalón tejano y unas náuticas. Parecía más joven e inexperto. O, tal vez más fresco. Ella le sonrió, le atraía aquel atrevimiento superficial y, preguntó:

–Luego ¿regresas al hotel?

–Nunca se lo que hare durante la noche. Tengo insomnio y vago por aquí o allá. A veces descubro una mirada explosiva y me dejo llevar. We Be estaba azorada, el tipo parecía otro, como si permitiera un juego nocturno que inclusive en su experiencia le incomodaba. Pero miro hacia un lado y vio un grupo de sillones —y le pregunto—: “¿Nos sentamos?”. Lucas Boy respondió:

–Sí. Hablaron unos minutos de la fauna que observaban. En ella parecía que se había roto algo allí dentro y se preguntó: ¿Lucas será gay? Su aliento estaba muy cerca, para hablar debían acercarse a cada oreja y sus respectivos labios iban y venían. “No –se dijo. Este tipo huele a hombre” y se dejó llevar, primero se entretuvo en mordisquear su labio una y otra vez dejando que la lengua abriera un surco. Tenía a su jefe, y el ex amigo de su antiguo amado metido en su boca y trastabillaba en un juego raro. De repente le aparto con suavidad y bebió un poco de cola. Y al mirarle, aquel seguía sonriendo como si una piedra le hubiera dado en la cabeza y solo quedara un camino, aquel que ella conocía de sexo, violencia y una larga noche. Pero, era demasiado para un día, por la mañana su amiga carcelaria, y en la noche… –y dijo—: “Me duele la cabeza”. Con esa salida en frio y reducida a una variación adolescente de final de sofoco, le dejo. ¿Y él? No le siguió, era una de sus noches de caza tal vez y como decía: “buscaría una mirada explosiva”.

 

 

02- Lucas Boy –los hombres hemos dejado de ser marxistas

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By J re crivello Novela El Corazón dormido a publicar en 2017

Lucas Boy dio un escupitajo en su mano izquierda y se alisó su rubia cabellera, luego se puso el casco y en dos minutos estaba en la autopista que une Vilanova con Barcelona. Pero se detuvo un poco antes, en Sitges, casi un garito para el en los años pasados, pero ahora su montura de terciopelo y los años de cuarentón le alejaban de aquello, pero aun así dejo la moto cerca del paseo y camino hasta un bar de aquellos donde el mar se revuelve y los días lunes algún albañil lleva su bocata envuelto en papel de plata. Había quedado con un tipo que le quería contar una historia. No le veía desde hacía 10 años. ¿Estaría mayor? ¿O decadente? No debió esperar mucho, apareció con tejanos y una camiseta para barriga de cerveza. Dijo: ¡Hola! y se sentó. Al quitarse las gafas unos profundos surcos alrededor de los ojos le dieron una cierta importancia. Parecía haber corrido más que una moto de su cilindrada. Pidió una mezcla de anís con moscatel. Y luego dijo:

—Está todo jodido

—Sí. A veces las cosas no salen tan bien –respondió Lucas Boy

—Me refiero a que no hay pasta

—Es normal, nos la hemos bebido en estos años –dijo Lucas

—Y además la gente se irrita por cualquier cosa. O grita. O no tiene orgasmos. Lucas Boy rio de buena gana. El tipo le miro y siguió sin darse cuenta con su lunática experiencia.

—Ayer. Un domingo lleno de brisa y lluvia fui a una fiesta de cincuentañeros y los tipos estaban más arrugados que la leche.

—Y tú

—Más arrugado que ellos. Y una tipa que conocí hace un pila de años estaba allí.

—Es normal, en esas fiestas la gente corroída y sin tregua ve el paso del tiempo en los demás   –agregué sin saber a cuento de que me había llamado después de 10 años para contarme una historia sin final. Le observe mejor, sus botas de caña tres cuartos bordadas al estilo vaquero se deslizaban debajo de un tejado forrado en piel y bordado con tonos rojos y florecillas. De lo que sabía de el –por correos y las redes sociales- no le había ido mal. Vendía y diseñaba ropa y en la comarca su nombre era muy conocido, como en los traseros de media Barcelona, era Ron Carey, un nombre un poco tortuoso pero pegadizo. –Le mire y dijo:

—La tipa ¡fue para mí un flash! hace años y ahora a lo mejor está casada y feliz

—La gente también es feliz –agregué

—Y eso me hizo pensar –insinuó.

— ¡Vaya! –dije siguiendo su pista

— Estos mariconcetes pequeño-burgueses no dan abasto en sus sabanas originales de lino y sus escapadas al Caribe y sus vinos peleones de tinto los fines de semana –agrego Ron. ¿A qué venia esa fraseología marxista en estos tiempos? -pensé y pregunte:

— ¿Y tú no crees que esos tipos no han peleado bastante por  amarse con torpeza o con sencillez en camas de lino?

—Si, tal vez -dijo. Es en mi caso, mi historia. He saltado de una a otra y he acabado traspuesto de infelicidad

—A lo mejor tu felicidad no es la de ellos. Es más movida. Más llena de contrastes. ¡Qué narices! -Un lunes y de consejero espiritual.

