Buscar

Barcelona / j re crivello

Escritor y Editor

Etiqueta

Barcelona

¿Que tripa se te ha roto? -04

Saul Leiter fotógrafo

El cuchillo

by J. re crivello

Wert pulsó el timbre de la casa de Marta, había venido solo. Frente a sí, una unifamiliar de tonos grises con lo que imaginaba que escondería un jardincillo interior. Una voz femenina le abrió paso, atravesó un camino de guijarros, al lado, la monotonía del manto verde tan solo era rota por un rosal. Luego escuchó un «tac» y la puerta se abrió desde el interior, un comedor y al final una silueta delgada, de una mujer casi en los treinta y cinco, de cabello oscuro y tez fina y blanca. Serían las siete de la tarde, en Barcelona la ciudad mudaba la piel, los turistas se calzaban ropa de noche, los últimos japos adoraban la Sagrada Familia y Wert ya en retirada venía al núcleo del conflicto: dos cuchillos, dos cuchillos retumbaban en sus preocupaciones. La exótica mujer le ofreció asiento, un sofá amarillo chillón rompía la uniformidad de los grises de diseño. ¿Por qué había aceptado verla en su propio terreno? Tal vez así desvelar algo que le había pasado inadvertido: un detalle, un tic, una mueca de risa nerviosa. Pero delante se sentaba una mujer de piernas lisas y claras, una cadera de las antiguas, unos hombros cortados en seco y una sonrisa blanca y enigmática, además de unos labios pintados de rojo como las estrellas antiguas de Hollywood. Ese era el primer aviso, toda la atmósfera era de diseño pero el hielo lo cortaba la poseedora de las claves, tan caliente, tan dueña de sí misma pero con un sabor antiguo, clásico, aterradoramente clásico. Y preguntó mirándola a ella:

— ¿El cuchillo? ¿Es suyo?

—No hay otro —respondió mirándole con dos ojos azules parecidos a dos zafiros.

—El que Ud. nos entrega tiene restos de sangre del escritor y de otra persona, y el que nos entrega J. Re es igual, pero con sangre de él.  ¿Cómo explica que existan dos cuchillos?

—Solo hay uno. El otro es una infamia de quien no sé porque razón intenta implicarme en un caso raro.

—Explíqueme nuevamente lo que ocurrió. Marta detalla que el accidente fue tonto, bromeaban, él se desequilibró, se le vino encima al estar bebido y se enterró la daga en un segundo. Al desmayarse el pánico la empujó a quitárselo, dejó una toalla tapando el agujero y salió corriendo a llamar a su amiga A. Fer  y a la policía.

—Ud. ha llamado a la Policía unos minutos después que a su amiga.

—Es lógico —respondió Marta— con los nervios, al regresar vi que no estaba el escritor en la cocina y dudé. ¿A quién llamar si no había accidente? ¿Le diría a la policía que un amigo se había cortado levemente y que yo tenía el cuchillo y no sabía dónde estaba él?

—Lógico, dijo Wert. Y repasó mentalmente, tenemos un herido, dos cuchillos con sangre y una señora muy lista. El caso está cerrado y preguntó: ¿Cuál es su relación con el escritor?

—Nada, solo acepte que subiera a mi casa ese día. Le invite a una copa y ocurrió el infeliz desenlace.

— ¿Y si el escritor presenta una denuncia por herida con arma blanca?

—No lo hará.

— ¿Cómo lo sabe? Marta se puso de pie y caminó como si pensara en esa opción pero estuviera muy segura de la reacción del otro. Luego marcó con un lápiz en una hoja una respuesta y al inclinarse muy cerca de Wert percibió un halo envolvente y arrebatador. Algo seguía haciendo «crack» en su cabeza. Abrió el papel y leyó:

«Lo sé».

Aquella respuesta le iluminó. Quien estuvo allí esa noche estaba en el círculo íntimo de Marta. Se puso de pie y caminando al azar vio una foto encima de un mueble de varios jóvenes y preguntó si podía quedársela, ella asintió, y puso detrás «nombre de la banda de los seis» y le solicitó a Marta que detallara en un papel sus nombres, sus teléfonos y direcciones de correo electrónico. Wert se despidió. Al salir envió un WhatsApp al escritor:

#Hemos presentado denuncia por heridas leves en casa de Marta Foss, pase a firmar mañana#

Un mensaje de J. Re apareció en la pantalla.

#Ok#

Wert caminó lentamente por el Paseo Sant Juan. Otra vez lloviznaba. La ciudad estaba cálidamente oscura. Un viento movía las hojas de los plataneros hacia la montaña. En los laterales del paseo un grupo de porreros, calaban y calaban. ¡Qué asco! —dijo.

Di un paso

La serie es café y ventanas

Una actividad de descanso realizada por email en el marco del Taller de Escritura j re crivello puede generar un hilo de creación, publico el ejemplo hasta ayer a la tarde.. ¿Te atreves a seguirla?

Participan por orden de aparición: j re crivello, Estrella Rodriguez, Conchi Ruiz, Fabiana Laffitte, Awilda Castillo, Mel Gómez, Scarlet C., Miguel Corso.

Aquella madrugada una fría llovizna pegaba en la puerta. Dentro la luz a las tres de la madrugada permitía ver una mujer de espaladas que manejaba frenéticamente una plancha y la deslizaba sobre fotos de los años sesenta. Pude detenerme unos segundos en la calle, mi viejo paraguas me protegía. ¿Qué hacer? Golpeaba en su puerta y le daba conversación o seguía mi camino. Di un paso.

J re crivello

Me acerqué un poco más a la ventana amparado en las sombras de la noche. Observé a la mujer atentamente, se dio la vuelta para coger otra foto de un cesto que había encima de una mesa al lado de la tabla de planchar. Parecía tener alrededor de cuarenta años y las lágrimas anegaban su pálido rostro. El dolor se reflejaba en sus ojos y el repetitivo pasar de la plancha por encima de la foto evidenciaba un gran nerviosismo. Sentí como una punzada en el pecho y sin pensarlo, llamé a la puerta.
Por la ventana pude ver como daba un respingo, parecía asustada: ¿quién llamaba a esas intempestivas horas?, —debió pensar:
-¿Quién llama?
-No me conoce pero la he visto tan triste que no he podido evitar interesarme por lo que le pasa.
-¡Váyase! no necesito su compasión.
-No tenga miedo, no entraré en su casa. Quizá le vendría bien hablar con alguien.

Estrella Rodriguez     

Era una noche oscura sin luce ni sombras, un intenso olor a papel quemado me hizo pararme ante una ventana vieja rodeada de paredes agrietadas. Pasé mis manos por los cristales huérfanos de vida y luz. De espaldas una mujer, su melena  una cascada de nudos viejos y sus ojos al mirarlos sentí como si los míos cayeran en un pozo sin fondo. Trozos de papel rodeaban sus viejos zapatos,  unas tijeras más viejas aún los rodeaban. Sentí frío hasta en el alma y corrí.

Conchi Ruiz

-¿Pero quién cree ser? No sé si me enfada más su atrevimiento que el recuerdo de estos rufianes.

-Disculpe si la he invadido, sentí que tal vez hablar podría darle algún respiro. Pero, no se preocupe, ya me retiro,  —dije y al girar para marcharme, de un golpe abrió la ventana e intentando aferrarse a mi brazo, en un tono suplicante y casi con voz de niña, dijo:

-Por favor, no se vaya, por favor, ya se han marchado todos. No lo haga Ud. también. Por favor, quédese.

Su fragilidad me conmovió. La imagen de la escultura de Camille Claudel, La edad madura, que acaba de ver en el Museo Rodin surgió en mi mente. No ofrecí resistencia alguna. Ella corrió sus cabellos despeinados, buscando emprolijarlos, y al ver de cerca sus ojos, un escalofrío tan fuerte surcó mi espalda que debí bajar la vista para esconder mis propias lágrimas. Esta vez, no era compasión lo que sentía sino miedo, un profundo miedo comenzaba a congelarme.

Fabiana Laffitte

Y… (j re crivello)

Siento que la puerta se cierra tras de mí y el miedo recorrerme la espalda a través de una gota de sudor helado. Pienso como repetidas veces lo he hecho antes: ¿porque no seguí de largo? Que afán el mío de meterme donde no me han llamado, pero ni modo ya estoy aquí, frente a esta mujer que llora quizás por su desgracia, y lloro yo también ahora, por la mía.

