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Mitos: Del sexo en cuotas o el amor con certificado

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By j re crivello

Nadie se atreve a opinar cuál de estos sistemas es mejor. Cuando hablas con diferentes personas nos explican que el sexo en cuotas es muy animal, te garantiza la pasión, es voluble y cambia hasta de colegas cada tanto. Aparentemente el rostro de la felicidad es parte de la vida de nuestros contertulios, pero por la noche al lavarse los dientes su reflejo en el espejo les devuelve un súbito silencio y luego el mando a distancia salta de cadena en cadena sin encontrar satisfacción.

Del amor certificado hablan todos. Ahora cuesta 20:000 euros si hace boda para 100 personas. Todos cantan, se emborrachan y los buenos recuerdos se acumulan en el depósito de la memoria. Los novios una vez solos deben enderezar no solo sexo, sino compromiso y afecto. Y esta palabreja se mete y repite una y otra vez: ¡Compromiso! Se daba por supuesto, que el certificado hablaba de fidelidad de amar hasta el fin de los días y milongas sucesivas. Hoy, en la sociedad líquida hay amantes que son flojos en esta parte de la vida diaria. Les gusta saltar, cultivar su individualidad, colarse en Instagram cientos de veces. En suma cultivar su narcisismo hasta el agotamiento. Con ello el amor con certificado encuentra grandes dificultades.

Los Mitos se desnudan, y algunos prefieren un tercer intento estar unidos por amor e ir despacio reduciendo las cargas sociales del contrato. ¡Solos!

En suma, una manera más Líquida de interpretar la compañía del amado respetando sus espacios.

 

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Mitos: Superman

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by j re crivello

El mito de Superman es sabroso e inquieto. Nos habla de un origen extra-celular. Acostumbrados a trasladar y compartir nuestros genes durante siglos, los monos humanos, desearíamos construir nuestra civilización en un recorrido diferente al ovulo o al esperma. Más de un lector ¡maldecirá mi afirmación! Pero qué duda cabe, que esta época estamos obsesionados por retocar y dominar mediante la tecnología nuestras limitaciones genéticas, un paso paralelo es recrear grandes dinosaurios o mamuts pelados para experimentar las épocas pasadas –de las que somos grandes responsables de su cambio–. Pero Superman nos obliga a adivinar su doble personalidad, vive entre nosotros de manera torpe en Clark Kent –y dos– sus poderes intentan corregir las deviaciones de la lucha de clases, religiones, egos, ambiciones en suma, que dan fe de la compleja cultura en la que sobrevivimos.

¿Aparece Superman más seguido con la crisis capitalista? Es probable, los neoplatónicos de izquierda intentan dominar el microcosmos de nuestras agudas diferencias, con la imagen de una actitud vibrante frente a las tensiones de los mercados o de la derecha. Ansían con ello restaurar una Arcadia feliz en la cual el igualitarismo nos provee de un menor dolor. Pero Superman es de cirugía fina, interviene con el fin de restaurar la normalidad burguesa. No más robos, ni asesinatos, ni corrupción. Deberíamos convenir que no lucha contra violaciones de mujeres o asesinatos sociales. Es un policía masculino y acepta que las categorías de la maldad tienen unas prioridades.

Detrás del relato, además aparece un final de la raza humana al revés. Una parte de la antigua civilización de donde el proviene ha sufrido un colapso. Es una: ¿metáfora de nuestra desaparición?; o ¿un deseo de no estar solos en este inmenso palacio de materia incontrolada que nos puede destruir en cualquier momento? O… ¿una expresión de nuestro atraso tecnológico?

Muchas preguntas guarda debajo de su capa azul…

Mitos: De la rana que está en la charca y croa por las noches

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La serie de esta semana va sobre Mitos. Mañana: El mito de Superman -by j re

Es una certidumbre tradicional, la imaginamos allí noche tras noche cuidando que la vida siga su ritmo. Pero ella es animal, es instinto y su supervivencia no es humana. No está allí por un acuerdo, por una ley ni tan siquiera por que el sindicato de ranas le ha conseguido vacaciones y jubilación. Ella es la esencia de la vida, despareja, imprevisible, con alimento o sin el. Con actividades humanas que desconciertan la charca o con su doble humano la rana Gustavo. No hay tele en su medio, ni programas que hablan de amor en escenarios en Suecia, ni aburridos señores de Gran Hermano con pedorretas de maldad siguiendo el guion.

