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Barcelona / j re crivello

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memoria

Growing -y cuatro

Cada sábado vendrán unas nuevas aventuras de Growing, las de j rick y su amigo Grow  A disfrutarlas -j ré-.

–Déjame otra llave. “¿Para dónde?” –pregunto mi amigo.
–Para el Balaguer -respondí. “¡Ni hablar! En ese museo el problemilla es muy grande”. Mi amigo se resistía a dejarme entrar en otro de los museos de la ciudad. Pero la agenda que me había dado Papa Xico me llevaba en esa dirección e insistí en visitar el edificio. Svetla había trabajado en su interior y había sido su guía antes de desaparecer.
–Sea quien sea debo visitar la cúpula –insistí. Allí puede estar una explicación de la muerte de la rusa. La cúpula estaba montada sobre un edificio construido en cruz con unos jardincillos alrededor y que recordaba en a la Casa Blanca en pequeño.
– ¡En la cúpula! Allí aún menos –mi amigo puso una cara grave y alterada –y prosiguió. ¿No te has dado cuenta al pasar por delante, cuando vas a la estación de tren, que dejamos la luz encendida toda la noche?
–Ahora que lo dices ¡lo he observado!, pero no pensaba a cuento de que venía.
–Las dos veces que intentamos dejar la cúpula a oscuras, a… nuestro problemilla, quien imaginamos vive dentro, nos fundió toda la instalación eléctrica.
– Pero… ¿qué es lo que hay? –pregunté mirándole con cierta desconfianza. “No sé ni me importa –respondió, pero… con tenerle bajo llave es más que suficiente”. Su respuesta me intrigaría aún más como para insistir:
– ¿Alguien le ha visitado en estos años? Con ello suponía que esa cosa tenía vida, el sin inmutarse dijo:

–Es probable que solo la rusa se atreviera a entrar. Mi amigo dudaba de tal osadía, pero tampoco fue capaz de mencionar ningún otro que se hubiera animado a abrir la puerta y echar una mirada dentro. Insistí en mi argumentación:
–En la pequeña agenda que me dio Papa Xico hay unos días anotados y los sitios que ella visitó en su momento.
– ¿Y la Cúpula aparece? –pregunto mi amigo. Abrí la agenda y mire con tranquilidad hasta descubrir tres fechas y una C-t-e. Me volví hasta él y pregunte, que podría significar aquella abreviatura. Él sonrió y dijo: “El Comandante”. No pudiendo escapar de aquella cita, al final explico que la Cúpula, es tal vez un sitio en la cual hay un militar encerrado y dominado por la rabia, la ira. Tal vez le vieron la rusa y algún otro. Le describen como alto, rubio de cara fina y ojos azules. En verano se pasea en camisa y en su brazo derecho dicen que tiene un tatuaje que pone –pulgarcito mío-. Tal vez es un recuerdo de alguna amada, o simplemente una boutade -concluiría.
– ¡Déjame las llaves!
– ¿Y si no regresas? –pregunto mi amigo.
–Te quedas sin llaves.

Era jueves y había quedado con Grow en la estación. Serían las diez. Aun hacía calor, se presentó con su vulgar abrigo de tela marrón y su botella de Letona en el bolsillo derecho. Le salude. Pedimos algo y dos vasos vacíos. Le pregunte, al mirar la botella:
– ¿Qué lleva dentro? “Hoy la he rellenado con leche y menta”. No pude menos que disimular mi cara de repugnancia. Pero sirvió en nuestros dos vasos y al probarla su sabor dulce traspaso mi tráquea que ardería suave. Al llegar al estómago sentí un recorrido áspero y gandul. Encima de la mesa estaba la carpeta que había recuperado debajo del piano del Museo Romántico. Grow fue pasando sus hojas, observé como miraba un folio detrás del otro. Eran nueve; 8 en ruso y una en español. Le vi emocionarse, un punto triste. Imaginaba una dulzura antigua, que volvía a crecer en su interior, hasta decirle que ella dormía en aquellas vainas de garabatos redondos y cursis. Sin darme cuenta, pasaron tres vasos y mi alegría espiritual aumentaba. Al cuarto pregunte:
– ¿Dónde la conociste? En Moscú –respondió.
– Claro, pensé, donde si no. “Fue a finales del 44” –continuo explicando. Se iba a casar y en dos días cambiaron de opinión y se vinieron a España. “Un contacto con el gobierno de Franco nos permitió salir. Ella vino en el mismo avión militar, pero sin permiso. En esa época las fronteras se abrían con dinero”.
– ¿Tú piensas que su muerte se debe a una cuenta pendiente? Esto de preguntar para investigar ¡me salía fatal! Cada vez que lo intentaba sentía que entraba en barrena.
–Tal vez le asesino su ex –pareja. “¿Después de tantos años?” –dije. Al ver mi cara de no correspondencia con sus reflexiones.
– ¿Por qué no? Eran una familia de mucho capital –dijo Él. Me causo gracia la respuesta, tan… demodé.
– ¿Tu matarías a alguien que se marchara con otro? – pregunté. Grow movió sus ojos de izquierda a derecha, bebió su cuarto vaso y dijo:
–No más bien le mataría a él. Creo que la humillación, el sentirte que eres abandonado, da mucha rabia y el deseo de venganza aumenta con el tiempo. Deduje, que por sus respuestas parecía un experto. El cuarto vaso de menta y Letona me habían aflojado, partiendo de su frase, argumente:
–Pero para matar, es necesario encontrar a la amada, desplazarse, y elegir la manera. ¿Tú recuerdas lo que dijo la policía en su momento?
–Dijeron que fue con una hoja de corte, de las de podar.
– ¿Y eso donde se compra? Mi cabeza desvariaba, esa bebida caldosa y dulzona me azuzaba la imaginación. La rusa se me aparecía tan guapa y atrevida que era insostenible no verla envuelta en sangre y llena de barro en el costado de la carretera. ¿Porque la imaginaba en el barro? ¿Qué asesinato no cumplía estas condiciones? Fuerte lluvia, cuatro tipos, un camino y un testigo de calva pronunciada y muy conocido en la zona. Pero… ¡Papa Xico debía saber más de esto! –razoné con firmeza. Aunque, de mis nauseas regresara al discurso que Grow describía fijamente:
–En esa zona, hace años había mucha agricultura en cualquier sitio. “¡Coño, podría haber sido un pagés!” -exclamé. Intente no reír. Mi actitud zafia le previno y se encerró. Tal vez por ello pregunto:
– Y… tú Rick, ¿no tienes un viejo amor?
– ¡Carajo! -exclamé. Al instante fui capaz de recordar una frase de Borges, “hablar puede aliviar los dolores del alma”. Pero estaba tan entumecido que no salía de allí dentro, me había convertido en un hielo seco y duro. O, un gran silencio del que no lograba escapar. ¡Sin más! –dije, para explicar de corrido, como quien está respondiendo sofocado a corazón abierto:

