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Barcelona / j re crivello

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La isla -02

Desperté y el sol estaba fuerte y grande. Había decidido dormir en una cama hecha a media altura encima de un árbol, intente seguir los consejos de un tipo que se mataba cada día en la televisión. No fue tan difícil construir el manto de hojas verdes; al mirar a mi alrededor me encontraba varado en una explanada de unos 50 metros, hacia atrás el camino con el riachuelo que iba al mar, por delante otro ascenso que suponía atravesar un bosque para dar con el comienzo de la base del volcán y en los laterales se abría un antiguo sendero que corría cerca del riachuelo. De comida, en esta zona nada, ni siquiera los famosos cocoteros, pero llevaba aun algunos de ellos y desayuné, también pude cargar con agua mi cantimplora. Aquel tipo de la tele, que regresaba a mis recuerdos continuamente, insistía siempre que llevar agua era fundamental. Pero no tenía donde poner más. Puse pie en el comienzo de aquel camino y vi que se abría paso con soltura hacia la derecha, pero su ascenso era lento en dirección a la cima, aquello me recordó, un libro sobre la cocina de El Quijote. Cuando uno más cocos come, más recuerdos alimenticios crecen —pensé-. Era una copla que referida a algo así:

Hago yo mi olla
con sus pies de puerco
y el llorón judío
haga sus pucheros (1)

Y camino a un paso de un volcán, sus estrofas sonaban raras, ni había judíos, ni pies de puerco, aunque algunos cerdos del monte pude ver correr arriba y abajo. Pero ¡como matarlos! Como acercarme a un bicho que corre como un demonio, con un cuchillo pequeño, ni siquiera en los programas del tipo de la tele pude ver cómo hacerlo. ¡Lo bien que vendría un puchero ahora! Era mediodía y el final del camino me dejaba en otro rellano, abierto, sin muchos árboles y al final pude ver una choza. No era muy grande, estaba en un lateral, desde allí un precipicio abrupto permitía ver el mar. Di un par de vueltas y no había nadie, me acerque con cuidado, todo estaba abandonado. Dentro tres camastros antiguos, una cocina de leña, y ¡cuchillos! Por primera vez alguien estaba aquí, o algún naufragio anterior los deposito. Mire y pude ver una fotografía con tres personas, una pareja y una niña, la clásica foto de familia que era tal vez antigua. Decidí instalarme. Desde la puerta a la izquierda se podían ver dos tumbas. ¿Y el otro miembro?
Algo no encajaba. En el interior de uno de los camastros encontré una libreta, muy cerca de una especie de ventana, la abrí en el último día y señalaba diez años atrás; ¡imposible! -pensé-; de nuevo se alejan los posibles habitantes de esta isla en el tiempo. La cerré y la abrí en la primera página, en lápiz con letra alargada y ruda, decía:

Hemos llegado a esta explanada. Estamos bien. Con grandes esfuerzos hemos arrastrado hasta aquí lo que teníamos en el barco.

Nota:

(1)La cocina del Quijote, Lorenzo Díaz, página 57, cita de Quevedo. Edit. casa del Libro

Recetas & la Misión Apolo: Los Ñoquis de mi madre

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Houston vuelve a hablar:

-60 segundos.

Les queda un minuto de combustible. Armstrong sigue buscando un lugar más o menos seguro y cree ver un espacio. Es la ladera de un cráter. Imposible.

Sigue bajando. No hay lugar para aterrizar.

Y Houston dice:

-30 segundos

Silencio. En la Tierra, miles de técnicos de la NASA esperan. En la Luna, dos astronautas callan.

Y de repente: – Luz de contacto. Ok. Motor parado.

La misión a la Luna mostro que los sueños pacíficos también merecen un espacio en nuestras vidas. Diríamos que aparecen e iluminan generaciones enteras. Cuando llegaron a la Luna tenía 15 años. La edad que ahora un adolescente ha conocido la sexualidad, las drogas, las redes que le ocupan la mitad de su vida y le apartan de los sueños. Recuerdo que vivía en una ciudad de provincias de pocos habitantes, aburrida, de tardes insoportables y aquel fogonazo cambió mi vida. Estos hechos marcan la vida de millones de personas que despiertan en su búsqueda, no es que se transformen, no, diríamos que alumbran un piloto apagado que les transporta y globaliza. Es la fuerza que mueve a la ilusión del talento. Nos imbuye de un espíritu de competitividad que nos permite reducir los miedos y las venganzas sociales de odio, amor o envidia ante la posibilidad de participar de algo gigantesco.

400.000 técnicos e ingenieros crearon el alma del proyecto Apolo. Hoy no reunimos esa masa de talento para ningún proyecto que despierte la fuerza creativa de nuestros jóvenes.

¿Hemos fracasado los de mi generación?

Tal vez no, tal vez hemos creado las herramientas que alumbraran un cambio gigantesco. ¿Qué cual será? La Segunda Singularidad le llaman algunos, algo más sencillo, ya no estaremos solos, estarán los robots y la I. artificial.

¿Bueno? ¿Malo? Tal vez mi madre y otra de sus recetas tenga la respuesta…

Ingredientes para Ñoquis de patata. Receta italiana

  • 1 Kg. de patatas (os recomiendo patata gallega, son especiales para cocer)
  • 200 g. de harina de trigo
  • 2 yemas de huevo
  • Sal y nuez moscada rallada o en polvo (al gusto)

Cómo hacer ñoquis o gnocchi italianos.

Un tipo de pasta italiana que se elabora principalmente con patata y unos ingredientes básicos que siempre vamos a tener en casa: un poco de harina, yema de huevo y sal.

Partiendo de la receta básica admite además una gran variedad de ingredientes como el queso ricota, espinacas, calabaza, plátano, yuca, etc…

A la hora de degustarlos, se suelen acompañar de la salsa que más nos guste. Las más frecuentes son las salsas de tomate, y las elaboradas con algún tipo de queso.

Cuando hablamos de cocina italiana todo el mundo piensa en pasta fresca italiana, el risotto o la pizza, pero los ñoquis son también un plato tradicional en el país transalpino.

Hoy en día encontraremos ñoquis ya preparados en las tiendas y supermercados, listos para cocinar. Pero es preferible hacerlos nosotros mismos porque, como siempre se dice, “no hay color”.

Se elaboran de manera sencilla, con ingredientes básicos y tampoco son necesarios utensilios especiales.

Una gran ventaja de esta receta es que es perfecta para hacer con niños. Los más peques de la casa se divertirán de lo lindo haciendo la masa para los ñoquis, y además los iremos iniciando en el mundo de la cocina.

