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Barcelona / j re crivello

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historias fantásticas

La celula y el Iman

La imagen acompaña el artículo pero no supone compartir lo que en el se manifiesta    j re

by j re crivello

Mohamed comenzó a caminar entre el barro que la lluvia había dejado en las ásperas aceras de Casablanca, el sendero irregular bajaba hasta el corazón de la urbe. Esta bella ciudad hablaba con desgarro de las diferencias entre los ricos y los pobres. Mohamed llevaba entre sus manos una descripción y un plano de la residencia del Rey para entregar a su contacto. La mayor fortuna personal del país debía desaparecer para dejar que el reino de la sharî’a trajera la libertad a su pueblo. Mohamed se detendría en el café de Omar a escasos metros de su destino final. Al llegar al café, y entrar, vio como los parroquianos animaban las salas. Se sentó en una mesa, los amplios salones de paredes blancas y columnas de torso redondeado se alargaban hasta el techo, para luego girar sobre sí. En este juego antiguo, creaban un semicírculo para volver a adherirse a la cerámica del suelo. Las mesas se apretaban en hilera contra un muro que dejaba ver el centro del edificio, en este espacio un hueco central se elevaba hacia arriba, mientras unas lámparas de casi cinco metros flotaban dando al recinto un aire cómplice. A Mohamed le encantaba observar cómo se intercalaban unas plantas altas, verdes, de hoja en serrucho que se abrían en imposible dialogo con los parroquianos. Desde esta posición, Mohamed divisaba la barra que en trayectoria ondulante corría muy cercana a las columnas, para su gusto, el jade y el mármol negro daban al establecimiento un aire moderno y clásico. Mohamed pensaba que este trozo de su mundo estaba alejado de los humildes habitantes de esta ciudad. El Islam debería liberar de la corrupción occidental este café, que para él era un sentimiento y permitir que volviera los ciudadanos de Casablanca. Se puso de pie, pago su café y al salir giro a la derecha. Dos tipos le seguían, debía encontrar la manera de quitárselos de encima.

El Imán se llevó su mano a la cabeza. Para Abdesalam Taimyya la plegaria del viernes era para hablar de los Libros sagrados. Él debía intentar hacer comprender el concepto de lo sagrado. Decidió discurrir en voz alta… es sagrado –con entonación mortecina y tenue- lo que, en primer lugar se vincula al orden trascendente, luego, posee un carácter de absoluta certeza y además escapa a la comprensión y al control del espíritu humano ordinario.

Ante la dificultad a la que se enfrentaba, intento ser más explícito construyendo un ejemplo en su interior. Hermanos, imaginemos un árbol cuyas hojas, no poseyendo ningún conocimiento directo de la raíz, discutieran sobre la cuestión de saber si ésta existe o no, o de cuál es su forma, en caso afirmativo; si entonces una voz procedente de la raíz pudiera decirles que ésta existe y que su forma es tal o cual, este mensaje sería sagrado. Para nosotros –continuó- el C-án es como la imagen de todo lo que el cerebro humano puede pensar y experimentar, y por este medio Dios agota la inquietud humana e infunde en el creyente el silencio, la serenidad y la paz. Hizo una pausa y respiro profundamente. Al detenerse y contemplar, el sentía que aquello que afirmaba vivía en su interior. Con cuidado forzó el siguiente argumento:

El «recuerdo de Dios» es como la respiración profunda en la soledad de la alta montaña: el aire matinal, cargado de la pureza de las nieves eternas, cuando nos dilata el pecho; éste se vuelve espacio y el cielo entra en el corazón. Hizo otra pausa y retomo el ánimo elevando la voz en la soledad de su cuarto, con viveza fue más allá diciéndose a sí mismo, con voz cargada de sentimiento “espirar es manifestar una fase creadora o cósmica y absorber el oxígeno… nuevamente es el retorno a Dios”.

Al regresar a… Dios surge la confirmación de que nos ha dado de antemano la existencia y con ella todas las cualidades y condiciones de nuestra vida. Al llegar a este punto la ansiedad le animaba a rematar su pensamiento. Pero, se hallaba indeciso ante los sucesos en que el Reino estaba inmerso. Las elecciones de pasado mañana, darían a su partido el poder. Esta manifestación de triunfo, significaba él, que debía estar de acuerdo con la opinión tantas veces expresada: “Dios no sólo es el Señor de los mundos, es también el Señor de su fin; Él los despliega, después los destruye. Nosotros, que estamos en la existencia, no podemos ignorar que toda existencia corre hacia su fin”.

Pero intuía que el triunfo electoral, ante esta tradicional exaltación, daría paso a una fría conciencia ante la nueva situación. En tan solo dos días debería administrar la ley moral de Allâh, la sharî’a, y la jurisdicción de los poderes, fiqh. Por primera vez, se encontraría entre la palabra de Allâh y la palabra humana. ¿Su espíritu se conmocionaría ante esta próxima disyuntiva? Agarro entre sus manos un libro rojo y dorado no demasiado grande, lo entreabrió y leyó en voz alta:

“Él les ordena el bien, él les prohíbe el mal” (VII, 157). El Corán

Jamal Ahmidan junto con su jefe entraron en el reino dos días antes de las elecciones. Llevaban con ellos el Trueno de Ala. La policía les había detectado pero en este sitio estaban a salvo. En su ánimo estaba presente la CIA, desconfiaban de su control sobre las llamadas de móviles. Jamal para la policía española era Jamal Abu Zaid, o Jamal Said Mounir, o Yuseef Doklmi, o Said Tlidni, o Redouan Aldekader, o Layari, u Otman el Gnauni, o Youssef ben Salah, o Yusef ben Salak, o Mustafa Mohamed Larbi. Miles de identidades que le conferían un aura especial. Pero su nombre de guerra era “el Chino”.

Él había escapado del piso de Lavapiés. Aquel en que murieron los del 11 M. Él era una de las cabezas de Al Qaeda. Él pensaba instalar el Trueno de Ala cuando el Reino cayera en manos del Islam. Se había quitado las gafas y se había dejado crecer un fino bigote que acentuaba su cara de corte discreto y occidental. La fría máquina de la guerra santa estaba de nuevo en marcha.

#Carecemos de certezas. El largo camino humano desde aquel árbol donde nos situábamos en África hasta la libertad que surge desde nuestro lenguaje siempre ha sufrido de restricciones, de pistolas, de religiones, de intolerantes. Carecemos de certezas. Solo nos guía nuestro afán de libertad#

Martín Alsa desayuna en Barcelona en 1944 (003/a)

 

 by j re crivello

 

Miguel Ángel destapó su ataúd, se irguió, empujó suavemente la tapa del nicho, un ruido ácido escapo, la puso en un costado, y con su cuerpo pequeño levitó en dirección a la puerta de salida. Atrás quedaban el entierro, las lágrimas, las lamentaciones. Llevaba un traje estrecho, de niño de 2 años, de color blanco y corbata negra. Sus zapatones hacían juego en el mismo tono. Su padre espiritual  era Viracocha, el Dios / Rey blanco de los  Incas que había vivido en Tiahuanaco.

