Buscar

Barcelona / j re crivello

Escritor y Editor

Etiqueta

Death of eternity

Death of Eternity: V. V. Virchenko

Death ofEternity-1
Libro disponible en junio para que Ud. pueda ponerlo para sujetar el vaso con su dentadura postiza por las noches -j re

A la suegra de V. V Virchenko -muchos años antes de instalarse en Barcelona, su marido le obligo a realizar un curso en la Nomenklatura local. Al evento lo organizaba el Partido Comunista controlado por la mafia del Este de Siberia, el primer día y sucesivos, le llevaron a una encantadora salita con las fotos de Marx, Lenin y Stalin. Serian unas veinte personas, la mayoría trabajadores distinguidos de las fábricas de la comarca, al que luego regalaban vales para el supermercado de los funcionarios. A ella, además le entregaron un vale para asistir una semana a un balneario de Crimea. El curso lo daba un profesor llegado de Moscú del Instituto para combatir los desvíos de la Literatura y el Arte ruso. María pudo escuchar infinidad de historias que le parecían aburridas pero al final obtuvo una conclusión: “la base económica determina la superestructura de una sociedad. Y su ideología es quien manda en su época” –y repetiría aquello a quien quisiera oírle. Ante lo cual, al ver el territorio dominado por el contrabando, María concluyo que la forma de pensar de su gente era de una ciudad sin ley. Pero ¿Cómo le diría a su amado marido que debían marcharse?

Grigori era un destacado comerciante de la zona, tenía buena relaciones con la mafia local, y sabia pagar puntualmente su protección, pero su posición era cada vez más difícil. El fin de la utopía socialista le había llevado a demasiados cambios y por ello acepto que la ley –aunque  aún pervivían las leyes socialistascomenzó a considerar que seguir sin ellas era demasiado peligroso. Antes –en la época de la URSS, el jefe del partido informaba lo que quería Moscú y todos se alegraban de la Patria Socialista, pero ahora la fuerza del coloso Chino hacia que la ruta de los contrabandistas creciera y con ello los pleitos se resolvieran en el rigor del asesinato. Su mujer, su adorada María le había hablado por primera vez de España hacia tres años y en su despacho tenía una fotografía de Barcelona. Desde que decidieran marchar, les había sido imposible vender sus propiedades y esa noche por fin tendría la entrevista con I. Sajastan, un repudiado cabeza negra de la mafia que suponía seria sensible a un acuerdo de gestión de sus intereses. “¡Era imposible vender!” –pensaba Grigori. La Nomenklatura se apoderaba de todo, pero mantenía aun en esta zona la ficción de que la propiedad no debía ser traspasada de uno a otro, solo aceptaban un alquiler, con ello las grandes fortunas del contrabando encontraban propiedades a precios ridículos. La reunión era a las siete, por ello abandono su reflexión y se vistió para ver a Sajastan. Llego al Ayuntamiento cerca de la hora convenida, el frio siberiano marcaba veinte bajo cero. Le hicieron pasar a un salón donde los tres retratos de Marx, Lenin, Stalin le miraban como focas de un circo de aquellos que actúan en las zonas cálidas de Rusia. Solo una mesa y dos sillas. En aquella inmensidad, de salón estilo estalinista, se veía ¡tan pequeño! Se abrió la puerta y un hombre con cara de oso pudo saludarle desde el fondo –a casi ¡veinte metros suyo! Se dirigió hasta la mesa y le indico se aproximara. Como se hacía en estas tierras, se dieron un abrazo y tres besos que rubricaron el comienzo de la negociación. Al sentarse, en Sajastan pudo observar sus ojos quebrados de vodka y aquel dijo:

—Grigori Stepanov tengo en mis manos el informe del profesor venido de Moscú sobre su mujer. María Ristock ha obtenido un diez de promedio y ha participado con un trabajo sobre  la base económica  y como su influencia actúa en nuestra sociedad; y  le extendió un pergamino. Y por ello –continuo-, hemos aceptado que Ud. y su mujer se trasladen a Barcelona una temporada para aprender nuevas técnicas. El Partido ha aceptado –continuó Sajastan, ceder a mi nombre la gestión de sus propiedades por la que pagare un alquiler de mutuo acuerdo. Como Ud. sabe no se puede ni vender ni comprar su titularidad, al ser un estado socialista y estar abolida la propiedad privada. En su caso –continuo-, la excepción viene desde hace 50 años cuando su padre participo en la guerra y ayudo a socializar esta región. Si está de acuerdo, le ruego firme aquí. Grigori con una letra ordenada y firme dio tres trazos redondos y puso un punto debajo de la V de Stepanov; luego I. Sajastan le dio una copia del original con un sello inmenso que ponía PCUS; lo siguiente fue con sus manos huesudas y recias, abrir el cajón y sacar una botella de vodka y dos vasos. Se lo bebieron y Sajastan pregunto:

— ¿Piensa regresar de Barcelona? Grigori midió su respuesta y dijo: “todos los veranos, el médico me ha recomendado pasar los inviernos allí que son más suaves”

—El lunes haremos el traspaso, le visitara un señor, de nombre Mijostan que se ocupara de todo –dijo Sajastan. Grigori le dio el abrazo y los tres besos de rigor. Al salir por un largo pasillo que le llevaba a la puerta del Ayuntamiento, seis ojos le escrutaban desde un lateral. Las imágenes de Marx, Lenin y Stalin se despedían, pudo avanzar hasta entrar en aquella noche gélida que bañaba la calle de nieve y viento. Y luego su corazón se disparó.