La rana es libre, algo de lo que los humanos presumimos pero a veces olvidamos al llegar a acuerdos que nos sofocan. Ponga Ud. en esta lista cual es el acuerdo al que ha llegado pero reventaría en mil pedazos.

Lista: ………………………………………………………………………………………….. op! op!

Ahora seamos ranas y liberemos nuestra parte sometida.

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Hospital de Urgencias: Berrondo y los sapos / Homenaje a Carlos Pradier

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Mi sentido homenaje a Carlos Pradier: Sicilia –j re Clasificación en los más vendidos de Amazon: n°1.337 Gratis en Tienda Kindle (Ver el Top 100 Gratis en Tienda Kindle) n.° 21 en Tienda Kindle > eBooks Kindle > Literatura y ficción > Cuentos

 

Monica Nigro  “No, el viejo Urgencias no existe más en la Santa Rosa. Está hecho a nuevo en otro lugar”.

Un correo se ha cruzado esta mañana antes de dar clase sobre Hume y Descartes. Diríamos para incluir a ambas situaciones que en ese Hospital donde llegaban todos los accidentados en los años 60, aprendí a inyectar en los sapos la orina de las embarazadas. Mi amigo Berrondo, un señor bajito, desigual, con mirada de oso de la estepa rusa me indicaba el ajetreo. La habitación estaba muy cerca donde trabajaban hasta 18 bioquímicos –entre ellos mi madre-; al salir del cole me paseaba por las tripas de un monstruo que daba o negaba la vida. Berrondo era uno más, de la colección de personajes carismáticos que poblaban esta sala de inyecciones, operaciones y candado frente a los virus. Otro era Azulay, y su hija Violeta Azulay, del cual le he inventado una historia en una novela que aun guardo en un cajón-, su padre, era inmenso, de carne de salmón y origen judío, su voz repetía una estrofa tan característica “hacer es deshacer”. Una frase que a mi corta edad siempre me dejaba al borde del acantilado; y  no podía faltar la secretaria digamos la señora M. Era espiritista, su máxima: “si tú piensas en ello lo obtendrás”. También bajita, llena de brillo, pero carente de atractivo sexual, al sentarse alrededor de una mesa de mármol alta donde hacían las extracciones pontificaba respecto al futuro y el devenir. Y en aquel recuerdo siempre aparecen los boxeadores, ese Hospital daba los permisos para practicar este deporte de manera profesional. Y allí desfilaban grandes niños de piel lisa, caras degolladas por la sed de triunfo, o simples árbitros de la patada que da la vida antes de elegir una profesión.

Con lo cual vuelvo a Hume, ¿o era Berrondo? quien nos dicen que elaboramos la moral a través de la simpatía, cada decisión es sumida en una coctelera de experiencias donde aprobamos o desaprobamos para construir una moral emotiva que reservamos en la memoria. Por ello, Berrondo y compañía regresan –año tras año, en un baile nostálgico donde los valores cuentan como si estuviera en un pasillo de sala de espera. De aquella relación intrépida y fascinante asistí a miles de preñados confirmados, mi acompañante de bata pulcra y sonrisa felina cada tarde al acabar su tarea y ver como hacía los deberes, se asomaba para despedirse. En esa conexión espiritual, la chispa nos unía.

Notas

“La comprensión ante cualquier otro hombre, de sus ideas, de sus ficciones o sus imágenes pueden tener un efecto inmediato sobre otro hombre, como si fueran impresiones suyas directas, vivaces inmediatas”. Esta capacidad de dejarse impresionar Hume lo llama simpatía y es “la condición básica de la existencia social”.

 

 

Sicilia & Carlos Pradier

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Sicilia Juan Re crivello  ©Diseño de portada: Carlos Pradier. De esta manera aparece este libro que publiqué con Carlos hace cuatro años, él ha fallecido ayer y en los próximos tres días reproduciré tres artículos del libro en su honor. También lo pondré en gratis en Amazon vaya pues este sentido homenaje: ¡Vamos Carlos!      -j re.