Antes de empezar con los ñoquis. Las patatas

  1. Cuando vayamos a comprar las patatas es preferible que las escojamos de un tamaño similar, porque así luego se cocinarán de igual manera, estando todas en el mismo punto.
  2. Ya en casa el primer paso será lavar bien las patatas, para quitarle la tierra o suciedad que puedan traer.
  3. Las cocemos sin pelar en abundante agua hirviendo, durante 20-25 minutos, dependiendo de la dureza de las patatas y su tamaño.
  4. Se cocinan con su piel para evitar que absorban agua durante la cocción.
  5. Pasado el tiempo, pinchamos las patatas con un tenedor o similar para comprobar si están ya hechas. Lo sabremos cuando al pincharlas, entra y sale el utensilio con facilidad (lo mismo que hacemos cuando horneamos un bizcocho).
  6. Retiramos de la cazuela y las dejamos reposar 10-15 minutos, para poder manejarlas sin riesgo a  quemarnos.
  7. En cuanto podemos echarles la mano, las pelamos y volvemos a ponerlas a enfriar otros 10 minutos más.
  8. Es importante que la carne de la patata esté templada, lo que nos facilitará manejar la masa con facilidad.

Preparación de masa y amasado de los ñoquis o gnocchi de patata

  1. Con un pasapuré o con un tenedor, machacamos las patatas para convertirlas en un puré homogéneo, es importante que no queden grumos.
  2. Enharinamos la tabla o la encimera donde vayamos a trabajar con los ingredientes.
  3. También echamos un poco de harina en nuestras manos para que no se nos pegue la masa de patata.
  4. Con el puré hacemos un volcán y en el hueco echamos la sal, un poco de nuez moscada molida (al gusto de cada uno, pero no os paséis) y las yemas batidas de dos huevos.
  5. Vamos mezclando con los dedos poco a poco, incorporando harina  en cantidades pequeñas.
  6. Seguimos mezclando y amasando con las manos añadiendo la harina que necesitemos.
  7. Dependiendo de la humedad de las patatas podremos necesitar más cantidad de harina para lograr la textura final.
  8. Debemos de conseguir una masa homogénea, sin grumos o partes duras, que sea flexible, blanda y no encontremos dificultades para amasarla. Tampoco se nos pegará a los dedos. Hacemos una pelota y dejamos reposar 10 minutos.
  9. Separamos un poco de masa y con la ayuda de las manos la extendemos haciendo un cilindro, que cortaremos en porciones (que serán los ñoquis) de 2 cm. de tamaño.
  10. Repetimos el proceso con más porciones de masa, hasta terminarla por completo.

Forma de los ñoquis o gnocchi de patata

  1. Los ñoquis podemos dejarlos lisos tal cual o darles su típica marca rayada.
  2. Hay un utensilio de madera especial para esto, aunque si no disponemos de él podemos hacer algo similar con la ayuda de un tenedor.
  3. Cogemos un ñoqui, presionamos contra la parte de los dientes del tenedor y lo hacemos girar, quedando un hueco en su interior y unas estrías o rayas en su parte exterior.
  4. Si os gustan más redondos, bastará con bolear cada ñoqui y luego darle la forma definitiva.
  5. Terminado todo el proceso vamos a darles el sencillo toque final.

Cocción de los ñoquis o gnocchi de patata

  1. En una cazuela con agua hirviendo y sal (en las proporciones habituales para la pasta: 10 g. de sal por litro) vamos echando ñoquis en cantidades pequeñas. Por ejemplo de 10 en 10, para que tengan espacio suficiente y no se peguen entre ellos.
  2. En un primer momento se irán hacia el fondo de la cazuela. Pasado un rato, comprobaremos que se elevan y comienzan a flotar en la superficie.
  3. Ese es el punto ideal de cocción. Retiramos con una espumadera y repetimos con el resto de los ñoquis.

Y ya estarán listos para añadirles la salsa que más nos guste.

Ruta 66 -03

1

Gas Station

Desgastada y fría. Es un canal intenso que transita América. Para escapar de nuestro destino. Para implorar a una bestia antigua. De soledad y ceniza

2

En la tibia noche. El vehículo devora kilómetros. Hace frío. La mueca del conductor ha desposado una doble ansiedad. Por conocer o admirar. Ante el viejo pasado que se suma sin arte. El fin, de este siniestro conflicto. Frente a la voluntad de vivir, frente a la impaciencia.

3

La carretera es un inmenso presagio. Donde tú o yo escribimos una página de aliento. Vemos el futuro como se encoge hasta partirse. De pronto le presentimos detenerse: una nube de ajonjolí nos dejará su marca.

4

Muda, sin estirpe. Un gallo, dos cuernos, una sentida cascada humana. Han parido América. Le han vaticinado su caída. Por este cúmulo de cemento y fatiga –han pasado. Caminando sobre sus sueños.

5

Marilyn le presentía. El clan de los Kennedy. O los Rockefeller. El dinero, la ambición, la muerte. Desde el tomate a la lechuga. Siempre han abandonado su sueño en dirección al Este. Siempre en una alfombra recta y sedienta. Sin pasado, sin preguntas.

Notas:

Google maps: Ruta 66

NAT KING COLE ROUTE 66 canción 3.542.392 visualizaciones

Ruta 66 -02

La historia en esta serie televisiva trataba de dos tipos embutidos en un coche descapotable que se desplazan en esta vía, en busca de aventuras. En su momento me sorprendía esta forma de vivir que descansaba en una constante: viajar en dirección a ninguna parte.

Sin dejar escapar la idea, cogí un cuaderno del lado de mi cama. Era una bitácora clásica, de papel blanco, decidí ayudarme con un bolígrafo de color negro. Hacia unos minutos que el médico me había visitado, con el fin de explicarme mi próxima operación. No sé por qué razón asociaría rápidamente, la ruta, la búsqueda de la felicidad y esta convencional trampa quirúrgica.

Pero si me permite, nada es tan inseparable de nuestra fantasía que los mitos de América en nuestra soledad.

En ambas proyectamos desde el regusto amargo de la ensalada con buena rúcula, hasta la fatiga diaria del trabajo. Es más, la rutina se impone demoledora en nuestra conciencia. Nada es tan poco imaginativo que el día a día. Por ello un paisaje televisivo de los 70 nos lleva a abordar lo clásico. ¿Es limón? ¿Es menta? A veces en un quiebro defensivo, nos atrevemos a desplazar en dirección a pequeños territorios de amor construidos alrededor de la pareja. Pero si observamos un poco más, cerca de la línea de fuga que representa dicha posibilidad aparece  siempre al acecho los compromisos y lazos de amor.

