Buscar

Barcelona / j re crivello

Categoría

2012

Las ciudades que me fascinan: Buenos Aires

By J re crivello

Esta es la única ciudad donde los hombres se peinan con gomina y tratan su soledad afectiva con la amistad y el pavoneo ante las féminas, y, es también la urbe donde sus mujeres seducen, se pintan los labios de rojo y aman el piropo.

Más allá de los tópicos es una gran urbe llena de solitarios que escuchan tango, tal vez para decir que el sueño nostálgico es alimento, es carne, es cadáver que surgirá en cada nueva ilusión. Porque esta masa de ciudadanos es muy romántica: aman su capital, aman su país y hasta su presidenta, quien llora la muerte de alguien traidor y felino. Así son estos señores y señoras. Una nube que vive envuelta en la fantasía de caminar cada día hasta el trabajo pensando en su amor, su niña/o, su suegra y su mama.

De esta milonga mental ha aparecido una ciudad indescifrable que la globalización le sitúa como un punto de referencia: la Humanidad no seria nada sin… Buenos Aires.

Y desde algún confuso lugar, digamos Finlandia reman para que se mantenga esta esperanza vital, ese sueño. Pero la vida real devora sus ventanas, oxida a sus miembros y pudre de olor salvaje a su tradicional Riachuelo. ¡Si hasta en ello! en Buenos Aires son diferentes, llaman a su rio, Ria-chuelo. Una mezcla de indefinición, que cada papanata caído de turista corrobora: ¡si, ellos tienen un rio lleno de mugre y oxido que da color y olor a al tango!

Y sin cometer la bajeza del lugar común, caminar por esta bella ciudad poblada de fantasmas europeos es un sueño. He mencionado a estos seres inanimados que han traído millones en su largo vivir después de abandonar Europa, si Ud. habla con ellos, sus habitantes le cuentan infinidad de historias o  juegos de palabras que refieren a ideas-fuerza que dominan su cultura. Siempre menciono una –si es Ud. es de allí disculpe. Los habitantes dicen que cuando se van a dormir se “van a torrar”. En el año 1900 la emigración europea, dispersa, inundo hoteles, pensiones, casas y hasta unas tuberías, y  quienes dormían allí serían a-torrantes, luego la palabra impuso su ley. Podríamos citar innumerables circunloquios entre la ciudad y su alma extranjera y maldita. Diremos maldita por ser un castillo de sueños que en el cual vivían  el 70% de los ciudadanos del 1900, y les transfirieron a sus descendientes.

Quizá esta sea una de las características de esta ciudad:

#Estar poblada de seres imaginarios que nunca regresaran a sus orígenes –si lo hicieran fallecerían, al no producirse esta posibilidad, aquel que visita esta generosa aldea-grande está invitado a sorber su aroma extraño y fértil#

 

Notas

El 25 de abril de 1889 el médico y escritor español Silverio Domínguez publicó en las páginas de El Río de la Plata, un artículo sobre el posible origen del vocablo, haciendo esta revelación:

“Cuando hace unos seis años la administración de las aguas corrientes de Buenos Aires, tuvo necesidad de estender (sic) una nueva cañería… se encontró en el amplio depósito de caños de hierro con unos estraños sic) seres….que un escritor chispeante bautizó con el nombre de atorrantes, sinónimo de vagabundos, aunque esta palabra no esprese (sic) fielmente el significado de atorrante que de uso frecuente ya en el país, se da al que en nada se ocupa, al que nadie sabe como puede vivir sin trabajar, ni llenar sus necesidades, siendo ahora también corriente emplear el verbo atorrar, por la expresión de matar el tiempo, holgazanear o como el dolce far niente de los italianos…” Fuente http://www.agenciaelvigia.com.ar/origen_de_atorrante.htm

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-66497-2006-05-05.html

http://www.lanacion.com.ar/1448249-riachuelo-el-rio-muerto-de-agua-aceitosa-y-burbujeante

http://elpais.com/diario/2011/05/16/sociedad/1305496804_850215.htm

 

Anuncios

Los Dupont (o mis amigos de la red los Fernández & Fernández)

by J re crivello

¡Que leches! este artículo me encanta, de los que menciono Fernandez& Fernandez se ha marchado de mis seguidores y Fernandez & Rodriguez (Santiago que grande eres!) sigue dandome la lata -j re-

Las redes sociales son insumisas, caóticas y hasta a veces descubrimos coincidencias. Cuando dos Fernández aparecen entre mis amigos –y mis lectores. No he podido menos que dejar que el teclado me recordara los Dupond (o los F&H) según las traducciones de Tintín. Me he encaramado a la estantería y está allí la colección -del año 1988. Decidí abrir “la Isla Negra” me sedujo esa portada en que Tintín va de pie-con Milú, dentro de un bote con motor en dirección a la isla desde donde se divisa un castillo. Y para no apartarme del tema he decidido leer y reproducir un dialogo de Fernández y Hernández:

–F: Empiezo a creer que Tintín tiene razón, que esa gente son unos bandidos…

–H: ¿Unos bandidos…? Yo diría aún más: esa gente son… ejem… unos bandidos. Esa es mi opinión.

Y he cerrado el comic dejando que flotara la banalidad del dialogo de los personajes. ¿Quién no ha presenciado esta república establecida por obra de algún amigo o amante? Diálogos espesos y reducidos a la soberbia estupidez donde los minutos se escapan. En el caso de F&F –mis dos amigos de las red, he decidido espiarles

–Pues claro que sí, ¡coño!” Dice Fernández & R para distinguirle del otro; la vida es un negocio en el que no se obtiene una ganancia que no vaya acompañada de una pérdida –su contrario Fernández & F

Ambos no son muy habladores, pero si grandes lectores y animados artistas de las redes sociales. ¿Vitales y con un run-run de estilo Fernández y Hernández del Tintín? Es el ruido que produce la vida, emotiva, sincera liquida y cambiante.

La imagen es versión de Pulo dibujante http://loscuatroelementos.wordpress.com/2010/02/05/homenaje-a-herge_version-de-la-isla-negra/

12 personas que Ud. no invitaria… Elvira Tres Dedos: La reina de copa baila enganchada a su amante.

By Juan re-crivello

Inevitable, en situaciones en que los amores sólidos se derrumban, Elvira Tres Dedos carece de referencias. Su abandono del hotel a finales del año 2006 le llevo a una zapatería. Vendía calzado para novias destronadas, señoras de buen pie y pocos escrúpulos, galanes venidos a menos de tanto asediar jovencitas y como no, sus clientes estrella: solidas amas de casa que le contaban al oído viejas historias de amor en cinco minutos, antes de haber dicho “si” a su marido glotón y lleno de barbilla grasienta. Ella, las recordaba por la noche, hacia madejas de aquellas insólitas memorias íntimas. Eran del palo:

_Mi marido se descalza por la noche y pretende un sólido amor sin acercarse con una pose de amante. Solo un gatillazo seco y luego me atraganto de chocolate hasta la madrugada. – ¡Ah! –exclamaba Elvira, una rubia medio despeinada pero aún una verdadera diosa del sexo.