Él sentía que hacía aquel sitio debían dirigirse todos los Monjes Blancos que dormían el sueño de la tortuga. Viracocha estaría allí, lo presentía. Mientras volaba a Barcelona, pensaba en su alter ego. ¿Dónde le hallaría? Su silencio le inquietaba. Tantas veces había intentado conectar, pero no recibía respuesta. La noche era fría, sentía que su físico pequeño y frágil estaba alumbrando el regreso a la isla mágica. Nada podía fallar esta vez, las dos mitades se aproximaban. Delante de su cara le guiaban dos ojos brillantes y una cabellera ondulada blanca, era Ludovico, quien asentía, era su maestro señalándole el regreso.

El relato mencionaba como Viracocha, después del desastre de la Atlántida, había intentado fundar un nuevo reino en Tiahuanaco, allí estaría el sueño de los Incas. A ello se había aplicado, ellos le habían recibido como el señor que les liberaba de la esclavitud, ellos habían sentido como el conocimiento les era transmitido. Para Viracocha la oscuridad no podía acabar con el nuevo reino. Él sabía que las dos mitades solo podrían unirse si la tortuga despertaba. El sueño de la razón, el sueño de la tortuga  era largo y tortuoso.

El había intentado visitarla  junto a otros hermanos, pero todos habían fracasado. Cuando Miguel Angel le avisó que había visto al niño y éste estaba debajo del perro blanco, había presentido que aquel día se acercaba. La tortuga despertaría cuando ese niño  fuese mayor y estuviese preparado para reconstruir el reino de la abundancia. Pero: ¿quién sería la persona capaz de mantener viva la luz? La Mirada le decía:

_El irá cuatro veces a verle y le contará relatos. Le guiará desde el sueño a la vigilia.

 

Mientras las guerras que impulsaba en el reino aumentaban su poder y el Imperio se expandía, la Gran Serpiente emplumada se vestía para el día  señalado con su traje de guerrero, mientras empuñaba sus dos espadas en posición vertical, el ritual que expresaba amistad, hasta cierto límite.

Llamó a un ayudante, ordenó que buscasen dos mujeres y las llevasen hacia la plaza ceremonial. Las cubrirían de joyas, les vestirían de rojo y dorados. Había decidido enviar una señal a los dioses, presentía que vendría una expedición que acabaría con su civilización. Los Atlantes cuestionaban su reino. Con estas muertes, debía hacerles saber de su poder. Su reino había ganado para este pueblo la satisfacción de una vida comunitaria regida por un Dios que les protegía. ¿Qué había de insensato o maldito en este sistema que él y sus descendientes habían creado? La Mirada no entendía los años de esfuerzos para crearlo. El liderazgo moral que Ludovico ejercía le fastidiaba.

Desde lo más alto de la sala donde se ejecutaría su orden la Serpiente Emplumada destrozaría a la Mirada, destrozaría a Ludovico. Se habían acabado tantos años de espera,  ¡está era la Atlántida y así el sacrificio lo determinaría! En su cabeza apareció un Pez vestido de color marrón, llevaba unos ojos verdes. Se movía en una charca desde la cual se sumergí. Viracocha se sintió protegido, su reino no sería destrozado por los bárbaros de la Cruz.

 

 

XXX

 

_ Nuestro hombre es Martín Alsa mi Almirante.

_ ¿Quién es?

_Es un banquero de Buenos Aires, nos lo ha presentado un amigo común, él le lleva sus intereses para Europa.

_ ¿Estaría dispuesto a entrevistarse con nosotros?

_Sí. Hemos contactado. Si Ud. lo autoriza arreglaré una cita en Madrid. Le parece bien, el ¿12 de Noviembre? de 1944  en el Hotel Austria. Él dirige los cargamentos de trigo de Buenos Aires a Madrid para el gobierno de Franco.

_ ¿Qué garantías nos ofrece? –pregunto el Almirante.

_Este hombre no es ni blanco ni negro, es un puente. Pero es fiable al 100 %. Solo le interesa su negocio.

_ ¿Cuánto cobra?

_El 2 % del cargamento en francos suizos o en oro. Pero, le atrae una idea: conocer dónde están algunos libros de la Biblioteca de Alejandría.

_ ¿Cómo?

_ Si él tiene un particular interés y piensa que el Furher posee alguno de ellos.

_ ¡Tú sabes que es imposible decir dónde están sin la autorización del Fuher!  ¿Cuál es el origen del interés? ¿No deberíamos dudar de la propuesta? Se hizo un silencio y reflexionó unos instantes. Se sirvió una copa de coñac. Le gustaba el coñac español, decía que le ayudaba a pensar. Levantó el mentón,

y se pasó la mano por la barriga, dándose la vuelta, dijo: dile que sí, para la entrevista y el 2 %. De lo demás –de esos libros- dependerá del humor del Furher y nuestra salida de Alemania. Primero el porcentaje y luego, esa Biblioteca dentro de unos años. Luego se sirvió otra copa, encendió un pitillo y comenzó a enumerar los problemas del frente del Este.

XXX

 

Esta mañana me ha llamado la Mirada. ¿Que desea? Al golpear su puerta aún recuerdo la maleta que me entrego hace unos años. El sol se resiste a salir, hace frío. Este invierno de agosto del 1944 es seco y ventoso. Abren la puerta, su mayordomo me acompaña a través de las habitaciones, su casa parece un cubo tridimensional, cada canto de una pared desemboca en un espacio diferente. Hace años que no le veo. Llegamos a la cocina, al entrar veo su sillón, antiguo, verde. Sin girar su cabeza levanta su mano haciendo un gesto para que me aproxime. Al sentarme a su lado coge mi mano izquierda y la aproxima, siento sus dedos fuertes, huesudos hundirse en mi palma, no me mira. Ambos estamos de cara al exterior. Comienza a hablar:

_Ellos están perdiendo la guerra en Europa, su Imperio se derrumba. Los nazis buscan una salida, nos pedirán ayuda, y allí estaremos… Hace una pausa y tuerce su boca. No temas, ellos no saben quiénes somos, tu tarea es abrir el camino para que algunos escapen hacia América. Recibirás una llamada de Ella, para que contactes con el ayudante de Hitler. Se llama Gluecks, este General dirige la Oficina Principal de Administración Económica del Reich. El desea transportar oro y personas para América  y Ella por orden de su marido te buscará para hacer de puente. ¿Qué nos interesa? -la pregunta retórica habría hueco-. A través del dinero –prosiguió-, que recibirás en comisiones, deberás proteger los libros de la Biblioteca. Se detuvo un segundo, para proseguir con más énfasis: pero debes obtener un compromiso que nos reintegren esos libros. Pensamos en un volumen valioso que allí debe estar, algunos le llaman el Libro del Saber. No muestres interés en su recuperación, solo el necesario. Probablemente veas al Fuhrer, ten cuidado. El es la sinrazón, el rey de las serpientes. Se halla muy excitado, y conoce que se aproxima su fin. El no sé salvará, pero su tarea consiste en aniquilar a millones de personas. Los Monjes Blancos le vamos a derrotar, pero parcialmente, pues el Imperio del Este se salvará. Se detuvo un segundo y antes de seguir intento que pusiera mucha atención en lo que diría a continuación: ¡no le mires directamente! En sus ojos brota una luz de muerte. En la pared que teníamos al lado  aparecieron comenzaron a aparecer unas imágenes dejando ver personas deambulando en un campo de la muerte. Un humo negro surgía de unas chimeneas  y  un olor atroz, a carne quemada impregno la habitación. Una voz suave continuaba: ¡lo que sientes es el placer del hombre dando muerte a hombres! Es la miseria del Despotismo Asiático. Luego explico como el reino de la Atlántida sucumbió en la lucha de Anapsilon y Tessonis. Hoy  en Alemania  y en Rusia reina Anapsilon. Por primera vez La Mirada, giró su cabeza  y me miró, sus ojos me envolvían. Era capaz de sentir el mar, donde un pez verde saltaba en su superficie. Luego veía un hombre, oscuro, calvo, su mirada de horror me invadía. La Mirada desbrozaba el camino diciendo: ese es Gluecks. Veía detrás de él a tres matones vestidos de la SS que protegían al Mariscal Goering. Los ojos de la Mirada comenzaban a cambiar, se transformaban en una tortuga, hundiéndose hasta cerrarse.