La ultima socialdemócrata —04

Escribir La ultima socialdemócrata me lleva a un gran trabajo de documentación, cada día paso cerca del precipicio con la tentación de abandonar la historia amigos —j re crivello

La correspondencia da un salto, para Fred Law leer es adentrarse cada vez más en una atmosfera que le obliga a intentar comprender la vida de esta revolucionaria apasionada pero que a su vez sufre por su amado. Inclusive por las largas separaciones, esta carta de septiembre del 1905 muestra ese momento en que ambos se alejan

“Aquella vez, en la estación, vislumbré durante largo  rato  tu  ventana  iluminada,  hasta  que  el  tren tomó la curva. Yo me había puesto intencionalmente debajo de la luz de la linterna para que tú me pudieras ver. En los últimos instantes quise  parecer  mejor  y  más  alegre  pero  no  lo  logré.  ¡Tú  tenías  un  aspecto  horrible!  Ahora  debes  tener  un  aspecto  distinto.  ¡No  olvides!  ¡Valiente,  valiente  Dziudzius!  Lo  más  terrible  ya pasó. Ahora sólo hay tranquilidad y trabajo intenso. ¡Cuánta necesidad tengo de descansar! (1)

La carta siguiente ya le muestra con su nuevo compañero, el hijo de Carla Zetkin, 15 años menor que ella.  Kostia Zetkin, a él dirige sus misivas donde Fred Law observa una gran necesidad de amor, de ser correspondida. Fred deduce que esa es una larga relación que comienza en 1906 para acabar alrededor de 1914, pero serán amigos mucho tiempo, se mezcla un amor maternal y las preocupaciones por su formación. Lo demuestra el fragmento donde ella le comenta su pasión por la pintura y que pone la fecha de junio de 1908.

“Pero  basta  de  mostrar  mi  desconsuelo.  Además,  el  agua  del  lago  cambiaba  a  cada  momento y también el cielo (hoy hay una tormenta). Al regreso a casa estaba a punto de llorar. Pero aprendí algo más. No tengo idea de cómo superar estas dificultades ¿cómo llevar el caballete y por lo menos una cartulina más grande? Ah Dudu, podría vivir dos años solo entregada a la pintura. Me absorbería. No estudiaría con ningún pintor, ni preguntaría a nadie. Sólo aprender pintando y ¡preguntándote! Pero esos son sueños alocados, no puedo hacerlo, pues mi lamentable pintura no le sirve ni a los perros y mis artículos sí los necesita la gente. El cuadrito que hice hoy te lo mandaré mañana, pues creo que ya estará seco. Y esta vez ¡tiemblo que te desilusione!” Fred Law se detiene, es hora de visitarle. Teme que al verle este desatino de internarse en su vida privada le traicione. Guarda aquellas misivas y decide ir a visitarle. ¿Estará aun? O su presunción referida a su inestabilidad en sus derechos políticos, en medio de esta Alemania que se debate entre imitar la revolución de octubre en Rusia o dar un golpe de timón e implantar una dictadura derechista le habrá hecho cambiar de domicilio para escapar. No lo sabrá sin situarse frente a esa puerta gris.

¡Esta aun allí! La puerta al abrirse, alguien ha respondido, su sonrisa le devuelve aquella intuición. ¿Has leído? —pregunta ella. Su profesora es muy exigente.

—Sí, —solo dice intentando obviar cualquier referencia a su vida privada. No puede explicar lo que sabe lo de ella hacia alrededor de 1908. Es como un juego temido ante la verdad y que cada vez se acorta en el tiempo hasta atraparle en este diciembre de 1918. Pero recuerda que: “en 1907 se reúne con Lenin, en Londres, durante el congreso del partido ruso, y en el de la Internacional en Stuttgart, cuando Uliánov insiste en que la principal tarea de los militantes obreros es prepararse para una nueva revolución, tras la de 1905, inmerso en esos años en las disputas con los mencheviques, con Bogdánov y con Trotski, que culmina con la división en dos corrientes en 1912.

Atenta a la actualidad internacional, a las huelgas escandinavas, a la tensión en los Balcanes, a la huelga general de 1909 en Barcelona (denominada Semana Trágica por la derecha), Luxemburgo trabaja sin descanso. Pasa ese año casi tres meses en Italia, vive de su trabajo como periodista y, después, durante unos años, como profesora en la escuela de formación del SPD”(2). Pero estamos casi a finales de 1918, intuye que cada vez se está convirtiendo en su biógrafo, una pregunta le atrae a la realidad.

¿Has leído? —dice ella.

Notas:

(1) (1)  Cartas de amor de Rosa Luxemburgo Cartas de Amor de Rosa Luxemburgo Traducción: Rosa Dubinski y Guillermo Israel Diagramación: Salvador López Portada: Vanessa Cárdenas3ª edición Buenos Aires, 2015Gracias a Isabel Loureiro Reimpresión Quito, 2017 Esta  publicación  fue  apoyada  por  la  Fundación  Rosa  Luxemburgo con fondos del Ministerio Federal para la Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ).

(2)Rosa Luxemburgo: La llama ardiente de la Revolución

La ultima socialdemócrata —03

Fred Law abrió la carta escrita en el año 1900, el tono había cambiado, ella le sugeria una mujer más hecha quien escudriñaba lo que sentía su marido y no aceptaba recomendaciones sin sentido. También flotaba un deje de amargura ante tanta lucha y las ilusiones pospuestas. Volvió a releer en voz suave. El bar Pilsen estaba solo, la luz se asomaba por el ventanal donde hace unos días le viera. Su tarea en Berlín no encontraba solución y tan solo los días aciagos se sucedían uno detrás de oro. Bebió, leyó:

¡Querido Dziudziu!Realmente  -¡eres  fantástico!  Primero  me  escribes  una  carta  en  el  tono  más  odioso  y  cuando  yo  respondo  naturalmente  en  forma  breve y desganada, tú afirmas: “tu tarjeta postal está escrita en un tono que quita las ganas de responderte en detalle!…”Además,  no  te  das  cuenta  de  que  toda  tu  correspondencia adquiere sistemáticamente un  carácter  tremendamente  fastidioso;  su  único  contenido  se  reduce  a  una  aburrida  y  pedante  prédica,  como  acostumbran  ser  “las  cartas  del  maestro  al  querido  discípulo”.  (1)

Las cartas al discípulo, menuda reacción —pensó. Las mujeres se suman a los amores pero a veces estallan ante cómo les tratamos. En América esta relación entre hombres y mujeres era más pareja, pero él era un recién llegado a esto. Joven, inexperto, con una juventud que le empujaba por el mundo, de repente sentía una conmovedora solidaridad con esta mujer. Leyó otro poco:

“Todo tiene su origen en tu vieja y mala costumbre que se hizo notar en Zurich desde el principio y que ha echado a perder nuestra vida en común. Es tu mala costumbre de hacer de mentor, que te has asignado tú mismo y en la que pretendes aleccionarme y asumir el papel de educador”. (1)

Law no conocía sobremanera el alma femenina, pero un educador aparecía como una superficie que gastaba cualquier relación. Debía verla de nuevo. Debía insistir que las cartas le pertenecían y entregárselas. Pero como encontrarla. ¿Dónde? Salió del Bar Pilsen y marcho hasta donde solía estar un compañero americano que también hacia tareas de inteligencia. Le pudo ver apoyado en la barra de un restaurante barato dos calles más abajo. Le saludo y su colega respondió al verle con cierta confusión, fue al grano.