Nota

Grigori Stepanov firmaba con un punto debajo de la V cuando sus documentos eran forzados por la mafia local. Su amada María Ristock se marchó a Barcelona dos días después de que le alquilaran sus propiedades y enterrara a su marido. Al dejar su tierra dijo: До свидания!*

*¡Hasta luego!

Death of Eternity: V. V. Virchennko & Olga Fioronova

 

6d8dec5308235cd3848d6996a17fa5f2
Trust no one=no confies en nadie=tatuaje de Olga Fioronova

Amigos presento a otro personaje que aparecerá en mi libro de relatos de junio: Death, y es Olga fioronova. ¡Que la disfruten -j re crivello

V. Virchennko fue detenido el domingo a las 23 horas, justo al término del partido Barcelona/Real Madrid. Le esposaron y le trasladaron a la comisaria que está en plena Ramblas de Barcelona. En el interior un policía tomo sus datos, le hizo las fotos de rigor y le unto la lengua con un líquido especial para luego pasarle un algodoncito de limpiar las orejas. Su ADN seria cotejado con los rastros dejados en el apartamento de su suegra. Ella había sido asesinada el viernes a las 21:30, era una rusa que tenía casi 62 años, rubia, llena de joyas y que se peinaba en el saloncito para emigrantes de la calle San Ramón, en pleno corazón del Barrio Chino. Esta amable señora era dueña de un apartamento inmenso a dos calles de su peluquera. Había venido con su hija y V. V. Virchennko hace seis años en plena euforia de la construcción. Pero detrás dejo una buena fortuna amasada en los canales clandestinos de la Nomenklatura siberiana. Su marido fallecería antes de dar el cambio de domicilio, por lo que Madam María Ristok pudo llegar a un acuerdo con la mafia local quien por una comisión le cuidara sus negocios. Diremos también que María R, era redonda y de sangre caliente, llenaba sus vasos de vodka con una mezcla inventada por ella de limón y azúcar y solía repetir el siete. Es decir siete vasos que ponía en hilera y sorbía uno detrás de otro, luego quien le seguía el envite y más si era varón se disputaba una noche de devoción a su gentil dueña.

Para V. V. Virchenko, su suegra era una persona hostil y maleducada que manejaba el dinero a su antojo. Él consideraba que después de la crisis que se abatía en España lo correcto era volver a Rusia y poder por su parte gestionar los negocios –de Madam Ristock y tener una vida tranquila. Diremos que el ultimo dialogo entre ambos aparece en el atestado policial y es una muestra de las dificultades para que su suegra entendiera su razonamiento. En el periódico local para ser precisos publicaron un extracto dos días después del asesinato.

—María Ristock deberíamos marchar a Rusia –dijo V V Virchennko apoyado en la nevera.

—Tú puedes marcharte, mi hija y yo vivimos muy bien. En este barrio hay rusos, pakis, moros y sudamericanos y  mucho sol

—Pues entonces podría pasarnos una asignación mayor para vivir

— ¿No puedes con 5000 Euros? Eres un vago, ¡un vividor!    –clamó María. Todo lo que tienes te lo doy yo. Si fueras a Rusia a administrar nuestro patrimonio ¡la mafia te cortaría el cuello!

—María Ristock –dijo Virchennko yendo hasta la salida de la cocina: es Ud. Una… ¡desgraciada! Todo lo que tiene es de su marido. Le… Y se marchó dando un portazo. V. V. Virchenko desde aquella discusión planearía con cuidado el crimen. El viernes era el mejor día, en Barcelona la gente se va de cervezas o tiene esa alegría de final del trabajo. Subiría a su piso y le rajaría el cuello con un cuchillo que le regalo para su 60 cumpleaños, luego se iría de tapas. No se darían cuenta hasta finales del domingo cuando sus vecinos regresan de la playa y quedan para ver la tele. Si le detenían sería extraditado a Rusia pero allí con una buena suma en tres años le dejarían en la calle. Y su mujer: ¿qué diría? Ella también odiaba a su madre, solo debía esperar en Barcelona hasta que regresara. Y luego vendería todo lo de allí, para instalarse en una ciudad al lado de la playa. En general diremos que todo se cumplió, le detuvieron, le metieron en la Modelo, le extraditaron y un año después con una buena suma en Rusia le dejaron salir por un error de la policía española al confundir el ADN del cuchillo de cocina de su yerno que lo usaba para preparar la comida para los tres miembros de la familia los fines de semana.

V. V. Virchennko regresó a Barcelona y se instaló en una casita al lado de la playa cerca de Salou. Como cada sábado, mantuvo su costumbre de cocinar para su mujer y su hijo de un año. Aquel día, había comprado para hacer una paella marinera y quiso cortar los calamares en finas rodajas, en ese momento recordó el juego de cuchillos de su suegra que tenía en el garaje. Fue hasta allí y se trajo una cajita de color rojo con dos frases en ruso en su portada. Al abrirla, se disparó un fino dardo que le dio en la cara. Aquello fue posible, al sostenerse en un complejo mecanismo que se activaba con la apertura. V. V. Virchennko se rio con fuerza y se lo quito para lavarse la cara y secarse la delgada grieta que rasgaba su pómulo. Él era un hombre rubio de ojos azules y una sonrisa delicada y seductora, no era muy alto pero poseía un físico fuerte y recio. Ante tal estupidez decidió tomarse una copita de vodka y plegar el mecanismo tan astuto pero ineficaz. Sorbió su copa y cayó muerto en el acto. La mezcla de vodka y el veneno que recorría su sangre le tumbo. Su suegra María Ristock había nacido en la región de Siberia de Aga Buriatia, en su capital Aguínskoie, allí sus habitantes utilizaban los dardos para dar muerte a sus enemigos con retardo y cuando estos disfrutan de una buena copa.