Me puse de pie, quería irme, le saludé. Al gírame para verle nuevamente, su  sillón  estaba ocupado por una nube azul. Trastornado salí de la habitación mientras me acompañaba el mayordomo, al llegar a la salida me entregó el abrigo y el sombrero. Le miré, y dijo:

 

_La nube cubre el sol, el sueño de la razón está por vencer a la oscuridad en Europa, de ti depende que los libros del conocimiento regresen a nuestro poder.

Me despedí, al salir a la calle, ya era de noche, me detuve en un Kiosco de revistas, compré el último periódico, su titular decía:

Las tropas aliadas desembarcan en Francia. Subí a mi coche y me dirigí hacia casa, debía esperar noticias. No podía apartar de mis pensamientos aquel olor repulsivo. La Mirada conocía seguramente a Anapsilon,

¿Estaría a mi alcance verle algún día?

 

 

XXX

 

Ella me llamó por la tarde, habían pasado tres días de la entrevista con la Mirada. Estaba radiante, llevaba un vestido cortado y entallado de color beige con unas finas rayas intercaladas de marrón intenso, la chaqueta hacia juego en el mismo color. Cubría su cuello con un pañuelo marrón pálido. Sé acercó, la palma de su mano estrecho las mías con fuerza. Poseía unos ojos negros, seductores, siempre se desplazaban, agitados, nerviosos. ¡Buscaban la complicidad del visitante! Dijo:

 

_Hola Martín! ¿Cómo estás? ¿Y el banco? Respondí:

_Bien. Me dejé acompañar por ella hacia un sillón al costado de la sala donde diariamente trabajaba.

_Tengo una tarea para ti. Me aparte un poco, -su cercanía me turbaba-, fui hasta las bebidas y me serví  un vaso de whisky.

_Dime, exclamé intentando disimular.

_Mira –expreso ella acentuando con sus cejas lo que vendría a continuación-, debes visitar Madrid y entrevistarte con un enviado de Hitler. Su nombre es Gluecks, probablemente el te lleve a Alemania  y de allí le acompañes para un traslado de un cargamento de oro. ¡Cómo comprenderás esta operación es secreta! El General está a punto de declarar la guerra a los nazis, pero ello no debe distraerte, son las presiones que ejercen los americanos. Es la única manera de proteger los intereses del Eje. La situación en Europa es muy complicada, inclusive para el gobierno de Franco. El final de Mussolini ya nos avisa de lo que puede ocurrir en el futuro. En esos contactos, nos deben procurar, atraer la mayor cantidad de oro y arte que ellos deseen salvar. También les confirmarás que permitiremos a su gente instalarse en nuestro país, siempre con la más absoluta discreción, ello incluye una cantidad de pasaportes, nuevos nombres y ciudadanía.

_ ¿Hasta que limite de…? –pregunte.-

_El General confía en ti. Los acuerdos nunca deben ser por escrito, ni existir contratos ni recibos, debemos basarlo todo en nuestro prestigio y por supuesto en nuestro mejor banquero –su mirada dio un giro de complicidad al mencionarme-. Estaba esplendida, esa mezcla de autoridad  e interés me excitaba. Ella prosiguió: tu ingresarás una parte del dinero a nombre de alguno de ellos y la otra parte a nombre nuestro -del General y del mío-,  en Suiza, España y en tu banco. De nuestro importe descontarás tu comisión. Ellos proponen que sea el 2 %. Se detuvo nuevamente y frunciendo su frente con extrañeza, me pregunta: ¿caerá Franco? Sin dejarme responder, le escucho decir: el General dice que no. El General, siempre metido en su boca –pienso con cierto hastío-. Él opina –sigue hablando arrolladora- que su juego doble con los nazis y los americanos le salvarán. Sobre este punto, nos interesa un informe cuando regreses. Hizo una pausa, fue hasta la ventana, de cuerpo sencillo sin grandes formas, el genio atraía a cualquier mortal.

Ellos te recogerán en Madrid, para el retorno proponen que sea en submarino para evitar el bloqueo anglo-americano. Tu nombre en Europa será el de Atarulfo Itenias, te hemos preparado un pasaporte. Esta operación debe ser realizada ahora que somos neutrales, luego, cuando declaremos la guerra al Eje, me temo que Hitler no estará de tan buen humor. Aunque esta salida está avalada por el Furher, nuestros contactos opinan que puede cambiar de opinión en cualquier momento. Se tomó un respiro, cogió un pitillo, lo encendió tragando su humo, se disponía a seguir, pero pregunto: ¿Necesitas algo más?

_Nada –respondí-, debo repasar mi alemán, lo tengo un poco descuidado

_Temo por tu vida. Aquella confesión, la sentí muy intima. Le hubiera dicho que lo dejara todo, pero me resigne. Ella continúo imprimiendo más intimidad: sin tu compañía, solo me queda el General… ¡y está en otro mundo! Acércate un poco, déjame… Tal vez sea la última vez. Fui en su busca, no podía resistirme, sentía su perfume, pero solo podía aguantar en silencio, era para mí un reposo, una cálida compañía en la vorágine que resistía desde hace años.

Le dije en un leve susurro:

_Recibirás noticias. Llegarán a través de una partida de sombreros que enviaré desde Barcelona.

Se puso de pie, su personalidad ya había cambiado, su afán de poder le dominaba. Me extendió la mano para despedirse. Yo dejé el vaso a un costado, me acerqué hasta ella, intenté besarle en la mejilla, pero se apartó. Antes de salir regresando a lo profesional, dije:

_Por lo que dices, el cargamento es muy importante. Sus ojos brillaron y

respondió:

_Algunos no disfrutaremos de esa riqueza… Me giré, al llegar a la puerta, la entreabrí. Un frío que venía desde atrás me heló la espalda, no sé porque sentía que la muerte ya estaba instalada allí dentro. ¿Le volvería a ver?

Me fui directamente hacia el banco, debía darme prisa, le pedí a mi secretaria  que preparase un billete de Pan Am para Madrid. Llamé a mí

ayudante, Ismael entró en mi despacho, le hice sentarse y dije:

_Debo ausentarme a Europa, tienes que llevar tú las decisiones, solo podrás contactar a través del correo con Barcelona cada 15 días. Usa pocas palabras, me interesa que cuides de dos aspectos, las decisiones más importantes del banco y la situación del gobierno. ¿Tienes alguna duda? –pregunté-.