—¿Si tu tuvieras que contactar con Rosa Luxemburgo donde lo harías? El tal Ludwig Wart solo dijo una especie de frase que parecía escapar de una carnicería de salchichas.

—Ve a un bar con ventanas azules cerca del Landwehrkanal. Allí es probable que el dueño sepa lo que debe saber. Solo pide una Lager. Luego di: “la lager de Landwehrkanal es muy buena”.

Una hora después y tras pasar dos controles llegué a ese bar. ¡Hice el estúpido!, con aquella consigna. El dueño no vendía lager y me dejo beber un largo rato. Al cabo de dos horas, casi sin hablar me señalo que pasara por un estrecho pasillo, luego saliera a un patio, abriera una puerta al final del patio, para dar a una calle, en línea recta, debía buscar el tercer edificio. Subiendo las escaleras, de todas las que viera, una puerta gris era lo que buscaba.

Al llegar a la puerta gris ya era casi de noche. Golpee dos veces y pude ver como Rosa apareció. No estaba sorprendida. Me hizo pasar y me pregunto:

—¿Ha leído mi libro? Quise responder que tan solo me obsesionaban sus cartas pero improvise al decir

—Me interesa mucho y me gustaría comentar con Ud. cada día algunos pasajes.

—¿Cómo cuál?

—La crítica a Rodbertus

—¡Ah! Mi autor preferido. Y fue hasta un bolso de donde saco unas copias escritas a máquina, llevaban muchas correcciones en rojo. Luego me las puso en mi mano. Su belleza al estar cerca crecía hasta rodear el pequeño círculo de aquel piso destartalado que iluminaba una bombilla de pocos watios. Y leí: “lo que determina las crisis reside en el hecho de que la renta de los trabajadores representa, con el progreso de la productividad, una parte cada vez menor del valor del producto” (2) Le mire, luego ella dijo:

Si vemos que la productividad se refleja cada vez más en la riqueza de unos pocos, la sociedad se escindirá en ultra ricos y una masa de asalariados. Surgirá  una sociedad de guetos para defenderse de los desposeídos.

—¿Ud. cree en la igualdad? —pregunté. Sus ojos brillaron. Una media sonrisa despertó aún más mi curiosidad. Golpearon la puerta, al abrir un tipo pelirrojo, de gafas pequeñas sin patillas, con bigotito a los lados y de ojos vivaces, pero delgado, saludó. Ella le nombró por Karl, pero no me lo presentó. Me marche, nos veríamos al día siguiente a las 16.

Notas:

  • Cartas de amor de Rosa Luxemburgo Cartas de Amor de Rosa Luxemburgo Traducción: Rosa Dubinski y Guillermo Israel Diagramación: Salvador López Portada: Vanessa Cárdenas3ª edición Buenos Aires, 2015Gracias a Isabel Loureiro Reimpresión Quito, 2017 Esta  publicación  fue  apoyada  por  la  Fundación  Rosa  Luxemburgo con fondos del Ministerio Federal para la Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania (BMZ).
  • Rosa Luxemburgo. La acumulación del Capital

La ultima socialdemócrata -02

Fred Law entro al bar Pilsen, le daba vueltas ante que podía poner cada carta de las que Rosa Luxemburgo le había entregado. Decidió leerlas, ¿luego que haría? ¿Se las llevaría a América? O llamaría a una amiga para que las guardase en su casa. Miró una de 1897, la abrió despacio, iba dirigida a su amigo-amante. La carta datada en Suiza  en julio de 1897, se dirigía de una manera sencilla a quien fue su amor durante años. Law pudo ver una y otra vez como aparecía la frase: “tu ahora  no  estás  conmigo  y  toda  mi  alma  está  impregnada  de  ti”.(1) Y Rosa escribía en el mismo día que había estado con él y se preguntaba: ¿y para qué todo este romanticismo de ponerse de  noche  a  escribir  cartas  al  marido? Para que, si al día siguiente le vería -intuyo Fred Law, luego detuvo su lectura, la mayor revolucionaria de Alemania y la más buscada intuían que su marido debía escuchar sus latidos de cariño. Y terminó al leer: “Si se ajustara el idioma a la voz, la voz a los pensamientos, dónde el rayo del pensamiento atraparía a la palabra” Podía presentir el grito repetido de su nombre. Guardo la carta y no supo que hacer, aquello no podía estar en su poder. Salió del bar Pilsen, pero cuando se marchaba de frente venia ella, cojeaba levemente, traía una barra de pan en sus manos. Le saludo.

—Venía a verle. —Dijo ella Y volvieron a entrar al Pilsen. ¿Ha leído las noticias?

—Sí, le buscan —dijo Law. Desde el 9 de noviembre en que el Kaiser Guillermo II abdicó todo se había acelerado. En las ciudades principales las juntas populares de obreros y soldados formaban una especie de doble poder. La revuelta espartaquista había fracasado y le había puesto en una situación difícil, pues el gobierno socialdemócrata utilizaba los Freikorps, o grupos de fuerzas militares de derecha para eliminar los últimos restos de la revuelta y le iban a detener.

—Hoy nos cambiamos de casa, nos vamos cerca del Landwehrkanal. Sus ojos se batían de lado a lado, tal vez intentaba disimular aquella persistente intuición que anunciaba  todo acabaría mal.

Se despidieron, pero antes Fred law quiso decirle que aquellas cartas no podían estar en su poder. Ella solo respondió:

—Allí está mi verdadera vida. La puerta del bar Pilsen chirrió. El bar se mantuvo quieto cual exhalación ante aquellos días en que todo temblaba. Él vio cómo se alejaba por la acera del frente sin más protección que su instinto para sobrevivir.

Notas

Leo Jogiches (Vilna, 17 de junio de 1867 – Berlín, 10 de marzo de 1919), también conocido por su nombre de guerra Tyscha o Tyscho, fue un marxista revolucionario muy activo en Lituania, Polonia y Alemania. Se sabe muy poco de sus comienzos debido al secretismo habitual en su trabajo, surgido tras años de conspiración. Se unió a un círculo de trabajadores socialdemócratas antes de ser forzado al exilio.

En 1893, junto con Rosa Luxemburgo, cofundó el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia (SDKP), que posteriormente se convertiría en el Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania (SDKPiL). Ambos se enamoraron mutuamente, y vivieron una relación amorosa que duró toda su vida, a pesar de las dificultades, e incluso aunque nunca llegaron a vivir en pareja. El trabajo de ambos no es en absoluto fácil de separar, aunque puede observarse una clara división del mismo, en el cual Jogiches sería el organizador y Luxemburgo la teórica.

Fue miembro fundador de la Liga Espartaquista, organización revolucionaria del ala izquierda del Partido Socialdemócrata de Alemania, fundada al inicio de la Primera Guerra Mundial por Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo y Franz Mehring entre otros. El 1 de enero de 1919 la Liga se convirtió en el Partido Comunista de Alemania (KPD).