V V Virchennko tampoco prestaría atención a las dos palabras en ruso que precedían la tapa de la caja: Do svidaniya! (1)

(1)Hasta luego. Pero esta historia permitirá conocer el nacimiento de una gran mafiosa, su esposa e hija de su suegra: Olga Fioronova

Death of eternity: R. Row

national-geo-january-1980-001

Amigos les presento otro personaje que aparecerá en mi libro Deah en junio: R. Row -j re

La Imagen es de National Geographic año 1980

Del profundo Oeste. Nos mira, se agita. Para R Row que en la imagen tiene 12 años su pasado es una espita abierta hacia aquella tarde en que sus padres cayeron en el fuego del granero: lo explicaríamos de manera telegráfica: “un rayo dio contra la cosecha de heno de hacía dos días y el incendio abrazo toda la granja. Una hilera de cerdos escapo por la trampilla que había dejado abierta, algunos caballos murieron chamuscados, pero alrededor de 9 cabalgaron por el rio que llevaba garganta abajo, hasta donde se refugian en un dique las alimañas de esta comarca. R Row lloraría varias tardes, hasta darse cuenta que a sus padres los había enterrado en el manto verde que ondula hasta llegar a la colina, desde la que pueden verse los finos trazos de los Menonitas, los cuales son vecinos  desde hace años. También pudo pensar que si ya no estaban sus progenitores, la granja que había tenido su familia durante generaciones se la quedaría su tío soltero. Un tipo recio, libre, acostumbrado a pelearse en el pueblo luego de dos copas, con los hombres casados con mujeres de mediana edad y… además con los Menonitas. Era un mal comienzo, vendrían días en que la paja crecería hasta llenar el surco del valle, aquel que el imaginaba desde su ventana ya desaparecida y confundía cuando joven, con las ancas de rana del abrevadero, y luego, con las suaves pantorrillas de su vecina la Menonita que se escapaba para darle algún beso a hurtadillas. ¡Estaba fastidiado! Nada era tan feo como el futuro con su tío W Row. Hizo un puchero y echo a llorar. Detrás de una maleza algo se movió. Se contuvo y dejo que aquella presencia se aclarase. Una lánguida voz dijo:

— ¿Estás solo?

—Si

—Ven, te mostrare una sopa de junco que he robado. R Row se estiro por debajo de un sándalo de textil con flores. Se parecía a ella, ¡era ella! La Menonita le encandilo con sus ojos azules y rápidos. Ella y su sonrisa de arena, le recitaron una canción:

“We been spending most our lives living in an Amish Paradise”

R Row se mantuvo alejado de la granja de su tío desde los 12 años hasta los 18. Durante aquel tiempo vivió en casa de una familia amish, muy cerca de donde vivía su amiga B. Rang. Ella era preciosa, cada dos noches se veían en el abrevadero y sus propios deseos les unían cual cascada. ¡Dame aquello, siento lo mismo que tú!, o ¡déjame ver dentro de aquel espacio cubierto de vello! Nadie conocía sus encuentros, durante el día la rutina de la comunidad y sus estrictas normas le impedían conversar. En aquella larga siesta de alejamiento de su hogar paterno, R Row sabía que a los 18 podría reclamar la casa paterna y expulsar a su tío, un miserable que veía a hurtadillas desde la colina. Tanto si fuera verano o invierno las alocadas estaciones agrandaron la fosa de odio y venganza que solo paliaba el profundo amor por B. Rang y un espacio que en verano devoraban las flores de estos árboles olorosos y alegres traídos desde América del Sur, por un pastor que vivió allí entre indios y culebras al borde de un inmenso rio que tragaba la sed, -según describía- y refería a unos que hablaban un idioma prosaico y lánguido venido de Europa. Para él, esa casucha –la de sus encuentros- era un látigo en el frio del invierno, ramas, dos mantas y una cama aérea que colgaba de dos árboles. Nadie era capaz de entrar allí, le protegían un barrizal que surgía de un manantial y unos pinchos de púas, la cual, una rozadura daba una inflamación que llamaban “de la oruga roja”. De pequeño él había roto esa profunda maleza por un árbol viejo y casi muerto y desde allí entraban sus dos almas. Y… un nervio de ternura.

— ¿Qué hacéis aquí? Bronca era la voz del pastor menonita que les descubriría. Bronca de él y sus tres acompañantes.

—Estamos viendo pasar el tiempo –respondió Brenda Rang

— ¡Quitaros de allí! Os llevaremos al pueblo y el consejo dirá. Tres días después R Row volvía a atravesar  el límite de las dos propiedades. Había sido expulsado y tenía 18 años y tres días. Al golpear la puerta de su granja, su tío le abrió. Una mirada feroz y amarrada al volcán, le guio hasta una salita llena de botellas de güisqui y un sofá raído de color marrón.

— ¿Dónde has estado estos años? –pregunto su tío

—Al lado, en casa de un menonita.

— ¡Joder! y yo buscándote por todas partes –grito su tío moviendo sus dos manos hasta retenerlas a la altura de la cabeza.

— ¿Puedo quedarme? –pregunto R Row

—Ya no queda nada para vender… ni liar –respondió su tío. Me pensaba marchar a casa de una amiga que tengo en el pueblo y cerrar esto. Ya no tengo animales, ni siembro. ¡Quédatelo! Al fin de cuentas es tuyo. R Row contestó con solo una mirada. A la mañana siguiente su tío se marchó y el atravesó el linde de la tierra en dirección a los menonitas. Primero visito al jefe del clan, una larga charla dispuso la solución. Por su parte regaló a la comunidad la mitad de sus tierras, y ellos le cedieron  algunos animales y ayuda para comenzar. Luego fue solicitar el permiso para visitar a Brenda Rang cada domingo una hora para conversar en casa de una tía.