_ ¿Por cuánto tiempo se va?

_No tengo ni idea. Dos o tres meses quizás. Observé en Ismael la sagacidad de quien intuye que los mejores negocios se hacen en los momentos de crisis. Le había elegido como mi mano derecha, porque era un cerdo, vamos… quiero decir, porque su familia animal le permitía moverse en la suciedad y alimentarse. Solo le exigía que lo hiciese dentro de la ley. Las tortugas envidiábamos de los cerdos esa capacidad para obtener rendimientos de todos los deshechos que dejaba la sociedad, y con la particularidad de transformarlos en energía.

Llegué a Barcelona en setiembre de I944, el otoño se aproximaba con su suave brisa. Me alojé en el Hotel Suizo y le hice llegar al de la sombrerería un mensaje confirmándole mi estancia. Él me respondió como siempre de una manera enigmática:

 

_La Mirada te anuncia: ¡ten precaución con tu entrevistado, está disgustado y solo desea el fin!

30 abril 1945: Martín Alsa escapa de Berlín

Berlín 1945

by j re crivello

 

«Producía el efecto de carecer de esencia. Estaba muerto, vacío»,   -concluye  Abert Speer refiriéndose a Hitler.

 

Me despertaron a las 5 de la madrugada, me afeité y me lavé, de la tensión, el peine pasaba por el cabello con dificultad. Presentía el riesgo, mi sentido común era mi ayuda. Se presentó un General, me acompañó hasta un Volkswagen aparcado sobre la acera. El viaje hasta el refugio duró quince minutos, al llegar se veía el incendio de varios edificios, íbamos directos a la Cancillería. Intente ver a Speer, pero no estaba por ningún sitio. ¿Habrá desertado? Bajamos por un pasadizo hasta el bunker. Estaba todo destrozado, algunos oficiales corrían, otros dormían del alcohol de la noche pasada, o guardaban papeles en cajas (¿con que fin?) o, los quemaban sin miramientos. Me dejaron en un cuartucho con una silla. Llevaba en un bolsillo el tubo opaco con CICUTA. Se abrió otra puerta, un oficial me hizo una señal para entrar. El sitio imponía, apenas hice un paso, un olor asqueroso me impulso hacia atrás, era de un reptil putrefacto. La situación de Hitler era insostenible. Speer(¡1) me había informado que le mantenían con calmantes debido a sus continuos ataques de ira. Di un paso para acercarme hasta su posición. Él clavó su mirada. Sobre su cabeza se movía un Pez. Aparecía en una charca y vigilante entraba y salía. Alguna vez se me apareció y esta era la confirmación de cuál era su dueño. Pero, solo había una mitad, ¿dónde estaría la otra? Desde la entrevista con Eichmann hace unos meses, siempre aparecía cortado en dos mitades en línea recta de la cabeza hasta los pies.

Estreche su mano, se le veía demacrado, debajo de sus pestañas había unas bolsas que acentuaban su vejez y la mano izquierda le temblaba ligeramente. La habitación estaba tapizada en azul oscuro, detrás de su escritorio descansaba la bandera y a su lado un retrato alto, rectangular que llegaba al techo, donde vestía una chaqueta marrón. Al llevar el flequillo peinado más inclinado hacia el lado, le daba un cierto aire patético. Me invitó a sentarme, el se mantuvo de pie, ello me dejaba en una posición incómoda. Dijo:

_Martín (2), me han traicionado, desde la última vez que nos encontramos la lucha en el Este con la ayuda de los americanos se ha decantado en favor ruso. Alemania no merece vivir (3), debe desaparecer y ser destruida. ¡No es capaz de sostener con orgullo su futuro! Él gritaba y se movía de un lado a otro, su cola de reptil batía la silla, luego la mesa. He ordenado -continuó- que el final sea radical, primero los judíos, luego los comunistas y por último los alemanes que no merecen vivir este presente. Y… Hubo un silencio, basculó de izquierda a derecha, para continuar: Ud. y yo lo sabemos. Para ello hemos de convenir -él Pez se agito- que Ud. me entregara el remedio que me ayude a acabar mi tarea y yo le corresponderé. ¡No mencionaba el objeto de nuestro intercambio! ¿No podía hacerlo? ¿Será el Libro que dicen posee en su caja fuerte? El Pez encima se estremecía abrumado. Cogí con una mano el frasco con el líquido opaco y se lo entregue, mientras observaba que el Pez se colocaba en una posición vertical. Con su mano le cogió, lo abrió y se lo llevo a la boca bebiendo con fruición.

Me dirigí hasta la mesa a buscar un vaso de agua, al girar, vi que sus ojos se movían desorbitados. El Furher descompuesto queria vomitar lo que su garganta no toleraba. Intentaba decirme algo estirando una mano. El Pez arriba de su cabeza se retorcía, aparecía y desaparecía cubierto de llagas de sangre. Le ayude para que se estirara en el sillón, mientras un hilo dorado le caía por la boca. Se bebió el vaso que le ofrecí y comenzó a calmarse. El Pez parecía no entender lo que sucedía, por primera vez estaba fuera del espíritu que le dominaba. Constate que el Furher se moría, desparramado en aquel sillón. Había cumplido mi misión a la mitad, el Pez ahora dejaba entrever en su barriga el Libro y no podía hacer nada. De improviso un león alado dio un salto sobre el Pez tirando del pergamino, este para protegerse se sumergió en el agua. En el forcejeo un trozo saltó y fue a dar en el cuerpo de Hitler, continuo rodando hasta acabar a mis pies, lo recogí y apretándolo con fuerza lo guarde dentro de mi abrigo. Un viento huracanado empezó a barrer la habitación destrozando los muebles. El retrato del Furher se soltó de la pared. El calor me sofocaba, encima de mi espalda el león clavaba sus patas mortificándome e impidiendo saliese despedido por el remolino. La violencia amainó, las garras que me sujetaban me empujaron hacia la puerta, me rehíce e intenté abrirla, al salir dos pasillos se bifurcaban. Por uno de ellos, corrían hacia mi Goering y un General, decidí escapar en el otro sentido. Detrás sentía disparos. Pude ver como uno de ellos entraba para ver el estado del Furher, y el otro me perseguía. Al llegar al final, abro una puerta ¡espero sea la buena!, al fondo hay una escalera, subo por ella, siento detrás un silbato y como aumenta el grupo en mi búsqueda. Al llegar arriba aparece el patio, no veo gente, las bombas se escuchan muy cerca. Al fondo hay un camión, ¡pero no hay ningún coche!, decido ir hasta el. Maldito cabrón: ¿me ha traicionado? Acelero el paso y me monto y lo pongo en marcha. Una ametralladora vomita fuego desde lo alto del tejado en varias direcciones. Veo a lo lejos que varios hombres arrastran el cuerpo de Hitler hasta un montículo. En mi lateral avanza un coche. ¡Será ese cerdo! ¡Es Speer! Al acercarse con el vehículo se abre la puerta, sé que debo saltar dentro y dejar que el camión se estrelle en el muro, aunque sea… con la cabeza. ¡Ya está! Speer enfila hacia la salida, la ametralladora destroza los cristales traseros, el coche golpea contra la verja de la puerta, la fuerza nos despide hacia el centro de la calzada. El logra controlar la dirección y acelera, detrás nos persiguen dos motos y un coche. Giramos en la esquina próxima ¡esto va a reventar! Un ramillete de calles se nos abre, Speer grita como un loco:

_Tranquilo Martín. ¡Berlín es mío! Sé hacia dónde vamos… La cara desencajada de Hitler por el sufrimiento de la CICUTA quemándole el vientre se me aparece, mientras Speer escapa. De repente un grito me avisa:

_ ¡Prepárate que saltaremos!

