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Barcelona / j re crivello

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historias antiguas e imprevisibles

Mi vida italiana: La Pampa

by j re crivello

En mi vida italiana relato las miradas de mis abuelos italianos referidas a América j ré

La mirada del europeo que llego a América en el siglo XIX, ha quedado reflejada en miles de crónicas de la época. Mi bisabuelo Antonio llego por primera vez a Argentina en el año 1884. Tenía 21 años. La cosmopolita Buenos Aires con un 80% de extranjeros descifró para él, un reino caótico y vulgar de un país joven. Inexperto e indeciso durmió en una pensión propiedad de una española. La habitación estaba en una calle desde la cual se podía ver el Riachuelo. Su olor nauseabundo en pleno calor de verano, entraba por el descosido ventanal e impregnaba hasta las sabanas. Aquel tinte invisible trepaba por aquí o allá hasta provocarle un agudo dolor de cabeza. No aguanto mucho, pasados unos días, se montó en un tren que atravesó 600 Km en línea recta por la Pampa. El ferrocarril le dejo en un pueblo del interior adusto y frío. Un primo suyo le fue a recoger a la estación en un sulky*. Entre estos dos hombres su conversación fluida en dialecto piamontés, una pregunta concisa, se abrió paso:

_ ¿Qué quieres hacer? Él pronunció un lento y dulce nombre:

_Quiero ver la Pampa –respondió mi abuelo, sentado en esa jardinera que oscilaba con fuerza en un camino polvoriento, llano y sin árboles. Entre ambos previamente habían subido un bolso y una maleta pequeña de cuero atada por el centro con un cinturón con una hebilla brillante. Un camino estrecho, de tierra y fino polvo les atraía al corazón de América. A su paso, a los lados del sendero, el trigo se alisaba con una suave brisa, mientras el sol del final del verano, partía el suelo como una sandía jugosa y fresca. Entre los dos, compartían un silencio mezclado con los recuerdos de Vinovo. Aquella tierra lejana, marcaba el tiempo y el juego del destino. De repente su primo detuvo el sulky y se bajó. Comenzó a caminar hasta el linde del sendero. Tres hilos de alambre delimitaban la propiedad. Hizo un gesto y mi abuelo le siguió. La sonrisa del primo mostraba su orgullo aventurero:

_ ¡Estas 10.000 hectáreas son mías! –su cara se cuajó de hileras, de pequeñas estrías en un rostro mostaza, y la frase sonó astuta y ambiciosa. Mi abuelo apartó el alambre para caminar entre los pliegues de trigo. Una superficie plana se estiraba en horizonte mostrando el futuro del planeta. Luego se agachó para agarrar un puñado de plantas por su base tirando hacia arriba. La tierra reseca y celosa resistía impidiendo dejar escapar su dorada semilla. La observó para desmenuzarla. Un brillo verde se esparce en su mano. Mi abuelo se gira hasta su primo. Entre ambos, la sangre bate descontrolada desde hace varias generaciones y reafirma un sentimiento que anula las frases.

En su vida americana, mi abuelo se casaría con una bella mujer, ella falleció en el parto y el decidió regresar a Italia. Pero el destino juega sus cartas y pasados unos años regresaría nuevamente con una nueva esposa y tres hijos, a los que añadiría tres retoños más. Luego traería a sus tres hermanas mayores y su padre de 75 años. La fresca sandia se abriría contagiando de bellos estímulos a la nueva América. Sus restos, están dentro de una urna, y cabalgan en una ola que aún estremece la Pampa.

Los dos hombres regresaron sobre sus pasos y una pregunta del recién llegado saldo la deuda:

_Dime primo: ¿a partir de dónde están los indios? Su pariente juntando ceja y ceja, escondiendo su sonrisa, respondió:

_En el cielo.

Notas:

*Carro ligero para dos personas tirado por un caballo. A one-horse chaise or carriage, capable of holding but one person. http://www.fromoldbooks.org/Grose-VulgarTongue/s/sulky.html

Kennedy (obscenity) cap 6

By juan Re crivello Este capítulo pertenece al libro Kennedy (obscenity) La imagen es del ilustrador y pintor Mario Krmpotic Valenchic (C) Derechos reservados

03.00 de la madrugada del 21 nov del 63

Me he despertado, a mi lado John duerme plácidamente con su torso desnudo; veo en su cabeza su clásico remolino de la parte trasera. Ahora estoy en el lavabo, llevo sandalias rojas y un pijama de seda gris plata, dentro una pieza interior dorada  me cubre la pelvis. Anoche con la ayuda de un buen licor le sorprendí. Mi lengua alborotada embebida con una pizca de sal, le buscó debajo de las sabanas  y él, medio dormido al ver el reflejo dorado rio de buena gana. Siempre hemos elaborado el sexo, anoche fue salvaje, intenso. Mi personalidad al ser más moderada ¡caray siempre!; no acepta los topes que arrastro desde la infancia. Y el ¡se sorprendió! Aún me dan vuelta sus últimas palabras:

–Jackie, al amarte por detrás ¡me has enloquecido! Un disparate tal vez, si, ¡un disparate! Fui hasta donde había dejado mi agenda y me la traje hasta el lavabo, me preguntaba: ¿Cuál es el programa de mañana en Dallas? Esa ciudad me atrae irresistiblemente. Puedo recordar  aquella anécdota cuando jugando a las cartas con mi padre, el presumía de adivinar y extrajo un caballo –y dijo:

–Cabalga hacia Dallas… tu corazón.

 

Decidí abrir el sobre y sacar todo lo que llevaba, eran tres hojas, tan solo ¡tres laminas! En una de ellas aparecía una foto de un tipo y en el lateral unas palabras en grande “Mr. X” y su nombre real: L FletcherProuty, Jefe de Operaciones especiales de la Junta de Jefes del Estado Mayor, decidí descartarle por ahora. La siguiente era una carta a mano de Marilyn, con una explicación en su borde izquierdo “interceptada por el servicio secreto”, y dirigida al presidente; en la tercera la fotografía, era de esa larga noche en la cual Marilyn canta para el presidente su cumpleaños feliz. Aparte las dos, la carta interceptada llevaba fecha de la mañana siguiente de esa última noche juntos después de la fiesta del cumpleaños, tenía muchos tachones y ponía:

Dear John

Anoche fue algo espectacular, la risa, el sexo, tu atrevimiento y la bronca al final. He decidido contar a todos a algunos nuestra relación. ¡Soy mejor que Jackie!