-¿Que le ocurre? Digo mientras ella continúa aferrada a mi brazo, es como si ya no pudiera nunca más, desprenderme de ella.

Su rostro está desencajado, y ahora más de cerca veo humear la pieza sobre la cual dejó la plancha al venir en pos de mí y abrir su puerta.

Awilda Castillo

A pesar del dolor insoportable, no dejaba de pensar en aquella mujer. ¿Qué habría pasado con ella? La dejé tirada en el suelo y si me estado era tan deplorable, no quería imaginarme el suyo, si es que había sobrevivido al siniestro. Trataba de dormir y me era imposible. La enfermera entró en la habitación y puso algo en el suero.

—Es para que pueda descansar —dijo.

Solo pude asentir con la cabeza. No me era posible abrir la boca. En cuanto la mujer se fue, comencé a sentirme mareado, adormilado. No sé si estaba dormido o despierto, pero la puerta volvió a abrirse. La figura de aquella mujer se acercaba a mí, tenía la piel derretida como la cera y sus ojos, eran unas cuencas vacías a las que no podía dejar de mirar.

Mel Gómez

En sus ojos navegaba tanta tristeza que aterraba, esa que de tanto persistir, carcome las pupilas dejándoles la espesura de una catarata. Quise advertirle sobre la plancha que dejó mientras el vestido se chamuscaba pero justo antes de hablar, ella se desplomó y comenzó a convulsionar, el rostro se le fue poniendo azulado, le desabroché la blusa, le presioné el pecho pero nada, desesperada, tomé el móvil para llamar a urgencias explicándoles la situación, me indicaron que intentara auxiliarla pero cuando volteé,  la señora se había esfumado a medida que las llamaradas invadían el recinto y la puerta trabada impedía mi salida. El humo comenzó a aturdirme y con el último vestigio de fortaleza, lancé una silla a ver si conseguía romper la ventana pero nada.

Desperté en cuidados intensivos ¡El dolor era desgarrador! Las quemaduras en el sesenta por ciento del cuerpo, hacía de mí, una escafandra de horrorosos lamentos.

Scarlet C

La morfina suministrada paliaban el dolor infernal de las pústulas de mi piel quemada, mi cuerpo un amasijo abierto de horror y condena al tener que estar inmóvil en una cama, lleno de vendas. Por momentos inconsciente por los calmantes y  por un coma inducido para q mi propia existencia no sea mortífera y así regenerar mis partes muertas… Ensoñaciones, delirios, interrogantes secuestraban mi conciencia.

Recordé que mi placa estaba guardada en la americana y que la pistola la llevaba encima cuando me rescato urgencias y allí estaba mi sargento en pie mirándome desde la entrada.

Miguel Corso

Foster, mi sargento. Regordete, de labios gruesos y mirada ágil y un bigote que alisaba después de fumar un Marlboro. Tosió, carraspeo, estaba incómodo y dijo:

¿Dónde estaba Ud. cuando comenzó todo?

J re crivello

MasticadoresdeLetras incorpora nuevos colaboradores

MasticadoresdeLetras incorpora nuevos colaboradores, ¡hemos llegado a 25 escritores! Distintos estilos, sensibilidades y los tres espacios culturales de los que presumimos: Latinoámerica, EEUU hispano y Masticadores España. Un proyecto construido sobre la calidad y brindarnos a los lectores. Nuestros jefes y únicos escuchas de la tarea de comunicar. Seguimos abiertos a nuevas incorporaciones… (fleminglabwork@gmail.com te esperamos)

Y estamos orgullosos de nuestros dos últimos proyectos: el Club de Lectura por Messenger con 100 seguidores y nuestra estrella: El canal de cultura por Telegram con ¡29 suscriptores!

Amigos ¡animaros! Defended una cultura abierta, simpática y sin complejos. Esta semana en el Club presentaremos en exclusiva cada día Recetas y cuentos (abriremos el libro para vosotros), 15 escritores que nos explican sus recetas y cuentos preferidos en Delicius (1132 en cocina en amazon)

J re crivello

Fundador de Masticadores

Les presento… y no puedo incluir sus talentos y C Vitae, pero son excelentes

Arturo Nogues Escritor  Blog Lo irremediable

Jean Carlos Sánchez Cacay, Docente de Lengua y Literatura
Capacitador de Dominio Lingüístico Capacitador Pedagógico Blog  El Búnker

Andrés Julián Badillo Camargo Poeta Blog La mecánica celeste

Marcelo Osorio escritor-Poeta Blog Poetas Nuevos

Rafael López Vilas Blog Elloboestaaqui

Las redes, los fake news: Debate Nicholas Carr & J re crivello

Nicholas Carr (Estados Unidos, 1959) ya en el año 2003 criticó en un polémico artículo la evolución de las Tecnologías de la Información y J re crivello (España, 1954) a través de artículos sobre la Inteligencia Artificial y la evolución de los robots, nos plantea el futuro tan desconcertante que se avecina. Hemos reunido en un Debate a ambos a partir de preguntas surgidas en la entrevista de Retina de El País por Jorge G. Garcia a Nicholas Carr.

¿Por qué piensa que las redes sociales ejercen un papel tan pernicioso para la sociedad?

Nicholas Carr: ¿Acaso hay alguien todavía que no critique a Facebook y al resto de redes? Hemos perdido nuestra inocencia con respecto al reino digital. Nos hemos desilusionado. No creo que nadie, salvo acosadores o sádicos emocionales, obtenga demasiado placer de una red social si es que alguna vez la obtuvieron. Nos inscribimos a ciegas en sus servicios y ahora estamos habituados a ellos. Dependemos de ellos. Los tejimos en la trama de la sociedad, pero usamos las redes como un alivio de los rigores de la comunicación y el pensamiento. Como una forma de evadir nuestra mente.

J. re crivello: Las redes ahora se auto-replican, antes estaban en la época artesanal y tu vecino era tu vecino, ahora tu vecino es un monstruo tecnológico que sabe de ti, y te manipula. La I. Artificial ocupa cada vez más espacio emocional. Te avisa, te instruye, te recuerda que debes crear contenidos. Si no eres un creador de nimiedades no eres socialmente nadie. Surgen los minutos muertos, aquellos en que la red es ocupada por videos, obscenidades o perritos saludando. El miedo a la soledad inspira nuestra dependencia de la Inteligencia Artificial que nos invita a participar como forma de manipulación.

¿Existe alguna posibilidad de revertir esta situación para que las redes sociales no parezcan un sitio tan vacío como describes?

Nicholas Carr: ¿Alguien se siente satisfecho, intelectual o socialmente, cuando las usa? No lo creo. La mayoría de gente siente ansiedad y vacío. Es importante recordar que las redes sociales, como Facebook y Twitter, se diseñaron para conversaciones informales, como charlas amistosas, ligar o intercambiar rápidamente mensajes. Nada que ver ni con la seriedad ni con conversaciones sutiles. Y, sin embargo, gracias a una combinación de pereza personal y manipulación empresarial, las hemos llegado a utilizar cada vez más para hablar en público y el debate político.

j. re crivello: No hay forma de cambiar esto. Vamos hacia un mundo donde estaremos conectado a varios cerebros que competirán entre sí y los humanos seremos indios agrupados en reservas al estilo de la serie WestWorld. La auto-replicación, ahora asediando a los humanos, mañana a los electrodomésticos es tan lesiva que nos estamos lentamente sincronizando. ¿Sincronizando?

“Las redes amplían esta caja de angustia, o de sorpresa. Pero no entendemos que lo que vendrá es más potente aún: el internet de las cosas y el internet oscuro. Con el internet de las cosas nuestros aparatos estarán enchufados a un cerebro que les dirigirá convirtiendo su ausencia física en presencia física. Estarán merodeando nuestra privacidad” (j re crivello, Link a artículo a Mundiario). Seremos un punto en una sopa caliente, en un magma de bits que intentaran crear colonias y secuestrarnos. Cuando afirmo que pueden secuestrarnos, estamos diciendo que perderemos la libertad de opinión.

¿Cuáles son las consecuencias de que dominen el debate público?

Nicholas Carr: Las redes han engendrado superficialidad y polarización. También han fomentado la propaganda y el auge de las llamadas fake news. Creo que esto último es una de las mayores tragedias de las redes sociales. Las usamos para unas formas de comunicación completamente inadecuadas.