_ ¿Qué…?. ¡Cojones!. Un fuerte empujón, al abrir la puerta me deja en el cemento, el brazo y la pierna me duelen. El salta -después de mí- y rebota contra una caja de madera. Al ponerme de pie, veo que se levanta y se acerca y me coge de un brazo empujándome por una puerta que se abre. Dentro un grupo de soldados alemanes me llevan y suben en la parte trasera de un camión. El chofer lo pone en marcha y salimos del garaje por otra travesía. Viajamos aproximadamente una hora, el brazo me duele horrores. Llegamos a un descampado. Parece un aeropuerto, ya es de noche. Speer se despide, su abrigo esta desgarrado, el brazo izquierdo sangra levemente. Escupe al suelo y dice:

_Martín ¡la guerra ha terminado! Este país respira igual que en la primera guerra: ¡a desolación y muerte! Los rusos invadirán nuestro territorio, años costará reconstruir el sueño. Pero no dude que dentro de un tiempo mis edificios volverán a respirar. Me estrecha la mano, gira, para subir a un coche. El nazi de contacto me invita a seguirle hasta un avión pequeño, al subir me recibe un: ¡hola! en español. Tomo asiento. La escuálida ave comienza el vuelo. Le pregunto a mí compañero: ¿dónde vamos?

_A Barcelona. ¡Si llegamos! –agrega, con sorna-. El calendario del navegante marca 30 de abril de 1945 (4).

 

Notas:

CICUTA: Al hablar de cicuta (conium maculatum) todos pensamos en un potente veneno. Los antiguos griegos utilizaban la planta para matar a los condenados a morir. De hecho, pasó a la historia gracias a Sócrates, ilustre personaje que perdió la vida bebiendo una infusión de esta planta. Juzgado por no reconocer a los dioses atenienses y por, supuestamente, corromper a la juventud, el gran filósofo griego fue condenado a morir ingiriendo el potente veneno. Fuente: http://www.fotonostra.com/albums/plantas/cicuta.htm

(¡1) Concedió una extensa y profunda entrevista para el número de junio de 1971 de la revista Playboy, en la que declaró: «Si no lo vi, es porque no quería verlo».

(2) Martín Alsa, agente secreto que actuaba entre Buenos Aires y Alemania. Luego se convirtió en el banquero más famoso del régimen de Perón de la primera época. Es un personaje creado por j re crivello de un libro que tal vez no aparezca nunca, con el título La Mirada que Habla.

(3) Alemania no merece vivir. Se refiere al plan del 19 de marzo de 1945, Hitler emitió la Orden Nerón para poner en marcha la táctica de tierra quemada tanto en Alemania como en los territorios ocupados. La orden de Hitler, por sus términos, privaba a Speer de cualquier poder para interferir con el decreto, por lo que el arquitecto se enfrentó con el Führer diciéndole que la guerra estaba perdida. Hitler le dio 24 horas para reconsiderar su posición, y cuando se reunieron ambos al día siguiente, Speer respondió «Estoy contigo incondicionalmente». Fuente Wickipedia.

(4) La muerte de Adolf Hitler, jefe del Partido Nazi y Canciller de Alemania de 1933 a 1945, se produjo el 30 de abril de 1945; Hitler se suicidó por medio de un disparo en la cabeza junto a su esposa, Eva Braun, que recurrió al envenenamiento con cianuro. La falta de información pública referente al paradero de sus restos y los informes confusos al respecto animaron los rumores de que Hitler podía haber sobrevivido al fin de la Segunda Guerra Mundial. La duda se suscitó intencionadamente por las autoridades de la Unión Soviética, que ocultaban información relevante sobre el suceso. Fuente Wickipedia

Jasón y los Argonautas

by j re crivello

El mito – contado en innumerables libros y películas y se utiliza como base para el drama de Eurípides “Medea” – le dice a Jasón de salir en su barco, el Argos, para buscar el vellocino de oro alrededor de la antigua Cólquida, situado en el Mar Negro en hoy en día Georgia. Los griegos más tarde establecieron centros comerciales en Cólquide para el comercio de oro, metales preciosos y gemas. Vasso Adrimi (1)

Este largo periodo que durará hasta 400 años después de Cristo y la caída del Imperio Romano, se denomina el Helenismo. Jasón y los Argonautas son los precursores hacia el año 1200 A.dC. del fin de las ciudades y el reemplazo por el Imperio. En ese espacio de tiempo los griegos  pasan a ser ciudadanos del mundo o cosmopolitas, unificando las diferentes civilizaciones y el idioma griego se convierte en universal.

Dirá Heraclito 600 años después de Jasón y los Argonautas que la phýsis o naturaleza está dominada por el Logos o la razón que establece las leyes que guían el Cosmos. Y establece tres aspectos que llegan hasta nuestros días: la phýsis es cambiante y dinámica, el cambio no está guiado por el caos sino por una Armonía Tensa, y los humanos son inexpertos para conocer estas leyes.

Podríamos afirmar que en aquel medio siglo se construyo una parte del conocimiento actual: Observamos que Jasón busca el vellocino de oro, o los metales preciosos que aumenten la riqueza de su sociedad. Este aumento de los metales se corresponde con el crecimiento de las ciudades y la necesidad de establecer una base común “metálica” para facilitar los pagos y los intercambios.

Con la aparición de los presocráticos entre los que hemos mencionado a Heráclito, se pasa de la cultura religiosa para explicar la naturaleza, a la razón; y aceptar el cambio o paso de una situación a otra; y se enuncia algo que nosotros consideramos la esencia de nuestra civilización, la relación dinámica de opuestos: amor/odio; vida/muerte; salud/enfermedad por citar algunos ejemplos. Esta Armonía Tensa establece que nada se mantiene, todo fluye.

Y con ello Jasón y los Argonautas -sin saberlo- al partir en busca del vellocino de oro se sumergían en una nueva civilización.