#La colina siguió dando su fe –al final de la tarde. R Row al fin, liberaría su alma del frio que le dominaba

 

J. Price (y el 048)

4a95ba04cb3366c608edf8729b4282c1

J Price aparece en Death of Eternity en junio -j re

J Price se compro una lata de cola y se la bebió en el metro. Poco a poco hasta que frente a su asiento dos tipos le rebanaron una oreja por 10 Euros. Ya en el Hospital el médico de guardia le pregunto: ¿No pudo recoger su oreja? En tan desespero y soledad, J Price solo pudo asegurar que en la línea 1 de metro -que va por el corazón de Barcelona- unos moros con miradas llenas de odio le dijeron: «La pondremos en el cus cus de esta noche» ¡Maldita gente!        -carraspeo antes de llorar amargamente. El médico hizo una llamada de comprobación desde ese mismo cuarto de operaciones. Era al 048, un extraño e indeciso departamento que el Ayuntamiento había creado para frenar los robos a los turistas y donde aparecían las cosas más insólitas.

Una voz de alguien que parecía masticar un chicle, le atendió y respondió a su duda

—Acaba de entrar una oreja de no más de 7 centímetros y medio envuelta en hielo. Una señora mayor de la calle Unió, 24, la recogió a la salida del Metro de Liceo. Se la envío por SEUR si Ud. paga los gastos. R. Parson dijo que sí. Un médico de urgencias era como la diosa de la fortuna, y entre ellas estaba pagar de su bolsillo la recuperación de una amarga estadística implantada por la derecha para controlar los resultados médicos. Ahora le quedaba convencer al cirujano para que se la colocara antes de las 12 horas.

—Ha llegado -dijo su ayudante instalado en recepción. Solo habían pasado 15 minutos y la oreja estaba allí. El 048 era muy eficiente –pensó. Ya le habían hablado de este servicio, capaz de encontrar desde una braga roja del ultimo carnaval, hasta objetos inútiles tales como una Biblia del cura de la tercera escalera, o hasta un Vademécum con indicaciones de cómo administrar curaciones con plantas exóticas garabateado al lado de cada medicamento de la industria química.

¡Ya está! –Se le oyó decir por el pasillo de la planta camino de la operación que devolvería la oreja a su dueño-. Pero el 048 seguía dándole vueltas en su cabeza.

#Clara y sentida forma de reciclar necesita nuestra sociedad: desde sus robos hasta sus heces.

Nota:

El reimplante comenzó a las 00:09 y pudo acabar a las 00:14. Una oreja rosada bailó con su nuevo dueño.

Death of Eternity: Luisa Garzino (y el 048)

Death ofEternity-1

Amigos presento otro personaje que aparece en mi libro de relatos Death de junio, es mujer y se ha apropiado del apellido de una de mis abuelas italianas: Luisa Garzino -j re

Esa noche mientras tomaba su plato de sopa sintió un ruido. Pudo observar que su aro de brillantes de su oreja derecha se había caído dentro de los fideos finos con formas variadas compradas en El Condis de la vuelta de su casa. L. era una señora mayor, de casi 80 años y que vivía sola. Mientras recuperaba la joya pudo ver que su oreja del lado izquierdo no tenía pendiente. Miro por toda la casa y nada. Al ver que su desespero iba en aumento pasó una mala noche y al día siguiente decidió poner a prueba el 048. Este departamento de búsqueda de cosas perdidas de Barcelona era tan eficiente que tenía tras de sí una fama mayor que la ciudad de los prodigios. Decidió ir a pie, estaba en un edificio de estilo pan redondo, pintado en marrón y sin una grieta. Al entrar fue hasta un departamento «de sortijas y varios» allí un joven de modales suaves, pero de ojos azules con una mirada térmica consultó en un ordenador y dijo:

—Efectivamente señora la pieza por Ud. descrita llego ayer a última hora. Si espera un segundo se la entregamos. L. Garzino regreso a su casa con su sortija puesta en la oreja gracias a este amable funcionario que además le invito a café y le regalo un caramelo de limón de aquellos que ofrecen en los bancos, para endulzar los sustos de de la famosa frase: «le hemos de-bitado».

Pasaron unos días y el invierno largo pero tenue, al lado del Mediterráneo le hizo maquinar a L. Garzino: « ¿y si llamo de nuevo al 048 y les digo que he perdido un perro marrón y con ello tengo compañía?». Dicho y hecho está vez se puso en contacto con el funcionario de las sortijas y este le paso con el departamento de “canes y animales que están solos”. Pudo escuchar «lo hemos encontrado y si Ud. paga SEUR, se lo enviamos». L. Garzino dijo “si” y recibió por la tarde un bonito perro dorado en la sien y de patas lustrosas. Aquello le lleno la vida. Casi terminado el invierno, pero, su desdicha no se había colmado. Espero unos quince días y decidió nuevamente visitar el 048, está vez se dirigió al empleado del departamento de sortijas, se sentó allí y al preguntarle su amigo funcionario que deseaba, respondió sin reparos:

—Tuve un marido que se murió hace años en la Guerra Civil, era canoso, lleno de risa y con un leve acento de zeta. Sabía poner pan en la mesa y me besaba en la mejilla antes de irnos a dormir. Cada domingo compraba churros y hacia un chocolate que sabia a gloria. Y además, me miraba al estilo cruzado».

— ¿Cómo? -pregunto el funcionario.

