by Herminia Gomâ

Hace un par de meses mantuve una conversación con un cliente, directivo del área comercial de una multinacional. Me comentó que tenía que realizar una reunión con su equipo y la había cancelado. ¿El motivo? Creía que no tenía nada que comentar con ellos. El horizonte no se presentaba nada claro. ¿Seguiremos en la misma empresa dentro de seis meses? ¿Cambiarán nuestras prioridades? ¿Seguiremos vivos? Demasiada incertidumbre. No hay nada seguro.

Los directivos y directivas se mueven en entornos que se caracterizan por la intrínseca complejidad de la estructura de las organizaciones que dirigen y los entornos en los que han de desarrollarse. Desde un punto de vista macroscópico, la complejidad nos impide prever la evolución de la organización y los cambios necesarios para responder de manera adecuada a los estímulos externos de un contexto tumultuoso. Desde una mirada microscópica se manifiesta como incertidumbre que limita la posibilidad de actuar.

Mi cliente me comentó que estaba abandonando algunas de sus funciones con sus colaboradores, entre ellas la revisión de sus resultados o hablar de su proyección profesional. Le costaba hablar con los miembros del equipo ya que consideraba que era una tarea sin sentido si no existía un futuro claro.
Cómo en el caso de este cliente, el problema de algunos directivos o profesionales es que imaginan un futuro incierto, se paralizan y no actúan en el presente. Según David McClelland, profesor de psicología de Harvard, en su libro Human Motivation habla de tres motivaciones fundamentales en el ser humano:
• El éxito, ligado al deseo de alcanzar metas cada vez más retadoras.
• La adhesión, ligada al deseo de agradar o ser amado.
• El poder, ligado al deseo de influir y ser respetado (personal) o de dar poder a los demás, respetarlos (social).

Para este psicólogo si una persona logra cubrir estos tres deseos su motivación y compromiso serán tan fuertes, que no necesitará tener una clara visión del futuro. Lo que nos lleva a la conclusión de que hemos de dejar de preocuparnos por el futuro y centrarnos en ocuparnos del presente.
Basándome en estas premisas seguí conversando con mi cliente para clarificar sus metas, constatar su autonomía para alcanzarlas, las competencias y talentos que desarrollaría y la repercusión que tendrían sus acciones en su vida y en la vida de las personas del equipo. En su plan de acción decidió relacionarse más con sus colaboradores y buscar ocasiones para colaborar con ellos y celebrar los éxitos que fueran logrando. Tomó conciencia de que la incertidumbre le había paralizado y que no era feliz en ese estancamiento. Un mes después, volví a reunirme con este cliente y me comentó que había conversado con cada miembro del equipo y que pudo concretar con ellos proyectos estimulantes que les permitían desarrollar sus talentos y cooperar con otros compañeros. Ya no se sentía estancado. Su determinación era clara. Vivir plenamente cada momento a pesar de no tener ninguna certeza.

Cuando no hemos definido un objetivo o meta y el futuro no está claro nos sentimos bloqueados. Quizás tú no sepas cuales son tus metas a corto o largo plazo, no pasa nada, se trata de que elijas. Nadie te puede garantizar lo que va a pasar en el futuro, pero puedes elegir emplear el tiempo en implicarte en lo que el presente te brinde, conectándote con las personas que te rodean y con tu capacidad para pasar a la acción.
Como coach teleológica también he de afrontar mis propias incertidumbres. La existencia es inexorablemente libre y, por tanto, incierta. Ser libre implica afrontar el dolor de la incertidumbre como parte de nuestra existencia.

Recuerdo el caso de una clienta que reconocía no ser auténtica en situaciones que le eran nuevas. A través del proceso de coaching teleológico descubrió que siempre quería tener el control en cualquier situación, que toda su vida había querido compensar sus debilidades esforzándose en ser “perfecta”. Realmente creía que el esfuerzo le permitiría esconder sus imperfecciones, hasta que un día comprobó que había cosas que escapaban a su control. Su teoría era: he de esforzarme mucho para mostrarme fuerte y así equilibrar mis imperfecciones. Este paradigma le permitió elaborar una estrategia que se mostró infructuosa cuando topó con la realidad: no era auténtica, se escondía tras una máscara. Con coraje pudo aceptar que su creencia le estaba impidiendo seguir creciendo y descubrió que este paradigma era una débil barrea que se había creado para defenderse del dolor y de la incertidumbre. Finalmente eligió vivir de manera auténtica, respetándose, dejar de esconderse y de juzgarse y aceptar que era todo lo perfecta que puede ser una persona que ama la vida y se atreve a ser ella misma. A través del proceso logró cubrir los tres deseos de los que nos habla McClelland, su motivación y compromiso fueron tan fuertes, que no necesitó tener una clara visión del futuro y se centró en vivir el presente siendo ella misma.

Todos tenemos muchas dudas a lo largo de nuestra vida, la incertidumbre pone el acento en la probabilidad de que pase algo malo, por ejemplo, cuando pronosticamos que nos podemos equivocar y tememos las consecuencias de esa decisión. Nuestra vida se caracteriza por la incertidumbre, la previsibilidad es un lujo que no podemos permitirnos. Necesitamos aprender a vivir sabiendo que el futuro lo crearemos nosotros y que poseemos los recursos internos para gestionar la sorpresa, el cambio y lo inimaginable en la realidad que conocemos.
Para llegar a dónde quieras ir, planifica el viaje. Quizás no podrás estar seguro del resultado final, pero desde la aceptación y la flexibilidad podrás rectificar la planificación para trazar una nueva ruta que te acerque a tu objetivo. La confianza será tu aliada. La confianza en que siempre podrás rectificar el rumbo de tu travesía para llegar a dónde realmente quieres ir. Qué maravilla que el futuro sea incierto, cuántas posibilidades de crecer, aprender y vivir nos ofrece.

¡No te paralices! ¡Pasa a la acción! ¡El futuro lo creas tú!

Hermínia Gomà
28 abril 2015
Barcelona

Notas
Link al blog de la autora
V Congreso Nacional de Coaching