Un beso desde mi corazón

Marilyn Norma Jean

No agregaba mucho más a las complejas historias que circulan de esa época, pero si servía para ver su estado de ánimo y como se acercaba a su amante. También era útil para reconocer que el grupo que la manipulaba obtenía información de primera mano del presidente. Pero esa noche habían perdido un alfil, con lo cual pensé, ¿fue desde ese momento cuando se abrió la solución de asesinarle? Pero para ello era preciso establecer la relación entre los diferentes grupos de presión que por acción u omisión deseaban alterar el vértice del Estado. La clave estaba en la otra fotografía, donde aparecen Kennedy y Marilyn –única imagen que se salvó de manos del servicio secreto– subiendo al coche que les llevará al Hotel. Ella mira de frente a la cámara y él parece cohibido. Ambas miradas expresan deseos de un futuro diferente, la de un político hábil y la de una estrella desequilibrada quien aumenta su odio al rol de bomba sexual que le han adjudicado.

Pero, ¿porque mi Director me entregaba estás imágenes? ¿Qué nos aportaban? Mire por detrás, ponía en letra pequeña “la conexión entre La Mafia y la CIA es ella” y agregaba “su voluntad de permanecer fiel a él, se contradice con la voluntad del Presidente en buscarse líos sexuales. ¡Aquí alguien salto por los aires!”. Escuché sonar el timbre, al abrir un pizzero me entrega una caja. Levante la tapa y un olor intenso de queso y bacón guardaba debajo una esquela. Mi Director ponía escrita a mano, con lápiz una serie de ideas:

1-      Si ya has abierto el sobre, este es el siguiente que puede ayudarte a responder la pregunta: ¿Quién salto por los aires?

2-      He hablado está mañana con Obama, le he pedido que te dejen en paz esos tipos de la CIA, “¡los de la chapa!”, como les llamas tú.

3-      Nos vemos el lunes, 16 Hs. En el mismo sitio. Dtor.

La pregunta batía en mi interior y coincidía con la famosa frase de Jackie referida a los años 60/63, al decir: “vendrán muchos buenos presidentes, pero nada recreara ese momento mágico que vivimos”. En el fondo de mi corazón, mi profesión tan preciosista, pertenecía a esa búsqueda de cada mueble o documento, la cual debía estar en su sitio y en buen estado; y esa pregunta me hablaba de un cambio tan profundo que alteraba mi espíritu. El asesinato es el fin de un presidente, derribado por sus excesos y ensimismado en su arrogancia. Desde la distancia se observa un rey que se mantiene vital y joven apoyándose en un coctel de fármacos (1), en una anarquía sexual y un matrimonio que cumple los estándares de fidelidad que necesitan los medios de comunicación, del cual, observo John Kennedy sigue una estela marcada por su padre Joseph D. en su frase a su esposa Rose.

“Un largo camino desde East Boston… ¿no es así?”. (2)

Pero en este infierno que todos han bautizado como Camelot, Jackie juega el rol de “jackie Kennelrock”, un brillante maniquí que aparece en la serie “Los Picapiedras” en 1961 (3), cuando Wilma y Betty están comprando con su tarjeta de crédito en unos grandes almacenes y la ven en el escaparate. Y, de nuevo aparece en la punta de mi lengua la horrible pregunta: ¿Qué ha saltado por los aires?, pero por primera vez surge una respuesta clara y precisa, es… ¡la inocencia feliz de América! Por ello decido escribir en una cinta de hospital esa frase, y la pego en la puerta de entrada de mi despacho, y retiro de allí la anterior, aquella que decía “dept Asses. ¿K?”. Y mientras estoy en mi tarea, dos tipos conocidos se acercan, son los dos de la CIA de la noche pasada. Menos mal que: “¡Obama te protege!” Y digo:

–Hola

–Nos han dado órdenes que le ayudemos –dice el negro.

–Al lavabo voy solo –respondo. El blanco con cierto fastidio, me muestra una identificación y dice:

–Está es mi chapa. Veo que pone: 037256-A y el nombre de Ron Sánchez. ¡Es hispano!

Fue un primer contacto frío, pero escandaloso. Marilyn estaba sentada en un sillón de terciopelo y el presidente Kennedy entro por un lateral. La gente se arremolinaba, nada dejaba paso a tal séquito. Él, miro hacia el final de la sala y desde ese espacio detrás de una copa de Martini con una aceituna, dos ojos le correspondieron. Marilyn observaba como rasgando el espacio y separando lo interesante de lo estúpido. Llevaba puestas sus gafas de nácar y curvadas. Se las quito, e hizo un gesto cursi. Una bomba había estallado. Sus amigos cercanos a la Mafia, la habían situado, y luego en su oído le dejaran correr, que si era capaz de aguantar esos cinco minutos en que Kennedy se movía al acecho del público, luego el escogía una señora o un contacto político y echaba a andar en su dirección. Y, ¡la información fue la correcta!, pudo ver como él se deslizo con rara coquetería hasta dar con su sillón y decir:
–Es Usted la…
–Actriz de sus sueños –respondió Marilyn de manera jovial y cargando de electricidad todo el entorno.
–He visto algunas de sus películas
–Y yo le he votado. Y le he escuchado por radio mientras me ducho.
–El jabón no encaja con mi curso de política nacional.
–Le aseguro que su voz atrae hasta la morada del genio. Y se pudo de pie estirando su mano. El contacto –para ella– fue la confirmación de un estilo, en cambio–para él– casi superaba a Jackie. Enseguida le rodearon, él se giró y le dibujo una media sonrisa, y dijo a su secretario algo inaudible. Era una cita. Una retirada del amor conyugal y un acercamiento a una excepción entre las féminas. Aquella noche en Hollywood alguien abrió un champan para decir: “ella está en la senda de su deseo. Y ella ama sin límite”.

Notas

1)       Kennedy tomaba; esteroides para su enfermedad de Adisson, analgésicos para la espalda, antiespasmódicos para la colitis, antibióticos para las infecciones del tracto urinario, antihistamínicos para las alergias. Fuente Mike Celizic

2)       Mike Celizic

3)       Mike Celizic

4)        Marilyn conoció a Kennedy en 1954, en una fiesta en casa del productor Charlie Feldman. Una fiesta a la que acudió con su marido Joe DiMaggio, en la que bailó acaramelada con su admirado Clark Gable y en la que deslizó un papel con su número de teléfono en la chaqueta del entonces joven senador norteamericano. Durante ocho años se sucedieron los encuentros entre ambos.

Fuente: “Marilyn y JFK” de François Forestier

Octubre rojo: ¿Me estás hablando a mí? By Frank Spoiler

 

En esta serie (de tuits o escritos breves) que publicaré en los próximos días, participan los escritores Marlene Moleon, Frank Spoiler, Miguel Ángel Moreno, Carmen Villamarín, Julio G. Castillo, Carmen Cervera Tort, Olga Nuñez Miret,  J re crivello. Agradezco a todos ellos su confianza y participación.