_Mi marido fue hasta la clínica de pómulos hinchados y senos gigantes y pretendía que me hiciera un implante que se pareciera a los de la Alaska –la cantante, ¿la conoce?…. Me resistí y los elegí de tamaño secretaria de médico-que-trabaja-para-parturientas. ¡Se imagina! –diría una señora ya mayor, con dos hijos a cuesta y ojos vivaces.

_Mi Juan está loco por recibir el catálogo de lencería que nos envía una amiga y aconsejarme como vestir para él. En mi caso estoy hasta aquí –y realizo una marca a la altura de su frente- de sus fantasías de follar, le he dicho a mi amiga que este mes el catalogo sea de ropa interior de hombres y cubanos ligeros de hormonas. ¡A ver si escarmienta! –repetía, Margarita, una elegante señora de 30 años que cambiaba de zapatos cada mes., siempre pagaba con tarjeta y fumaba un cigarrillo detrás de otro.

_Mi marido estuvo en la guerra de Irak y mantiene su ceño fruncido des que regresó. Según él, las españolas debemos ir sin vello –como las moras en su interior-; como las que habrá conocido allí; y me imagino además un… ¡si a Ala! para pronunciar unos ruiditos de satisfacción cual máquina de follar adiestrada y perversa. – confesaba una señora morena que vestía con colores vivos y collares comprado en los chinos.
Y así todo el día, al vender un zapato se comprometía en las lindezas de sus clientas y aquella zapatería se parecía cada vez más a una relación de confidencias que ella asumía como propias. Ante lo cual decidió escribir una agenda intima de las desventuras ajenas. En ese año de 2007, también escribió varias cartas a su madre, la primera hablaba de un posible final:

18 de enero del 2007
Querida madre He dejado el piso donde vivía, porque el marido afeito con una navaja a su esposa y desperté a las cuatro con golpes en la puerta de la vecina. Estaba cubierto de sangre y lo que lloraba aquella perdida. Me asuste, pero tuve la valentía de llevarle a la cocina y darle un vaso de soda mientras llamaba a la policía. A la pobre señora la vistieron de gala y la enterraron sus dos hijos en un cementerio del centro de Barcelona –creo L´Hospitalet- él fue a prisión y comparte celda con dos violadores. Si todo va bien tendré que declarar dentro de dos años. Un beso Elvira@tresD

26 de enero de 2007.
Hoy he jugado a las cartas en casa de un amigo y la reina de copas me ha salido en todas las partidas, ante tal coincidencia, le he preguntado a mi amigo si era ello un aviso, él me ha dicho: “solo comprendes la vida cuando te desmelenas” y aunque te parezca un poco fuera de lugar él me ha invitado a ver la mesa por debajo. ¡Un baile de la reina que ha concluido en una gesta! Luego en esa posición hemos pasado la noche. Te confieso. ¿Debajo de una mesa todo adquiere más sentido? Un beso Elvira@tresD
Elvira Tres Dedos trabajo en aquella zapatería hasta que un día al abrir el periódico los titulares daban como cierta una información aparentemente inexplicable “los Euros desaparecerán” por ello decidió cambiar de trabajo y con todos los ahorros alquilo una granja a la salida de Barcelona desde donde comenzó una nueva etapa más sólida, que ella definiría como “unida a la tierra”. Siguió escribiendo a su madre y las notas de las confesiones de sus clientas las guardó en una caja de cartón, con un título llamativo: confesiones de amas de casa que buscan el amor verdadero. Hasta que un día se las dejo a una sobrina de 7 años y aquella pintos soles, lunas y caballeros y damas y brujas antiguas. Cuentan que cuando Elvira@tresD vio el resultado se enamoró y fue hasta una imprenta del pueblo. Allí hicieron un libro de colores con una tapa de una señora rubia regordeta con un abrigo de pantera. Elvira Tres dedos puso al final de cada libro una carta del Tarot que decía:

#La Reina de Copas siempre parece tener la respuesta a todas las preguntas en lo que hace a los sentimientos y su gran capacidad para la compasión, hace que sea una persona que fácilmente conecta con lo que la otra vive o está sintiendo.
No existe nadie que tenga tanta intuición como ella# (1)
Notas:
Ver Tarot La Reina De Copas

12 que Ud. no invitaría a cenar: Jhon Pérez, un coleccionista de gangas sentimentales –02- 

by j re crivello

Jhon Pérez puso la ramita de perejil en su boca, esperaba que la tarde se diluyera y la noche sucesiva se tragara sus moléculas de soledad. Estaba sentado en un bar de la playa, era invierno y Barcelona no toleraba destierro ni siquiera en invierno. De pronto alguien le rozo la espalda, al darse vuelta una señora de buen ver ocupo el asiento de al lado. No quedaba mesa y aquello le recordó la Barcelona de los años 70, donde más de una vez la gente compartía mesa de garito, o de restaurante. Le saludo con la cabeza. Ella quiso repetir su señuelo, pero esta vez con una mirada rasa, de celos, o de maravilla ante una cita inesperada. Jhon Pérez sabia de lo ocasional, era su especialidad. A veces se preguntaba al ir a misa y confesarse con el cura de parroquia del barrio de Sant Joan por si aquello no fuera una imbecilidad. Su sacerdote –de casi 73 años– repetía en voz alta: “a veces tenemos apetitos imposibles de conservar sin la asistencia de terceros”. Pero aquello no era la firma de un pagare, ni una letra, él sabía que en situaciones se transformaba en una sólida camiseta unida a la seda y suaves dosis de sexo, y este cura reunía una respuesta que no casaba con sus tretas de ludópata de la mirada.

– ¿Vive  aquí? –pregunto Jhon Peréz

–Detrás del Tibidabo

– ¿Cómo ha llegado a este trozo de playa? Imaginaba que la Barceloneta era un barrio alejado del otro lado de la montaña, y tan desigual, donde sus vecinos amaban el buen vino, las zonas verdes y aquí el barrio era de pisos de 50 metros y turistas echándose fotos ante la reliquia.

–He dejado mi coche en la esquina. Esta mañana al levantarme, me asee, y me dije: Sara hoy conocerás a alguien que se peina con Floid.

–Es verdad uso esa marca de loción y fijador –confesó sorprendido que ella distinguiera a un varón de marcas antiguas y agrego-. Hace años la probé en una farmacia del Barrio de Gracia y me gusto; te deja el cabello estirado y ágil. ¿Te quedarás a cenar por aquí cerca?

–En casa, siempre me gusta hacerlo en un saloncito recogido de mi piso. Allí preparo unas salsas con vinagreta y las mezclo con algo de carne y abundante cebolla. Dicen que esta mezcla limpia el corazón y le abre a una a la aventura. Jhon Pérez pudo reír, pero se mantuvo austero en las formas. Pero al mirarla vio una mujer lánguida y perfecta para su alma. ¿Algún defecto tendrá? Por ello insistió al preguntar:

– Tú… ¿crees en el amor a primera vista?

–Siempre. A mis tres maridos anteriores les conocí en circunstancias rápidas y raras.

–Los tres están… ¿muertos?

–He tenido mala suerte. Grandes señores, serios, respetables y con una gran dosis de humor. ¡Así me gustan! Pero unas fiebres mal curadas les alejaron de mi lado. Los tres están enterrados en la misma tumba, acaban en 0045, 0046, 0047.