La Liga Espartaquista lideró la frustrada Revolución de Noviembre alemana de 1918/1919, en la que Rosa Luxemburgo y Liebknecht fueron brutalmente asesinados por las tropas gubernamentales. Jogiches también fue asesinado en marzo de 1919,1​ mientras intentaba investigar el asesinato de sus dos compañeros.

La ultima socialdemócrata

Amigos comienzo una nueva serie que había ido postergando sobre esta interesante mujer. –j re crivello

Clarens, 20 de marzo de 1893.

¡Ciucia, adorado! Recién (a las 4) recibí tu carta y tu tarjeta. Entonces ¡aún debo esperar dos días! Hoy a las 3 fui a la estación y pensé en volver a las 8 y 20.Desde la mañana, por primera vez, el día se presentó grisáceo. No hay indicios de lluvia. El cielo está cubierto con nubes de diferente tamaño y semeja un profundo mar tormentoso. El lago centellea y su superficie parece de color acerado. Las montañas envueltas en neblina están tristes, el Dent du Midi se ve a través de la neblina. El aire es suave, fresco y lleno del aroma del pasto y de los manzanos. Alrededor reina el silencio, los pájaros trinan continuamente como en un sueño. Yo estoy sentada en la pradera, cerca de la casa, debajo de un árbol, cerca del caminito que viene de la fuente. El pasto crece exuberante, abundan las flores, especialmente las grandes de color amarillo. Encima de ellas zumban las abejas en cantidades tales, que a mi alrededor hay un zumbido permanente. Huele a miel. Cartas de amor de Rosa Luxemburgo

Fred Law era muy joven. Había entrado en el servicio secreto americano y le enviaron a Alemania, llegó a finales de 1918. Y a finales de ese año tuvo una entrevista secreta con Rosa Luxemburgo. Llego hasta ella por un rebote. Comía en un bar destartalado y de mala muerte cuando le vio pasar delante de la ventana y dejándose llevar por el instinto le siguió hasta un edificio situado en una calle de Berlín. Antes de intentar entrar repaso sus prioridades, su jefe le había indicado que estaría solo y debía contactar con la fracción Espartaquista para ver si podían obtener una salida de la Luxemburgo hacia su país. Fred Law no entendía este interés de parte de su jefe. Era una revolucionaria que todos amaban y los socialdemócratas querían hacer desaparecer. Alemania estaba a punto de estallar y una parte estaba dominada por comités obreros. Que podía hacer esta menuda mujer en aquel laberinto donde las vidas no valían demasiado. Subió por la escalera, primera planta y dos puertas, las descartó, segunda planta igual y en la tercera solo había una. Golpeo suavemente con los nudillos. Aunque su aleman estaba recién estrenado —pensaba Law que lograría su objetivo. Una mujer baja y menuda le miro directo. ¿Qué decirle? Soy el panadero y vengo por un pedido. No, lo descarto. Fue directo:

—Vengo de EEUU —dijo. Ella suavizo su gesto, parecía que aquella mención era como si fuera la de un lunático. Y le dejo pasar. Estaba sola. Preparo dos tazas de té. Y se sentaron en un saloncito con una mesa donde cientos de papeles esperaban ser metidos en un bolso y salir hacia otro escondite. Soy del servicio secreto —agregué con mi impertinencia juvenil.

—¿Trae Ud. credencial? Y ella rio con ganas. En aquella Alemania de socialdemócratas dispuestos a matar a los que pensaran diferentes, inclusive ella y sus camaradas esa pregunta era out is door. Pero ella agrego: no saldré de aquí. La revolución es mi sangre. Aquellos que no entiendan de que hablamos perderán todos sus derechos.

—¿Y Rusia? —pregunté

—(Lenin), se engaña completamente sobre los medios. Decretos, poderes dictatoriales de los inspectores de fábrica, penas draconianas, reinado del terror, son todos paliativos. El único camino que conduce al renacimiento es la escuela misma de la vida pública, de la más ilimitada y amplia democracia, de la opinión pública. Es justamente el terror lo que desmoraliza (1) Al acabar, pude ver como escapaba aquella serena observación como si fuera fuego y dije:

—El terror también lo practican Ekbert y los socialdemócratas aquí.

—Ellos necesitan construir un régimen reformista. Ellos han usado la guerra para destruir nuestra sociedad. Son los amateurs de las luchas metódicas y disciplinadas, que siguen un plan y un esquema… que quieren saber siempre desde mucho antes lo que es necesario saber… (2)

—Hay un bar el Pilsen, muy cerca de aquí, puede Ud. hacerme llegar un mensaje urgente, le podemos garantizar una salida de Alemania

—Tome, —y me entrego una carta que no podía publicar hasta enero de 1919. Solo decía:

¡Yo fui, yo soy y yo seré! Al despedirme un cierto temblor me atravesó, ¿intuía su próxima muerte? Antes de salir también me regaló su libro más famoso sobre el capitalismo. Baje lentamente y al salir a la calle el viento frío golpeaba arrastrando todo tras de sí. Caminé hasta el Bar Pilsen.

Notas 1:

“En respuesta al levantamiento, el líder socialdemócrata Friedrich Ebert utilizó a la milicia nacionalista, los «Cuerpos Libres» (Freikorps), para sofocarlo. Tanto Rosa Luxemburgo como Liebknecht fueron capturados en Berlín el 15 de enero de 1919, siendo asesinados ese mismo día. Rosa Luxemburgo fue golpeada a culatazos hasta morir, y su cuerpo fue arrojado a un río cercano. Liebknecht recibió un tiro en la nuca, y su cuerpo fue enterrado en una fosa común. Otros cientos de miembros del KPD fueron asesinados, y los comités suprimidos”.

Notas 2:

(1)(pág. 75 Rosa Luxemburgo)

(2)(pág. 4 Rosa Luxemburgo)

Balas perdidas & cabras locas (Guerra Civil)

Siempre hemos visto en el cine americano la famosa escena donde alguien se salva porque el disparo impacta en la Biblia que lleva encima, hace unos días, en la visita al Museo de la Memoria histórica en Salamanca un cubo de cristal se puso en mi camino, en su interior un libro perforado por una bala perdida, no había más información. Ante mi apareció la ficción confirmándose. La temida ficción que a todo escritor asalta en las noches, en los sueños o en las vidas prestadas que solemos inventar al desdoblarnos.