 

 

Otoño, atardeciendo, un sol debilitado y rojo ocultándose por el Oeste, paseaba yo por un pequeño puentecito cuando escuché (más que ver) una voz que, decía chillona; “ahí va el sapo más gordo y feo de toda la charca”. Me paré muy sorprendido y, no fue hasta que di varias vueltas sobre mi mismo que lo vi… justo al otro lado de la charca y subido a una enorme y amarilla hoja de abedul, mirándome muy orgulloso  e inflando su gran papada, bueno, ejem… más que verlo intuí que me miraba pues, ese día no llevaba las gafas puestas (y la edad no perdona…) era un enorme sapo, pero lo extraño no era que el sapo estuviera allí y que él hablara, faltaría más… no, lo increíble es que me hablara a mí y, lo que era aún peor, !yo lo entendiera!

Desvié un instante la mirada mirando hacia el cielo, quizás creyendo que así desaparecería o rogando a dios porque así fuera, no lo sé… el caso es que lo volví a escuchar y ahora fue aún más incisivo y ofensivo. “Míralo, y se hace el desentendido… ¡eh, so mamón, grasiento y gordinflón, te hablo a ti, sal de mi charca y date el piro!” — me dijo con su chirriante y chillona voz. Esta vez no hubo duda, ¡se estaba dirigiendo a mí! (no había nadie más) y he de reconocer que me sentí muy ofendido, ¡muchísimo! tanto que, apartando orgulloso la mirada  inflé mi papada al máximo y huí saltando al charco y desapareciendo bajo las sucias aguas… aún pude escuchar  el desagradable y chirriante eco de sus carcajadas hirientes burlándose de mí.

 

Obra del autor:

Amazon.es

http://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_noss_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Daps&field-keywords=frank%20spoiler&sprefix=frank%2Caps

1925: Martín Alsa llega por primera vez a Buenos Aires (002)

by j re crivello

Mi padre siempre fue prisionero del temor, del autocontrol, por ello no triunfó. Los últimos años de su vida -aún le recuerdo-, andaba cojo, su cara alargada, su cabeza grande y una nariz debajo recta incrustada en sus ojos negros. El miedo le comía. El último día le acompañé, buscaba complicidad, me dijo:

_ ¡Cuida del negocio! Le notaba preocupado. Cuida de la luz decía. Hablaba de un tal Atarulfo Itenias o Martín Alsa, de forma inconexa. Esa tarde caminamos cerca de Plaza Cataluña, estaba ido, murmuraba, a momentos se agitaba. Detuvo el paso se apoyó en la pared, con desparpajo comenzó a entonar una cancioncilla:

Las putas en América,

Se fríen en su salsa

tan entretenidas, tan entretenidas

en el asco… La tos le cortó la entonación. Le sujete por el hombro, buscamos un bar, se sentó, pedimos un café. Temblaba, acerco la taza y bebió. Se puso rojo, le levanté, parecía a punto de explotar, se cayó sobre la mesa, me acerqué, intentaba decir algo, puse mí oído sobre sus labios, y fui capaz de escuchar:

_ La Atlántida. Se desplomó y cayó muerto. Le recogimos y le llevamos hasta nuestra casa. En aquellos últimos años, sus preocupaciones habían ido en aumento. Decidí vender la tienda. El comprador tenía ojos de víbora, su ponzoña infectaba su cuerpo. Ni siquiera abrió la tienda, despidió a los trabajadores y desapareció. Me aterra pensar que ese fuese mi primer contacto con ellos. Cogí su dinero, sentía como se escurría entre mis manos, le dije al del banco:

_ ¡Cuéntalo tú! Antes de salir del notario, su firma transmitía una sensación de victoria. Al adelantarse para bajar la escalera, observe como en su espalda, en la parte baja, una larga cola viscosa se movía y golpeaba febrilmente contra el suelo. La tarea de tantos años -de mi padre- al cuidar la luz le había consumido.

Cada vez el horno donde hacíamos los sombreros calentaba más débilmente. Y le angustiaba, y cada vez se encerraba más, detrás de las estampas de Cristo y la religión. Por las noches le sentía pronunciar el nombre del Indiano que le vendría a salvar. Solía decirlo lentamente arrastrando sus letras M-a-ar-tín Alsa. En mi caso no acababa de conectar con la luz y aquella responsabilidad. El día que el comprador entró en la tienda, yo intuía que venía a cerrarla, a apagar el horno.
El día que entré en su tienda, sabía que era mi contacto ¡estaba muerto de miedo! Me saludó con cortesía, se veía en él un buen hombre, una ligera cojera del lado derecho. En Buenos Aires me habían dicho: “ve a Barcelona y compra sombreros”. Bajé del barco y no sabía por dónde comenzar, existían 5 fábricas. Las visité una a una, en todas, los dueños eran siniestros. Lo percibía en sus ojos, me ofrecían todo tipo de modelos. Eran seres triunfadores, seguros de sí mismos, no entendían más que de pesetas, de negocio. ¿Cómo le reconocería? Me habían dicho que debía buscar en su mirada, la tristeza, el dolor, la duda. Y fue más fácil, al visitar el quinto negocio y abrir la puerta, dije:

_ ¡Buen día! ¿Qué desea? –preguntó-.

Le contesté:

_Vengo a ayudarle a mantener la luz. Se asustó, retrocedió hasta una entrada, me invitó a acompañarle, dijo:

_Voy a preparar un café. El no aceptaba tener que mantener el fuego, no deseaba para sí la tarea, ¡sé rebelaba! Decía que su padre le había mentido en esto, le había dicho que el fuego se alimentaba solo, no era capaz de entender que aquello no había sido una traición. Intente convencerle que su tarea era mantener dentro de sí, sus convicciones. Que la cabeza y la copa del árbol, en cuanto unieran sus dos mitades, la luz se alimentaría sola. Si no vendría la derrota y el reino de Tessonis. Él asentía, pero en su interior se rebelaba, no podía aceptarlo, su esfuerzo algún día se rompería. Mi tarea consistía en visitarle regularmente, comprarle sombreros, y mantenerle en su sitio. Le vi varias veces durante aquellos años. El viaje era terrible, me quedaba regularmente un par de días. Él solía decir, ansioso, cansado:

_ Martín ¡quédate!