– ¡Qué maravilla! –exclamo Jhon Pérez. Luego se detuvo a observar su piel fina y tersa, sus manos delicadas y alargadas, su escaso colorete, labios sensuales y mirada cáustica. Llevaba falda que dejaba el contorno de una cadera arrebatadora. Y un juego de zapatos color mostaza. ¡Un premio gordo a su vida! –pensó.

– ¿Nos vamos? –pregunto ella. Jhon Pérez pudo hasta medir su edad, de cincuenta, y ver como al ponerse de pie era de su altura. Se levantó y miro en dirección al mar. ¿Se despedía? ¿Se metía en un peligro que le arrebataría la vida? Recordó a su confesor de 73 años: a veces tenemos apetitos imposibles de conservar. Le acerco su brazo como si fueran marido y mujer, y su corazón se disparó agitado mientras caminaba en dirección al coche. Antes de subir ella dijo:

–Te preparare unas endibias con salsa ácida y picante. ¿Te gusta? Jhon Pérez respondió: esta mañana he desayunado un caramelo de sodio con flan, me dejaré llevar por tu encanto. El coche subió en dirección a los Túneles del Tibidado, un cazador de gangas por primera vez se sentía incómodo, ¿Qué hacía? ¿En el próximo semáforo abría la puerta y se tiraba por una calle lateral?

_Esto no lo he hecho nunca –rompió el silencio, confesándose ella.

_Yo solo sé amar de esta manera –agregó Jhon-.

_Te apetece un chicle de menta y sodio

_Son mis preferidos –dijo Jhon-.

_A veces cuando recuerdo a mis tres maridos supongo que ellos se marcharon por que no les ame bien. Jhon Perez un especialista en sabores diferentes notó que ella guardaba un recuerdo mal resuelto. En los años que llevaba dando tumos, de corazón en corazón siempre seguía una máxima: tu amiga es una aventura… ¡respétala! Ante lo cual dijo:

“No sé aun tu nombre, ni tus ideas, ni tus creencias, pero los próximos minutos subiremos con más fuerza que la noria del Tibidabo”. Algo estaba cambiando en su interior, lo percibía desde hace meses, cansado de aventuras irrepetibles, o de sorpresas intentaba oír el sonido de una compañera. Era como un: ¡Sáltate el semáforo Jhon! A su espalda Barcelona se alejaba, sus edificios empujados por un equilibrio de ciudad nodriza de la imagen, de las tentaciones por abrirse al mar y ausentarse de España, o por las identidades de cada vecino que les unían los 200 idiomas no reconocidos y uno oficial, igual que el only english de EEUU. A veces al subir por esta carretera Jhon preparaba su destierro, y hoy era uno de ellos. ¿Cuál es tu nombre? –pregunto.

_Cris Sanders. Somos una gran familia que ocupa desde allí hasta allí de la montaña. Jhon se estiro hacia atrás, tarareo una ráfaga estúpida

#La senda nos hunde

¡Amame!

¡Amame!#

Trabajando de camarero para Pérez Rubalcaba -y dos

 La factoría J re tiene varios artículos listos haciendo cola… pero este clásico lo dejo que continúe, publico el 02, pues los cambios políticos que se avecinan son explicables por está forma de hacer política.

_Ponme un wiskito. Alfredo Pérez estaba demudado. Terminaba de vencer a Chacón, una política de perfume y vintage, que se había vuelto roja en los discursos convenciendo a la mitad del Congreso.

Le serví el vaso, me miro y retrocedí medio metro. Era la señal que el esperaba -desde el sillón tapizado en cuero marrón, para decir unas palabras mientras pasaba el dedo de aquella manera tan característica por el cuello de su camisa:

_ ¿Qué le ha parecido? “Siguen los restantes 4 millones ahí afuera” –respondí.

_Si, como decía la Chacón, hemos perdido un montón de gente que esta tan obsesionada por subsistir que es incapaz de militar, o participar.

_Algo habremos hecho mal –dije. Su cara de fastidio ante ese palabro, que resume el descalabro del poder socialista, permitiría verle- No tanto por la corrupción sino por esa forma de gobernar desaliñada de ZP que aún le remordía.  Y por ello mientras daba el último trago dijo:

_Pero fíjese que ahora estamos de nuevo al comienzo: ¡un partido fuerte, fuerte, fuerte! Me dolió escuchar esa manera de repetir una virtud que todos sabíamos era inútil. La izquierda deseaba… digamos, calor, sangre, ilusiones –lo que la Chacón traslucía. Ante lo cual retrocedí otro medio metro. En este dialogo entre sirviente y servido que manteníamos desde hace 20 años, Alfredo Pérez intuyo que algo no me atrevía a decir.

_ ¡Suéltalo! Dijo abriendo la boca para dejar escapar esa sonrisa cainita de tipo listo en el juego de las mil caras.

_Me parece que el incendio de la crisis será tan prodigioso que si Ud. no se pone peluca y sortija, esos cuatro millones crearan la ultraderecha o el Partido de la Madre Teresa. Pude ver su áspera sonrisa, levanto el dedo en un gesto tan común y dijo:

-¿Que me debo reinventar? ¿A mi edad?, he pateado en el filo del agua, como diríamos, allí donde uno salpica a su contrincante ¿vio?, para distraerle y luego zurrarle con valentía. Lo de la peluca -no se, pero la sortija quizás. Y, se puso de pie dejando el vaso en mi mano. Antes de salir me miro. En aquel salón austero y de poca luz sabia que su mirada me autorizaba a un último exabrupto y dije:

#Mientras la crisis dure, pedirán que Ud. sea cada vez más rojo#

El sonrió y pego con los nudillos en la puerta. Quizás este era su último baile, pero lo afrontaba diferente, antes con Felipe o ZP, al ser su segundo, le obligaba a practicar un discurso inteligente y astuto, ahora la coreografía le había puesto en el centro y buscaría los golpes directos.

12 personas que Ud. no invitaría a cenar: U Faber y su taxi

By j re crivello

Imagen By http://www.mrpilgrim.co.uk/wp-content/uploads/2013/11/Broken-Fingaz-Crew-Street-Art-19.jpg

U Faber dejará su cliente en la entrada de este colosal edificio. Es un turista japo, pero viaja solo. En su particular inglés le ha dado a entender que le intriga aquella inflamación gigantesca en el centro de la bandera.

Por más, que U Faber le ha querido convencer que es una propiedad de la brisa, inflar grandes banderolas, aquel  –llamaremos al japo a partir de ahora Y. Yon– hasta le pide que suelte el coche y le acompañe. No le dejaran entrar, puede cualquiera pensar que nadie entra al edificio de Wall Street sin permiso, pero U Faber hace una llamada a un primo lejano y por la puerta trasera, bien temprano, le llevan al techo del mundo, donde dicen algunos: “el dinero nunca duerme”. Pero Y. Yon está dispuesto a plantarse justo detrás de la inflamación de aquella pared donde la bandera americana flamea como la crema dental tan parecida al Signal. Al final, llegan a esa gran sala que es como un pasillo de desencantados, el japo hasta ese momento quieto, saca de su bolsillo y escribe en la pared con un grafiti:

What is our demand? #occupy WaltStreet.