—Sí, ¿Ud. vio como lo hacen en las películas de los años cuarenta de Holywood? El funcionario miro la base de datos, a él no le correspondía en su sección, pero introdujo una clave y dio con «Señores y señoras solos y que desean compañía», luego filtro por “canoso, que le guste el chocolate y + 75″. Aparecieron 29. Introdujo una restricción «que le gusten las películas de Hoolywood de los años 40. Y… ¡estaba allí! Mirándole a ella, le dijo que volviera a su casa pues “el 048 le llevaría una solución”.

Esa tarde un señor bien plantado, de mirada encendida y poco pelo llamo a la puerta de L. Garzino. Tomaron te y vieron Casablanca juntos.

#la espuma de una ciudad sabe a ricino o miel, y ello depende del 048, o de nosotros.

 

Death of eternity: R Firck

98cacb31b075a17779d146690a0f39bb

Amigos presento otro personaje que aparecerá en junio en mi próximo libro: R Firck -j re

El teléfono sobre un escritorio pequeño lacado en negro daba un pitido que mostraba como su dueño hacia un momento le dejaría descolgado. La casa vacía, el suelo licuado de el sol del Mediterráneo y al fondo un delicioso azul, de agua traída desde Grecia. Ella estaba adormecida y sus piernas entreabiertas, su cara mostraba una torpe expresión entre disgusto y deseo. ¿Por qué R Firck se había marchado? Tal vez, para ello nos deberíamos situar en la calle paralela a esta mansión, allí un bar de música nocturna hundido en la roca les había unido hace dos meses. Un buen alcohol y música untada con refriegas en sabanas de hilo donde estaba prohibido unirse, solo tocarse. Aquel crescendo de deseo les había llevado a respirar en un balcón abierto sobre el mar. ¿Quizás? ¿Tal vez? Y es probable que durante  varias noches seguidas. Para Firck la molicie y el aburrimiento habían dado paso a una ceguera a tal tentación y le colocarían en un discreto papel para pasar de  ser su partenaire en el sexo, pero sometido a unas reglas de juego: no te acerques, se suave, pon nariz con nariz, luego tu hombro en mi nalga, o mi pierna envuelta en tu lengua. Un sinfín de agridulces devaneos de aquella carne que le devoraba pero le impedía tomarla, someterla o subir por la escalera del paroxismo masculino. Y además cada noche la misma llamada y ese mandamiento: ¡sube ahora! Ante lo cual trepaba por las escaleras desde el bar vecino para repetir aquel sueño que le torturaba. Al abrir la puerta, ella estaba allí, distendida escuchando música y aquella puerta entreabierta por donde entraba la brisa del Mediterráneo, para llevarle en volandas al cenit. Era una cita que comenzaba la loca carrera de tocamientos, acercamientos y la ansiedad subsiguiente. Noches enteras de este verano raro y silvestre, le parecían un sueño del que no despertaba. Hasta que un día le cambio la hora de visita y tuvo que ir a las dos de la tarde. ¡Mal asunto! –pensó, con el estómago lleno y ¡tener que refregarme! Aquello no podría salir bien. Pero nada fue diferente, hasta que escucho el teléfono y ella dijo: “atiende tú”.

—Hola

— ¡Acaba con ella! Y… ¡ya!

— ¿Quién habla?

—Hazme caso y acaba con ella. R Firk dejo el tubo en el suelo y se vistió. De improviso ella pregunto:

— ¿Te vas?

—Casi

— ¿Por qué? No podía decirle lo que sentía, tan solo argullo o cuatro palabras: “estoy satisfecho… a medias”

—No digas estupideces –dijo ella

—Se me ha acabado la paciencia. Tanto jugar y jugar –su frase se escapo, ya no habría arrepentimiento.

—Solo el que juega admite perder –dijo ella

—A mí no me gusta perder –fue su la solida respuesta de Firck.

—Pues, esta vez si te vas, lo dejaras todo

—Prefiero amar cobijado en una isla, sin miedo, ni futuro, que ser arrastrado en esta ola de silencios.

—Eres tonto –su voz suave y melosa continuo con un… Te tenía preparada una sorpresa,  mientras se ponía de pie con el torso desnudo y sus afilados pezones aparecían cubiertos de pedrería azul incrustada. Él le miro y solo se atrevió a entender que era aquello que les unía: “¡solo puto sexo!” –dijo  en voz alta. Ella sonrió y solo respondió:

— ¡Vete! Siempre había entendido el amor de aquella manera, bueno casi siempre, con R Flick se acostumbraba últimamente a noches donde el golpe de las olas sumaba una cierta  complicidad. Hizo un esfuerzo y dijo: No, no te vayas, creo… que he comenzado a amarte. R Flick intento memorizar aquella escena y, ¿si regresaba sobre sus pasos? Y, ¿si le domaba a su manera? Y, ¿si le decía que aquella misteriosa liturgia y esos senos decorados de cristales le molestaban?

—Me voy –fue su respuesta. Aun quedaba sal en la mesa, aun las dosis de aventuras futuras podían esperar. Aun, sentiría la llamada torturándole. Al marcharse pensaría una frase larga e impronunciable:

#El amor salvaje carece de estímulos. Cuando te mordisqueo en la oreja, en mi caso, luego necesito fe. 

Death of Eternity: R Latimer -y su inquilino

8a7765cd72add76ef821a9cf570ac6c3

Hoy cambiamos de personaje en Death (mi próximo libro que aparecerá en junio): R Latimer -j re

R Latimer conocía a la familia que vivía al lado de su ex-esposa. Gente corriente que solía responder a su saludo con “un muy buenas”, nada más, salvo aquel día en que les dijo que se había divorciado y se marchaba a vivir a otro barrio de Barcelona. El padre le llevo a un apartado del ascensor y le interrogo de una manera fuera del pudor que habían mostrado, en sus encuentros de escalera:

— ¿Y dónde vivirá?