Cuando hice mi primer viaje fue porque me llegó un mensaje extraño:

_La luz se apaga, ¡ve y convence al de Barcelona! Yo pensaba, ¿dónde estará esta ciudad? Repase los mapas, no fue difícil encontrarla. Pero no pude menos que exclamar: ¡Y este cabrón quiere que le visite porque no sabe estar en su sitio! La tarde de julio en que fui a comprar los billetes hacía frío y llovía. El que me los vendió, dijo en tono enigmático:

_ ¡Date prisa que se muere!

XXX

Había llegado a Buenos Aires hacia el 1925. Mi rostro aguantaba una nariz pequeña, de frente abierta, con unos ojos negros, un poco achinados. Las cejas pobladas me conferían un aire entre judío y mafioso. De complexión fuerte y más bien bajo, de orejas redondas y anchas, más de una vez, al cruzar una frontera, me apartaron para el control, pues les infundía temor y duda. Mi nombre Martín Alsa. Mi padre me había bautizado con un nombre americano. ¡De película! Recuerdo que al llegar, Buenos Aires era una ciudad horrible, donde se mezclaban hasta 15 idiomas diferentes. Más de la mitad de los habitantes eran extranjeros a quienes el hambre les empujaba desde Europa. Para ellos, América era el futuro, la esperanza, una nueva vida. Del tópico se pasaba a la realidad, y esta era dura, una ciudad donde millones peleaban por la supervivencia. La estación de Constitución era un monstruo de hierro en el cual el interior vomitaba a miles de persona, siempre recuerdo sus apartados, donde un cartel ponía “salón de señoras”, y uno intuía un botín fresco de amores aun por nacer. En las largas avenidas los arboles daban un aspecto fresco y vital; y la agitación que les daban esos autobuses recién estrenados, uno de ellos el que me llevaba a Plaza de Mayo, con la matrícula 310059; o el puerto, lugar febril de ida y venida a Europa. En el primer hotel que estuve -El Continental-, ubicado en la Boca, barrio de italianos, las peleas nocturnas llegaban hasta mi puerta. Había cumplido 16 años, y no llevaba encima ni un centavo. El pasaporte era una falsificación de un primo que me agregaba tres años. Comencé a trabajar de ayudante de camarero, y era tan desastroso que todos los días la furia de mi patrón le llevaba a empujarme contra la pared y alzarme casi 1/2 metro del suelo. Por la noche regresaba exhausto a mi litera, allí solo estirado era capaz de imaginarme en un barco que se mecía sobre la furia de las olas. Fuera las putas y cafishos, se mezclaban con la clientela en busca de sexo.

Al llegar llevaba una fotografía de la persona a quien debía contactar, sin dirección, ni ninguna pista. Solo un rostro entre millones de habitantes. Él me daría protección y un mensaje. También me diría mi tarea.

En una de las primeras noches, había visto bajo mi cama unas luces amarillas, aquella visión se me había ocurrido interpretarla. Pregunté en varios sitios, todos respondían: -el Jockey Club-. Era el lugar de moda, donde los ricos mostraban su poder, imaginaba que allí estaría a quien buscaba. Al no poder entrar, decidí ir donde tiraban la basura, golpeé la puerta. La abrió un gigantón, huraño, su voz seca, me escamo con un grito:

_ ¡No hay comida! ¡Busca en los cubos!

Le miré y saqué mi furia:

_ ¡Vengo de parte de Luis Filippi, el de Savona! No puse decir nada más.

_ ¿Qué quieres? Preguntó.

_Busco trabajo. Se retiró un poco hacia atrás, y volvió a gruñir: ¡Pasa! Vienen muchos mentirosos todos los días! –agrego-.  Hoy necesito un fregaplatos, ponte el delantal y trabaja… Estuve allí hasta las 4 de la madrugada y salí frito, vamos, casi muerto. Al llegar al hotel me tiré en la cama, esa noche no escuché a nadie. Había cumplido mi objetivo, estaba dentro, ahora debía encontrar al padrino.

XXX
_Dime chico: ¿Cómo te llamas?

_ ¿Yo? Pues, Martín Alsa.

_ ¿De dónde vienes? De Italia.

_ ¿Cuánto hace que has llegado? Hace un mes.

_Mira te pagaré 6 pesos al mes (1), más la comida, y todo lo pase por delante de tus ojos al salir de aquí no existe. El día que tú te vayas de la boca, paliza y calle. ¿Entendido? Su expresión al girar la mano fue explícita.

Alrededor de la montaña de platos, me giré, al fondo en unas escalinatas, se asomaba un hombre delgado, de tez blanca, nariz fina, el cabello rizado. Tendría muchos años. Iba vestido con un traje gris y una camisa azul con corbata roja. Me recordaba el de la fotografía. ¿Sería a quien buscaba? pero estaba muy consumido y con 50 años más. Hablaba con el Jefe de Cocina, a su alrededor se formaba un corrillo. Estaba estupefacto, sudaba, deseaba salir corriendo y decírselo. No sabía qué hacer, él abrió la puerta y se marchó.
¿Regresaría otro día?  ¿Debía preguntar por su nombre? Era bastante tarde, tal vez la una o dos de la madrugada, deje los platos, marché hacia el lavabo. Cuando estaba orinando, sentí una sombra que se colaba a mi lado. Me di vuelta, ¡Era Él! Parecía más pequeño, su nariz era larga, sus ojos hundidos y el cabello rizado bastante brillante. Le miré, un cierto temblor, se escoro a la derecha, él me observó y dijo:

_Tranquilo chico, ya estás aquí. Me alargó un papel, y dijo: esta es mi dirección, te espero mañana a las 10, en mi casa. Deja los platos, eso es para un pobre diablo. Se percibía un aura. Regresé a mi trabajo, en toda la noche no pude apartar de mi el recuerdo de su mirada tan directa. Al terminar de trabajar y antes regresar a mi hotel llevaba en mis manos el papel con la dirección, lo entreabrí, ponía Pueyrredon al 3000. Antes de dejar la sala  detuve a un camarero, describí a la persona y le pregunté por su nombre, me miró, se le escapó una carcajada grande y cristalina:

_Es el dueño, ¿no lo sabes?

_ ¿Cómo se llama?

_Ludovico –contesto-. Estaba confuso, había venido a América a hacerme rico, no a perseguir un anciano de cabellos blancos.