Notas:

(1) Fuente: Monte Pelión cerca del centro de Grecia, los Científicos hallan los restos arqueológicos de una ciudad desde donde partieron Jasón y los Argonautas

http://web.archive.org/web/20120304035853/http://www.arcl.ed.ac.uk/a1/stoppress/stop769.htm

 

Ricardo Arlt (y dos)

by juan re crivello

 

(Ver capitulo Uno)

Con mis colegas decidimos ir hasta el Registro de la Propiedad, un antiguo edificio que guardaba miles de documentos sobre sus estanterías, en las cuales sus tres empleados mantenían a raya pequeños hilos de agua que laminaban la pared, donde crecía un musgo hambriento que amenazaba con atravesar hasta la recepción. El sistema era sencillo, uno escribía en un papel los datos del muerto, y solicitaba conocer sus propiedades. El funcionario trepaba por las estanterías hasta retirar unos inmensos volúmenes de casi medio metro de largo, luego los colocaba en una mesa de trabajo y por el apellido volvía a transcribir las fechas de venta o compra en que aparecía el apellido solicitado. Luego dirigiéndose a nosotros resumía aquello en un papel blanco cargado de moho. M R González así ponía en su bata gris, levanto su vista con un desplazamiento rojo en los bordes para decir:

_Solo tiene una. Es una casa de 200 metros muy cerca de aquí, en Belgrano 408. Las calles de esa zona de Buenos Aires –prosiguió- son largas, de aceras llenas de arboles inmensos y los veranos el aire caliente que viene desde más allá de La Pampa y entra por sus ventanas hasta refugiarse en las zonas más oscuras de sus viviendas. Así le definió el funcionario. No parecía entregar una dirección sino una visión de la vida de cada calle de esta gran ciudad. Con mis dos amigos pagamos y decidimos ir caminando hasta esa casona donde había vivido Artl. Al llegar preguntamos a los vecinos, pero nadie sabía de su vida. Todos repetían vaguedades tales como: le vi hace unos días, se caso joven; tenía un genio ¡tan tremendo! o por las noches cocía sopa de cebollas y la calle apestaba de su hambre; hasta alguno respondió con la tontería de moda, ¡era amigo del Papa Francisco! Pero nadie fue capaz de decir si estaba vivo o muerto. Por nuestra parte sino le hubiéramos visto con la cabeza reventada en aquel bar y no hubiéramos decidido incluirle en un guion de nuestra serie de televisión, el tal Artl quizás estaría bajo tierra olvidado de todos. Mi compañero R. López propuso: ¿y si pedimos una llave en la comisaria y abrimos?. Se basaba en una vieja costumbre instaurada en la época colonial que permitía que los vecinos dejaran un juego de llaves por precaución. Mi otro amigo, J Rawson tan solo dijo:

_Si… ¡justo ahora que la poli es la dueña de los robos! ¡Imposible! Pero me deje llevar por mi intuición y al entrar a la Comisaria me atendió una policía mujer, joven, inexperta. Me presente como su hermano, con mi acento de provincias me hizo pasar hasta una salita con colgadores para llaves. Estaban todos vacios menos uno. Una brillante llave ancha, gruesa con un llaverito con la foto de una mujer y dos senos pronunciados era de Artl.

_Este servicio –dijo la poli- lo hemos abandonado hace diez años por orden del gobernador, y como esta salita no la usamos, mis compañeros han mantenido esta llave en su sitio, siendo objeto de muchas burlas. Le llamaban “la llave de Dios”. Firme aquí           –agrego-. Puse una O grande, de Omar tal vez y Artl. Me entrego una copia y esbozo una sonrisa como insinuando ahora el problema es suyo.

Al salir a la calle, mis amigos estaban eufóricos. En la casa se entraba por dos habitaciones que se abrían a una sala comedor inmenso, una cocina al final y un patio rectangular. Una típica casa de los años 50 cuando en buenos Aires en estos barrios construían para una pequeña burguesía de provincias que venía a abrirse camino para educar mejor a sus hijos. Le llamaban “inmigrantes llenos de saber”. Saber cocinar, saber comprar, saber decir impertinencias construidas alrededor de una frase estándar, tal como: “estamos aquí pero venimos de una gran familia que domina la ciudad”.

Al recorrer las estancias parecía estar todo como detenido en el tiempo. Hasta la cama estaba abierta como si alguien se hubiera levantado para ir al trabajo y no regresar. En la cocina, la taza del café con leche en su sitio y un bollo reseco con manteca y dulce de leche. R López, me acerco un fajo de cartas.

_De donde… la has sacado –pregunte-.

_Están en aquella mini habitación, son miles de cartas, las escribía a una tal María Ramírez. Mira, esta dice:

Estimada

Debo saber si vendrás este fin de semana. Aquí llueve y mi espíritu late con aburrimiento y soledad. Te amo y cuento los días para volver a verte. En el alfeizar que da al patio se detiene el tiempo y ¡protesto! Aún no llegan esos días que pondrán tus ojos verdes en mi.

Un beso

Artl

_Hay miles –dijo J Rawson-. Están enrollados de diez en diez, con una gomita o un hilo, o a veces con un alambre que les sujeta. Al entrar pude ver que los fajos llegaban hasta el techo, creando una ondulación parecida a las olas del mar.

_El material parece de primera –dije- .

_ ¿Le escribía cada día? ¿Existió de verdad? Se pregunto J. Rawson

_Es posible –respondí. Mi compañero deslizo una fotografía de una mujer vestida de azul, con cara picara, una bici y un gesto donde un dedo invitaba a callar.

_Es ella –dijo R Lopez.

_Seguro –respondí- mientras los tres caíamos embrujados de aquella mujer. Lo primero que haremos será regresar al Registro de la Propiedad y preguntar si María Ramírez vive en Buenos Aires.

 

Dos tipos –y uno

by juan re crivello

 

La línea que separa aquella sierra de esta, la pueden ver solo dos tipos, Arias N. y Braun S. ¿Qué les une? Probablemente, el papel de fumar y tabaco dejado a secar detrás de la casa de uno de ellos. Se reúnen tarde si, tarde no. El viento les despeina, tan solo los tres pelos que ajustan casi al final de la cabeza. No están acabados pero si muy viejos. Llenos de furia dirá uno, o cubiertos de mierda dirá el otro. Al fumar el humo se dispersa por la comarca. El sol aprieta, las nalgas sudan, las manos describen círculos para remar en una anécdota o reducir la mentira en otra. Cada tanto una sonrisa, o un grito de un perro que bebe agua y reza. ¡Si reza! Porque la muerte de ambos sea de una vez y en empate. Dicho esto, el más flaco explica una historia con suaves líneas:

En aquella época para amar, las mujeres respiraban en silencio y los hombres ardíamos de sed.

_En aquella época –agrega Arias N- las putas olían a lejía mezclada con colonia barata y al estirarse uno encima, los camastros parecían rezar al milagro.

_Como diciendo acaba ya ¡Acaba ya! –agrega Braun S.

_ ¡Joder! A veces temía irme al suelo y saludar a los bichos que esperaban a la gota de sudor irse “pa abajo”

_Una vez –dijo Braun S. negocie un precio que incluía caricias. Y la muy cabrona, me paso por la cara una maquinilla comprada en Yanquilandia; pretendía convencerme que las caricias eran más frescas y sabrosas si se saltaba la carne y se quitaban las pieles muertas.

_Ese trámite lo supere una vez –dijo Arias N.- me convenció que las cremas que preparaba me ablandaban las nalgas y me unto un ungüento verde que olía a rabo de toro.

_ ¿Y?

_Pase tres días –agrego Arias N.- sentado en una palangana de acero con agua y hierbas, de aquella sierra donde peregrinan para llamar a los santos y rezan con acento jodido del Norte.

_ ¿Se curó? –pregunto Braun S.

_De las almorranas no supe más en mi vida, pero aquel calentón me duro varios meses. Iba a trabajar con la verga grande y llena de fuerza y me la sujetaba con varias vueltas de las pieles de víbora que gustábamos comer una vez resecas con sal.