Las balas perdidas suponen una alta tasa de ocasionar muertes. Según un estudio de Garen Wintemute, en 2012 sobre víctimas de balas perdidas en EE.UU., los datos de su estudio a partir de noticias publicadas entre el 1 de marzo de 2008 y el 28 de febrero de 2009 relacionadas con víctimas de balas perdidas en EE.UU. De los 501 incidentes con disparos que encontraron a partir de 1.996 noticias, 284 incidentes se ajustaban al criterio de su estudio. En dichos incidentes de balas perdidas resultaron heridas 317 personas, de las que 65 fallecieron ─más del 20 %─. (1)

Pero hay una expresión famosa que usan los argentinos al decir de una persona “es una bala perdida”, lo que supone no tiene arreglo. En España como somos más fuertes con el idioma, tal vez producto de mayores siglos en la espalda, hablamos de “ese es una cabra loca”. Sea en una u otra expresión, una bala perdida impacta a 60 metros por segundo según cálculos de varias webs consultadas. ¿Y una bala perdida humana? O sea aquella que llamamos hijo o hija de un hogar desestructurado.

A muchos metros por segundo diría si Ud. me permite. La pregunta que viene a nuestra mente es si una cabra loca puede regresar a su vida normal. ¿Puede insertarse? En estos días leo a John Galbraith el famoso economista socialdemócrata que fue consejero con J. F. Kennedy y luego con Lyndon Johnson. De este último dirá Galbraith que puso mil millones de dólares para un programa que él dirigió para desarrollar distritos donde “las cabras locas campaban a sus anchas” Bueno esto último no lo dice, lo ha agregado este autor. En su caso menciona que las resistencias hacia ese programa provinieron de la idea arraigada de no dar ingresos a los pobres y la demanda prioritaria de los militares de recursos para Vietnam. Agregaremos nosotros que en Vietnam morirían cientos de miles de pobres de Harlem y Galbraith acabaría despedido por oponerse a la Guerra de Vietnam.

Pero, hemos comenzado por una bala perdida en el corazón de un centro de la Memoria y como peco de polemista: ¿cuantos pobres murieron en la Guerra Civil? Parece una boutade, una pregunta trampa, sería imposible contestar esta pregunta, pero a la muerte, a la guerra siempre van las clases desfavorecidas primero, me imagino que en nuestro conflicto fue igual.

¿Y las cabras locas? Son las primeras en llegar a la guerra. Yo fui una cabra loca y somos los primeros en experimentar que hay detrás del silbido de la bala.

Buen fin de semana amigos, el lunes no sé de qué hablaremos, pero ya llegará. –j re crivello

Los niños en (de) Rusia (Guerra Civil)

«Se ve València, el rompeolas, hemos llegado». En su diario personal, Cecilio Aguirre Iturbe remataba con estas siete palabras el relato de sus vivencias del 28 de septiembre de 1956 (Link a El Periódico)

Transcribir estas cartas es tal vez un alegato contra la infamia. Hasta hace poco pensaba que aquella partida de los Niños de la Guerra tenía una lógica, pero leyendo, aparece tal vez lo que deben decir y debajo lo que insinúan sus vidas. Les invito a leer algún extracto, sus restos, sus silencios o ilusiones están prisioneras en Salamanca. ¿Guardadas? ¿Olvidadas?

Dia 25 de junio de 1937 Querida madre:

“Mama esta carta es para ti. Te pongo dos letras para decirte que estamos bien”. Juan Cecilio Aguirre

Leningrado, 21 de junio de 1937

“No se beia nadamas que mar cielo alguno que otro barco y alguna costa. Y el sábado ya una niebla y una mar que no se veía na”.

En la Urss, hacia 1937

“No nos falta de nada, en asoluto nosaben loquiacer con nosotras estamos en un sitio estupendo dicen que es un sanatorio de lomejor que hay esta cerca de la playa asi que porla mañana vamos a la playa y porla tarde en los jardines de aquí que son muy ermosos vinimos con una espedicion de niños de Bilbao”.

La memoria es como una brisa que sopla débil pero es continua y persistente. A veces nos acercamos a ella para juzgarle, en otras para anestesiar nuestras vergüenzas. En el caso de los Niños de Rusia debería ser una apuesta por la reconciliación ante quienes fueron expatriados sin consultarles y confinados en una doble vida, la real de Rusia y la ideológica o de los sueños. Vaya un homenaje para ellos. Tal vez su descanso en Salamanca les permita conversar, por la noche, sobre un sueño, la II Republica que les trajo desilusión, sangre y ostracismo.

Familias. Los marcos mentales antiguos y los nuevos triunfadores

Hola Amigos, tres días de vacaciones en Madrid me han surtido como siempre de finas observaciones que comparto –j re crivello

Cuando navegamos en las relaciones actuales no deja de sorprendernos si somos de 50 o 60 años que aun poseemos las formas de mirar anteriores, donde los pactos se realizan al interior de relaciones cruzadas de primos, tíos, hermanos abuelos y padres. En esa tribu la religión o los valores morales solidos se afianzan desde el respeto a las diferencias. Al salir al mundo actual aquello ya no existe. Esta última afirmación que puede sorprender indica que el modelo esta desapareciendo y las familias actuales están confusas o cuando menos no viven dentro de un modelo estable. Cuando hablamos de un modelo tal vez explicamos que posee unas reglas, unas resoluciones de las diferencias, o unos marcos con cierta capacidad de adaptación.

Todo comenzó a romperse cuando apareció el divorcio. Sin ser una máquina que añora la moral antigua, si podemos afirmar que aquella crisis de la pareja desarticulo lentamente el entramado que le soportaba. Para la mayoría en todo caso fue la salvación de la disciplina que imponía cuotas altas de castigo a quien se equivocará y a la mujer en particular, una dificultad añadida en su desarrollo personal. Pero allí esta nuestra memoria detenida. Hoy la mayoría de los niños son hijos de padres divorciados. Vemos una yuxtaposición de leyes, de normas y de modelos familiares, las que le procrearon y la de su nueva situación partida entre dos o tres modelos (depende de la cantidad de nuevas parejas de sus padres)

En una sociedad líquida esta variabilidad de relaciones que mutan y cambian produce resultados donde los pactos, los compromisos, las alianzas varían. En esta fase de transición hacia no sabemos aún cual espacio (aunque las estadísticas den señales del cambio: la mayoría de las parejas en España son monoparentales) suponen que algunos estilos de personalidad puedan ser más eficaces que otros. ¿Cuáles? Detecto un triunfador, los manipuladores.

Los nuevos modelos mentales siempre han encontrado individuos que se adaptan mejor. Aquellos que sobrepasan las capacidades del compromiso estimulando alianzas que crean pantallas a su alrededor. Moverse en la sociedad líquida es establecer bases de intercambio donde guarecerse. Cuando vemos que se habla mucho de las relaciones toxicas, tal vez detrás se esconda el perfil de un manipulador. De este nuevo triunfador que esta despojado del modelo anterior y solo se debe a sí mismo: es su lealtad.

En la Modernidad Líquida de Z Bauman, él observa,  los espacios o lugares émicos (aquel destinado a la exclusión), los lugares fágicos (aquel destinado a la inclusión masificada del consumo), los no-lugares (es un espacio despojado de las expresiones simbólicas de identidad) y los espacios vacíos (lugares que siempre han estado ahí, pero inexistentes en nuestro mapa mental). Es precisamente en estos espacios, en los que la humanidad se desenvuelve actualmente, que se da una cierta necesidad de exclusión.

El triunfador es un ser desprovisto de lealtades.

Domenica, mi bruja preferida

“Quienes vivimos en un mundo de libros, de pergaminos que se desintegran, de velas de llama vacilante, de ojos irritados que miran de soslayo en las sombras, tenemos nuestras manos puestas en la historia. Para nosotros siempre es ahora”. Pág. 318 Anna Rice, La hora de las brujas.

En dos pasos di con mi abuela. Domenica caminaba con dificultad y dentro de un plato, un líquido permitía que trozos de hilo de coser se unieran o desunieran. Sus ojos de verde y gris leían aquel sonido del Más Allá. Cuando hubo comprendido la razón del Ser que nos sirve la vida pudo decir:

“¡Estas sana!” La señora que le intuía recupero la dificultad que le acongojaba. Yo mire aquella ciencia venida desde el Norte de Italia, insegura y llena de calma. Me pregunte: ¿Puede el universo caber en un plato y anunciar un paso u otro?

Para nosotros siempre es ahora.

Domenica vino del Norte de Italia en un barco hacia 1890, con ella nos acompañó la ciencia más antigua del Piamonte, proteger a los demás o adivinar las fuerzas ocultas que conviven con los humanos. ¿Pero no venimos de los simios?

La brújula interior

Multitud de veces parece que se nos estropea, pero tal vez no queremos escucharla. Las oportunidades rodean nuestras vidas sin cesar. Son como brujas esquivas que cantan sin cesar diciéndonos, ven. Nuestras vidas son senderos agrupados alrededor de las emociones, de los suaves equilibrios, o de duros encontronazos. Podemos adoptar papeles, roles, ser actrices o actores y suavizar las líneas que presiden los acontecimientos. Los amigos de Instagram son un ejemplo. Actúan cada día frente a un escenario donde suaves latigazos de likes responden y se esfuman. ¿Es difícil mantener una vida autentica? Tal vez, y solicitar respuestas, de cruzadas invencibles nos delatan. Los malos cada vez son más malos, más refinados, más auténticos. Construyen sus vidas sabiendo que la reprobación se esfumará en minutos, en días, a lo máximo en meses.

La sociedad Líquida está volviéndose gaseosa. Ya nada sirve para mantener la calma y la viscosidad de las relaciones. Los malos entran, los malos salen. Es lo que vemos en los telediarios. Un hijo de un padre de la patria en Cataluña (pero podría ser en el País del Perejil) monta una red de estafa de ITV desde el poder. Lo descubren. Le caen 5 años. Y sale de la cárcel con permiso a los 30 días

Los malos entran, los malos salen. A veces uno se pregunta: ¿y si me sumo al planeta de los malos? ¿Y si todos fuéramos malos?

En definitiva hemos convertido la libertad personal en la capacidad de legislar sobre los demás. Nos hemos alejados tanto de nuestro espíritu simio que ni las convenciones de clan nos sirven.

Y los que vendrán, las maquinas los robots, la Inteligencia Artificial serán, ¡unos malos de cojones! Nos queda esa brújula interior que pueda salvarnos de la decadencia. Seremos ¿líquidos o gaseosos? Demasiadas preguntas amigos y los que leen buscan respuestas.

¿Que tripa se te ha roto? -04

Saul Leiter fotógrafo

El cuchillo

by J. re crivello

Wert pulsó el timbre de la casa de Marta, había venido solo. Frente a sí, una unifamiliar de tonos grises con lo que imaginaba que escondería un jardincillo interior. Una voz femenina le abrió paso, atravesó un camino de guijarros, al lado, la monotonía del manto verde tan solo era rota por un rosal. Luego escuchó un «tac» y la puerta se abrió desde el interior, un comedor y al final una silueta delgada, de una mujer casi en los treinta y cinco, de cabello oscuro y tez fina y blanca. Serían las siete de la tarde, en Barcelona la ciudad mudaba la piel, los turistas se calzaban ropa de noche, los últimos japos adoraban la Sagrada Familia y Wert ya en retirada venía al núcleo del conflicto: dos cuchillos, dos cuchillos retumbaban en sus preocupaciones. La exótica mujer le ofreció asiento, un sofá amarillo chillón rompía la uniformidad de los grises de diseño. ¿Por qué había aceptado verla en su propio terreno? Tal vez así desvelar algo que le había pasado inadvertido: un detalle, un tic, una mueca de risa nerviosa. Pero delante se sentaba una mujer de piernas lisas y claras, una cadera de las antiguas, unos hombros cortados en seco y una sonrisa blanca y enigmática, además de unos labios pintados de rojo como las estrellas antiguas de Hollywood. Ese era el primer aviso, toda la atmósfera era de diseño pero el hielo lo cortaba la poseedora de las claves, tan caliente, tan dueña de sí misma pero con un sabor antiguo, clásico, aterradoramente clásico. Y preguntó mirándola a ella:

— ¿El cuchillo? ¿Es suyo?

—No hay otro —respondió mirándole con dos ojos azules parecidos a dos zafiros.

—El que Ud. nos entrega tiene restos de sangre del escritor y de otra persona, y el que nos entrega J. Re es igual, pero con sangre de él.  ¿Cómo explica que existan dos cuchillos?

—Solo hay uno. El otro es una infamia de quien no sé porque razón intenta implicarme en un caso raro.

—Explíqueme nuevamente lo que ocurrió. Marta detalla que el accidente fue tonto, bromeaban, él se desequilibró, se le vino encima al estar bebido y se enterró la daga en un segundo. Al desmayarse el pánico la empujó a quitárselo, dejó una toalla tapando el agujero y salió corriendo a llamar a su amiga A. Fer  y a la policía.

—Ud. ha llamado a la Policía unos minutos después que a su amiga.

—Es lógico —respondió Marta— con los nervios, al regresar vi que no estaba el escritor en la cocina y dudé. ¿A quién llamar si no había accidente? ¿Le diría a la policía que un amigo se había cortado levemente y que yo tenía el cuchillo y no sabía dónde estaba él?

—Lógico, dijo Wert. Y repasó mentalmente, tenemos un herido, dos cuchillos con sangre y una señora muy lista. El caso está cerrado y preguntó: ¿Cuál es su relación con el escritor?

—Nada, solo acepte que subiera a mi casa ese día. Le invite a una copa y ocurrió el infeliz desenlace.

— ¿Y si el escritor presenta una denuncia por herida con arma blanca?

—No lo hará.

— ¿Cómo lo sabe? Marta se puso de pie y caminó como si pensara en esa opción pero estuviera muy segura de la reacción del otro. Luego marcó con un lápiz en una hoja una respuesta y al inclinarse muy cerca de Wert percibió un halo envolvente y arrebatador. Algo seguía haciendo «crack» en su cabeza. Abrió el papel y leyó:

«Lo sé».

Aquella respuesta le iluminó. Quien estuvo allí esa noche estaba en el círculo íntimo de Marta. Se puso de pie y caminando al azar vio una foto encima de un mueble de varios jóvenes y preguntó si podía quedársela, ella asintió, y puso detrás «nombre de la banda de los seis» y le solicitó a Marta que detallara en un papel sus nombres, sus teléfonos y direcciones de correo electrónico. Wert se despidió. Al salir envió un WhatsApp al escritor:

#Hemos presentado denuncia por heridas leves en casa de Marta Foss, pase a firmar mañana#

Un mensaje de J. Re apareció en la pantalla.

#Ok#

Wert caminó lentamente por el Paseo Sant Juan. Otra vez lloviznaba. La ciudad estaba cálidamente oscura. Un viento movía las hojas de los plataneros hacia la montaña. En los laterales del paseo un grupo de porreros, calaban y calaban. ¡Qué asco! —dijo.

« ¿Qué tripa se te ha roto?» by Ana Fernández & j re -01

Esta semana amigos, nos vamos al territorio de la ficción. abro este libro publicado en unión a Ana Fernández. 90 páginas que se pasarán volando. por las tardes regresaré con alguna de mis escrituras de ensayo. saludos y buena semana j re

« ¿Qué tripa se te ha roto?»

by Ana Fernández

El sonido de mi móvil me despertó del húmedo sueño en el que me encontraba gozando con mi vecino del cuarto, y con  la misma cantidad de mal humor que si me cortasen el momento erótico en la vida real, miré la pantalla para saber a qué loco de la vida se le ocurre llamarme a aquellas intempestivas horas de un día no laborable.

— ¿Qué tripa se te ha roto Martita?

—Nena, tienes que venir corriendo, ha ocurrido algo.

— ¿Estás bien?

— ¡Yo sí, corre, ven lo más rápido que puedas!

Me giré en el borde de la cama, buscando mis bragas —que había dejado tiradas en el suelo— y con ellas en la mano fui al baño. Me senté en el váter con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida en los azulejos —Dios no recuerdo la última vez que los limpie —exclamé. Me puse las bragas y me enfunde en el chándal de los domingos y las zapatillas de deporte. Cogí las llaves del coche y mi viejo bolso. El ascensor tardó una eternidad en llegar.

— ¡Venga por dios!

Por fin en el garaje, cogí el coche y salí a más velocidad de la recomendada. La casa de Marta estaba en las afueras. Frené y pegada al portero automático que daba acceso a la pequeña finca que la rodeaba y accione el botón de llamada.

— ¿Quién?

— ¿Cómo que quién?, ¡Marta coño, que soy yo!

El portón de entrada se fue abriendo mucho más lento de lo que yo hubiera querido. Entré despacio y estacioné en la puerta que ya se abría dejando paso a una imagen aterradora. La ropa de Marta estaba llena de sangre y en la mano derecha llevaba un enorme cuchillo de cocina.  “¿Qué demonios…?” “Acabo de matar a Juan Re” —dijo mi amiga.

-02-

A lo Bertín

by J. re crivello

A los pocos minutos cinco coches de la policía rodeaban la casa. Mi amiga Marta había cometido la imprudencia de llamar a los detectives de la famosa Comisaría de J. Wert y él estaba como si fuera una ráfaga husmeando la cocina. El cadáver no estaba y esa era su mayor preocupación, aunque yo pensaba que era fabuloso, sin muerto este sabueso no tenía tema. Pero el interrogatorio desbarrancaba, mi amiga estaba sentada en un sofá de telas rosadas, yo en una silla a su lado y el poderoso Wert decía como un loro sin pelo y antiguo:

—Dice Ud. que estaba justo en la zona donde la cocina se amplía al estilo del programa Bertín Osborne?

—Sí —dijo Marta angustiada. Mientras todos razonaban que faltaba un cuchillo y la huella de sangre daba a una ventana trasera por donde creían que el muerto había saltado.

— ¿Por qué le hirió? Marta dejó caer unas lágrimas y con frío en el alma no fue capaz de responder, solo se oía un lento murmullo repetido: «Eso es algo privado». Wert dio varias vueltas tocando aquí o allá los muebles y volvió a contraatacar:

— ¿Desde cuándo le conocía?

—Hace unos meses le vi en un bar y me acerqué a charlar con j. re crivello sobre uno de sus libros, fue muy interesante, estuvimos un rato conversando mientras el reía a cada nueva anécdota, su desolada vida cuando niño, o las tías que le protegieron cuando su madre desapareció y su padre recorrió pueblos en el interior de una provincia rica en vacas y trigo. Luego quedamos para hoy.

—Y hoy ¿Cómo fue el suceso?

—Es un asunto privado. Marta insistía en arremeter contra ese momento que les había unido. Y de allí no salíamos. Wert viendo que no tenía muerto, ni arma, ni móvil decidió retirarse, aunque su decisión la explicó de una manera extraña. Le extendió un papel, le hizo firmar una nota donde afirmaba que el suceso había ocasionado un gasto a  la Hacienda Pública y  le enviarían una factura. Además le ofreció presentarse a la Comisaría si recordaba algo.

Y agregó:

—Daremos parte de su desaparición y a la prensa diremos que está vivo, pero se hace el muerto. Y… tal como llegaron los coches patrulla, se marcharon.

Marta y yo limpiamos la cocina y me quede a acompañarla toda la mañana, luego me fui a casa.

«Te has salvado por poco».  La mirada del médico J. Ran era muy cauta, le explicó a J. Re que la hoja del cuchillo le había esquivado el bazo y penetrado en una zona blanda. Que tanta sangre era normal y que el parche que llevaba le aguantaría unos días, pero debía hacer reposo. ¿Irás a tu casa? —preguntó J. Ran.

—Si voy me echan a la calle —dijo J. Re.

— ¿Por qué te sableó? Tú no eres putero, ni te da por salir de tu casa —agregó.

—No puedo contártelo, es que aún no lo he asimilado.

—Si quieres puedes ir a mi casa pequeña, la del lago, yo llamaré a tu mujer que estás escribiendo. J. Re no respondió, por su whatsapp escribía febril.

#Wert vendrá a por mí  #Es un cabrón que no quiere en su distrito ni una falta.

 A los segundos un mensaje entró como un rayo.

#Eres un capullo, y firmaba Marta.

En la ciudad se hacía de noche, una tenue llovizna regaba la playa y el telediario dejaba caer una noticia fuera de contexto:

«Desaparece un escritor en extrañas circunstancias, deja un rastro de sangre y se lleva el cuchillo afilado de la marca Sniff en su cuerpo». El Jefe de Policía Wert declaró: «encontraremos al muerto que se hace el vivo».

 Por primera vez la ciudad se ríe de su famoso Inspector —fue el comentario general.

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