XXX
Un maremoto formado por olas de miles de metros de altura nos perseguía, la explosión volcánica hundió la isla de la Atlántida. El cráter formado, tenía un diámetro de 13 kilómetros y cientos de profundidad. Las aguas del mar le rellenaron rápidamente y el estruendo se sintió en todo el universo
conocido. Ocurrió en 1628 A. de Cristo. Aún recuerdo ver como se hundía el palacio donde estaba mi padre. Días antes nuestra posición, en la lucha con los monjes negros se había debilitado. Ellos habían logrado separar las dos mitades, la raíz de la tierra y la cabeza de la copa del árbol. Mi padre me previno, a partir de ese momento seria La Mirada, y debía emigrar. En él

centro de la Atlántida, se elevó una montaña, de ella empezó a surgir fuego y cenizas. Mi padre sopló en mis ojos y me eleve por los aires alejándome. Su mirada me despedía con un murmullo… busca la luz.

La isla estalló, su violencia cubrió las nubes y solo fue posible escuchar la música, la risa, Ellos ya dominaban la Tierra. La Atlántida se convirtió en un foso donde el fuego, la lava, y el agua le cubrieron. Estaba atónito, comencé un viaje que me llevaría hacia América. Nadie volvería a hablar de nuestra Isla hasta Solón y luego Platón. La Mirada emigró. Mi despertar fue en el cuerpo de Ludovico. Su fuerza interior, permitió contar lo ocurrido: la muerte de la Casa de la Luz.

Notas:

(1) El gasto público en la provincia de Buenos Aires (1914/1940) http://eco.mdp.edu.ar/cendocu/repositorio/FACES_n2_27-47.pdf

(2) Atlántida (en griego antiguo Ατλαντίς νῆσος, Atlantís nēsos, ‘isla de Atlas’) es el nombre de una isla mítica1 mencionada y descrita en los diálogos Timeo y Critias, textos del filósofo griego Platón.

Los escritos de Platón sitúan la isla «delante de las Columnas de Hércules»;2 la describen como «más grande que Libia y Asia juntas»,2 y la señalan como una potencia marítima que 9000 años antes de la época del legislador ateniense Solón habría conquistado gran parte de Europa y el norte de África, siendo sólo detenida por una hipotética Atenas prehelénica, después de lo cual habría desaparecido en el mar a causa de un violento terremoto y de un gran diluvio, «en un solo día y una noche terrible».3

Otros

En la Antigüedad

Se conservan algunos párrafos de escritores antiguos que aluden a los escritos de Platón sobre la Atlántida. Estrabón, en el siglo I a. C., parece compartir la opinión de Posidonio (c. 135-51 a. C.) acerca de que el relato de Platón no era una ficción.23 Un siglo más tarde, Plinio el Viejo nos señala en su Historia Natural que, de dar crédito a Platón, deberíamos asumir que el océano Atlántico se llevó en el pasado extensas tierras.24 Por su parte, Plutarco, en el siglo II, nos informa de los nombres de los sacerdotes egipcios que habrían relatado a Solón la historia de la Atlántida: Sonkhis de Sais y Psenophis de Heliópolis.25 Finalmente, en el siglo V, comentando el TimeoProclo refiere que Crantor (aprox. 340-290 a. C.), filósofo de la Academia platónica, viajó a Egipto y pudo ver las estelas en que se hallaba escrito el relato que escuchó Solón.26 Otros autores antiguos y bizantinos como Teopompo,27 Plinio,28 Diodoro Sículo,29 Claudio Eliano30 y Eustacio,31 entre otros, también hablan sobre la Atlántida, o los atlantes, o sobre una ignota civilización atlántica.

En el Renacimiento

Si bien conocida, durante la Edad Media la historia de la Atlántida no llamó mayormente la atención. En el Renacimiento, la leyenda fue recuperada por los humanistas, quienes la asumirán unas veces como vestigio de una sabiduría geográfica olvidada y otras, como símbolo de un porvenir utópico. El escritor mexicano Alfonso Reyes Ochoa afirma que la Atlántida, así resucitada por los humanistas, trabajó por el descubrimiento deAmérica.32 Francisco López de Gómara en su Historia General de las Indias, de 1552, afirma que Colón pudo haber estado influido por la leyenda atlántida y ve en voz náhuatl atl (agua) un indicio de vínculo entreaztecas y atlantes.33 Durante los siglos XVI y XVII, varias islas (AzoresCanariasAntillas, etc.) figuraron en los mapas como restos del continente perdido. En 1626, el filósofo inglés Francis Bacon pública La Nueva Atlántida (The New Atlantis), utopía en pro de un mundo basado en los principios de la razón y el progreso científico y técnico. En España, en 1673, el cronista José Pellicer de Ossau identifica la Atlántida con la península Ibérica, asociando a los atlantes con los misteriosos tartesios.34

Época moderna

No será hasta la segunda mitad del siglo XIX, que la historia de la Atlántida adquiera la fascinación que provoca hasta hoy en día. En 1869, Julio Verne escribe Veinte mil leguas de viaje submarino, novela que en su capítulo IX describe un alucinante encuentro de los protagonistas con los restos de una sumergida Atlántida. Tiempo después, en 1883, Ignatius Donnelly, congresista norteamericano, pública Atlántida: El Mundo Antediluviano (Atlantis: The Antediluvian World).

Fuente Wickipedia

Yo… Juana, la Loca (01)

 

Intento restituir la palabra a esta mujer #j re crivello. El 02: 1520, carta de Juana

 

La dura piedra y el eterno vagar junto a mi esposo me llevan hacia Granada. ¿Dónde estás Granada? Lejos aun, y cerca el desmayo. Hablan de mí, como quien pasea un cuerpo y le acompaña la deriva, pero no consienten que el amor se derrumba hasta parecer  incierto el destino. Para mí, Juana, la verdadera y autentica Reina de Castilla es un consuelo ver los campos, y subir y bajar en cada tarde, en cada noche. Si me detengo no llegaré a Granada, si sumo a mi dolor los días que aún faltan tal vez no llegue a ser Reina, ni lacere errante en este duelo (1).

Algunos hacen un duelo encerrado, otros como mi padre Fernando bebiendo  en la fuente inagotable del poder. En mi caso divago con mi amado y una criatura encerrada en mi barriga.

14 de enero de 1507, en Torquemada. Hace unas horas vino a luz mi hija Catalina. Hemos detenido el cortejo y ¿tal vez fuera un aviso de Felipe? De su piel ha nacido un sucesor. En este nacimiento ha despertado las largas letanías que escucho desde hace años. Ni muerte ni destierro me esperan, quizás un abrigo del tiempo, del poder, de la naturaleza humana. Ora cobarde, ora traidora. (2)

Hemos reiniciado el camino a Granada, me siento con fuerzas. En una cuesta, al lado de un arroyo he intentado rezar. ¿Qué Dios, ahuyenta a los humanos del miedo? ¿Qué Dios, les promete un Cielo tan claro que parece mentira? Divago por castillla, con mi amado Felipe y mi hija, ya no espero casarme de nuevo. Es mi familia y me acompañará hasta el fin. Mi padre Fernando se ocupará del Reino yo tan solo aspiro a caminar las tardes en una vera… con Felipe.