_ ¡Qué época!… si le cuento algo Ud. no lo dirá a nadie –dijo Braun S.

-¿?

_En esa temporada y comenzó una larga explicación, no sin cierta dificultad Braun S., solía visitar a una señora flacucha de grandes senos que vivía detrás del rio y cantaba operetas. La festejaba pero sin amor. Solía calmar mi sed de sexo, mi soledad y a veces hasta reducía la siesta a grandes sueños entre follar y descansar. A ella le gustaba cantar de pie… mientras follabamos. Mis piernas, eran fuertes y aguantaban su estilo. Vivía con cinco perros que ladraban a nuestro alrededor mientras nos corríamos. Los bichos nos miraban con los ojos llenos de odio al extranjero. (1)

_ ¿Que tiene de especial lo que Ud. cuenta? Braun S. se detuvo para rascarse la barbilla y sus brazos espantaron la bocanada de humo. Parecía que las dos sierras se juntaban para reducir la comarca a un hilillo de ansiedades y mentiras… -y dijo:

Si –y se retuvo hacia atrás- No era nada especial, por no ser que el marido llegaba a las 4 y yo me marchaba diez minutos antes. Siempre quise cambiar la hora pero ella disfrutaba con el riesgo. Y al callarse, un sonoro estallido escapo de debajo de su silla. Su colega Arias N. se tiro otro pedo pero más ruidoso aun, para luego sonreír mientras miraban la larga sierra de la derecha que se encorvaba en un punto donde todos decían que estaba la casa de los abandonados. Braun S. dijo:

_Mañana iremos hasta allí, señalando esa parte de la sierra que daba miedo.

_Si –respondió Braun S-. Y nos llevaremos dos botellas de vino.

 

Notas

(1)    El miedo a lo desconocido –subliminal pero que flota en el ambiente- busca desesperadamente salidas viables. Las ansiedades acumuladas tienden  a descargarse sobre la categoría selecta de “extraños” elegida para encarnar la extrañeza, la falta de familiaridad, la impenetrabilidad del entorno de vida, la vaguedad del riesgo y la amenaza. Pág. 140 Amor Líquido, Z. Bauman, Edit Fondo Cultura Económica

Níu LLor Táims? (New York Times)

by juan re crivello

 

Un espacio que cada latino pronuncia a su manera, para referirse a una señal de la aldea global. Allí se han tramado noticias espectaculares o silencios inadmisibles. Paquita R. compro el periódico y se sentó en un café. Leyó primero las noticias latinas y alguna anglo. Una le llamo la atención, era un aviso:

Regalo perro chihuahua antes de las seis de la tarde.

Miro el reloj, faltaba media hora para que se cumpliera el plazo, el sitio estaba a dos calles. Pago y se marcho. Al salir del ascensor solo pudo ver una puerta, al final del pasillo. Toco el timbre y le abrió un gigantón con acento portorriqueño.

_Vengo a por el perro –dijo Paquita R

Aquel tipo le sonrió. Llevaba una camiseta blanca sin mangas y un pantalón que al girarse permitía ver su tanga rosa.

_¿Le apetece una copa? –pregunto. Para Paquita aquella forma de regalar no era de su estilo pero Níu Llor era una ciudad encaminada a resarcir a cada persona de coincidencias que alegraban la vida. “Ok”   –dijo-. El gigantón abrió una nevera marca Dixzan de hace veinte años y le paso una lata de cerveza.

_ ¿Y el perro? –pregunto ella, un poco nerviosa.

_Antes del perro, le diré las condiciones. El se ha criado conmigo y no se lo dejare a nadie que me firme este papel.  Y extrajo de su camiseta un papel arrugado que se dispuso a leer: Hacerle una cura anti piojos cada seis   meses, sacarle a pasear por Central Park los domingos a las 10 de la mañana con su ropa comprada en la boutique de animales que ha abierto Zara hace unos meses. Darle de comer patatas y cola light una vez por semana. Decirle que su anterior dueño –en este caso Florian Rin llama cada semana para preguntar cómo se encuentra y la más difícil, ir con ella una vez al mes a la disco de Maripijis escondiéndola debajo de la camiseta y bailar el Dancing de moda. ¿Está de acuerdo?                –concluyo.

Para paquita R esta serie de deseos estaban un poco fuera de lugar y decidió retirarse, cuando de repente se puso a su lado un chihuahua lanudo y simpático que ladraba sin cesar.  Y por ello decidió quedárselo, aunque pregunto:

_ ¿Que es una Disco de Maripijis? Su interlocutor mientras servía Cola Light al chihuahua respondió con cierto orgullo:

_Allí vamos a bailar los que somos bisexuales. Nos gusta salir con una o con uno. Nos divertimos mucho y cambiamos de pareja más seguido que la gente normal. ¿Has estado alguna vez en dos relaciones de sexo diferente?

_No. Para Paquita R era una respuesta que le ponía en un sitio que no deseaba aceptar. Siempre le había molestado pasar por una mojigata, pero tanta modernidad le angustiaba.  Y dijo: cuando tienes más de dos copas es todo… más fácil.

El tipo sonrió. Para decir: “no es un problema de copas, sino de acelerar tu mente”. Un físico esplendido, unas venas que se marcaban, una sonrisa indecente y una calva pelada y dulce como un chupetín del cole le llevaron a Paquita R a iniciar la retirada, pero preguntó.

_ ¿Por qué en su anuncio ponía antes de las seis? Y alterarse al comprobar que el reloj de pared marcaba la hora ante la cual todo podía suceder. Florián se detuvo un momento para retener aquel avispero de seducción que ya rodeaba a Paquita hasta asfixiarle. Y dijo:

_Me gusta follar a las seis. La trampa se cerraba, el chihuahua dormitaba en el suelo y la lata de Cola Light estaba vacía, se imagino a si misma cabalgando encima de aquel tipo como en las pelis de Hollywood que acostumbran a poner a las actrices arriba del sexo para mostrar su espalda y evitar tener que registrar el falo masculino.

_¿Vienes?. El tanga rosa se divisaba en la entrada de la habitación, todo era vertiginoso y su diario de a bordo se alteraba. Solo imagino que por la noche escribiría en su diario personal:

Me han dormido de sexo. Ni el perro sabía como gritar, ni el gigante donde anudar una nueva cita. Ayer salí a la calle a las tres de la madrugada, sin papel de fumar, sin ropa de cama, sin dinero ni para el taxi. ¡Así es Níu Llor! Inimaginable, ¡cargada de sorpresas!.