—En un piso del Ensanche, está cerca de la Rambla de Cataluña, allí las aceras y los bares se parecen a una gran ciudad. No sé porque dijo aquello del barrio, lo que dejaba atrás era el corazón de la Sagrada Familia y aquello no era tan feo. Su vecino dijo:

—Ya, que estará solo tal vez Ud… –y bajo la voz hasta ser inaudible. Ante lo cual, le pedí que repitiera la frase y con su mano derecha pareció agrandar el deseo: “¿me podría alquilar una habitación?” R Latimer se extraño de aquel tipo decente y bien entrado en canas, pero considero que sería una buena salida y por ello dijo una cantidad para quitárselo de encima tal como: “quinientos”. “Vale” –fue su respuesta, para agregar, “esta es mi tarjeta y en ella va mi e-mail. Cuando esté instalado me llama” —y se marchó.

A la semana siguiente, un sábado, su ex vecino le visito, serian las 21 horas y en el exterior el frio tardío de Enero limaba los corazones de la ciudad. Al abrirle pudo ver que le acompañaba una señora de 55 años, no muy alta pero llena de vida. Lo que más le impresiono fue su sonrisa que le hizo comprender la glotonería de su vecino. Se marcharon a las dos horas, pero el ruido y estasis de la habitación del fondo fue mayúsculo. R Latimer decidió salirse al bar más cercano ante tanto descontrol. Y… cada sábado se repitió la historia, sonrisa sabrosa, visita de dos horas y festejo sexual. Hasta que un día cuando ya se marchaba a su tradicional hora y media del bar para evitar escuchar el escándalo, ella salió con una bata roja abierta que dejaba ver un interior redondo y curvado cubierto por un satén del mismo color. No podía hablar, solo agitaba sus manos y su brillante sonrisa amagaba un miedo atroz. Ante su insistencia, le acompaño hasta la habitación, en el centro de la cama R. S. Sanz dejaba salir sangre desde un cuchillo que le entraba por la barriga:

— ¿Cómo ha sido? –pregunto R Latimer

—Me pidió que lo pusiera entre los dos y mientras hacíamos el amor perdimos el control sin saber cómo… ¡se le incrusto! R Latimer miro si respiraba, pero estaba muerto o casi. Decidió llamar a una ambulancia y a la policía, en tal descalabro, ella se sentó en una maleta a medio abrir llena de material sado. Al llegar los médicos certificaron su muerte, el puñal de plata fue quitado de su emplazamiento dejando una brecha enorme y le guardaron en una bolsa de Mercadona. A la señora se la llevaron a Comisaria. Antes de salir pudo intercambiar dos frases con ella:

— ¿Y ahora? –pregunto R Latimer. Al mirarle ella dijo: “le echare de menos, con Papitu nos reuníamos cada sábado desde hace veinte años”. R Latimer pudo pensar al ver cuando se alejaba:

#Los sábados carecen de sentido sin amor ni sueños.

 

Death of Eternity: M Olguín -03

Death ofEternity-1

Aparece en mi nuevo libro de junio Death de relatos cortos -j re

Manolo Olguín tenía pensado visitar a una tía abuela de casi 90 años del otro lado de la montaña de los gallos salvajes, debía recorrer una carreterilla llena de verde y pasar dos puertos de montaña. A aquella tía no la veía desde pequeño, su invitación le había llegado por medio del twitter y la frase la encontró de milagro, ponía:

@m_olguin  ¿Sobrino ¿por qué no te vienes de visita? Te prepararé un plato guisado de gallo salvaje con patatas. Rico, muy rico. Te espero a las dos Tia R

Tia Rábica era un pasado lejano y ausente: la relación venia por parte de madre. Era una tía alegre, completa. Sus intensas fumarolas de sensualidad escandalizaban a los miembros de la familia más castos y retenidos en su monotonía y aburrimiento. Iría, sí. ¡Iría! Pero tenía que pedir un coche prestado, llamo a un amigo. Don Pozuelo sentía un gran amor por los coches antiguos. Le contesto por guasap “te dejaré el Renault Gordini”. A la mañana siguiente encontró las llaves en su buzón y una nota:

Querido Manolo Olguín

Los Gordini fueron tan turbios y austeros que le recordamos por su falda de mariquitas traídos de Francia. Y una vez aquí, le reconvirtieron en la gama familiar, de los que pilotaban con atrevimiento. Un amigo tenía uno. Se lo robaron en un pis pas. Apareció el bastidor y le reconocieron por el número de la placa que llevaba desde fábrica. El dueño lloro su ausencia. Era parecido a una bala pegada al suelo. O una concha de camarón con ruedas. Vino de Francia. Se escondió en las calles y tomo sopa y cola. ¡Cuídamelo! Un abrazo

Nunca se había montado en un Gordini. Hacia el mediodía puso en marcha el coche y supero los dos puertos. En casi media hora estaba en la entrada de una casita que tenía un pequeño huerto, dos ventanas y un gallinero donde su Tía criaba gallos salvajes. ¡En menudo lio me he metido!  –exclamo, mientras golpeaba en la puerta.

—Hola Sobrino. Una señora mayor de sonrisa indiscreta se le colgó al hombro. Aquello le emociono. En las siguientes horas hablaron de los recuerdos familiares hasta que su Tía sirvió el plato con salsa de gallo.