¡Murmuran! Esperan que su Reina renuncie a despedirse y se transforme en una necia del poder. Mi alma está satisfecha del futuro que presiento.

En Flandes cambio mi vida. En Castilla, soy eterna, en sus campos y me sublevo ante esta muerte y esta vida. Felipe y Catalina, conmigo la familia se aprieta y distrae, pero mis hijos mantendrán aún sus desventuras alejados de su Casa.

La Casa de su madre vaga maldiciendo en estos campos, en un raro viaje que no encuentra consuelo (3).

 

 

Notas

(1)Juana nos habla de su peregrinar por Castilla en 1507. Ya ha muerto Isabel la Católica, ella es Reina y ha tenido a su última hija.

(2) “La depresión puerperal aparece de forma insidiosa entre la cuarta y la octava semana después del nacimiento, teniendo su máxima expresión clínica hacia el quinto mes. El cuadro psiquiátrico se caracteriza por labilidad emocional, cansancio extremo, desconsuelo, desinterés, alteraciones del sueño y trastornos alimenticios, así como frecuentes pensamientos suicidas. En el supuesto de que las pacientes no reciban un tratamiento adecuado, la sintomatología tiende a la cronicidad”  Dr. Pedro Gargantilla: Enfermedades de los reyes de España citado por Carmen Morales y referidos a Juana la Loca

(3)

Según P. Mártir de Anglería, la comitiva estaba compuesta por eclesiásticos, nobles y caballeros, y en una de las jornadas, de Torquemada a Hornillos, “mandó la reina colocar el féretro en un convento que creyó ser de frailes, mas como luego supiese que era de monjas, se mostró horrorizada y al punto mandó que lo sacaran de allí y le llevaran al campo. Allí hizo permanecer toda la comitiva a la intemperie, sufriendo el riguroso frío de la estación”.   http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/obras/1359.htm

 

Amores de verano

Artículos publicados en El País Digital (2008/2010)

2_

Un camino marrón en plena siesta. Nada parece rebelarse contra el mal de la juventud. Le seguimos arbitrariamente, es un indolente y afeitado paisaje. Al final de la pendiente un rio estrecho y cautivo. Solo es bajarse y respirar. Luego el pantalón deja paso a una representación de otro ser.

Del dorsal que muestra mi compañera aparece un testigo que embruja. De mi parte un rápido botón, de agua dulce y rara. Las tardes de verano son así. En los pueblos. En la orilla de ríos que se descuelgan de profundos picos, falsos y hartos de mantener una barriga sedienta de verde.

Pero ella esta hoy aquí. O, ¿tan solo se dispara mi sed? De verle unida, a un manto de agua. Y presentirle como se descuelga de su morada de ciudad y ama la dicha -en la montaña.

Aunque las imágenes de un chico de provincias son tercas y fantasiosas. ¡Tal vez! tan solo aparecen buscando un regazo. Nosotros deseamos un líquido rosado y rubio. Aunque difícil explicarlo, en el camino, la correa del tiempo une y destroza un amor cada verano. ¡Da igual!

Le amare como si presintiera que su sabor es compartido. Que mi olor a naftalina de este pasado invierno -aún me delata. Le mantengo cerca y con ello basta. La siento extraña y me derrito. Este verano amare locamente, luego conservare su recuerdo. Y ella el mío.

 

Ricardo Artl (capítulo seis)

 

by juan re crivello

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Artl y Buenos Aires

Pueyrredón 23. Esa era la dirección en que Ricardo Artl concertaba sus citas hasta conocer a María Ramírez. Una calle ancha, de las miles que tiene Buenos Aires, con aceras que se utilizan para navegar o vender Frankfurt al caer la noche. Una ciudad que está dormida, cuando los inquilinos palidecen a final de mes. Allí todo el mundo fisgonea a su vecino, o descubre que la alcantarilla es un sub-mundo parecido al exterior. Artl acostumbraba a fumar un cigarrillo detrás de otro, Chesterfield King Size, lo compraba en un Kiosco a la vuelta de su casa y camino del trabajo solía parar en un bar de la esquina, un café de nombre raro: “Filogonio”. Casi antes de dar las 22. Era su último café, luego un garito en un sótano y una orquesta de nueve músicos para que él -quien cantaba para los turistas que invadían la ciudad. Pero en su cabeza no había más que la tormenta sentimental que le aturdía. María R. una espléndida morena de atrevidas formas, quien salía con él desde hace ¿uno?, ¿dos? meses. ¡Es que todo había ido tan rápido! Que no se atrevía a considerar si seguían o no esta aventura. Antes de pagar extrajo un papel de su bolsillo del pantalón, en lápiz verde, con formas acostadas hacia la derecha:

“¿Te veré esta noche? El día se alarga de tal manera que no puedo apartarte de mi interés. Todo me refiere a ti. Todo recuerda los tres cuartos del alma donde resides”

María R

_ ¡Muy fuerte! -dijo en voz alta. Siempre había pensado que sus anteriores amores eran un recuerdo vano y suave ante la intensidad de esta comedia que le tocaba vivir. Se llevó la mano a su nariz. El perfume era una huella, y esta le acercaba a aquella intensa noche donde cada muslo cometía un exceso y donde ya nadie fingía un alegato, un miedo o una osadía. Recordó un segundo una estrofa de su tango preferido:

Corrientes 3, 4, 8,

Segundo piso, ascensor.

No hay porteros ni vecinos.

Adentro, cocktail y amor.

Y pudo pensar, que la mezcla de deseos y la llamarada que surgía de madrugada al regresar a aquel piso donde no podía escapar…  diariamente. Y… sonó su teléfono de la salita

_Hola –dijo

_ ¿Vendrás de noche? ¿Como siempre? –preguntó ella.

_Si

_Hoy hablare con F S y le explicare que ya no puedo más. Le diré –agrego ella- que no voy por casa desde hace seis días por este amor que nos consume. ¡Qué nos pasa! –Su exclamación fue un eco para Artl, y escucho-: cada día es una nueva prueba, y nos somete a ambos. ¡Cada día!

_No sé –la irregularidad de su respuesta le hizo agregar-: a veces pienso que la cita es un malefició, nos incluye en la noche y luego perdemos esa regularidad que da la claridad de la vida cotidiana. Físicamente ¡estoy muerto! Llevamos noche tras noche envueltos en un atractivo sensual continuo que ¡joder!, esto parece no acabar.