“Sin sentido ni alivio, he sido testigo del sujeto del amor, quien, luego ha desvariado en otra ruta y uno se ha quedado solo y pobre”. Respire unos segundos y agregue antes de des-fondarme: ¡Era genial! y guapa. Se llamaba Aida. El grito por fin escapo de mi celda. Pude ver una sonrisa benévola de su parte, luego extrajo de su bolsillo un billete de 10 Euros, lo estiro, dejándole en la mesa. Luego abrió la carpeta de su amada y con un lápiz subrayo una frase:

давай -знакомиться давай познакомимся
Y sobrescribió encima ¡conozcámonos!, luego me la dejo en la mesa, poniéndose de pie, mientras me abandonaba rodeado del papel y su ruso atrabiliario
–Nos vemos dentro de 15 días. “Si” – respondí.

Decidí ir al Museo Balaguer cerca de las 12 de la noche. No había otro sistema que saltar la verja que rodea al recinto. Luego un jardín del 1900, con ciertos caminos y una hiedra que se estira desde el suelo y rodea aquella sandalia de cultura. En la cúpula, la luz brillante y enceguecedora se escapaba saltando en los tejados. Un grupo de gatos dormían cerca del calor que salía de los ventanales de la cúpula. Sentía un poco de aprensión, no sabía que me encontraría allí. Entre por la puerta principal, en este caso no había otra manera. Aquello me permitió llegar a la sala de entrada. Un fuerte olor a libros antiguos invadía el recinto. Debía subir por una escalera a la derecha y abrir una puerta que daba a la cúpula. Al llegar me detuve, parecía que del otro lado no había ningún ruido. En las historias de fantasmas estos laten en la oscuridad y no aparecen más que como una molestia. Su presencia, les remite en la atmosfera de miedo del dueño de la casa o palacio. Me había leído algo en internet hace unos días y hablaba de los fantasmas de museo como seres que se presentaban y eran visibles de la cintura para arriba. La historia de mi amigo y el Comandante ¿sería real? Deduje, que no pasaría nada. Con tanta iluminación le habrían cegado. Al entrar pude ver como la estancia era un espacio redondo, que se elevaba hasta abombarse; los ventanales daban vuelta en derredor. Desde uno de ellos se podía observar la Universidad Tecnológica. Hasta eso me proveía de tranquilidad, ¡quién se atrevería con los estudiantes de informática de Vilanova! En un lado y sin nada más que un suelo despejado y brillante había una caja de cartón. Cerré la puerta. Nada. ¿Estaba abandonado el espacio por que le dominaba los temores de los funcionarios del Museo? De repente sentí como si se desplazara el aire a mí alrededor. Al fondo emergió una silueta encerrada en un uniforme militar. Nunca antes había podio contemplar la ira. Altiva, elocuente y aterrada me mostraba su raza.

Notas:

давай знакомиться давай познакомимся – conozcámonos

¡Fuera el oKupa que destruye nuestros sueños!

by j re crivello

“Cornelius había pasado sus pinceles y sus colores se dibujaban con menos precisión en su memoria de lo que lo habían hecho sus proyectos de porvenir, y ya no se le ocurrían, como en su juventud, aquellas toscas chanzas que hacían reír por lo bajo a las criadas: pág. 156, La tristeza de Cornelius Berg, Marguerite Yourcenar.

La memoria, atractiva señora, altiva dueña del odio, de la borrachera de las emociones, de la envidia y los sueños atrapados en el miedo, así es esta señora. Cuando nos referimos a ella rellenamos formularios donde cada casilla crece y nos pone contra las cuerdas. Mentimos, luego echamos aceite y hasta una colonia barata endulza la presentación.
El paso de los años engrandece las miserias, las agrupa en montañas cubiertas de avispas y cada tanto divisamos un valle firme y espeso. Dotado de sol, de pureza y en el cual depositamos la suma de los años que amamos sin vileza o carecemos de la teatralidad de la vida. En esas depresiones del espíritu, anida nuestra confianza y optimismo.
Al ser niños, valles y montañas se igualan y la emoción no bosteza, ni la mentira agradece tener tanto trabajo.
#Volvamos a ser niños#
Retiremos al oKupa que destruye nuestros sueños y enviémosle al infierno. ¡O muy cerca!

Nota.
He regresado a escribir en Word 2013, el crack instalado por uno de mis hijos pesa sobre mi conciencia. ¡Le estoy robando a Microsoft! J re

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