Google presenta Big Dog

by juan re crivello

“Boston Dynamics ayudó a Sony en el lanzamiento de su perro robot Aibo, pero sobre todo es conocida por sus creaciones robóticas capaces de andar a dos y cuatra patas con bastante estabilidad y velocidad alta. Entre sus robots, destacan Cheetah (el robot con extremidades más rápido del mundo, con sus 45 Km/hora), BigDog ver nota… (1)”

He cursado una orden de compra a Google y me la ha traído esta mañana un perro gigante que despide mal olor por la boca. No he firmado el pedido –era una caja de 80 preservativos que se pueden mascar como chicle o utilizar para servicios amorosos. Lo pone en grande en la caja -¡da lo mismo! El perro que me entregaba el pedido, al ver mi expresión de tipo de 70, deletreo con una voz de latón que saltaba cortocircuitos, algo así como:

_No hace falta Charly. –Luego me entere que este rudimentario cooker solo pronuncia el mismo nombre a todos los clientes- . Cuando fue hacia atrás –para marcharse- dio contra el perro de mi vecino lo que ocasiono una terrible herida. Del lateral escupió un papel en blanco para entregar a Google y obtener una indemnización por accidente. Y desapareció por la esquina, según mis cálculos a 45 Km hora. Pude abrir la caja y no era lo que había pedido. Solo tuve que arrugar un papelillo adjunto, del estilo caramelo de menta de los años 70 y el siguiente perro gigante estaba en camino con el cambio. Mi vecino se llevo su chucho al veterinario y por mi parte subí lentamente con mi bata de watine de rojo oscuro escalera arriba. ¿Llegaría a ver mis pelis por esa tablet que vendían en Google a 15 Euros?

Opte por ver la tele estatal donde una vieja película de El Fary recordaba “ese toro enamorao de la luna”.

Notas:

(1)Big Dog (un cuadrúpedo que puede moverse en terrenos irregulares como la nieve y el hielo), WildCat (un robot de cuatro patas, que funciona con combustible y puede galopar a 25 km/hora) y Atlas (un robot de más de 1,8 metros de altura para tareas de rescate y reconocimiento, y capaz de moverse casi como un humano por terrenos difíciles).

Las máquinas de Boston Dynamics parecen sacadas de una película de ciencia ficción, pero ahí están. Y, a partir de ahora, forman parte de una nueva unidad de negocio de Google, que con el tiempo se verá qué recorrido tiene.

http://cincodias.com/cincodias/2013/12/16/tecnologia/1387213250_201499.html

 

Don Segismundo (uno)

 

Atravesé una o dos ondulaciones suaves, Había dejado el coche en un lateral de la autopista. En esta comarca la fiebre de cemento pasaba desapercibida a no ser por este monstruo de cuatro carriles. Los habitantes de las dos grandes ciudades a ambos extremos lo suelen cruzar casi sin mirar hacia este lado. Al aflojarme la corbata -minutos antes-, decidí detenerme y caminar en línea recta, pues intuía que a cinco kilómetros aparecerían las fantásticas playas que solo las visitan los que montan la ola. Pero, dos descensos sucesivos me desviaron hasta una casa antigua, un molino, un gallinero y un porche. En el frontal, el aire dibujaba un lento movimiento de cuerpos de víboras que se secaban al sol. Di dos golpes en la madera. Un anciano escuchaba la radio. Era una música infernal que me llenaba de garabatos la garganta. Al verme la apago. Tenía casi 90. Cabello recio, cano, ojos blandos y llenos de verrugas a su alrededor. El pantalón se mezclaba con una camisa limpia y arrugada.

-¿Se ha perdido? –preguntó

-No, quizás quería saber qué había detrás de estas dos lomas.

-Como ve, nada

-¿Qué hace con tantas víboras?

-Las seco al sol y durante el invierno me las como a trozos con un licor que fabrico de aquel árbol que da flores amarillas. No es de la región –agrego para describir esa inmensa copa cargada de flores-, un día paso por aquí un extranjero –continuo su relato- y lo llevaba en un bolso. Se lo cambie por comida. La flor deja caer una semilla y la macero con alcohol para… ¿Quiere probar? Acepte. El puso dos vasos de culo de cristal y el licor trepo hasta salirse. Luego corto una víbora reseca en dos trozos. La mezcla de sal, la carne recia y el acido afrutado producía un suave desaliño al llegar al vientre, aquello prometía un descenso a los infiernos. Su cara picara esperaba mi reacción, pero disimule. “¿Como se llama?” –pregunte

-Segismundo Todos los Santos, por parte de padre somos de más allá y de madre, de esta comarca. Ahora estoy solo. Cada seis meses llega una mula con un taiwanés que me deja comida, grano, algo de pienso, alcohol, y harina. Lo encargo a través de una paloma que envío desde allí: ¿ve?, del único árbol que da la semilla del licor. Ese taiwanés me conoce desde hace años, si no llega la paloma me trae lo mismo. Paga todo un hijo mío que vive donde acaba la autopista y comienza esa ciudad que tiene fama de apuestas.

-¿El Dorado? La cara dio de frente como si afirmara que aquella lejana ciudad le mantenía. ¿Y su hijo le visita?

-La ultima hace diez años. Fue aquel año que llovió tres días seguidos y el agua se llevo los puentes y entre aquí y el mar se formo un lago salado ¡murieron todas las víboras! Y las que quedaron al matarlas eran flácidas, llenas de humedad. De… ¡humedad del alma!

-¿Puede el alma estar húmeda? –Pregunte. Para mi contertulio, el alma era una pena que sangraba, se dio dos giros para soltar un estribillo mientras lo acompañaba con dos dedos que vibraban al golpear la mesa:

Zam bun Zam bun

Reza por ti,

Grita por ti

El alba es una castigada sentencia

¡Y se quebrará!

Zam bun Zam bun

-¿Le sirvo otra copa? Y… Probé de nuevo otro trozo de serpiente y deje que el líquido bajara con más suavidad. Segismundo reía, y puso la radio a toda pastilla. Sentía un calor que cabalgaba al ritmo de esa música. El volvió a preguntar: ¿Qué le ha traído por aquí? Dije que era una corazonada, que tantos años pasar por delante me decía que detrás de estas ondulaciones alguien esperaba.

-Desde hace años –agrego por su parte.

-¿Desde cuándo hace que esta solo?

-No lo estoy –y rio-, breve, intenso, con una carcajada fuerte y llena de mística. Le seguí, detrás de aquella risa, la mía fue ensanchándose hasta abrir mi pecho y liberarme.

-¿Y con quien está? ¡Joder! –Exclamé-  Maltrecho en la risa pude pronunciar aquella montaña de pregunta. Pero no respondió. Si se puso de pie y me pidió que le siguiera, a medio camino, su pregunta fue: “¿ha cazado víboras alguna vez? Y fui tras él. Llevaba un palo, me dio otro y atravesamos una loma. El calor irritaba. El iba descalzo. La vegetación era baja, a casi ras del suelo. Busco una penumbra, en un grupo de piedras. Luego me pregunto si oía el sonido, lo intente hasta que el retiro dos piedras gigantes. Era un rio subterráneo, no muy grande, para pasar a explicar que las serpientes se metían en estos recovecos para obtener sombra y empujo otra piedra bastante ancha de donde aparecieron tres serpientes. Con el palo, que en su punta acababa en alambre la retuvo desde el cuello para asfixiarla, insistiendo que yo hiciera lo mismo. Su técnica era dejarlas al sol y ellas morían lentamente hasta secarse por dentro.

Regresamos a la casa y decidí marcharme.

-¿Volverá? –preguntó. “Tal vez” –respondí. Si regresa –agrego-  le contare la historia de Sor Benita, la monja que resistía al sol para vivir  sin sexo.

-Interesante –dije, mientras me alejaba, la radio sonaba fuerte a mi espalda al trepar las dos lomas y dar con mi coche.

 

La historia de Sor Benita, la monja que resistía al sol para vivir  sin sexo (segundo) Continuará

 

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