_Nos recuerda al tango –dijo ella y rio con fuerza-. Su voz era suave pero arrastraba la rugosidad del fumar. Para agregar. ¿Es un círculo sin fin? O…es un espacio –y agrego en tono explicativo-, donde lo físico, la bruma, la fragancia, los silencios, la voz que proyectamos, o esa ternura, que descargas en mí. ¡Oh Dios!

_Esta noche –dijo el- cuando cante, proyectare un misterio que flotará en las almas de los noctámbulos… sugeriré el deseo. Les empujare a ese sentimiento que cada giro de esta música sensual nos provee… de un espacio único; donde ellos se sujetan; se perdonan: sus infidelidades, sus olvidos.

_Estaré –dijo ella- como cada noche ¡contigo!

_Como cada noche -repitió él y colgó. Artl se puso de pie, antes de salir realizo un croquis mental. Subiría por esa calle rellena de adoquines para torcer a la tercera, ver el Obelisco de costado, y romper cada celda diminuta donde su pie se mojaría al contacto de la acera. Estaba comenzando a lloviznar, Buenos Aires cambiaba de cara, llenaba su barriga de melancolía y los tangos que cantaría -dentro de una hora- serian amargos, sensuales, llenos de apetito por amor y sexo.

“Casi una vida” –dijo, -y giro para entrar a su club.

 

4 de la madrugada

Para Artl desde hace días, noche si noche no, al salir del garito de Puerredon, 23 se marchaba con María R. Intentaba frenar ese deseo que le dominaba. Esos meses alrededor de la cama le ponía de los nervios. ¿Describirlo? Ni se atrevía, siempre comenzaba al abrir su puerta y atravesar la salita al lado del teléfono, apretándose los dos, el aparato por el suelo, luego abrazados mientras la ropa caía aquí o allá y esa traicionera curva de la pared antes de dar con la cama. Más de un día se disloco el hombro para pasar por el giro que tenía una repisa pequeña con la imagen de la virgen de Lujan y dos lucecillas que yacían por el suelo. ¿Y en la cama? Sexo, una manera de aferrarse a sus labios y dejar que le revisaran sus muslos, o su pirueta para zafarse y ver si sus senos tan duros y rectos le empujaban hacia atrás. Y ¡prisionero! Como se sentía al verlos tan turgentes y acechándole. No era capaz de confesar a ningún amigo que aquello tan repetitivo y animal acababa con una tableta de chocolate rozándole en los cantos, ¡los suyos! Y resistiéndose ante ese rasguño lento, pícaro que iniciaba María en su espalda y terminaba en una invitación ácida. Debía detener esta entrega nocturna. Debía alejarse un mes o más. Pensar que narices significaba este dejarse ir. Por ello busco en su departamento, un lápiz. ¡Estaba todo revuelto! Como si llevara una vida forzada de trabajo y sexo inclinado al delirio. Escribió:

¡Basta! En rojo. Luego garabateo: ¡descansemos!, agrego, quiero que en los próximos meses solo nos veamos en una casa del té. Té y masitas, doradas llenas de crema y mermelada. Y entre ambos… violentas miradas de deseo.

Te amo Artl

No hubo respuesta, Pasaron los días y llego una carta de dos líneas. Artl la dobló y la puso en una habitación vacía. Comenzó para él un calvario de escribir pequeñas misivas que guardaba en el cuarto.

 

###

H Raz le visito un domingo. Como siempre fue hasta el cuarto y extrajo una hoja verde. Tan solo decía:

Me pides parar. Detener esta fuerza de la vida que es envolverme en ti hasta desfallecer. No, no, ¡no! María R.

_ ¿Qué es esto pregunto? H Raz, su amigo mantuvo un silencio durante un largo rato, luego dijo:

_Amigo H. Raz, si te asomas a la fuerza del amor este te avasalla hasta ser intolerable. Y… ¡eso ocurrió!  Ve y trae otra nota de otra habitación ¡por favor! H Raz regreso al cabo de unos minutos y al abrir la hoja cual sería su sorpresa, comenzó a leer una carta del gran Nicolino Loche.

Dos tipos –y uno

by juan re crivello

 

La línea que separa aquella sierra de esta, la pueden ver solo dos tipos, Arias N. y Braun S. ¿Qué les une? Probablemente, el papel de fumar y tabaco dejado a secar detrás de la casa de uno de ellos. Se reúnen tarde si, tarde no. El viento les despeina, tan solo los tres pelos que ajustan casi al final de la cabeza. No están acabados pero si muy viejos. Llenos de furia dirá uno, o cubiertos de mierda dirá el otro. Al fumar el humo se dispersa por la comarca. El sol aprieta, las nalgas sudan, las manos describen círculos para remar en una anécdota o reducir la mentira en otra. Cada tanto una sonrisa, o un grito de un perro que bebe agua y reza. ¡Si reza! Porque la muerte de ambos sea de una vez y en empate. Dicho esto, el más flaco explica una historia con suaves líneas:

En aquella época para amar, las mujeres respiraban en silencio y los hombres ardíamos de sed.

_En aquella época –agrega Arias N- las putas olían a lejía mezclada con colonia barata y al estirarse uno encima, los camastros parecían rezar al milagro.

_Como diciendo acaba ya ¡Acaba ya! –agrega Braun S.

_ ¡Joder! A veces temía irme al suelo y saludar a los bichos que esperaban a la gota de sudor irse “pa abajo”

_Una vez –dijo Braun S. negocie un precio que incluía caricias. Y la muy cabrona, me paso por la cara una maquinilla comprada en Yanquilandia; pretendía convencerme que las caricias eran más frescas y sabrosas si se saltaba la carne y se quitaban las pieles muertas.

_Ese trámite lo supere una vez –dijo Arias N.- me convenció que las cremas que preparaba me ablandaban las nalgas y me unto un ungüento verde que olía a rabo de toro.

_ ¿Y?

_Pase tres días –agrego Arias N.- sentado en una palangana de acero con agua y hierbas, de aquella sierra donde peregrinan para llamar a los santos y rezan con acento jodido del Norte.

_ ¿Se curó? –pregunto Braun S.

_De las almorranas no supe más en mi vida, pero aquel calentón me duro varios meses. Iba a trabajar con la verga grande y llena de fuerza y me la sujetaba con varias vueltas de las pieles de víbora que gustábamos comer una vez resecas con sal.

_ ¡Qué época!… si le cuento algo Ud. no lo dirá a nadie –dijo Braun S.

-¿?