–Es una miserable inscripción si la comparamos con la bandera explosiva –dirá Y. Yon

–Claro. ¡Pero con esto nos cortaran las pelotas! –exclama U Faber. Y acto seguido se sacan una foto para el Face, mientras la hinchazón capitalista no decae. Antes de salir U Faber echa una mirada a su alrededor, la gran sala se encuentra aún vacía. Las maquinas procesan datos del mercado asiático y faltan tres horas para abrir el mercado neoyorquino. La inmensa marea del dinero corre angustiada por Asia, los bonus y la jerga de las apuestas duermen caóticas, o sus actores desayunan en los bares de alrededor.

–Aquí no hay oro ni mierdas de esas –dirá Y. Yon

–No, solo es un gran casino que junta las apuestas de ansiosos de todo el mundo –reirá U Faber, para agregar, ¡mi taxi es más real que todo esto! Allí, en su parte trasera, sus clientes se cortan las venas; vienen bebes al mundo; las parejas se pelean; los mafiosos rompen sus reglas; y la gente normal trabaja por 7 dólares en Mac vendiendo hamburguesas llenas de carne hormonada. Déjame el lápiz –dice U Faber– y, escribe en otra pared:

Las Vegas es más cálida que este desierto.

–Conozco un bar aquí cerca que sirven perritos calientes a medio dólar.

–OK –contesta el japo.

Nota 1:

U Faber, nació en Barcelona y se acerca a los 38. Tiene dos divorcios en su espalda y ahora vive con una panameña, dos perritos y un gato llamado Sorensen. Solo descansa los domingos y su taxi es tan canalla que tiene una marca en una libretita que cuelga del lateral de la puerta derecha. U Faber dice que allí apunta las miles de anécdotas que han pasado y se consuela diciendo: algún día escribiré un libro.

Nota 2

U Faber –historias de un taxista en New York. En lugar de leerlo escúchalo…

One o en tráiler sonoro

Nota 3

La Imagen es propiedad de: http://www.mrpilgrim.co.uk/wp-content/uploads/2013/11/Broken-Fingaz-Crew-Street-Art-19.jpg o…

http://www.mrpilgrim.co.uk/wp-content/uploads/2013/11/Broken-Fingaz-Crew-Street-Art-19.jpg Broken Fingaz Crew Street Art Berlin, Germany 4c

12 personas a quién Ud. no invitaría a cenar: 01- Ron Cortez

rems 182 #greateststreetart #urbanart #graffitiart #streetartists #urbanartists #murals #wallmural #rems182:

By juan re-crivello 

Hola, Soy Ron Cortez, me conocen por ser amigo de _gustavo-de-beulaker , vivo en Venezuela donde todo es gigante, hasta las mentiras de un hombre de vozarrón y amigos cubanos. Mi familia vive toda al-ladito, desde los primos hasta los hermanos. Inclusive los gallos que usamos para la riña también gritan  juntos cada mañana. Es una particular y agradable manera de relacionarnos. El compromiso, así le llaman los modernos en estos días, en nuestro caso es sandalias y guayaberas de colores vivos y un ron apretadito por las tardes. Me dedico a vender coches usados, normalmente me llaman y comienzan con la misma frase:

–Tengo uno nuevito y sin raspar por 2.000 Dólares. Yo me paso para verlo, luego hago unas llamadas y lo aumento precio de acuerdo a la cara del cliente. Hay meses que vendo varios y otros tengo que colgar una escoba detrás de la puerta, o si me apuran torcer del cuello a alguno de los gallos para provocar a la suerte. Este remedio es infalible, lo que, evito repetir para no tentar demasiado y no hacerme rico. Como hace unos días, me sucedió al ir a entregar un coche, Un Pontiac antiguo pero remozado. Era un bar de copas en una ciudad a 50 Kilómetros de Caracas. Me puse mi música y llegue cerca de las 6 de la tarde. Me recibió un tipo bajito, moreno de pelo rizado que me hizo entrar a un saloncito, todo pintado en oro. Una alfombra se enredó en mi pie derecho, tenía dibujada una cara de hiena, “de Africa” -dijo el tipo. Luego pasamos al negocio, le pedí 8.000 Dólares y su cara ni se inmuto. Abrió un cajón y saco un fajo de dólares y los conto con energía. Luego me los entrego y agrego 100 extras. Firmamos un papel y le entregue las llaves y el tipo me invito a whisky. Dos días después desperté en una charca llena de barro y con unas braguitas rojas que se enterraban en mis nalgas. No recordaba nada. Ni conocía el sitio. Camine hasta un bar de carretera. Al entrar los parroquianos se echaron a reír un buen rato, fui hasta el dueño y dije:

–Me han robado. Su cara de fastidio decía ¿No?, o… ¡que te jodan! Insistí, pedí me dejara llamar a la policía local. Llegaron los polis media hora después y al ver mis braguitas echaron hacia atrás. Tuve que recordarles que tenía derecho a hacer una denuncia en comisaría. Me llevaron y llame a un tipo que conozco desde hace años. Este llego a la hora, con ropa y algo de dinero. Luego me dejo en casa. Allí intente reconstruir la dirección del comprador, encontré su número de teléfono y llame. Una voz gangosa dijo:

–Hola. “¿Es Ud. el que me compro el Pontiac?” –pregunte

–Me han regalado uno hace dos días ¿Por qué? –dijo el tipo

–Se lo compro –decidí improvisar

–Chico esto vale mucho –dijo

– ¿Cuánto? “8.000 dólares” –respondió

–Dígame una dirección y voy para allí. Tengo un compromiso y quiero regalárselo a mi novia.

–Quedamos a las 8 de la noche en el bar de copas “Dancing” -dijo. Era el mismo sitio   –pensé y le propuse en la carretera 208, Km 13. Es una gasolinera de un amigo, y me serviría de coartada. Luego fui hasta el almacén de mi padre y de la última caja saque una pistola. Llegue allí a las 19:30 y me aposte detrás de un árbol. El Pontiac llego con dos dentro, de los cuales uno era el bajito. Me acerque hasta ellos y les obligue a bajar. ¡Los 8.000 y las llaves del coche!   –exclame. En el maletero llevaban el dinero, luego me dieron las llaves. Les hice desnudarse y ponerse dos braguitas rojas. Y, me marche. Solo pensaba en una frase de un libro que había en casa de mi abuelo y repiqueteaba en mi interior: El desnudo y la carne anuncian venganza.

Con el Pontiac baje por uno de los barrancos más conocidos de Caracas, y gire casi al final para detenerme en un barrio de mala muerte. A mí alrededor se arremolinaron un montón de niños. Al bajar, fui hasta una casa roja y con flores, esa dirección estaba en los documentos del que me robo el Pontiac. Me abrió una mulata. De mi bolso saque una pistola reluciente y le hice retroceder.

_ ¿Qué quieres chico? –pregunto. Soy Ron Cortez y vengo a cobrar lo que tu novio me estropeo hace dos días. Ponte estas braguitas rosas. La mulata se desnudó quedándose vestida con lo que le había dado. En aquel barrio los gritos de salsa no llamaron la atención, ni siquiera la lluvia ni la tormenta que estallo a los pocos minutos. Caía agua abundante y las calles parecían ríos. Solo me asome para ver como aquella tormenta se tragaba el Pontiac y dos cubos de basura, pero seguimos juntos toda la noche mientras ella repetía una canción que comenzaba con un son:

Macita cubana quiero, ¡eh!