J. re crivello: Las fake news son un ejemplo de lo que vendrá. Son intolerantes, agresivas, mienten, crean mundos construidos para que los humanos disfruten de contenidos construidos sobre idealizaciones del gusto. La polarización ya existía en la sociedad, no lo inventan las redes, la Edad Media es un cruel ejemplo de la polarización, pero las redes aumentan esta superficialidad agresiva que gobernantes de izquierda quieren frenar con el delito del odio. Pero, detrás están cerebros electrónicos que construyen una red, un archipiélago de News. A veces queremos enfrentarnos a estos cambios con mentalidad de siglo XX.

99.300 A un paso de…


Hola Amigos, barcelona -mi blog- está a un paso de atravesar la mitica cifra de 100.000 visitas. Hace años atravecé otro hito, fué en 2014 con retratodelinfierno
Gracias! j re crivello

Decía en 2014 en aquel blog…
21/01/14
medio millón de visitas!
Link al blog

Retratodelinfierno es mi blog más antiguo, reside solo en el espacio y asume que no quedan piruetas en la vida. Hoy ha atravesado las 500.000 visitas. Ha perdido el miedo, como la sonda Rosetta, quien avanza a 900 millones de kilómetros camino del espacio. Este blog ya se defiende a sí mismo.
Bienvenido a este festejo de uno de los contenedores de ideas más antiguos de la blogosfera (¿se dice así?)
¡Medio millón! Y ya no lo actualizo

Escribir en un bar

“El Terry´s caffe en South Dakota, donde escribía postales para mis amigos de Minnesota. Querido Phil, estoy en South Dakota, en dirección a Nueva México. Estamos a finales de julio.” Natalie Goldberg pág. 147, el gozo de escribir.

A veces las rutas nos llevan por espacios que parece estuvieran esperándonos, los escritores (y los humanos en general) tenemos bares donde nuestra identidad se asoma. Allí tan solo bebemos un café o escribimos, o tal vez creamos las próximas aventuras. La fina escritora Natalie Goldberg lo tenía en una larga ruta donde algunos han desaparecido, no así el Costa Coffe shop de Owatonna, en mi caso hay dos: el Zurich de Barcelona sitio donde pasé mi época hippie y como lagarto me estiraba bajo el sol y ahora es visitado por cientos de turistas que se hacen fotos y el Plantaciones en Vilanova. Al Plantaciones ahora lo han remodelado y se llama wurtz pero los vecinos de la Ramblas le siguen teniendo en su itinerario al decir: vaya hasta la esquina del plantaciones y luego gire a la derecha.

Dicho esto, estas iglesias de la vida nos permiten crear un mundo de intuiciones, rivalidades y traiciones. A veces la colonia de amigos de más edad pareciera convencernos que es posible otra vida. Pero allí, en su interior tramamos muchos asesinatos. Dice la Goldberg al respecto:

“Escribir en un café puede servir para mejorar la concentración […] Es un poco como distraer a un niño pequeño con bromas […] mientras le introducimos una cucharada de manzana rallada”.  Nadie duda que esta autora era fanática de escribir en esos templos, en mi caso es el espacio de describir, allí concentro las energías que me llevarán a un siguiente momento donde me zambulliré en las traiciones de la vida: señores peinados con poca agua y disgustados, señoras que llevan el perrito entre sus senos, jóvenes que ríen e intuyen lo que vendrá, camareros ociosos (los bares de Buenos Aires aun los mantienen), tipos maniatados en la parte baja que les impide descubrir si la vida es sexo o represión, mujeres talentosas que dentro el volcán atrapa muchos fracasos. Y la larga lista escaparía a nuestras observaciones. Por ello escribir es previamente observar y degustar.

Ayer dos alumnos de 11 años que escriben (y ellos no saben que soy escritor) uno de ellos me comentaba:

“Sabes Juan, en estos tres días he escrito un libro de 20 páginas”. No pude menos que pensar: ¿habrá visitado algún café?

Nota

Café Zurich Link artículo

Frankenstein ha nacido en Barcelona


Elsa Lanchester as The Bride of Frankenstein a American horror film the first sequel to Frankenstein (1931).

Ajetreado está el día, ha amanecido lloviendo. Es una de aquellas jornadas en que Barcelona esta mojada y sus turistas van camino del pedernal de los museos, donde habitan seres atrapados en su recuerdo. Por ello hemos decidido visitar uno, si nos acompaña…

Está en el corazón de la maquinaria del turismo, en una nave abandonada muy cerca de la Plaza del Pi. Al abrir sus puertas, sucesivamente llegamos hasta una amplia nave de cartón piedra. En el centro si Ud. levanta la mirada, a una altura de 60 metros, vera un agujero redondo y alto. Por allí se cuelan las palomas de esta venerada ciudad. Al dirigirnos hacia el catafalco central, podemos ver donde trajeron al mundo a Frankenstein. ¡Sí!. Aunque le parezca extraño no fue en un castillo abandonado de Silesia, sino en pleno centro de la Ciudad de los Prodigios. Pero sería mejor que habláramos del Mito del fortachón que tenía un cerebro débil.

Poder crear vida es un laberinto, los primeros en lograrlo son los escritores. Se levanta Ud. temprano o se bebe una jarra de sangría la tarde anterior, y al día siguiente está listo para la tarea. O bien le desprecian, o insultan y puede escribir. Las criaturas que salen de estos señores están trucadas. Son seres que les conducen hasta inexplicables laberintos. Deberíamos confesar que multitud de veces, los escritores desean apartarse de esa momentánea perdida de locura. En ello nos parecemos a Victor, el padre de Frankenstein, debemos tratar con la madeja de crear con orgullo una inexplicable pirueta de personalidades, algunas altivas, otras ajenas, o egoístas, o maltratadas por la sociedad, como es el caso que nos ocupa.

La vida artificial

Pero la molécula de vida artificial nos remite al tótem de nacer desde una aplicación. Los informáticos están en esa onda. Crearan diferentes mundos virtuales que se relanzan sucesivamente ante el contacto cálido de un ser humano. Pero la vida virtual avanza con reglas que replican nuevas modas.

De lo cual Frankenstein estaba a la espera de ser un sujeto que expresaba su soledad. Era un incomprendido. Los mundos creados por un genio o una locura arrebatan a cualquier lector, o al navegante virtual o al humanoide que dimos vida en una nave del centro de Barcelona. Nadie lo ha dicho, pero millones de turistas pasean alrededor de este antiguo museo. Nadie conoce esta nave abandonada bajo cierre -del Ayuntamiento. Es el pasado de una ciudad fea. Ahora el presente es una nueva imaginación, febril, rápida, inconstante. Millones de individuos suben y se desplazan emulando al sueño de Frankenstein. Así es el turismo. Sueño, creación, disfrute hasta que la luz se apaga.

En los ejemplos citados, la superficialidad es el núcleo del deseo. Franki (en su mito), o el turista medio recorren a la búsqueda de la satisfacción efímera. La ciudad fea se esconde y repliega. Entre ambos una galaxia llena de imaginación sigue procreando.

En mayo publicaremos en Fleming Editorial

FlemingEd!-5

Es un placer para mí anunciar que en mayo Fleming Editorial publicará a cinco escritores que hacen de una parte de sus vidas un foco de creación:

Miguel Ángel Carrera, Mil vidas vividas –poesía- (Venezuela)

Silvia Salafranca, Relatos de una Youtuber (España)

Olga Nuñez Miret, I love your cupcakes (España)

Antonio Caro Escobar, La taberna del Búho (España)

Roberto Lenin, The Jazz –relatos- (Chile)

Vittorio Acquaroli, Sombra mínima –poesía- (Italia) Colección Píndaro dirigida por Gocho Versolari

Con ello cumplimos nuestros objetivos de reducir al mínimo los tiempos para editar una obra, ser respetuosos con la obra del autor y poner al alcance de los lectores obras de autores desconocidos del gran público e impulsar nuevos talentos. Con ello también disponemos de un nuevo estilo: somos digitales, pero no olvidamos el olor a papel y dentro de poco incorporaremos libros cocidos y hechos a mano como a principios de siglo.

Agradezco la confianza de los primeros autores en este proyecto, José Ángel Ordiz, con Violencias, Frank Spoiler con La Sangre Oscura; Julián Fernández Cruz, con La Hija Secreta de Lluis Companys; Francisco J. Martín con La Economía del Futuro; Mel Gómez con El árbol de los panties blancos.

Me siento satisfecho y lo comparto con todos

J re crivello

 

¿Quieres publicar? Eniame un e mail: fleminglabwork@gmail.com

El corazón dormido: Lucas Boy y el entierro de Luis F. —12

fe639d3dd80254ecb6884a681fe4f94c

El cementerio lo inauguraron en julio, un calor horrible se abatía sobre esa parte del macizo. Estaban invitados las autoridades y un coctel en la parte delantera del Hotel fue lo más correcto, primero pensaron en hacerlo a la salida del camposanto pero desistieron. Si acertaron con una ceremonia religiosa frente a las tumbas. Los allí enterrados, todos piratas, ninguno era católico, y Luis F, el ultimo Varela en llegar tampoco presumía de querer rezar. Con lo cual el cura oficio una misa corta donde se soltó sobre historias de los navegantes y la fuerza de la vida que se despacha por los mares y regresa cargada de joyas, renuncias y traiciones que se deben expiar. Nadie dijo nada. A lo sumo el suave cinismo de Lucas Boy mostraba una sonrisa entre el encanto masculino o el emprendedor que está en la cima de su éxito. WeBe asistió vestida con una blusa rosa salmón y una falta estrecha y corta que dejaría hasta sin aliento al propio cura, un hombre conocido en la zona de alrededor de 30 años y que impregnaba a su alrededor de una atmosfera de párroco metrosexual. La cita fue para Caro Vespasiano una manera de atender a tanta garganta deseosa de vicio como le gustaba decir. Una vez que acabo la misa los parroquianos se espaciaron por las tumbas para ver aquellas fechas tan antiguas y sus garabatos que aparte del RIP incluían una suerte de pequeñas frases. Caro tomo nota en una libretita el nombre de tres piratas:

Porter  Varelay y su frase grabada en el mármol: Judas llenó el mar de riqueza

Robert Varela y su frase: He vivido y muerto atado a una mujer

Joan Varela y su frase: El sudario de Jesús está enterrado en esta tumba

Nadie se atrevió a mirar si esta última frase era cierta. Abrir su tumba y luego lo que quedara de aquella caja e intentar si quedaba algo dentro. ¡Estaba prohibido!… por Lucas Boy y Caro quien por superstición no amaba mover a los muertos y la seguía a pie juntillas.

Luis F ocupaba el centro en un espacio libre; le habían hecho una lápida de mármol de las canteras del macizo y su frase llamaba mucho la atención. El cajón estaba en la parte baja ya apoyado en la tierra de la tumba. Ese día el cementerio fue un éxito, al público le sorprendía ver aquellos piratas que se distinguían por sus complejas experiencias y sus míticas opiniones condensadas en sus tumbas. Todos, mejor o peor deseaban saber más sobre aquel pasado, pero el poco material existente eran cartas antiguas de navegación y retazos de sus opiniones que Caro había colocado en una urna especial a la entrada del Hotel. Para WeBe, una de ellas siempre llamaba su atención y decía en un castellano antiguo:

“El mar arrasara con sus muertes a los vivos que esperan resarcirse de los odios acumulados, solo es posible comprender el mal si al visitarte, te anuncia que posees una ventaja. Y ese es el momento de cumplir tus propios deseos y correr”.

Era como ¡una lámpara de Aladino! Había comentado en su momento Lucas Boy. Para Caro ese anuncio iba más allá del presente y abría una unión entre aquellos y nosotros. El mal, quien nos visita siempre. Pero esa carta poseía una explicación personal escrita por Luis F, en carboncillo, con las letras redondas y estirándose hacia atrás, que dejaría en la montaña de papeles antes de morirse y era menos sutil, más alegre:

“¡Carajo! En esta forma de explicar sus historias se ve que la vida te da una oportunidad y si te equivocas, la guadaña de la muerte te lleva rápida y veloz”  ¡Viva el Che! Luis F.

En esas formas de ver la vida se escondía… una etapa de aquellos pasados, donde el corazón dormido se ejercitaba en favores o enmiendas que soltaría  el futuro. Ni la cárcel, ni las vueltas entre esa trilogía Luis F, Lucas Boy y WeBe podía ser alterada, por ello Caro amenazaba con amarla a ella pero intuía que le dejaría, que le mataría de amor o de sexo. Así y todo en la fiesta se le acercó y dijo muy cerca en su oído.

“Esta noche”. WeBe sonrió mostrándole sus labios y pasar suavemente la lengua de dentro a afuera y decir con voz muy suave:

—¿Quieres fornicar? Caro se quedó pasmado. Esa puta palabra le abría el corazón en dos pero le agradaba que ella le anunciara que podía ser un partenaire.

—Si –respondió. A las 12 esta noche, en la Calle del Pecado. Otra vez esa calle, debía pasar por allí y beber algo para ser un amante, quiso cambiar, hizo un gesto, pero ella no acepto, tal vez hasta sería delante de Lucas Boy para recordarle que el hambre de su amigo le consolaba. El cielo se nublo, y casi sin viento, un aguacero descargo sobre los invitados. Todos corrieron en dirección al hotel. Solo se mantuvieron de pie como clavados WeBe y Lucas Boy. Un rayo dio contra el muro hacia el final del cementerio. El agua inundo el foso abierto y el cajón de Luis F. apareció y floto como en una danza macabra alrededor de las tumbas siguiendo la salida del cementerio mientras el riachuelo formado le arrastraba. Lucas Boy miro a WeBe una sonrisa intima de complicidad les unió. El agua les llegaba al comienzo de las pantorrillas. Ella se acercó hasta el patinando y se cogió de su mano. La risa era ya una carcajada que estallaba más allá de su complicidad, al ver que el cajón flotaba y seguía bajando en dirección del hotel, atravesarlo por un lateral y encallar en una enorme piedra al borde de un precipicio. Ella se arremango la falda y le beso suave en su boca. Lucas Boy respondió levantándola y arrastrándose en el barrizal para apoyarle en el muro  y desvestirse apresurado. WeBe dijo:

—¡Ahora sí! Lucas Boy moderado y con su doble matiz —exclamó:

—Si! ¡Si! El aguacero reventó entre las nubes dejando caer cientos de litros sin más, que arrastraron todo en derredor.

El corazón dormido: IL MORTO QUI PARLA –11

54342b34ec6cdd9d042a38c510fbf9ef

–Trasladaremos el cuerpo de Luis F., se cumplen 10 años de su muerte y lo mejor es situarle en el pequeño cementerio cerca del Hotel Espíritu –dijo Lucas Boy

–A los muertos es mejor dejarlos en paz. Para Caro Vespasiano el hotel ya era un éxito, y el pequeño Camposanto que estaba rodeado de unas paredes altas, hechas con piedra de la zona, con una reja gruesa, y ocho lapidas en el suelo, guardaba los cuerpos de antiguos corsarios –según decían– de la familia Varela.

–Lo adecentaremos, y pondremos un pequeño sendero para que los clientes del hotel le puedan visitar. ¡Será todo un éxito! Lucas Boy no había escuchado sus argumentos. Caro insistió: «¿Por qué narices vas a meter a Luis F. entre un grupo de piratas?»

–Pues tan fácil como que él era… un Varela. La cara de asombro de Caro pareció romper todas sus defensas, tan solo dijo: «¡Y… tendremos que pedir permisos!»

–No hará falta, conozco a uno que me debe un favor y retirara los huesos del Cementerio de Montjuich para enviármelos en un jarrón grande comprado en un bazar chino. Vendrá cerrado y por DHL. Cuando Lucas Boy tomaba una decisión vulneraba todos los acuerdos con la moral. Caro –dijo:

–¿DHL? Y al tipo de la furgoneta… me lo imagino yendo hasta el cementerio y tú esperándole en la puerta.

–¡Como lo sabes! –exclamó Lucas Boy con una leve sonrisa. Se imaginaba el conductor servir el paquete y el vestido con una capa negra para dar la sensación de una película de Hollywood. No temas –agrego– le recibiré con una nevera de camping y dos cervezas para distraerle de la pregunta principal: ¿Ud. vive aquí?

–Si WeBe se entera, dijo Caro. Tan solo de imaginar que ella descubría el pastel tendrían ambos que emigrar.

–No lo sabrá, ni por mí, ni por ti. Esta última frase la acentuó con su mirada gélida. Aquella observación puso a Caro bajo la sospecha ¿Qué sabia de la relación entre ambos?  ¿Y con We Be? Aunque intuía que el estropicio del traslado de los huesos acabaría mal. Los huesos de su ex llegando en DHL. ¡La trifulca será descomunal! Lucas Boy percibió las dudas de su amigo y dijo, a su manera, con cierta frialdad, letal, sin dar espacios para el pacto.

–Luis F. vendrá alegre y vil como siempre. Luego afirmo al referirse al muerto: ¡No era un santo!, y… en su nuevo sitio descansará al lado de su familia. Será como si completáramos…  la nave pirata. La broma no gusto a Caro –y preguntó

–¿Le compraras una lápida?

–Ya la he encargado. Pone lo mismo que en Montjuich, solo le he agregado “turbio, santo y amigo”. Luego invitaremos a WeBe a la tumba. También prepararemos un folleto de publicidad que pondrá: “visite el cementerio pirata de los Varela del Macizo”.

–Me imagino –dijo Caro con un desagrado indisimulado.

–Así –respondió Lucas Boy –para agregar–. Esas tumbas son del 1700 ¡que narices! Sin nosotros… ya se habría perdido su recuerdo.

–¿Y los turistas irán? –preguntó Caro

–Los turistas y los nacionales. He investigado esta zaga de piratas, fueron los más fuertes de la zona y nadie sabe dónde están sus tumbas. Es el único cementerio pirata de España y en el resto de Europa solo hay dos. Nadie lo sabrá hasta que nosotros digamos a la prensa del nuevo aliciente del Hotel Espirito.

–¿Y si nos trae mala suerte?

–Los muertos no traen mala suerte. ¡Están muertos! –exclamó. Haremos que los Autocares se queden en la explanada del hotel y los turistas suban a pie hasta ese pequeño espacio desde donde se ve todo el mar.

–Desde luego que la vista ¡es magnífica! –cerro la charla Caro Vespasiano.

 

###

Lucas Boy llego al hotel cerca de las 8. Prefirió ir hasta la habitación de       WeBe, era su día libre, y esperaba darle la noticia del cementerio, pero le quitaría importancia. Golpeo en la puerta. Nadie contestaba, e insistió hasta oír un grito: «¡ven más tarde!». El siguió con sus nudillos dando en la puerta de manera suave. Un sonido del pestillo le permitió entrar. Estaba todo revuelto, abrió la ventana y el sol inundo el cuarto. Ella llevaba un camisón de seda, muy corto que cubría la pelvis sin dejar ni un centímetro de reserva. Su cabello despeinado le recordaba a las matronas italianas. WeBe se sentó en una silla pequeña y puso un cojín entre ambas piernas dejando que sus pantorrillas sobresalieran.

–Qué quieres ¡joder! –dijo Ella. Lucas Boy dudaba y pregunto: « ¿Te acostaste tarde ayer?»

—¿Te importa? —fue la pregunta de ella.

–Bueno, al ver tu cara… un poco

–¡Tu  no mirabas mi cara!

–¿Y qué imaginas que miro? –dijo Lucas Boy sonriendo.

–Mis pechos. Seca, cortante y llena de pólvora Ella conocía su atractivo. Lucas Boy se retiró hasta la ventana. WeBE insistió a su espalada:  «¿O no?  Él se giró para mirarle de reojo, mientras We Be se mordía una uña y la liberaba de su pintura. Lucas Boy dedujo que aquello no le llevaba a ningún sitio. Ella al mirarle dijo:

– ¿Y?

– ¿Quieres desayunar? ¡Qué idiota!, una vez más le invitaba a un sitio público. Pero la respuesta fue destornillante.

–Me visto y te acompaño. Ya que me has despertado… para mirarme los pechos y luego disimular con el rollo del café. Lucas Boy sonrió y dijo: «te espero en el bar de la esquina». Intentaba evitar la sesión de desnudo y cambio de ropa que vendría, pero ella no espero, el camisón fue al suelo y rápida escogía su ropa interior. Lucas Boy se resignó, mientras observaba un cuerpo compensado, de tez rosada, nalgas redondas y unos pezones que le metían en la categoría del mirón. Para tantos años en la cárcel tenía un buen tipo.

–¿Cuál es tu nota? –pregunto We Be.

–8. Ella se giró y sonrió.

 

Al llegar al bar, Lucas Boy se pidió un café y un pequeño bocadillo, para WeBe un café con leche y una pasta. Al mirarle, hoy parecía tener los ojos grises y se la veía inquieta. Boy dando un rodeo comenzó a explicar su proyecto del cementerio:

–He pensado en trasladar a Luis F. desde Montjuich hasta un pequeño cementerio que está cerca del Hotel en el macizo. Solo hay 10 lapidas, lo limpiaremos y le dejaremos en una nueva tumba. Ella le miro, buscaba algo detrás de aquella historia, pero su desconfianza fue cediendo. Se le ocurrió preguntar:

–¿Está lejos del Espíritu?

–No, a tan solo un kilómetro, en la ladera que da al mar, por la parte derecha.

–¿Dónde están aquellos muros antiguos? «Si»

–Es un buen sitio. Lucas Boy no se atrevió a decir que estaría en el recorrido turístico, ni que le acompañarían sus parientes corsarios, solo los menciono de pasada: «Algunos de los allí enterrados son parientes de Luis F.; el día antes de fallecer fuimos a visitarle y me pidió que le dejara con los Varela.

–¿Él era un Varela? —Pregunto WeBe como dando a entender que conocía algo de aquella historia. «Si» -respondió Boy.

–No me parece una mala idea. Mientras ella le rodeaba con una mirada cargada de desconfianza, Lucas Boy permanecía impenetrable. ¿Me puedes llevar hasta allí?

–Cuando este todo limpio y hayamos trasladado los restos. Tampoco menciono que vendrían por DHL. Ella sentía que algo le decía ¡insiste!, pero cambio de tema.

–¿A Caro Vespasiano le conoces desde hace mucho?

–Desde pequeño –respondió Lucas Boy

–¿Estuvo casado? ¿Es viudo? O… Lucas Boy rápido y sin dejarse sorprender por el terreno que WeBe comenzaba a recorrer si darle aparentemente importancia –dijo:

–¿Qué quieres saber?

–Nada. Una respuesta que Lucas intuía venia cargada de intensas posibilidades y por ello agregó:

–Conozco casi todo de él, menos esos diez años que hemos estado separados. En su interior, dudo si decirlo o no, pero menciono con fuerza: siempre que estamos juntos intentamos regresar al corazón dormido –y luego cambiando, agrego– Su mujer está en un Psiquiátrico.

–¿A qué te refieres con regresar al…

–Tú te fuiste a la cárcel; Caro se casó; Luis F murió hace diez años; yo me separé de Vivian R; Ron Carey se hizo millonario y Mar Pérez apareció de nuevo.

–¿Y tú? Ella al preguntar, se sintió molesta que todos aparecieran y el obviara su vida, tan solo de pasada mencionaba su fracaso con Vivian y esa tal Pérez. Su cuerpo estaba adelantado y muy cerca. Podía oler la colonia francesa de Lucas Boy, intuir su crema solar, su suave circulo alrededor del cuello cortado con maquinilla de peluquero de Sitges.

–En mi caso… instale el Hotel. Para mí El Corazón Dormido fue una apuesta difícil –dijo Lucas Boy. Ella vio el momento de soltar lastre y dejo escapar algo que guardaba dentro desde hace diez años.

–Cuándo falleció Luis F y yo entre en la cárcel, según mis cálculos ¿compraste este hotel y la Masía donde está el Espíritu?

–Si

–¿De dónde sacaste tanto dinero?

–Me lo presto un amigo –respondió Lucas Boy–. No podía revelar que era un ahorro fruto de la venta de droga en sociedad con Luis F.

–¿Ya se lo has devuelto?

–Sí. Lucas Boy comenzaba a estar incómodo. WeBe se acercaba aún más y su respiración le invadía. Una cierta inquietud mezcla de sensaciones, olores y atracción sexual iba y venía entre ambos. WeBe –insistió:

–Yo me chupe diez años y tú tuviste la suerte del amigo. Aquella frase sonaba a profunda desconfianza, a reclamo, a un cierto reproche de: ¡porque desapareciste! El sin dudar exclamó:

–Tú, te quedaste en la droga. Tú te encerraste en esa cárcel llena de lesbianas. Tu… iba a seguir, su dureza raspaba y WeBe reacciono. Se puso de pie –y dijo furiosa–.

–Vete a la mierda –y se marchó.

 

El Corazón dormido: Luis F (-4 días) -09

c05c6ad115cc63258539a6f8fbb95a32

Hace diez años

Luis F abrió una caja, de su interior, extrajo un título de propiedad, ponía F G Varela. De esta manera había acabado el día anterior, luego WeBe había llegado e inundado con sus artimañas las horas de la tarde, pero eran las 8, Barcelona despertaba y luego de lavarse y preparar un café con cuatro galletas duras de un fino grano de chocolate que le recomendaba su médico, estaba dispuesto a abrir una lata de aluminio de aquellas que se usaban para poner dentro el dulce de membrillo. En su lateral se leía hecha en España, y la marca Santa Teresa, como buen goloso esa caja escondía un antiguo recetario, pero lo aparto y fue hasta un grupo de papeles atados por una cinta de color marrón. Dentro varios documentos, uno de ellos, muy antiguo que Luis F separo y estiro en la mesa, era una ordenanza del rey de 1805 que promovía el oficio de corsario, leyó en voz baja “he tenido por conveniente usar de igual arbitrio, promoviendo y fomentando el Corso particular en todos los mares, y auxiliando á todos y á qualesquiera Individuos que se hallen establecidos en mis Dominios, para que puedan hacerlo baxo aquellas leyes que autorizan el Derecho”. Luego se saltó varios artículos y releyó otro que le parecía interesante: “el Vasallo mio que quisiere armar en Corso contra enemigos de mi Corona, ha de recurrir al Comandante militar de Marina de la Provincia donde pretendiere armar, para obtener permiso con Patente formal que le habilite á este fin, explicando en la instancia la clase de embarcacion que tuviere destinada, su porte, armas, pertrechos y gente de dotación”(1).

El largo documento precedía a otro más pequeño que habilitaba a F G Varela para corsario. Luis F respiró e hizo un descanso, deseaba ir hasta aquella lapida antes de morir y ver a su antiguo familiar en su original emplazamiento. Para él, las vueltas de la vida hacían que corriera en su interior sangre de pirata. En su ventana, desde donde veía cada mañana las dos casas más visitadas por los turistas de Barcelona, ellos no intuían una perla oculta, un antiguo corsario que soñaba con recorrer las últimas horas. Busco su móvil y llamo a Lucas Boy, a esa hora su colega dormía plácidamente y escucho:

— ¡Que!

— ¿Has comprado esa casa en el macizo?

—Si

— ¿Me llevaras hoy?

— ¡No me fastidies! La voz ronca de Luis F insistió y su amigo volvió a la carga

—Pero si te meto en el coche, te vas a fatigar

—Quiero ver esa tumba.

— ¿Cuál?

—La de Varela. La que está en esa masia.

— ¿Y ahora que mosca te ha picado? Luis F no respondió, ya estaba sentado mirando una segunda reliquia, una carta escrita con letra menuda de Varela. Iba dirigida a una señora de buen ver que recibía todas sus pertenencias, era una especie de testamento y a través de una hermana llego a sus manos. Era solo una descripción de sus viajes y trifulcas, casi al final, le atrajo un garabato que llevo hasta la ventana y observo a trasluz, decía: “me enterrarán en esta colina donde el macizo se detiene y el corazón dormido nos consuela”, tal vez era la primera descripción de la casa y aquel espacio donde se instaló el cementerio y donde dejaron a algunos de los Varela.

Lucas Boy llego al mediodía, le ayudo a vestirse, con un sombrero panameño que le daba una apariencia espectral, sus 40 kilos de peso no ayudaban. En media hora estaban allí. Pero llegar al cementerio, aquello suponía subir un suave repecho, para ello Lucas Boy le sentó en una silla de ruedas con un techo de lona que había fabricado de manera artesanal. El corazón dormido despertó en Luis F una honda sensación. Parecía plegarse a una generación de los Varela, a esa suave brisa que venia del mar y remaba en las viñas. Le dejo frente a la lápida un buen rato, para Lucas Boy esa veneración no era calculada, sino más bien la adjudicaba al mal estado de su amigo y la medicación que le generaba fantasías raras. Pero, Luis F al girarse y mirarle dijo:

—Este tipo es mi abuelo. Era corsario y recorría este litoral hasta más allá de Cádiz. Les robaba a los moros que faenaban muy cerca de estos reinos. Mira allí –dijo señalando la lápida- acércate y pon más cuidado, en la base. Lucas Boy corto la hierba y además de la fecha, aparecía una frase reseca pero escrita en negro: “la mirada escapa desde esta tumba”. Para su amigo aquello sonaba a brujería, impresionado se apartó esparciendo la hierba que aún quedaba en sus manos y exclamó:

–¡Menuda frase! Seguro que nos fulmina aquí mismo. Luis F no escucho, se había dormitado. Espero una hora sentado junto a él y volvió a contar las tumbas: eran siete.

Por la tarde Lucas Boy dejo a su amigo en su casa. Luis F estaba demacrado y llamo al médico. Pero aguanto aquella noche en un silloncito frente a la ventana. No aceptaba irse a la cama, con voz temblorosa solo hablaba del tal Varela y su corte de corsarios, de sus naves, de la carga de pólvora que recibían, del tabaco robado, o de los tesoros que había en la tumba que acababa de visitar. Lucas Boy reía de tanta fascinación aventurera que había desatado aquella visita, pero al recoger la lata de membrillo pudo ver aquellos documentos y conecto el pasado con su amigo y murmuro varias veces la frase, como si rezara un padrenuestro: “la mirada escapa desde esta tumba”.

Notas

Para el mas pronto apresto de los tales Armamentos, es mi voluntad, que si los Armadores y Corsarios pidieren artillería, armas, pólvora y otras municiones, por no hallarlas en otros parages, se les franqueen de mis Arsenales y Almacenes á costo y costas, con tal que no hagan falta para los baxeles de mi Armada, y que si no pudieren pagar al contado, se les conceda un plazo de seis meses para satisfacer su importe”

 

El corazón dormido: Con cara de pocos amigos -08

352233340836aeae68e250434e7f9a4a

— ¿Que te apetece?

—El cielo.

¡Que maravilla amigos! Dialogo en este capítulo -j re

WeBe recibió un mensaje en su móvil, ponía: ¿puedo verte?, la solicitud breve y concisa venia de Caro Vespasiano. Tuvo dudas, lo ocurrido entre ellos hace unos días no suponía una nueva relación, cuando se disponía a  contestar, Lucas Boy llamo a su móvil. Del otro lado pudo oír: «¿qué haces esta noche?». Dos consultas que le llevaban a un mismo destino. Con cuidado respondió a la de voz. «Estoy ocupada» y se despidió. A la segunda escribió un mensaje, sin que aquello produjera un efecto mayor: «¿Dónde quedamos?» y la respuesta de su wasaps fue: “la Calle del Pecado”. Era miércoles. Ella hubiera preferido a Lucas Boy, pero decidía jugar con dos tipos a la vez. Como en las películas de contenido adulto no dejaba sobrentendido que con Lucas una aproximación demasiado rápida le llevaría a una salida de aquel proyecto, al mantenerle hambriento y azuzándole con Caro garantizaba su interés. Pero, ¿cómo era Lucas Boy? En el juego de alianzas siempre aparecía disponible, aunque un lado oscuro le refugiaba en la noche. O, los tenues matices que intuía, sin proponérselo, los había estado buscando –desde hace días– en una antigua carta de Luis F: relativa a su amigo. Estas misivas de su ex estaban cargadas de curvas y circunloquios y desde que falleció seguía mandando en su vida emocional. ¿Qué hacer? Si la rompía su pasado quedaría hecho trizas y nada le ataría, si la volvía a releer despertaría claves inútiles o tal vez algún nuevo camino. Ayer –por la tarde– en un diario digital, había leído que las células madre continúan con vida aun en el muerto durante 17 días más. El ciclo de la vida era para WeBe una delicada ánfora que partía una y otra vez con sus angustias y sus dobles verdades. Decidió leer y también recorrer el capítulo de Caro Vespasiano bajo otra mirada, a diferencia de las células, el texto no estaba en letargo. En la carta Luis F. decía:

Chiquita mía:

 Todo es dulce a altas horas de la madrugada, ni siquiera derribando todos los falsos espacios encuentro una respuesta. Si llegas hasta ese último, descubres que NO HAY NADA. Esta mañana hable largo con Lucas Boy, y apareció en su interior una arista irreconocible ¡Ten cuidado! El posee el don de abandonar a los que le rodean un segundo antes de caer por el precipicio. Hace un momento, he girado la sabana y te he cubierto pues hacía frío, antes de salir te he dejado el Cacaolat fuera para que no estuviera tan frío. Esta mañana voy a casa de Ricky a cobrar un trabajillo. Recuerda EL HILO ESTA SUELTO DEBES UNIRLO PARA EXPLICAR LA COMEDIA ¡Viva el Che! Luis F.