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El escritor de Dios -y 4

Baje tres escaleras, la túnica blanca de Dios se enredó en mi pie izquierdo y la sabana se rasgó. Mentiría si dijera que aquella situación de maldad no me produjo satisfacción. De su parte un ¡joder! Me puso en mi sitio. Las figuras celestiales están almidonadas y el fieltro que rellena caderas y hombros es parecido a la nube de azúcar que compramos en las ferias de pueblo. Diremos que aquella tarde tuve el día distraído y débil. Le acompañe a su modisto, le echaron nuevas medidas y de regreso la nube original –donde el da salmos y politiquería estaba deshecha, de aquel viento infernal que asola esta región en época de pecado. Le deje en la curva anterior a su casa, y en aquel largo y distraído paisaje algo se entrometía en mis dos piernas. ¿Una cola? Una larga y agujereada cola, de aquella que el diablo esgrime cuando nuestros saraos mentales nos llevan al pecado.

Inútil apartarle durante dos largas horas. Me bebí un jugo de cangrejo y puse sal en su punta. Nada le ahuyentó. Sobre las 8 una llamada en el teléfono rojo de mi despacho -me entretuvo.

–Dale marcha a tus deseos –dijo Dios

– ¡Huy! ¿Eso como lo hago?

–En mi caso, uso ron con cola durante horas. Al alba cede Y –colgó. Decidí pensar en aquella tarde en que un escritor presume de triunfo y solo ha escrito sobre infames recelos, náuticas mujeres, o pérfidos mariquitas que se esconden en lavabos de hombre. Y por eso le pagan y difaman. ¡Válgame Dios!

 

 

Y SE ROMPIÓ LA RUTINA by Silvia Salafranca

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Llevaba bastante tiempo mi vida desorganizada en algunos aspectos y en otros rutinario como las insistentes horas de un reloj siempre dispuestas para hacer el mismo recorrido.

Me miraba como cualquier día en el espejo sin darme mucho énfasis, lo que me quedaba era ir a mi puesto de trabajo como cajero reponedor en un supermercado y cada jornada se repetía un turno partido para de manera mecánica cumplir el horario.

Daba mi hora de salida, me cambiaba y me iba directo a mi casa, un pequeño apartamento de soltero, lo justo y necesario para un hombre que ya a mis 39 años no le pedía más a la vida. Abría mi correo y varias páginas de contactos y pasaba el resto de mis horas tratando de conocer alguna pretendiente con ganas de hacerme más entretenido el resto de horas.

Nuevamente me levantaba para la misma rutina. Martes a dos días de mi día libre pero con mucho más movimiento de lo habitual. Me encontraba en el almacén cuando escuché.

̶  José por favor acuda a su caja.

Dejando todo me fui directo, habían sacado varias ofertas al 50% y eso me estaba teniendo la mañana entera de la misma manera, pero entonces, todo cambió.

Hasta ese momento no me había fijado nunca en nada y mucho menos en nadie, las típicas anécdotas que te llevas a tu casa y poco más.

La cinta trasportadora de alimentos no paraba de avanzar, se cobraba a un cliente para comenzar con otro.

El habitual señor de 70 años se puso a rechinar los dientes.

̶  Señora tome el separador.

Entonces la vi, una mujer que por algún motivo había captado mi atención entre tantas personas cada día. Sin sentirse ofendida ni mucho menos fue poniendo los productos en aquella banda.

̶  Vamos chicos ayudar a mamá.

No lo dijo dos veces y comenzaron a poner todo hasta casi sacar el total del carro. Había observado su compra, más o menos para una semana, con buenos hábitos de comida, y una pequeña dosis golosa. Aquella mujer morena de ojos verdes tenía una sonrisa muy hermosa. Sin darme cuenta yo también tenía una sonrisa inevitable en la cara y más simpatía que nunca.

̶  Vaya dos ayudantes guapos que tienes. La dije sin poder evitar que se fuera sin más.

̶  La verdad es que no me puedo quejar – Respondió mirándome a los ojos con su bonita sonrisa atravesándome.

̶  Me los quedó aquí conmigo para que me ayuden.

̶  Oye seguro que no te dicen que no ¿verdad chicos? Les preguntaba a sus hijos mientras a la vez me pagaba. Se fueron sonrientes y mi turno en el día acabó con la diferencia de llegar a mi casa y ponerme de una vez a ordenar cada rincón de mi sencillo piso.

Así estuve varías semanas sabiendo que los viernes es cuando iba a comprar, siempre aparecía sola con sus hijos, y desde aquel día trataba de estar en mi puesto de cajero sobre las horas que solía venir, pude saber que gustos de colonia cogía, que bebían, y todo lo referente a su nevera.

Lo bueno que tiene mi trabajo es que puedes conocer a una persona en sus hábitos y gustos solo por lo que compra. Necesitaba saber más de ella y cada viernes había dejado caer las preguntas oportunas para poder saber un poco más.

Aquel viernes resultó ser muy especial como para tratar de dar un siguiente paso. Las cajas estaban como cada víspera de fin de semana colapsadas, pero ese día aquella mujer por la que mis semanas se hacían más cortas, prefirió pudiéndose poner en dos cajas casi vacías guardar fila y eligió la mía.

Era la siguiente para que la atendiera, fue poniendo con sus encantadores ayudantes todo en la banda. Yo tenía un pequeño detalle apartado para ellos y me armé de valor para tramar mi meditado plan.

̶  Veo que tus dos muchachos son ya unos expertos ayudantes, ¿tu marido y tu estaréis encantados con ellos?

̶  Bueno en mi caso estoy sola pero por eso son unos estupendos ayudantes.

̶  Disculpa entonces. Decía mientras que por dentro me llené de alegría.

Ella sonrió con picardía.  ̶ No te preocupes somos los nuevos formatos de familia que hay en este siglo.

̶  Bueno pues entonces tengo un premio de una promoción que la semana anterior hubo y creo que tus chicarrones no llegaron a ver. Le dije mientras que apartaba entre sus bolsas de la compra una mía que la dejaba para que pudieran meter en el carro.

̶  Uyssssss pero que suerte muchas gracias.

̶  Shhh que me quedo sin trabajo. Exclamé sonriendo mientras le guiñaba un ojo y cogía su tarjeta para cobrar su compra. Hasta ahora no me había percatado de ese pequeño detalle donde también puedes conocer a quien te diriges por el nombre de la tarjeta.

̶  Aquí tienes Rocío ¡feliz fin de semana!

̶  Muchas gracias Jose igualmente. Me decía sonriente y más bella que nunca.

Yo me la había jugado, tenía claro que merecía la pena. Mes y medio había tratado de conocer y averiguar todo sobre ella como para poder apostar por intentarlo.

Rocío llegó a su casa no muy alejada de aquel supermercado (donde Jose trabajaba) con un brillo especial en sus ojos. Mientras que sus hijos la ayudaban a ordenar la compra, no pudo obviar ir directa a la bolsa que llegaba de más. Dos kínder huevo, una bolsa de chuches y una caja de bombones donde se veía una pequeña notita que abrió con mucha ilusión.

“Buenas tardes, perdóname el atrevimiento gracias por alegrarme cada día que apareces por mi puesto de trabajo, me encantaría si no estás con nadie, tener la oportunidad de conocerte, besos Jose 679388554”

Rocío radiante como nunca, fue directa a su móvil y le mandó a Jose una respuesta:

Gracias por tu precioso detalle será un placer poder conocernos.

Jose esperó a que terminase su turno y entonces descubrió que desde el día que había visto a Rocío, su vida había cambiado, tanto, que tenía la oportunidad de pasar una vida entera con ella y sus dos hijos.

Desde aquel día ellos hablaban y se seguían enamorando cada día más, llegó el jueves que libraba Jose para poder quedar con ella.

Sabía a la perfección hasta el tipo de leche semidesnatada tomaba y claro está, acertó en su elección de restaurante. Los besos llegaron en el postre ese que acaba en un pequeño pisito bien apañado y organizado, con un hombre de 39 años, que se había mirado aquel día en el espejo poniendo mucho énfasis en conquistar el corazón de aquella clienta del supermercado.