Macita cubana, ¡sí!

 


 

Barrio Chino -y Barcelona

By J re crivello

Cuando en estos dos días veo las dos señoras burguesas de la ANC y Artur Mas hablar de una sola identidad me vienen ganas de vomitar, pues así era el país hace años…

Escribir sobre el pasado es tan sutil y subjetivo como una fotografía que capta un momento. Una de ellas es la que ilustra este artículo. Pero mi intención es hablar del año 74.

El franquismo se desmorona y el Barrio Chino es un río cosmopolita. Su principal arteria es la calle Escudillers y su restaurante más famoso –los Caracoles- que ofrece todas las noches una demostración de poderío con sus pollos asados en la misma esquina de su establecimiento. Recuerdo que me gustaba caminar por allí desde la Rambla hasta la calle Aviño y vuelta. Aquello era la escenografía de lo feo, lo decadente. Cuando la noche apretaba el Drugstore de las Ramblas, al lado del teatro Liceo y empotrado en él con –permiso de Dios Franco mediante, era el único abierto hasta altas horas. Dentro la chusma y el personal más variado libaban el último líquido.

Pero este recorrido no puede dejar de lado otros dos establecimientos de la época: El bar del Liceo, frente al palacio de la opera, decorado con arte burgués y rococó. Entrar en él, era ver una pequeña Rambla donde la gente se dejaba estar y se entusiasmaba ante la variedad de mentiras y sexo. Su dueño –ahora ya muerto-, de estatura baja, de gran cabeza y moral de las de antes, navegaba entre los sótanos de la sociedad. El palo de bajar la persiana entre sus manos y dos camareros hoscos ponían en la calle a los molestos. Al atravesar Ramblas y bajando dos calles, se giraba por la derecha hasta llegar al London. Un bar, nocturno, humo y cannabis. La movida más tirada, se mezclaba con los freakis. Aquí la música y el olor pestilente y espeso hacían su última apuesta a la Barcelona variada, aún faltaban veinte años para entrar en la modernidad cosmopolita de las Olimpiadas.

¿Me olvido algo? Sin duda. Si caminábamos por la calle del Carmen, a 500 metros hacia el corazón del Raval, la calle de las Tapias –ruta de putas baratas- para el obrero del extrarradio. ¿Quién no recuerda el dicho popular de aquellos años?: “sabado, sabadete, camisa blanca y polvete”. Pero deciamos… en esos últimos metros existía un establecimiento en una esquina, de nombre Restaurante El Peret. Allí comíamos un menú que mezclaba el autoservicio con el camarero. La cocina estaba al lado de los lavabos y el turbio aroma del aceite quemado competía con el acre sabor del orín. Era crucial la foto de Frank Zappa en la parte alta casi tocando el techo. El publico, era una ensalada de modernos, hipies y progres, amen de los despistados del barrio.

Tal vez se escapan cosas de esta Barcelona mestiza, turbia, pero muy tolerante. Citar quizás… a Zeleste, al bar Muy Buenas –en mi casa tengo la radio eléctrica que presidía la tertulia-, o al bar de la Absenta.

Vital es el ciclo de la vida.

Austera y corta la juventud.

El purgatorio se mofa con estruendo,

de la sal que confita el pollo frito.(1)

(1)Los Genes de Mingo  Juan re-crivello

Víctor Brown y los callos en su salsa

By j re crivello

Víctor Brown sabía que detrás de la cornisa antes de girar por el viejo camino que lleva al acantilado con vista al mar, siempre dejaban allí un paquete. Ese día antes de salir de casa un encuentro casual con su hermano le previno.

_ ¿A dónde vas? –pregunto su hermano.

_Caminaré hasta casi cerca de la cornisa. Y describió el acantilado que solo conocían las gentes de la comarca. Agreste, lleno de un ruido que se repetía cada segundo y una bruma continua con un viento a salitre.

_Allí ellos dejan siempre sus cosas

_Ya lo sé. Hoy me lo llevare –respondió Víctor B

_ ¿Y?

_Lo venderé por mi cuenta. Su mirada fue desafiante, estaba harto de aquel lugar que lo utilizaba para reparto de una mafia que vivia fuera de su zona.

_Aquella gente no se va de chiquitas –insistirá su hermano. Tienen muy mala leche y te buscaran.

_ ¿Cómo? Si no saben quien ha sido, ni intuyen que el sacerdote del pueblo se lo quedará.

_Pero deberás venderlo y te…

_Para eso cuento contigo –dijo el sacerdote Víctor Brown

_ ¡Tu estas de remate! “Hace días que le doy vueltas al tema –volverá a insistir Víctor, y desarrollando su argumento agregó-, de ellos pasa por la comarca un paquete diario y no tenemos ni para arreglar la Iglesia. Cada vez somos más pobres y esta ruta me quema.

_Los que confiscan son comunistas –dijo su hermano para agregar: Y tú te debes a la Iglesia.

_Y a mi gente –terció Victor Brown. Cuando lo tenga –miró a su hermano, lo dejare en el pajar detrás del negocio de Aristóbulo, tu lo cargas y lo haces llegar a Prince. Ya sé que me dirás que ese es un perro, pero cada domingo viene a misa y se confiesa. Él me ha dicho que sacaremos 40.000, lo suficiente para los arreglos y algún extra.

_Vale -dijo su hermano. Víctor fue hasta ese descampado, el paquete estaba al lado de una roca. La cocaína pasaba por allí desde hace años. Un tal Vergara Dos Dedos la hacía circular llevándose al infierno cada vez a gente más joven. La subió al coche, antes se detuvo en el borde del acantilado, desde allí podía ver unas olas grandes y fuertes. Más lejos, es probable que alguna ciudad de América mostrara su larga noche. Este acantilado le despertaba intensos recuerdos. ¿Cómo se había metido a cura? Su fuerte atractivo espiritual tal vez, pero el paso de los años le empujaba a en dos direcciones los proyectos sociales y una vida en compañía. Las gotitas de agua le daban en la cara, se seco con la mano, una imagen femenina de juventud llamaba a su vacío emocional. ¿Y si abría ese espacio? ¿Quién se lo impedía? La moral, aquel chicle que predicaba en el pulpito se removía astuto recordandole, atizándole. En casa estaba la imagen, una foto antigua, de una mujer serena y un teléfono. Al regresar marcaría el numero, pero se prometía no convertirse en un pájaro Espino.

Pasaron tres días, los sucesivos paquetes siguieron su recorrido. Aquella noche, golpearon a su puerta, de un empujón Prince entro hasta caer a sus pies, llevaba la cara rota y estaba muerto de miedo. Luego entro Vergara Dos Dedos, venia solo. Era un tipo corpulento, llevaba un sombrero con ala ancha y en cada brazo un ancla grabada al estilo Popeye –y dijo:

_Padrecito, Ud. me debe algo. Y sin mirarle dio un giro por la sala. Víctor sin inmutarse respondió: El paquete, se lo has regalado a la comarca y a la Iglesia.