—Ves aquello -me dijo y señalo un yate mega gigante. Es mío, y allí meto a gente para que se destornille cada tanto. Y cuando se han ido me convenzo a mí mismo que si lo lleno varias veces más al final un día obtendré un cierto descanso.

—Pero ¿tú querías esto no?

—Yo quería ser un pequeño burgués con mi chica y un nieto o dos -dijo

—Aun estas a tiempo -le insistí

—Pues preséntamela.

— ¿A quién?

—A la que ayer tarde vi. Vivian R., tú la conoces -agregó

—Pero ¡si es una cuarentona! Lucas Boy estaba sorprendido ese tipo de pantalón bordado quería quedar con una ama de casa normal. ¡Imposible! Había amores antiguos y muertos que nos aparecían, año tras año, pero eran tan solo eso, un estilo, un silencio, una tarde. A veces nos aferrábamos a estos soplos de vitalidad juvenil como un remedio ante las decisiones que no nos habían llevado a buenos resultados. Le mire e intente convencerle y el insistió, quería hablar con aquella tipa que este domingo había visto de cerca y a años de su vida. Marque un número de móvil y le invite. A los 10 minutos estaba allí. Ella sorprendida, le saludo. Mi ex esposa se sentó sin saber a cuento de que estaba allí. El tipo garabateo con los dedos en la mesa y la situación incómoda se desarrolló rápidamente: “Tu eres; si ayer te vi, pero no me atrevía saludarte —dijo ella; yo tampoco –dijo él y agrego y hoy ¡mira que sorpresa! ¿Vives en Sitges? ¿Y tú? —preguntó ella. En Barcelona –respondió él. ¿Vendes moda? Hago moda –dijo él. Luego ella se animó:

—Hacía tiempo que deseaba hacerte una pregunta. El tipo se echó hacia atrás y escucho:

— ¿Porque nunca me llamaste? Hace años ¿Te acuerdas?

—No sé –respondió Ron Carey. Siempre me he preguntado el porqué. Quizás era un torpe que ansiaba otras cosas y no una vida de clase media. Ella le miro, se sonrió y dijo:

—Lo que dices ¡es una jodida estupidez!

—No –dijo el tipo intentado excusarse.

—Luego de tantos años -dijo ella y agrego- una mañana uno se despierta pone la lavadora, barre su piso y su ex marido le llama por el móvil para decirle que una viejo amor está allí pidiendo confianza, o calor, o inclusive alguna escena de mantequilla estilo Último Tango. ¡Es muy fuerte!

—Solo quiero que hablemos unos días. Se veía que tenía el corazón abierto y en sus manos un sueño aun latía. Ella dijo. Que iba a decir ella, una mujer dura –yo le conocía- , de sabores castaños, de amplia risa y modelada silueta construida con pan y aceite. Diría, inclusive la imaginé, ya estaba en mi cabeza su respuesta, rebotaba, daba saltos.

—No –al final respondió. Ahora estoy sola y me procuro algún sueño que dura días. –Se levantó y me dio un beso en la mejilla. Para Lucas Boy esa mujer que se alejaba era pura dinamita, y para este paleto de pantalón rosa, un sueño.

Continuará lunes…

 

El corazón dormido -nueva novela de j re crivello

Amigos…tercer intento de acabar la novela “El corazón dormido” ¿antes del 23 de abril? Estoy muy distraído, vilmente distraído Comparto fragmento:

“– ¿A quién?
–A la que ayer tarde vi…Vivian Ruz; ¡tú, la conoces!
–Tiene… ¡55 años! Lucas Boy estaba sorprendido de ese tipo de pantalón bordado; quería verse con una ama de casa normal. ¡Imposible! Hay amores antiguos y olvidados, que regresan, año tras año, pero son tan solo eso, un estilo, un silencio, una tarde. A veces nos aferramos a estos soplos de vitalidad juvenil como un remedio ante las decisiones que no nos han llevado a buenos resultados. Le mire e intente convencerlo, pero insistió en hablar con aquella mujer que había visto el domingo. Marque un número de móvil y la invite. A los 10 minutos estaba con nosotros”

El Corazón dormido

 

Remataré una nueva novela en los próximos meses. Va un adelanto

 

_La tipa ¡fue para mí un flash! hace años y ahora a lo mejor está casada y feliz

_La gente también es feliz –agregue Y eso me hizo pensar

_ ¡Vaya! –dije siguiendo su pista

_ Estos mariconcetes pequeño-burgueses no dan abasto en sus sabanas originales de lino y sus escapadas al Caribe y sus vinos peleones de tinto los fines de semana –agrego Ron. “¿A qué venia esa fraseología marxista en estos tiempos?” -pensé y pregunte:

_ Y tú. ¿No crees que esos tipos no han peleado bastante por  amarse con torpeza o con sencillez en camas de lino?

_Si, tal vez -dijo. Es mi caso. He saltado de una a otra y he acabado traspuesto de infelicidad

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