Despertó en el bosque semidesnudo. ¿Dónde estará el Gordini? Se encaramo a una leve cuesta mientras arreglaba su camiseta rota y comprobaba que llevaba puestos unos calzoncillos  anchos y rojos con algunas plumas multicolores. Al mirar del otro lado se veía Barcelona, parecía encontrarse en el Tibidabo. Vio el Gordini intacto a escasos metros, bajo por el terraplén y abrió la puerta, dentro las llaves estaban puestas en el contacto. Le dolía un poco la quijada. Una hoja de papel pegada en el salpicadero le llamo la atención, la leyó en voz alta:

Noche alegre y muy caliente. Le dejo, pues tengo otros clientes que atender. Mi teléfono es 93/0265833. Le aconsejo traer una muda de ropa de recambio. Ud. se empeñó en rajarse toda la camiseta, decía: ¡chica que calor tan tremendo!

En el suelo del coche vio su móvil, tenía un mensaje en el guasap, de su tía: “Sobrino espero que hayas llegado bien. ¡No sabía que te gustaba tanto la carne de gallo salvaje! Te he puesto uno maniatado en el maletero del Gordini. Ya lo matarás y prepararás. Los calzoncillos de tu tío abuelo ya me los devolverás”. Puso en marcha el coche, no sabía cómo entraría en el bloque de vecinos en calzoncillos con florecillas doradas…

#Acercarse a emociones familiares lleva a diálogos inquietantes.

 

Death of Eternity: Manolo Olguín -02

Death ofEternity-1

Continuo publicando algunos relatos de mi próximo libro Death, a la venta en dos semanas -j re

Manolo Olguín dixit –y dos

Olguín después del suceso de la tubería que daba un olor desabrido a su ventana, decidió subir hasta la parte más alta de la montaña, tenía la ilusión de cazar un gallo salvaje y hacerlo frito con una deliciosa salsa al estilo francés. Le intrigaba aquella comida que producía resultados increíbles. Para ello busco una red, y una cuerda y subió caminando los tres kilómetros que le separaban. Al salir del barrio se podía ver un valle frondoso y con cierto aire tropical. Marcho casi una hora, pero sin resultados, hasta que en un descansillo rodeado de setas pudo ver un diablo emplumado de colores cobrizos. Sin pensárselo corrió tras de él un buen rato, hasta que la red se engancho en unos espolones recios y peligrosos. Atarle la soga y meterlo en un saco fue una tarea más sencilla. Ahora le quedaba el regreso e impedir que le vieran  los Policías de la Moral. El actual gobierno al ver los resultados de tal alimento había puesto unos controles que aunque poco efectivos, impedían que las gentes de la región se contaminaran –al comer gallos- de esa chusca manera de “entrar en un descalabro de sensaciones durante tres días”.

Al llegar a su casa, puso una olla de agua caliente y muerto el gallo comenzó la rabia. Primero se cambio y se puso unos tejanos y una camiseta rumbona, luego saco el gallo y se sirvió una pechuga y un muslo. Comió y repitió. ¡Pero no sentía nada! Aquel pasajero desinterés por la rutina que todos los humanos arrastramos hasta nuestra muerte continuaba en su interior. Se miro en el espejo del tocador del lavabo, de madera amarilla y festones de diseño de Ikea. ¡Y… nada! Pero…

Solo pudo reaccionar tarde, cuando volvió en sí y se dio cuenta que estaba en una carretera a la salida de Sitges. Venia de allí. Intuía que despelote le había producido este teñido en su cabello de tintes rojos y dorados, y es probable que esos tres días los habría pasado en el carnaval y…  le habían llevado a compartir con un amor musculado, que…  ¡ya recuerdo! calzaba un calzoncillo estrecho con la bandera de los EEUU. Y poco más. Tal vez fornicar sin descanso con ese hombretón en un piso singular al lado de la Playa de San Sebastián casi frente al Cementerio no era un adecuado recuerdo para contar a sus familiares y amigos. Y todo… por una jugosa carne de gallo salvaje del barrio más alto de la periferia de Barcelona.

#La comida es abundante y cruel. Nos lleva a experiencias donde aparecen faunos traviesos#

Death of eternity: -Manolo Olguín 01

Death ofEternity-1

Comparto algunos de los relatos de mi próximo libro Death, que editará Fleming editorial en junio -j re

Manolo Olguín: pizza and rock

Manolo Olguín se atrevió a mirar por la ventana. Del otro lado un olor a puré de cloaca le empujo hacia atrás. Desde que estaba en esa comarca y la sequia, o la lluvia se presentaban, cada día –si o no-, podía ver aquel lodazal del final de la cañada, que por casualidad daba en su ventana y no le permitía respirar. Decidió cambiar aquello, reunió firmas, envió petitorios y consiguió hasta una entrevista con el alcalde. Todos fueron promesas, hasta tuvo que aguantar de un funcionario muy amigo, la frase: “le regalaremos un aire acondicionado provisional, así Ud. no abrirá su ventana y no estará obligado a sacar su pecho tieso y rojizo, con aquella camiseta de color blanco que me imagino lava cada 7 días” (Sic!). Pero nada trajo paz a su espíritu. Inclusive bajo con una pala y paso hasta tres días cargando el fango en una furgoneta prestada y la llevo más allá del monte, donde dicen cazan gallos salvajes de cuello rojo y plumas verdes. Hasta ese sitio fue capaz de llegar, subiendo una ladera estrecha y vadeando un riachuelo y ¡hasta pudo ver los gallos famosos! Que le parecieron horribles y ruidosos por su grito en celo. Al cabo de esos días aquella tubería parecía andar bien, no se desbordaba, no dejaba olor, ni siquiera se veían esos horribles trozos de los deshechos de los vecinos de la montaña ubicada más arriba, que por cierto comían  gallos salvajes. Ante la cual hasta pudo construirse una explicación, que repetía a quien quisiera escucharle: “comen unos bichos que se alimentan de la basura de toda la ciudad de Barcelona, con lo cual, sus vidas parecen infectas de unos olores y sabores extraordinarios”. Además, intuía era la zona donde más bebían Coca Cola al ver sus camiones ir y venir hacia arriba, pero además donde más sudaban, donde más asesinatos se cometían y donde más emociones complejas practicaban. Y… todo bajaba por aquella tubería abierta en canal, que si fuera un Foxtrot que sonara interminable.