WeBe estaba de nuevo sin argumento, las cartas, complicadas y llenas de misterio apuntaban a un desacuerdo con Lucas Boy, ¿Qué pondrían aquellas que él tenía en su poder? ¿Cómo acceder a ellas? ¿Sabría Caro Vespasiano de su existencia? A veces en esa forma de hablar de su ex amado también sentía algún que otro tropiezo mental, si le rodeaba de aquel sentimiento ¿porque le había abandonado? «Películas» –dijo y guardo aquella misiva en un cajoncito cercano.

Caro Vespasiano miro su wassapp, la respuesta le unía a la noche. Un territorio para él difícil de manejar. Pero esa tipa de estructura sólida y que se agarraba como un liquen a la tierra le avisaba que era posible una noche más. Le iría concediendo nueva morfina –pensó. Le podría ver siempre que Lucas Boy no descubriera que se veía con quien le unía a su amigo muerto. Y en aquella madeja gigantesca, solo recuperaba para sí aplazamientos y poder asistir a una cita con una mujer extraordinaria, que como definiría en palabras de su amigo «esa es la primera sensación de los tipos para con ella, pero luego conoces su lado más humano y ves a alguien que quiere refundarse» Y, su diagnóstico se había cumplido.

 

 

 

02:00

«¿Porque la gente queda tan tarde para verse?» –se preguntó. La Calle del Pecado estaba en su mejor momento. Decidió sentarse en una terraza de un bar diferente, Caro Vespasiano había descubierto que es este sitio todo lo que servían era ecológico. Los licores estaban hechos a mano, y hasta la hamburguesa de soja parecía saber a carne. Su dueño, un alemán era un tipo genial y los tres mojitos que había bebido le chispeaban cuando se plantó en su mesa una señora de ojos grises ¡los llevaba grises esta noche! Pudo besarla, es más deseo fundirla en dos segundos, y descubrió que el torrente de sensaciones carnales le abría un espacio que hacía años no sentía. «Hola» –dijo ella.

— ¿Cómo estás? –respondió Caro. Ella le miro y desconcertada al ver una mirada romántica, rio de buena gana y le toco suave en la mano. Caro Vespasiano, con un pasado inútil y lleno de insoportables acuerdos erróneos, se dijo a sí mismo: «aguanta estos primeros minutos luego cederá su máscara y aparecerá la verdadera WeBe». Y ella siguió insoportable en la risa hasta que el pregunto:

— ¿Que te apetece?

—El cielo

—¡Eso está difícil!, pero una bruma al lado del mar… quizás si   –respondió Caro.

—No, solo busco aquello que me haga vibrar –respondió WeBe

—¿Y si no lo tengo?

—Te iras a la mierda

—Ya lo sé –respondió Caro y agrego: desde que te vi, sé que contigo juego partidos… aplazados.

—Si te esmeras puedes pasar de fase.

—Y… ¿no habrá sequia? –pregunto Caro

—Mi corazón ahora está abierto –dijo ella mirándole desde aquellos ojos grises preparados para la caza, pero tal vez con una frase cursi y fuera de los tiempos; aunque le gustaba esa relajada manera de hacer de novia antigua.

—Mentira, ¡mientes con alegría! –dijo Caro. Ella rio con una carcajada de estruendo y dijo:

—Vale. Digamos que yo te escucho y tú me prometes el cielo.

—Y, ¿eso donde esta? Caro veía irremediablemente que aquella partida se escapaba y pudo confesar su impotencia para conquistar ese espacio deseado, al decirse: «intentare encontrar esa sensación que… en tantos años ni siquiera he rasgado»

—Quien no conoce, quizás no conocerá –dijo ella, previendo que una apertura mental no es suficiente para saltar a otra fase. Él, viendo lo que intuía, dijo:

—Me lo pones difícil.

—Acercarse a mí, es un salto –y bebió de la copa de Caro. «¿Qué es esta mierda?» -exclamó WeBe. Su cara de rechazo ante el líquido le llevo a dejar la copa.

—Caipiriña ecológica –dijo Caro.

—Ven te llevare a un sitio, en el que te saltaran los sesos –y se marcharon a un bar en la misma calle, que ponía música que se metía en las tripas.

 

04:04

Caro Vespasiano regreso al Corazón Dormido en su coche, por la carreterilla estrecha, aun podía recordar la mano de WeBe en su piel. Ni siquiera un beso, pero llevaba un medio compromiso para ir de bolos a Barcelona.

04:08

Para WeBe la noche había dejado un contacto con alguien que mostraba aristas de enamorado y una cierta conciencia positiva. ¿Pero para que servía esa mierda en los días que vivíamos?, aunque… el aroma de su colonia dominaba el Spiritou. Sin proponérselo participaba en una madeja tejida con suaves y delicados trazos a los que ella no estaba acostumbrada. ¡Síguele la pista! –se dijo, luego se quitó la blusa y dejo caer el pantalón. Las nalgas pronunciadas se metían en unas piernas sugerentes. Era su atractivo, además de esos raros y deseados ojos de color gris.

 

Frank Spoiler tampoco aparece en Tele 5, edita en Fleming

51wyjbxqm4l-_sx331_bo1204203200_

Los poemas crecen en el alma de los escritores, se juntan en los estados más íntimos de ellos y los lectores. Agradecemos a Frank confiar en nosotros su poemario.

En Fleming ED! Atraemos historias de escritores que viven en lugares recónditos (en su caso él del otro lado de Barcelona, en mi caso de este lado) y ¡no nos hemos visto! Jugamos al despiste, él cuenta versos e historias allí, nosotros le editamos aquí.

¡Bienvenido Frank!

Nos alegramos que no estés en Tele 5.  – J re crivello

Link a su poemario, por si quieres comprarlo . También en Tapa Blanda

 

 

El corazón dormido: UNA VISITA NOCTURNA –06

a4ec750e6c6eb5e6e60818a794c33d44

by j re crivello

Sería la madrugada, Lucas Boy metido en su moto recorría la parte final del macizo, en esa zona, un cruce de caminos dejaba ver la entrada de la finca de Mar Pérez. Luego un kilómetro de plataneros a ambos lados, frondosos, llenos de vida dejaban ver una casa sencilla que aparecía en el fondo, sola, blanca y a la espera del visitante ocasional. Del otro lado de Villalobos, por otra carretera, a casi 2 kilómetros en línea recta pero detrás de una gran montaña  permitía ver aquella envidiable situación, como un valle preparado para recibir a su futuro hijo. En su cabeza aun repetía esa frase larga de confesión que Mar había recitado como una plegaria de domingo ante la marcha de su madre: «aunque vivíamos separadas, a la mañana y a la noche recibía sus llamadas y siempre con la misma letanía: ¿has pensado en casarte? ¿En tener hijos? ¿En lo estúpida que estás sola y viviendo de tu egoísmo? Y siempre… esa continúa protesta que corroía mi calidad de mujer». Se apeó de la moto, el reloj digital marcaba las dos, la noche era cálida, no se oía nada, podía pensar y cortar la brisa de su vida, yendo hacia atrás y hacia el presente con fluidez. Golpeo con los nudillos en una ventana donde ella dormía, le respondieron: «voy». Luego una luz del porche dejo ver su cara y un camisón fino, corto, inexplicablemente salvaje y teñido de verdes. Le dio un beso, su corazón latía acelerado. Lucas Boy había recuperado el hambre después de tantas noches buscando en la soledad. Mar hizo un té, en la cocina charlaron un buen rato. Que tú estás aquí; que aquello es una estupidez; que mi sostén está olvidado; que mis piernas son curvas y tu tórax es liviano y ágil; que mi madre decía, que ya no quedan pálidos; que todo es rojo o lleno de violentos ocres; que en el jardín en el largo camino de plátanos ha nacido una buganvilla perezosa; que si me besas te prometo dejarte sentado allí castigado por tu deseo. Quizás una gran atracción les envolvía y les enamoraba. La noche reducía a cenizas toda la envidia humana, y les dejaba jóvenes y vitales. Él la levanto entre sus brazos, Mar se dejó llevar y con su dedo índice lo arrastro por su tórax, describió círculos, lo mojo en sus labios, regreso a su vello para repasar carreteras de fantasía. La cama estrecha y antigua prosperó de tanto calor. Sus piernas se abrieron, su cadera se torció hasta empujar dentro. Algún grito, alguna fe. Alguna risa perversa, alguna cara boba ante tanta fuerza de las dos pelvis que golpeaban sin cesar. Ese punto de azúcar disuelto, donde los amantes reproducen hasta ser derramado. Luego ella exclamo: ¡ahora puedo!