 

Taller de Escritura FlemingLAB “Historias de amor”

Sicilia & Carlos Pradier

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Sicilia Juan Re crivello  ©Diseño de portada: Carlos Pradier

De esta manera aparece este libro que publiqué con Carlos hace cuatro años, él ha fallecido ayer y en los próximos días reproduciré tres artículos del libro en su honor. También lo pondré en gratis en Amazon vaya pues este sentido homenaje: ¡Vamos Carlos! -j re. Link a Sicilia en Amazon y gratis a partir de las 14 horas de España

El escritor de Dios -y 2

Mal comienzo fuera llueve y en la península de la nube en la que vivo se dan recortes. Es decir la tormenta reduce mi casa y descarga allí debajo. Y… tuve la feliz idea de visitar a Dios. Le encontré sin trabajo, abandonado a la lectura de un comic extraño y vil: El Llanero solitario. En esa aventura la relación entre el vaquero y su compañero indio parece un capricho del destino. Debo confesar que los hombres no cabalgamos juntos con otros masculinos, a lo sumo aparecemos en escenas de cerveza y partidos de futbol fabricados en la factoría de Hollywood. Pero esta relación con Dios, el poder y este italianizado escritor era como una novela, al verle, dije:

–Día espasmódico ¿no? Mi nube descarga encima de Barcelona y los turistas sacan sus tarjetas para comprar recuerdos, fiebres de diseño y algún que otro ruido lumbar que ellos le llaman sexo. El me miro, y señalando al vaquero y su compañía dijo:

–Estos dos me gustan porque hace 30 años en los colegios de curas pasaban sus aventuras después del rezo. Y me causa mucha risa ver matar con balas de plata luego de cantar el Angelus.

–Serian tiempos de sueños y abstinencia –dije

–En el Cielo siempre nos abstenemos, pero los comics de la tierra están saturados de golpes, canalladas y encuentros de serena elegancia.

–De ¿serena qué? –pregunte, por aquella expresión tan fabulosa para un escritor o un moralista pero tan alejada de la vida terrenal. El dejo al Llanero que flotara, y dijo: “el consumir atrevido, del poco tiempo de vida allí abajo, nos lleva hasta esa puerta doble, la del Cielo y el Infierno. Si practicaran la serena elegancia pasarían por esta sin ni siquiera hablar conmigo.

– ¿Y porque lo hacemos? -pregunte

El diablo, existe el diablo –contesto Un señor rabioso de ego, deseos envidia y saludable creatividad que nos aproxima a perder la elegancia. Estuve a punto de referir que no creía en ese tipo, ni le había visto, ni sabía si existía. El presencio mi desvelo, aunque bloquee mi pensamiento al estilo de los magos, para poder transferir los pensamientos del otro, fui lento y estaba en sus manos. Él dijo: “mira, allí está” Un señor de gabardina gris, cara de resfrío de verano, jersey de mangas y sin pantalón, de color rojo anaranjado nos miraba. En un gesto rápido e inocente levante la mano y le salude. Desde aquella distancia él sonrió e inflamando los ojos pudo crear un pastel gigante del que escapaban jovencitas. Dios se abstuvo de decir algo, yo solo pude referir: “¡Mierda!” y la nube del fenómeno estallo en un violento tifón.

Sicilia & Carlos Pradier

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Sicilia Juan Re crivello  ©Diseño de portada: Carlos Pradier

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Las grandes avenidas están solitarias

Llenas de personajes solitarios, perritos con bufanda, restos de caramelos de otras vidas, tabaco ya fumado e indecente –por ser droga y esnifarse por la boca. En suma calles inmensas donde el frío del alma conspira contra la alegría. Por ello son mejores las pequeñas calles o las tradicionales camas de jergón de sexo y cariño, o los suaves pedacitos de dulce que vende el chino de la esquina. Son espacios donde el alma averigua en sus cafés ¿Qué me angustia? O ¿seré bobo/a? O ¿me amará después de haberle llenado el buzón de e-mails diciendo que estoy solo y le deseo?

Nada amigos, calles estrechas y llenas de olor nauseabundo de la sopa de col que hace la vecina cuando el frío atenaza a Barcelona –o su ciudad en América o Islandia. Lugares donde amamos hasta la panadera salvaje y sedienta de noticias de divorcio o asesinatos en esta rara colmena que convertimos en negocio.

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