_En esa temporada y comenzó una larga explicación, no sin cierta dificultad Braun S., solía visitar a una señora flacucha de grandes senos que vivía detrás del rio y cantaba operetas. La festejaba pero sin amor. Solía calmar mi sed de sexo, mi soledad y a veces hasta reducía la siesta a grandes sueños entre follar y descansar. A ella le gustaba cantar de pie… mientras follabamos. Mis piernas, eran fuertes y aguantaban su estilo. Vivía con cinco perros que ladraban a nuestro alrededor mientras nos corríamos. Los bichos nos miraban con los ojos llenos de odio al extranjero. (1)

_ ¿Que tiene de especial lo que Ud. cuenta? Braun S. se detuvo para rascarse la barbilla y sus brazos espantaron la bocanada de humo. Parecía que las dos sierras se juntaban para reducir la comarca a un hilillo de ansiedades y mentiras… -y dijo:

Si –y se retuvo hacia atrás- No era nada especial, por no ser que el marido llegaba a las 4 y yo me marchaba diez minutos antes. Siempre quise cambiar la hora pero ella disfrutaba con el riesgo. Y al callarse, un sonoro estallido escapo de debajo de su silla. Su colega Arias N. se tiro otro pedo pero más ruidoso aun, para luego sonreír mientras miraban la larga sierra de la derecha que se encorvaba en un punto donde todos decían que estaba la casa de los abandonados. Braun S. dijo:

_Mañana iremos hasta allí, señalando esa parte de la sierra que daba miedo.

_Si –respondió Braun S-. Y nos llevaremos dos botellas de vino.

 

Notas

(1)    El miedo a lo desconocido –subliminal pero que flota en el ambiente- busca desesperadamente salidas viables. Las ansiedades acumuladas tienden  a descargarse sobre la categoría selecta de “extraños” elegida para encarnar la extrañeza, la falta de familiaridad, la impenetrabilidad del entorno de vida, la vaguedad del riesgo y la amenaza. Pág. 140 Amor Líquido, Z. Bauman, Edit Fondo Cultura Económica

El Mito americano: ROUTE 66 (EEUU), RUTA 9 (Argentina)

by juan re crivello

 La 9 construida a principios de siglo, abría en canal la Pampa (el granero del mundo), escapando a la atracción fatal que le sometía el Océano Atlántico. Su nacimiento en el puerto de Buenos Aires era una búsqueda del oeste y luego el Norte. Eran más de 2000 Km. hacia la cordillera y luego a Bolivia.

La 66, construida en 1938, es el intento de dotar a EEUU de una vía que integre la costa Oeste con la Este. Nacería en Michigan para atravesar los estados de Missouri, Oklahoma, Tejas, Nuevo México, Arizona para morir en California, 4000 Km. para atravesar el Medio Oeste y parte del Sur Este.
Montarse en un autobús de la empresa Ablo (en los años 60) era elegir dos trayectos: o bien viajar toda la noche cabalgando hacia el confín del tiempo, o elegir parar en cada pueblo, allí donde grandes campos de trigo, o maíz, o vacas dejaban que el sonido del grillo partiese como un melón el sopor provinciano.

La gran Depresión de los años treinta y la sequía de la zona triguera sirvieron de embudo para arrojar desde el medio Oeste en dirección a la dorada California a medio millón de personas. En los años de la Segunda Guerra Mundial también se utilizaría para transporte de tropas para llegar a Europa. Acabada la guerra Eisenhower decidió ampliarla y dotarla de categoría de autopista.
En la 9, se sucedían, diferentes nombres de pueblos, exaltaban un deseo formal del emigrante que le fundó: James Craick, Tío Pujio, Oliva, La Carlota, Manfredi… A partir de Córdoba la ruta giraba hacia Bolivia para subir en la búsqueda de un Norte que era el Sur pobre y olvidado.

En la 66, en los años 60 un rubio y un moreno, un coche y la ruta hablaron de aventuras alrededor del mito del americano que va hacia el Oeste, pero además con tiempo suficiente para enfrentarse a la injusticia. Luego se convertirá en un itinerario de la música del pop/rock. Easy Rider será él ultimo saludo al destino.

La ruta 9 unía las grandes extensiones agrícola-ganaderas del interior, siendo un canto de sus intereses frente al expolio del litoral. En Buenos Aires el país-puerto coronaba cual testa orgullosa la macrocefalia que daba sentido de modernidad.
Media Europa se vacía a comienzos del siglo XX (1) corriendo una parte por esta vena de cemento hasta encontrar su sino individual en el imaginario rectilíneo, que el asfalto dotaba de ansiedad e ilusión (2).

Actualmente este canal estrecho e inseguro sigue existiendo como metáfora del país que ha perdido la fuerza para despegar. El viejo granero del mundo ha reemplazado el trigo por la soja, pero aún espera su Eisenhower modernizador.

El pasado de esplendor se ha roto y la Route 66 ha sido reemplazada por infatigables autopistas (la 40 entre ellas) que han acentuado su pérdida de identidad. El fatigado viajero debe dotarse de un buen mapa y paciencia para recorrerla. El país ha visto pasar varias guerras y el desarrollo de la costa ha hundido el centro de la antigualla bautizada “América profunda”.

 

Notas:

(1) Se distinguen dos periodos de la emigración, 1841/1880 y 1880/1920, que llevaran hacia America treinta millones de europeos. Hist. Del M. Contemporánea. J. Montero Ruiz, J. Revuelta Somalo. Ed. Bruno. 1975
(2) En 1930 un desconocido de nombre Juan Crivello, de origen piamontés abre una de las primeras gasolineras en la ciudad de Oliva (ruta 9), siendo una apuesta arriesgada en la cabeza de la ola inmigratoria que empuja hacia el interior.

Material sobre la Route 66
(*) Las Uvas de la Ira, John Steimbeck. 1939
(*) En el Camino, Jack Kerouac. 1957
(*) Route 66, serie de televisión. 1960
(*) Easy Rider, película con Dennis Hopper y Peter Fonda

Material sobre la Ruta 9
(*) El asilo, Manicomio de Oliva, (Córdoba) Argentina
(*) Retrato del infierno, Juan Ré 2004

 

Wickipedia: La Ruta Nacional 9, o simplemente Ruta 9 es una carretera argentina que une la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con la frontera boliviana. En su curso atraviesa las provincias deBuenos AiresSanta FeCórdobaSantiago del EsteroTucumánSalta y Jujuy, pasando por las ciudades capitales de las últimas cinco provincias. Esta carretera une las tres ciudades con mayor cantidad de habitantes del país: Buenos Aires, Córdoba y Rosario.

Se la considera un ramal de la Carretera Panamericana, al punto que en el tramo que corresponde al Gran Buenos Aires es más conocida por el apodo de la Panamericana que por su denominación oficial.

 

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