_Padre… ¡cojones! Y… yo ¿que obtengo?

_Los paquetes seguirán pasando –dijo Víctor. Vergara Dos Dedos levanto un brazo señalando su cara:

Que te den padre. ¡Que te den! –y dio un portazo. Dos días infernales le confirmaron que Vergara Dos Dedos no haría nada por el momento, su próximo paso era retirar un paquete el siguiente mes. Y esperar. Esa tarde llamó al numero de la foto, del otro lado una respuesta inmensa dijo tan solo:

_Han pasado diez años. ¿Dónde estás? Y la frase que le derrumbo: Iré a verte.

#A veces construimos rocas que señalan un obstáculo. Y este se derrumba al menor contacto#

Nota.

Creo que la historia continuará –j re-

Oscar Bor y Buenos Aires

 Juan re-crivello

Pueyrredón 23. Esa era la dirección en que Oscar Bor concertaba sus citas. Una calle ancha, de las miles que tiene Buenos Aires, con aceras que se utilizan para navegar o vender Frankfurt al caer la noche. Esta ciudad está dormida, cuando los inquilinos palidecen a final de mes. Allí todo el mundo fisgonea a su vecino, o descubre que la alcantarilla es un sub-mundo parecido al exterior. Oscar Bor acostumbraba a fumar un cigarrillo detrás de otro, Chesterfield King Size, lo compraba en un Kiosco a la vuelta de su casa y camino del trabajo solía parar en un bar de la esquina, un café de nombre raro: “Filogonio”. Casi antes de dar las 22 de la noche. Era su ultimo café, luego un garito en un sótano y una orquesta de nueve músicos para que él -quien cantaba para los turistas que invaden la ciudad en estos días. Pero en su cabeza no había más que la tormenta sentimental que le invadía. María O., una espléndida morena de atrevidas formas quien salía con él desde hace ¿uno?, ¿dos? meses. ¡Es que todo había ido tan rápido! Que no se atrevía a considerar si seguían o no esta aventura. Antes de pagar extrajo un papel de su bolsillo del pantalón:

“¿Te veré esta noche? El día se alarga de tal manera que no puedo apartarte de mi interés. Todo me refiere a ti. Todo recuerda los tres cuartos del alma donde resides”

María O

_ ¡Muy fuerte! -dijo en voz alta. Siempre había pensado que sus anteriores amores eran un recuerdo vano y suave ante la intensidad de esta comedia que le tocaba vivir. Se llevó la mano a su nariz. El perfume era una huella, y esta le acercaba a aquella intensa noche donde cada muslo cometía un exceso y donde él aparecía como un alegato al miedo o a la osadía. Recordó un segundo una estrofa de su tango preferido:

Corrientes 3, 4, 8,

segundo piso, ascensor.

No hay porteros ni vecinos.

Adentro, cocktail y amor.

Y pudo pensar, que la mezcla de deseos y la llamarada que aparecía de madrugada al regresar a aquel piso donde no podía escapar  diariamente. Y, sonó su móvil

_Hola –dijo

_ ¿Vendrás de noche? ¡Como siempre! –preguntó ella.

_Si

_Hoy hablare con F S y le explicare que ya no puedo más. Le diré –agrego ella- que no voy por casa desde hace seis días por este amor que nos consume. ¡Qué nos pasa! –su exclamación fue un eco para Oscar, y escucho: Cada día es una nueva prueba que nos somete. ¡Cada día!

_No sé –la irregularidad de su respuesta le hizo agregar: a veces pienso que la cita es un malefició, nos incluye en la noche y luego perdemos esa regularidad que da la claridad de la vida cotidiana. Físicamente ¡estoy muerto! Llevamos noche tras noche envueltos en un atractivo sensual continuo que ¡joder!, parece no acabar.

_Nos recuerda al tango –dijo ella y rio con fuerza. Para agregar. ¿Es un bucle? Es un espacio –y agrego en tono explicativo-, donde lo físico, la bruma, la fragancia, los silencios, la voz que proyectamos, o esa ternura que descargas en mí. ¡Oh Dios!

_Esta noche –dijo el- cuando cante, proyectare un misterio que dejara a las almas de los noctámbulos… al lado del deseo. Les empujare a ese sentimiento que cada giro de esta música sensual nos provee… de un espacio único; donde ellos se aprietan; se perdonan; sus infidelidades o sus olvidos.

_Estaré –dijo ella- como cada noche ¡contigo!

_Como cada noche -repitió él y colgó. Oscar Bor se puso de pie, subiría por esa calle rellena de adoquines para torcer a la tercera, ver el Obelisco de costado, y romper cada celda diminuta donde su pie se mojaría al contacto con la acera. Estaba comenzando a lloviznar, Buenos Aires cambiaba de cara, llenaba su barriga de melancolía y los tangos que cantaría -dentro de una hora- serian amargos, sensuales, llenos de apetito por amor y sexo.

“Casi una vida” –dijo, -y giro para entrar a su club.

Escribir de estranguis

by J re crivello    imagen by John Maloff

Con una mirada puesta en alguien que llegara y pedirá algo, o con una sopa en la cabeza que te impide correr, o sentado en un ordenador antiguo que anuncia que se va a caer el sistema y te va a dejar solo. Pero no he mirado la palabra o casi; algunos la citan por Estopa, de “estranguis” del mismo Cornellá donde viví tantos años. Una ciudad del extrarradio de Barcelona con calles y aceras para los coches y donde los peatones mirábamos de estranguis el espacio, para meter baza, nalga, o el carrito de mis dos pequeños. Pero también sería una palabra fea que define a los recién llegados, a una sociedad metida en el nacionalismo y llena de himnos y autodefensas ante lo español, lo de fuera, lo que nos gana. Y vivir de estranguis es meter un ojillo en aquellos himnos y no creerse todo, sino parte. Es como comprar pescado, abro el bicho y me dicen que si tiene un color tal es seguro, que es fresco y, si tiene un color cual esta arruinado y lleno de provincianismo.

Pero de estranguis estamos en la consulta del dentista o el médico, mientras miramos el Hola, y observamos a las señoras mayores con sus joyas y sus afeites en línea, sentadas, para hacerse ver la oreja o el pernil, o a los señores mayores con sus trajes de la navidad pasada, que leen la prensa gratis. De estranguis sumamos más conocimiento que en la compra diaria del dominical, al cual con la crisis le hemos dejado tirado y abierto en canal.

¿Y los escritores? De estranguis salvamos el comentario de nuestros personajes, o ahuyentamos al tipo tieso que se quiere meter en nuestra casa de fantasías y es demasiado vil, o ella es demasiado sexi y ambos tuercen luchando contra nuestros hábiles contenidos morales que ¡Zas! nos cortan cual guadaña cualquier exceso.

Por ello ahora escribo a las 6 de la madrugada. Sale todo frito y sin normas. Hasta lo estrangui metido allí adentro por la infalible Policía de la Moral.

#¿Viste?#

Milton M – y lo intimo- serie 03

By j re crivello

Milton esa mañana decidió preparase un bocadillo de salchichón, nadie sabia si aquella manera de cortar el pan era propia de un trabajador de cuello blanco, pero se le hacia tarde y la oficina no esperaba. Antes de envolverlo en papel de plata su mano toco con una fotografía antigua.