 

10:10 del domingo

Mar Pérez preparo el desayuno y abrió las ventanas, fuera el macizo vivía y latía desde hacía horas. Le despertó. Le trajo a Lucas Boy hasta la cocina y le sirvió cual amante que desea salir de su madriguera y decir que es feliz.

–Hace un buen día  -dijo Lucas Boy

–He pensado –dijo ella, que me ayudes a limpiar aquella hilera de vides.

–Pero yo… no entiendo

–Yo te explico. Ahora hay que descargarlas de tanta hoja para permitir que nazca con fuerza la uva.

– ¿Viene buena cosecha?

– ¡Excelente!

– ¿Y eso como lo sabes? –pregunto Lucas Boy

–Es algo que se nota en el aire. Con mi padre recorríamos esta zona –cuando el tenia viña– y me explicaba los secretos de estas plantas. Le miró, sus piernas flacas y llenas de genio sobresalían por encima de una silla antigua y destartalada. Siempre quise –continuo Mar- regresar al punto de partida. Mi padre siempre me hablaba del corazón dormido. Del espíritu. Lucas Boy escucho esa palabra por segunda vez, ya lo había sentido en el hotel que intentaba montar del otro lado de la montaña con su amigo. Y esta forma de ver el regreso a la vida tranquila, o a los sueños abandonados y proscritos para jugar en historias diferentes a las personales le hizo pensar respecto a si mismo. ¿Tenía el un corazón dormido? Quizás sí, un hijo que no tuvo, o ese desenfreno, esa angustia que se apodera de su alma en las noches y no puede descifrar hasta que la madrugada pierde paso y le mete en el trabajo. Ante lo cual verbalizo algo así como:

–El corazón… dormido. Ella –su Mar-, le entendió y solicita, paso una mano por la cabellera, y le entretuvo frente a la ventana que mostraba el comienzo de la larga hilera de plátanos.

 

Luis F. (hace diez años)

(-2 días)

 

Estaba de pie en el balcón, serian cerca de las siete de la mañana, desde ese espacio se veía Paseo de Gracia. Aún no había mucha actividad, los turistas incomodos hacían cola para entrar en las dos casas de moda en el itinerario de Barcelona. Luis F. se las sabía de memoria, la casa Batlló con su sombrero de gala y abundante histrionismo de Gaudí y sus balcones llenos de fiebre y, su pareja la casa Ametller, creada para este rico chocolatero que ansiaba un jardín urbano, con sus remates escalonados que declinan cual tableta de rico sabor. A veces no sabía con cuál de ellas quedarse, en ambas el genio y las alegorías del espíritu burgués barcelonés le unían a esa ciudad hundida en el encanto. Una llamada en su móvil -de Lucas Boy- le quito del ensimismamiento, hacia fresco y atendió en el interior de su piso:

–He estado en casa de R y le entregado el kilo de merca. Pero he salido de allí a risotada limpia. ¿Sabías que este tipo tiene dos doncellas mulatas que le abanican como si fuera un harem decadente? Luis F. declino contestar, conocía al personaje en cuestión desde hacía 30 años, era un industrial que solía respirar los fines de semana con sus locas aventuras; le recordaba a Engels –el amigo de Marx- rico industrial que le financiaba y hacia la revolución, aunque era una analogía desesperada, pero los industriales tenían esa pasta de ver los negocios y concebir los cambios.

– ¿Estás ahí? –pregunto Lucas Boy

–Sí, el coctel de pastillas me hace ser más lento en las respuestas –dijo Luis F. Pero Lucas Boy aporto algo de su visita, al comentar que el tal R, además le recibió con un deshabillé bordado en oro y desde su refugio no paraba de insultar a los cabrones socialistas que le quieren dejar sin un chavo. «Este pavo lo quiere todo para él» –agrego su amigo. Para Luis F. esa era una gran definición del orgullo humano, recordó que en los mejores momentos este R, hacia traer faisanes desde una granja en Aragón, que los alimentaban con cereales escogidos y al servir las viandas tenía un particular latiguillo: «esta mierda es mejor que tu droga». Un imbécil –pensó. De la cantidad de paisanos que corretean por el mundo, algunos poseen el dinero para demostrar que la vida es una sucesión de vanidad. Y dijo:

–A ese le vendría bien que un día de estos le volaran la tapa de los sesos

–Pero nos quedaríamos sin cliente –respondió Lucas Boy  –y agrego: «iré donde tú sabes para dejar 2 pájaros más». «OK» –respondió Luis F. Luego se sentó delante de las cartas que preparaba y abrió para releer la carta número 9, decía:

«Amabilísimo colega, el entusiasmo es un alimento necesario pero si te dejas llevar por el acabas dominado por una fiebre rara de sensualidad que siempre desea más. Más coches, más crema, más movimientos de cintura y más ganancias de dólares que alimentan tus obsesiones. Si puedes parar al lado de un rio y estar sentado un buen rato observaras su corriente, lánguida e igual. LA NATURALEZA DE LA QUE NOS HEMOS SEPARADO ES MAS AUSTERA». Cogió un carboncillo de tono azul y la firmó con un: Luis F (-2 días), luego se estiro en un sofá mientras observaba la chistera de la casa Batlló, fina y delicada, en ella Gaudí hace una ola, sucesiva, alegre y se durmió

A las dos horas, le despertó otra llamada de Lucas Boy:

–He dejado los dos pájaros. La pajarería está en una esquina y dentro juegan cartas como si fuera un club social de jubilados. Pero me hicieron entrar y me llevaron hasta un saloncito que da a un patio. Esta sociedad ¡esta corrupta! Un tipo vestido de marinero ¡si de marinero!, contaba billetes tan arrugados que los alisaba con el antebrazo en un movimiento, como te diría: «así, así». Luego me miro por encima de sus gafas y me hizo sentarme en una silla tapizada en…

– ¡Abrevia joder! –dijo Luis F

–Le deje los pájaros y me entrego el dinero que acababa de alisar atado con cinta de carrocero. ¡Esto no es dignidad! Mezclar la cinta con los hermosos billetes –dijo Lucas Boy con ironía- y para terminar agrego: dejare la pasta en el retrete del edificio que hemos comprado en Sitges. Nos han hecho una obra genial, levantas la tapa y puedes desmontar la taza de wáter para acceder a un descansillo de un metro cuadrado. ¡Ya casi está lleno! Luis F volvió a dejar el móvil en la mesa para preparar un coctel de su medicina. En la cocina recordó a We Be, hacía dos días que no la veía y su ausencia le escocia. Su animalidad le llevaba a escaparse de tanto en tanto para experimentar nuevas historias, al regresar parecía incluir en sus relatos la fauna que poblaba la cabeza de Gaudí. Se escuchó la puerta, ¿será ella? Con los ojos irritados y un peinado revuelto, le dio un beso. Solo dijo:

–La mierda está cada vez más adulterada dijo We Be. Luis F. rio de buena gana.

Fleming Editorial: Colección de Novela Negra dirigida por Mel Gómez

Fleming Ed! crime

En FlemingEd! Editorial presentamos la colección de Novela Negra / Barcelona dirigida por Mel Gómez que irá agregando títulos editados y producidos por nuestros autores. Bienvenida pues está nueva iniciativa

En los próximos días presentaremos otras colecciones dirigidas por otros escritores.

Pulse el  Link para ver la selección de los primeros seis libros.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: