by j re crivello

Aún recuerdo a los principales con los que he tenido contacto. La primera -le llamaremos M-, me atendió en un espléndido piso de la parte alta de Barcelona, le visite durante tres años, siempre nos sentábamos frente a frente. No tenía el temido y fantaseado diván. Era mujer, agradable, de buen ver. Para los hombres las mujeres que nos asisten en el imaginario personal deben poseer un aprobado en belleza.

En aquellos años el oficio de analista estaba en manos de argentino/as. Eran los años de la exhausta transición española. La segunda -S-, me atendió en pleno Ensanche barcelonés. Ágil, de voz limpia y acerado cuchillo. Entre ambos el Diván y allí me estiraba, a transpirar, sudar y palpitar cada curva y sus silencios sucesivos.

Pero en esta galería existen otros seres que han dado de sí. Uno de ellos gran amigo y analista de la Barcelona golfa: -A-, por su despacho pasaron alegres personajes de la noche y del sexo ambiguo. Era de Mar del Plata. Estaba metido en la vida española. Falleció de una rara enfermedad que destrozaría a una parte de la ciudad de Los Ángeles y nacería en África. Sentí su muerte como un alter ego de los que necesitamos para motivarnos al crecer.

Otra persona que debería incluir es el analista de un familiar, el Sr. P, pertenecía a la nueva generación de psicólogos españoles. Falleció hace unos años. La cultura del país perdió un gran profesor. También como no recordar a -B-, ex-esposa de un ex-amigo. Genial analista que aún vive en Madrid y se oculta bajo su corta talla e irreal sensualidad.

¿Qué han existido otros? Los de bolsillo y lectura. Sigmund Freud, Willheim Reich -con este viví el acaloramiento de la reflexión antisistema-, Erich Fromm. De Lacan -señores no he sido de su piel-. Faltarían los anti-psiquiatras, moda efímera pero persistente.

He recogido un texto corto que traduzco directamente del catalán para explicar esta insólita experiencia:

“…La actitud frente al “extranjero” es inseparable de la actitud hacia uno mismo. Cuando el próximo es conocido como un ser fundamentalmente diferente de mí mismo, mientras continúa siendo un extranjero, yo soy también un extranjero para mí. Cuando me experimento yo mismo plenamente, comprendo que soy como cualquiera ser humano, que soy el niño, el pecador, el santo, el hombre que espera y el que desespera, el que se alegra y el que se entristece…”*

*Erich Fromm, Marx y Freud, Ediciones 62, Año 1967

Notas:

Añadiría que la sociedad española se resiste a conocerse a si misma ¿Por que?…

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