¿Cómo había llegado hasta allí? Era de un señor de frente ancha, nariz fina y gruesa y con un bigote de hace 60 años. Era uno de sus abuelos. Decidió buscar una chincheta y lo dejo clavado en la pared de la cocina. Por la noche al regresar le vio nuevamente al entrar. La intriga iba en  aumento. Los hombres parecen guardar en conserva aquellas relaciones que son tan cerca en los genes pero tan olvidadas en la realidad. Fue hasta una salita que tiene y usa de despachito y extrajo un lápiz de un cajón. En un papel puso: abuelo y llamo a su madre Doria Milton. Luego de los saludos de rigor le preguntó:

_ Del abuelo Milton Z. Z. ¿sabes si le gustaba cocinar?

_¿Qué pregunta mas extraña? –diría su madre, una señora rubia, de barrio centrico y acostumbrada a besar con lengua hasta sus actuales ochenta. Según su confesion a una amiga la lengua era parecida a un violin mientras más antiguo más sabroso su sonido. Milton puedo oir: Tu abuelo era un cocinero regular, le gustaba comprar unas lionesas excelentes en una pastelería del barrio de Gracia y las traía cada domingo a la mañana donde nos levantaba para su show.

_ ¿Que hacia?

_Bailaba y cantaba durante unos 15 minutos. Tenía una excelente voz.

_ ¿Y que cantaba?

_Eran pequeñas operetas que hablaban de amores perdidos en un italiano pasado de moda. Nosotros al no entender lo que decía nos imaginábamos cosas. Tu hermano batallas navales, y yo amores que atravesaban mares en busca de ideales. “Era él ¿mecánico?” “Si”. Milton M se despidió. Luego divago por su piso sin rumbo hasta toparse con otra foto donde aparecía su abuelo y el, con casi cinco años. Estaban subidos a un burro en una feria. Y Milton comenzó a llorar. Una agua salada y amarga permitió saliera de su interior una tristeza absurda que le acompañaba desde pequeño. Estuvo allí sentado hasta medianoche en que pronuncio un monologo sin atreverse a detenerlo. Aún recuerdo que una parte apareció en sus papeles apuntado en lápiz fino y decía aproximadamente así:

Los amores infantiles suenan escasos y muerden en cada uno de nosotros. Queremos levantarnos de una pena y reímos asediados por multitud de distracciones pasajeras: sexo, bebida, facturas, remordimientos. Pero las emociones caben en un puño. Allí están los altibajos de la vida. Ni la caspa, ni el calzón sexi atravesando la duna en verano es tan difícil de contener como aquel extraño y gris lamento por nuestros seres amados. Milton M cerraba la nota:

#la sopa de calor intimo es tan necesaria#

Aún recuerdo que aquel papelillo se mantuvo en mi despacho durante años y firme muchos contratos a partir de la pregunta ¿Y eso que significa?. En mi caso sobrio y ligero respondia es de la familia de Milton M. y un relato de los tantos que explicare aqui, salia de mi boca para seducir y llevar a mi cliente a territorios fascinantes.

Milton M -¿el sexo se practica los lunes? -serie 02-

By j re crivello

Dedico esta serie a dos entrañables… amigos, lectores, críticos y exigentes: Pedro J. Guirao Marco  & Santiago Fernández Rodriguez

En Barcelona  casi se acababa el invierno, la ciudad estaba espesa, falta de dinero y con el Congreso Mundial de los Smart Phone. Por ello Milton M decidió llamar a una amiga, le debía un favor sexual.

Pensó además: “es lunes y me meteré en la cama con ella, llamare al trabajo diciendo que tengo anginas y estoy perro”. Su amiga –una tal Leyla Frosh, de andar pausado, caderas anchas, labios al estilo Madona Italiana- para preservar su intimidad escucho su propuesta que colgó Milton en su buzón de voz, y contesto rápido con un: “estoy en casa sola y llena de miserias mentales, te prometo que voy en cinco minutos”. Luego se vistió con ropa interior de color rosa, y metió en sus sujetadores dos plásticos inflados con Agua del Carmen. No sabemos a cuento de que hizo aquello, pero su elegancia, su andar y aquella delantera al estilo Dolce Vita parecía un sueño. Los trabajadores del Metro, los de cuello azul o los de cuello blanco no pudieron resistir echarle un ojo, o insinuar que menuda piba les estropeaba la semana.

El timbre sonó en el piso de Milton M, y casi no hubo presentación. Un desespero de sexo les llevo hasta una cama de colchón de agua que Milton usaba para dormir cerca del vientre materno. En aquel sueño los dos senos postizos de agua del Carmen estallaron a la vez provocando un baño que siempre recordarían como el “baño del lunes”. Milton M sacio su temperamento y Leyla Frosh pudo replicar hasta una segunda vez debido a los juegos manuales de su cordial amante. Luego bebieron vodka con un azucarillo mezclado con limón. Ella se quito el resto de los pechos postizos y corrigió el rímel que se expandía por sus bellas mejillas. Hasta ese momento no habían hablado. Milton M rompió el fuego:

_Estas muy guapa y…

_También tu lo pareces y…

_Ayer estaba solo y pensaba en alguna mujer tan suave y excitante y…

_Es que dormí en la parte de arriba de la pizzería de un primo mío y fue una noche extraña y…

_Vaya me intriga –dijo Milton- ¿Qué sucedió?

_Mi primo apareció de repente con unos slips muy estrechos casi metidos en su ano y bailo delante mío un buen rato.

_ ¿Y?…

#Aquella noche nos iniciamos en una rara carrera de queso y levadura –respondió Leyla#.

Los comentarios de mis dos entrañables amigos que acompañan a la serie de Milton en Facebook

Pedro J. Guirao Marco ¿El sexo de los lunes incluye levadura y queso?, ¿en solo cinco minutos se vistió con ropa interior de color rosa y metió dos bolsas llenas de Agua del Carmen en el sujetador?… ¡¡¡que lástima!!!, yo no puedo contestarles…
https://youtu.be/wzcoCyDuAoM

youtube.com
Juan Re Crivello El trozo es muy bueno jua jua! yo soy muy primario…

Hotel Patria: el caso malayo

By J re crivello

El Hotel Patria estaba casi desierto. Una ventisca de arena fina daba en sus ventanas. Su jefe de recepción terminaba el turno de noche y apunto en un papel una frase: “llamar a la policía para explicar que la tubería hace un ruido extraño”. Luego movió la manivela del teléfono y pidió que le conectaran con la comisaria. El recinto del orden, estaba situado en una plaza y era de dos plantas, tenía dos jaulas o tres máximo en la parte central. Le atendió quien también acababa el turno cerca de las 10 de la mañana y quien anoto en un papel doblado en el centro y con líneas de un bolígrafo especial, en la que incluían. Hora, calle, siniestro y si le visitaban o no. Y luego una charla de unos minutos decidió al poli a ir hasta el hotel. Pero la conversación fue del tipo:

–Soy del Hotel Patria. Le llamo porque la tubería de la habitación 105 da un ruido raro.

–Debería llamar a García –respondió el Jefe y continuo, es quien entiende de tubos y pérdida de líquidos.