Por ello, Manolo Olguín dedujo que le quedaba una última esperanza, su primo era dueño de un camión encofrador de cemento y estaba en paro, decidió contratarle, y llenar la cuba. Y aquella noche echaron toda la carga encima de aquella apertura indecente. Y, la paz regreso a su espíritu.

Canalla fue la solución, aunque en la cima de la montaña estallo a la semana un culebrón. Los vecinos vieron como su inmundicia regresaba hacia atrás desbordando sus lavabos y aseos. Y si ponían la lavadora la colada salía a un marrón sucedáneo del dulce de leche.

#Una alimentación a base de gallos salvajes, produce amores corruptos y es contagiosa –diría Olguín a quien le escuchase#

Death… Nuevo libro de relatos cortos de j re crivello

Death ofEternity-1

Junio no es una mala fecha, agrupare en este libro de nombre suntuoso una parte de mis relatos cortos que navegan en diferentes sitios y esta semana compartire algunos aqui.

¡Feliz día del no/trabajo!, amigos -j re

Vulcanico: Los amores que tuvimos y aún recordamos

Todos vimos que R Vulcanico llevaba sangre en el pelo. Nadie se atrevió a preguntarle. Pero entro en la cafetería antes de las diez y pidió un café y dos croissants. Contó las monedas y puso casi 3 Euros en la mesa. En Barcelona hacia frio, casi en febrero cuando los carnavales hacen agua y la gente se ha empotrado litros de cerveza para amortiguar el alma. La charla con la camarera fue del siguiente palo:

—Llevas sangre en la cabeza –dijo ella. Una rubia aterciopelada y llena de confites en las uñas.

—Es reciente –dijo él.

—Te podrías lavar en la parte trasera

— ¿Para qué?

—Para recuperar el día. ¿Cómo te ocurrió?

—Estaba esperando el tren y un tipo se dio de frente contra mí. Cuando le pude despegar de aquel espacio del suelo, donde estábamos caídos, sin respirar y murmurando muy bajo me conto una historia venal, dijo: que amaba a una mujer y de tanto seguir sus pasos se encontró con una mentira. De ello su corazón fue más allá de lo permitido y le mato allí mismito. En una casa de un barrio marginal de Barcelona, dejando su cuerpo inerte y abandonado para salir corriendo hacia ninguna parte hasta que se topó conmigo. Y aún tirados en el suelo, le pregunte:

— ¿Cuántos años hace que vivía con ella?

—Más de veinte –dijo el tipo. ¡Pero cómo se puede matar a alguien que ama si siente que ella está a tu lado! -exclamé inflamado

—Como Althusser (1) -dijo

— ¿Cómo quién? –pregunté

—Pues igual que aquel tipo que era marxista y vivía en Francia. Ante lo cual, pude decir: “debería Ud. regresar a su casa y entregarse a la policía”. Ya puestos de pie, el recuperó su maletín y de su interior saco un móvil y marco el 091. A los segundos un coche de policía se lo llevaba. Y yo me vine a desayunar –concluyo con su relato. La camarera extasiada, preguntó:

—Y ¿ese Althusser hizo lo mismo? “Por lo visto si”          –respondió R Vulcanico.

—El mundo está loco –de amores, de estupideces y de rabia –dijo la camarera, para agregar: venga conmigo, le lavare el cabello. Al ponerse de pie e ir tras ella, en la barra, quedo abandonado el libro de L Althusser: “Per Marx”, que R Vulcanico acababa de pedir prestado en la biblioteca editado en 1969.

Notas

Dirá Althusser: En el teatro clásico todo parecía simple: la temporalidad del héroe era la única temporalidad, todo lo restante le estaba subordinado, sus adversarios mismos eran su medida […] vivían su propio tiempo, su propio ritmo, estaban en su dependencia. El adversario era su adversario: en el conflicto, le pertenecía tanto como se pertenecía a sí mismo, era su doble, su reflejo, su contrario, su noche, su tentación, su propia inconsciencia vuelta sobre sí misma. […] Por ello el contenido del conflicto se identificaba con la consciencia en si del propio héroe. Pág. 126 Per leer El Capital, L. Althusser. Traducción del catalán por juan Re crivello.

Notas Info

(1) En 1980 estranguló a su mujer Hélène, bastante mayor que él y compañera de ideas. Fue internado en un hospital psiquiátrico, adonde acudió un juez para instruir la causa por homicidio. Althusser fue procesado, pero el mismo día el juez archivó las diligencias, siguiendo los dictámenes de tres expertos que señalaron que Althusser había cometido el asesinato en un acto de locura. La derecha francesa, por su parte, acusó a la izquierda de mediar para que Althusser no ingresara en prisión. Murió el 23 de octubre de 1990, aquejado de una insuficiencia cardíaca. En sus peores momentos fue visitado asiduamente por Michel Foucault y Jacques Derrida.

Su autobiografía, El porvenir es largo (L’avenir dure longtemps), publicada en 1992, puso en claro su desgarrada posición vital. En 2011 se han publicado las Cartas a Elena, que ponen a la luz la compleja relación con su mujer. Fuente Wickipedia

(2) Luis Althusser textos

(3)Cartas a Helena

 

 

 

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: