by j re crivello

“Cornelius había pasado sus pinceles y sus colores se dibujaban con menos precisión en su memoria de lo que lo habían hecho sus proyectos de porvenir, y ya no se le ocurrían, como en su juventud, aquellas toscas chanzas que hacían reír por lo bajo a las criadas: pág. 156, La tristeza de Cornelius Berg, Marguerite Yourcenar.

La memoria, atractiva señora, altiva dueña del odio, de la borrachera de las emociones, de la envidia y los sueños atrapados en el miedo, así es esta señora. Cuando nos referimos a ella rellenamos formularios donde cada casilla crece y nos pone contra las cuerdas. Mentimos, luego echamos aceite y hasta una colonia barata endulza la presentación.
El paso de los años engrandece las miserias, las agrupa en montañas cubiertas de avispas y cada tanto divisamos un valle firme y espeso. Dotado de sol, de pureza y en el cual depositamos la suma de los años que amamos sin vileza o carecemos de la teatralidad de la vida. En esas depresiones del espíritu, anida nuestra confianza y optimismo.
Al ser niños, valles y montañas se igualan y la emoción no bosteza, ni la mentira agradece tener tanto trabajo.
#Volvamos a ser niños#
Retiremos al oKupa que destruye nuestros sueños y enviémosle al infierno. ¡O muy cerca!

Nota.
He regresado a escribir en Word 2013, el crack instalado por uno de mis hijos pesa sobre mi conciencia. ¡Le estoy robando a Microsoft! J re

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