–Ya le he llamado, pero esta vez intuyo que hay algo más. El policía, recordó otras intervenciones en ese hotel, plantado en una carretera que unía dos grandes ciudades y donde sus clientes siempre dejaban su especial tarjeta de vista, pero miro fuera y el fastidio de la tormenta de arena le llevo a insinuar:

–Si la ha abierto y no encuentra nada no hace falta que me llame. Su interlocutor insinuó una vez más:

–Debería estar presente –y colgó. R Zapotec, se puso la pistola en la cintura, miro si tenía el formulario B de “denuncias raras y resúmenes ocasionales” y puso un cartel sobre la mesa donde decía: “enseguida regreso” y agrego en lápiz estoy en el Patria. Al llegar fueron hasta la habitación, no era tan grande, esa noche dormía un chino llegado de Shanghái para la venta de artículos de pólvora para la feria del pueblo. Una vez frente a la tubería, García comenzó a desenroscar para permitir que el diámetro de medio metro dejara ver dentro. R Zapotec pregunto:

–¿Porque una tubería tan gigantesca pasa por esta pared? “Viene desde el criadero de cerdos de Martínez y va hasta el rio –respondió el Jefe de Recepción. Antiguamente llevaba agua desde ese manantial a la fábrica y la utilizaban para dar de beber a los animales, luego conectaron con la red”.

–Y ahora no llevara agua, sino ¡nos ahogaremos ¡ –dijo R Zapotec previniendo el desastre que imaginaba

–No se preocupe –respondió esta vez García, hemos cerrado una llave de paso que esta medio kilómetro más arriba. La tuerca gigantesca cedió, y un hilillo de agua se vertió en un cubo puesto por el operario. R Zapotec –pensó- ¡fin de la historia!, ahora relleno el formulario y luego a dormir en casa. Ese día tendría una tarde agitada, hasta el próximo libraba y, pensaba asistir a una boda de dos paisanos. Ella rubia de níquel, de senos grandes, caderas redondas que recordaban a Lucifer y el apretadísimo en el culo y cintura con unas  espaldas de diamante. Hacían una buena pareja, se conocieron por culpa de una invitación de el para subir a la montaña que comienza a escasos metros del Patria y lleva a un pic nic donde se dan cita familias y parejas por la noche. A veces, los mirones solitarios del pueblo –que son cinco- los detiene de vez en cuando- pues se pasean para ver a esos jóvenes meterse mano.

–Pues nada –dijo García intentando poner la tuerca de nuevo. Pero el hilillo de agua creció y cambio de color a rojo hasta aparecer una cabeza humana. De un tipo malayo, recia descompuesta, pero no muy antigua. El Jefe de recepción exclamo:

–Este estuvo aquí hace dos días.

–Y… ¿abono la cuenta al irse? –pregunto R Zapotec

–En el Patria –agrego el de recepción, tenemos muchos clientes de paso, y algunos se van sin pagar. En concreto este recuerdo que llego a las 2 de la madrugada con un bolso de charol negro brillante y fumando un cigarrillo detrás de otro. Pidió una habitación con ducha y dijo que no le molestaran durante dos días.

– ¿Y se metió solo en este tubo? –dijo García. R Zapotec con ganas de desayunar pidió a García que mirara dentro del tubo con una linterna por si estaba el resto de su cuerpo. El operario con gesto de desaliño y temor le hizo caso y respondió que allí no había nada. R Zapotec ordeno cerrar y se sentó en una mesa. Allí escribió en el formulario “cabeza encontrada en el Hotel Patria a las 8 de la mañana de un ciudadano malayo que pidió descansar dos días y se perdió su cuerpo yendo a parar su cráneo dentro de una tubería que no lleva nada pero que une la fábrica de cerdos con el manantial. Causa posible de fallecimiento: Perdida de unión accidental de cuerpo y alma. Caso cerrado. El Jefe de Recepción informa que se llamaba C. R. Quar. Y luego firmaron los tres. Por parte de García fue posible después de una breve discusión, que agregaran al texto una frase un tanto enigmática:

“El cabezón estaba en perfecto estado y la brillantina de su cabello olía a jazmín”

LOS SIMIOS, LA CIRCULACIÓN MERCANTIL y los intercambios sexuales

 

Artículo incluido en su próximo libro “Capita(lis)mo”

by juan re crivello 

 

Un experimento con simios realizado por el economista del comportamiento Keith Chen en la Universidad de Yale (1) le llevo a este científico a adiestrar a varios de ellos en la utilización de la moneda, para ello les entregó discos de plástico, creando así una economía en la que se podía intercambiar una moneda por una ración de mermelada o uva. El resultado ha permitido constatar como los animales entendían e interactuaban en una circulación mercantil simple en palabras de Marx (2).

En un siguiente paso, el economista introdujo una alteración en los precios al aumentar el valor de la ración de mermelada a dos monedas. Con ello constato como ellos sustituían la mermelada por uvas siguiendo un criterio marginalista.

Cuál sería su sorpresa al ver que apareció una cuarta mercancía en juego: los chimpancés machos intercambiaban dinero por favores sexuales con las compañeras de celda y ellas aumentaban el acopio de otras mercancías. Las féminas aprendían que la actividad mercantil les permitía aumentar su consumo. Varias cuestiones del comportamiento surgen, por ejemplo: ¿Por qué la cuarta mercancía –venta de un servicio sexual- es una relación entre sexos? ¿Por qué las féminas no buscaban comprar favores sexuales?

Llegados a este punto debemos decir que la Ley del valor supone “que la producción de una mercancía –mermelada, uva o dinero- requiere un tiempo de trabajo socialmente necesario” para producirla que sirve de medida de valor en el intercambio. En los tres casos citados ellos no lo conocían pues su acceso al dinero era ilimitado –los discos de plástico les eran entregados sin límite-. ¿Cuál es la medida de valor del favor sexual que se establecía entre los dos sexos? La mona era la única que conocía el valor real. Aunque lo siguiente que voy a afirmar es polémico, diríamos que en la venta del servicio sexual  había adquirido el saber necesario de la duración de su esfuerzo (3).

Una pregunta polémica en este territorio frágil que nos movemos es, si aparece un shock de precios: ¿su actividad –la sexual- valdría como la mermelada o la uva? Y continuando con el supuesto: ¿el mono estaría dispuesto a pagar lo que le solicitaban o recurriría a la coacción ejerciendo su papel histórico dentro del clan?

Notas:

(1)Pablo Pardo, El Mundo, 14 de octubre de 2005

(2) “Estas cosas, el oro y la plata, tal como surgen de las entrañas de la tierra, son al propio tiempo la encarnación directa de todo trabajo humano”. Pág. 113. El Capital Carlos Marx. vol. l, Año 1975. Ed. Siglo XXI

(3)”Un servicio no es otra cosa que el efecto útil de un valor de uso, ya sea mercancía, ya trabajo. Pero lo que cuenta aquí es el valor de cambio. Pg. 233. El Capital Carlos Marx. vol. l, Año 1975. Ed. Siglo XXI

Otros títulos que no me atreví a poner a este artículo

¿El sexo es una de las mercancías que primero apareció en el ocio?

¿Es el mercado consustancial a los grandes simios –incluido el ser humano?.

 

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: