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La Sra. Ling: 1949

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General Ma hung Kuoei, 1949, foto H Cartier Bresson

by j re crivello Derechos mundiales para esta novela

Ni-lang decidió entrar nuevamente en la casa. El corazón le dio un salto al ver nuevamente todo tirado y sucio. Los días de la orgullosa Sanghai, cuando su tía le hacía venir desde el campo, definitivamente habían pasado. Fue hasta la habitación de su tía, revolvió todos los cajones y escogió algún vestido abandonado, no debía llamar mucho la atención. Se decidió por alguno gris he hizo un hatillo con otros dos en tonos verdes. Luego dio vueltas hasta encontrar un pequeño bolso, dentro añadió ropa interior y medias.

De repente se le ocurrió una idea y paso su mano por debajo del gran colchón, no quiso pensar que había servido para alimento del alma de su tía y de las traviesas proposiciones de los caballeros que alimentaban su ego y, su patrimonio. Su mano derecha dio con un objeto, tiro con fuerza de él. Era un pequeño diario rodeado con una cinta suave de color salmón. No se atrevía a espiar dentro, pero los tiempos eran extraños y malvados, su intuición le decía dónde ir ¿y si aquello le servía de ayuda? Al abrirlo una hoja fina y delgada en la solapa ponía su nombre. Una letra que volvía sobre si misma haciendo lazos para juntarse y regresar al párrafo –narraba en primera persona: “querida sobrina”. Su fecha databa dos días antes de la entrada de los Guardias Rojos en esta parte de la ciudad. Luego cual azucarillo que dejaba en sus manos, aparecía una dirección en América ¿de otra mujer? U otras opciones por si decidía quedarse. Con su dedo índice Ni-lang señalo bajando hasta el final una serie de citas posibles que le dejaba, para intentar conseguir ayuda y salir del país. En una pudo ver el nombre del abogado que había dejado en la mañana tirado en el suelo. Soñó o quiso creer, que alguno de ellos mantendría la estudiada ambigüedad para no ser asesinado por los Guardias, y mantener una cierta influencia en el nuevo aparato. Arranco esas hojas e hizo un intento de memorizar aquello, pero los nervios le doblegaban. Busco en los muebles una tijera, la hallaría en un cajón, eran dos hojas doradas envueltas en una graciosa y sensual braga de seda rosa. Con ella corto y separo cada dirección y las distribuyo en los dobles fondos de su vestido. No caerían todas, tal vez salvaría una parte. De una manera distraída, ojeo el diario, pudo leer que aparecían reflexiones personales y consejos para ser una excelente amante o para el arte del buen vivir. Aquello le parecía ¡tan alejado de su vida!, lo cerro y escondió, le leería más tarde con tranquilidad.

Esta noche podría tener visita, el funcionario que había visto en la zona de los fusilamientos, aquel que había vivido en su aldea unos años, del cual recordaba su apellido Deng podría influir. Ello le impulso a preparar una noche agradable. Decidió ir hasta el lugar donde habían dejado a su tía. En la parte trasera de la casa, donde criaban los cerdos. El cadáver estaba allí, seguía sentada y apoyada contra una pared. Su cabeza pendía como olvidada del sufrimiento y sus piernas abiertas y desgarradas, mostraban la categoría de los que le habían utilizado. Busco una pala y comenzó a cavar en un lateral del camino que da al corral, luego la arrastro hasta el agujero dejándola caer y tapando con tierra. Decidió  poner encima una pila de ladrillos para disimular la tierra removida. Ahora debía limpiar un poco la habitación y la entrada, echar llave y esperar. No aguantaría mucho allí, sola, mientras la ciudad se desangraba. Le ayudaría quizás, que en los próximos días millones querrían escapar, pero luego requisarían las casas para dárselas a los amigos del régimen y ella iría directamente a una cárcel o al campo a sumar mano de obra. De tan solo pensar que le enviarían al confín de China, a una aldea alejada de la que jamás regresaría y este pensamiento le doblegaba. ¿Habrá agua? Vio un pozo y lleno una cisterna que alimentaba el lavabo. Se hacía de noche y no debía llamar la atención, subió hasta la habitación y en el lavabo lleno con agua fría una bañera pequeña. Los grifos dorados habían sido arrancados de cuajo y los azulejos azules y rosados se mantenían de la rapiña. Encendió una vela y se desnudó. Al quitarse las prendas de campesina, solo era una mujer provista de futuro y ajena a un mundo que deseaba matar la originalidad. Metió los pies dentro, el frio le erizaba el vello y su cuerpo blanco se reflejaba en el azulejado. Se pasó jabón por los senos y levanto las piernas abriendo una y otra vez los muslos. Volvió sobre si misma a preguntarse ¿si el sexo era hacia arriba, o su tía se sumergía en los músculos masculinos? De manera recta ¿como si luchara encima de ellos? ¿O  empujando hasta vencer el deseo de cada jefe que le compraba sus horas? No sabía cómo era aquello, solo intuía. La observación en el campo, de las cuatro cabras que tenían, le daba alguna pista, pero no entendía aquella insistencia previa cuando los animales se pasaban la lengua una a otra para montarse y gemir sin letra ni canción. En ese lago de agua helada, su cuerpo le hablaba, le decía de la espera, de las dudas y el intento de preparación, para quien le visitaría esta noche. Se secó, luego se pasó una crema por todo el cuerpo. En el frasco ponía “de aleta de tiburón”. Intuía que las propiedades de este potaje alterarían a su amigo. Luego se puso una media detrás de otra hasta el final de la pierna. La seda del vestido y su suavidad le atraían hasta aquel paraíso abandonado de su tía. Se peinó, prefería renunciar a su melena y se la recorto hasta debajo de sus orejas. Estaba cambiada, de la rudeza de antaño ahora se veía una mujer sencilla pero atractiva. Limpio todo, ahora debía buscar comida, algo aún más difícil. Volvió al diario y le hecho una mirada. Extrajo una carta y extasiada la puso cerca de la vela. ¡Qué estupidez! ¡Había algo escrito! Miro varias veces y pudo ver un símbolo. Miro en la habitación –y nada, fue hasta el lavabo -y nada. Decidió ir a la cocina y en la parte de la despensa vio el mismo símbolo. Era un azulejo pegado y fuerte, decidió quitarlo. Detrás había una llave que al empujarla separaba el fondo de madera de la alacena. Con su vela entro y pudo ver una pequeña despensa. ¡Tenía comida! No mucha, pero arroz y alguna cosa de secano. Además una bodega que guardaba un poco de vino dulce y licor de arroz. Con ello comería un poco y prepararía la visita. De nuevo en la habitación, miro algunas fotos, un general gordo y fofo dormía la siesta, leyó por detrás “General Ma Hung-kouei, came to Nanking just before its fall” y ponía el año de 1949” y al pie de la imagen, un saludo de enamorado escrito en carboncillo.

Se despertó de repente, se había dormido con la foto de ese extraño general, ¿Qué hora seria? Se puso de pie y el diario de su tía cayó al suelo, recogió todo y pudo ver que una hoja llevaba una marca. La abrió y apareció una descripción del general Ma Hung, la letra cautivadora de su tía describía de una manera descarnada e irrepetible que el gordo llevaba siempre consigo varias tabletas de anís con marihuana que partía en dos y quemaba con incienso, para luego girarse en la cama y dejarle hacer. Ella le masajeaba en la espalda y en segundos su ronquido era tan intenso que el cristal de la ventana se desplazaba levemente dejando entrar el aire putrefacto de una charca cercana.

Sintió unos golpes en la puerta, se asomó discretamente. Era Deng y su coche negro detenido unos metros más adelante. Bajo a abrirle.

Página Web de la Sra. ling

Notas:

Claves para seguir la historia

Ni-Lang: madre de la Sra. Ling

1949: Entrada de los Guardias Rojos en Shanghai

Deng: Bajo su liderazgo, la República Popular China emprendió las reformas económicas de liberalización de la economía socialista1 que permitieron a este país alcanzar unas impresionantes cotas de crecimiento económico.2 Frente a estos éxitos en la economía, Deng ejerció un poder de marcado carácter autoritario, y su papel fue decisivo en la represión violenta de las protestas de la Plaza de Tian’anmen en 1989.

Miembro del Partido Comunista de China desde sus años de estudio en Francia y en la Unión Soviética, Deng se convertiría en uno de los dirigentes más importantes del Partido Comunista durante la época de Mao Zedong. Sin embargo, su cercanía ideológica al entonces presidente de la República Popular Liu Shaoqi, lo convirtió en uno de los blancos de la Revolución Cultural, campaña de reafirmación ideológica impulsada por Mao, presidente del partido, para mantener el poder frente a los reformistas como Deng y Liu, quienes fueron acusados de derechistas y contrarrevolucionarios. (Fuente Wickipedia)

El más leído de 2018: 30 abril 1945: Martín Alsa escapa de Berlín

Berlín 1945

Este artícuo bate las 600 lecturas en 2018, y cada año está en los primeros. by j re crivello

«Producía el efecto de carecer de esencia. Estaba muerto, vacío»,   -concluye  Abert Speer refiriéndose a Hitler.

Me despertaron a las 5 de la madrugada, me afeité y me lavé, de la tensión, el peine pasaba por el cabello con dificultad. Presentía el riesgo, mi sentido común era mi ayuda. Se presentó un General, me acompañó hasta un Volkswagen aparcado sobre la acera. El viaje hasta el refugio duró quince minutos, al llegar se veía el incendio de varios edificios, íbamos directos a la Cancillería. Intente ver a Speer, pero no estaba por ningún sitio. ¿Habrá desertado? Bajamos por un pasadizo hasta el bunker. Estaba todo destrozado, algunos oficiales corrían, otros dormían del alcohol de la noche pasada, o guardaban papeles en cajas (¿con que fin?) o, los quemaban sin miramientos. Me dejaron en un cuartucho con una silla. Llevaba en un bolsillo el tubo opaco con CICUTA. Se abrió otra puerta, un oficial me hizo una señal para entrar. El sitio imponía, apenas hice un paso, un olor asqueroso me impulso hacia atrás, era de un reptil putrefacto. La situación de Hitler era insostenible. Speer(¡1) me había informado que le mantenían con calmantes debido a sus continuos ataques de ira. Di un paso para acercarme hasta su posición. Él clavó su mirada. Sobre su cabeza se movía un Pez. Aparecía en una charca y vigilante entraba y salía. Alguna vez se me apareció y esta era la confirmación de cuál era su dueño. Pero, solo había una mitad, ¿dónde estaría la otra? Desde la entrevista con Eichmann hace unos meses, siempre aparecía cortado en dos mitades en línea recta de la cabeza hasta los pies.

Estreche su mano, se le veía demacrado, debajo de sus pestañas había unas bolsas que acentuaban su vejez y la mano izquierda le temblaba ligeramente. La habitación estaba tapizada en azul oscuro, detrás de su escritorio descansaba la bandera y a su lado un retrato alto, rectangular que llegaba al techo, donde vestía una chaqueta marrón. Al llevar el flequillo peinado más inclinado hacia el lado, le daba un cierto aire patético. Me invitó a sentarme, el se mantuvo de pie, ello me dejaba en una posición incómoda. Dijo:

_Martín (2), me han traicionado, desde la última vez que nos encontramos la lucha en el Este con la ayuda de los americanos se ha decantado en favor ruso. Alemania no merece vivir (3), debe desaparecer y ser destruida. ¡No es capaz de sostener con orgullo su futuro! Él gritaba y se movía de un lado a otro, su cola de reptil batía la silla, luego la mesa. He ordenado -continuó- que el final sea radical, primero los judíos, luego los comunistas y por último los alemanes que no merecen vivir este presente. Y… Hubo un silencio, basculó de izquierda a derecha, para continuar: Ud. y yo lo sabemos. Para ello hemos de convenir -él Pez se agito- que Ud. me entregara el remedio que me ayude a acabar mi tarea y yo le corresponderé. ¡No mencionaba el objeto de nuestro intercambio! ¿No podía hacerlo? ¿Será el Libro que dicen posee en su caja fuerte? El Pez encima se estremecía abrumado. Cogí con una mano el frasco con el líquido opaco y se lo entregue, mientras observaba que el Pez se colocaba en una posición vertical. Con su mano le cogió, lo abrió y se lo llevo a la boca bebiendo con fruición.

Me dirigí hasta la mesa a buscar un vaso de agua, al girar, vi que sus ojos se movían desorbitados. El Furher descompuesto queria vomitar lo que su garganta no toleraba. Intentaba decirme algo estirando una mano. El Pez arriba de su cabeza se retorcía, aparecía y desaparecía cubierto de llagas de sangre. Le ayude para que se estirara en el sillón, mientras un hilo dorado le caía por la boca. Se bebió el vaso que le ofrecí y comenzó a calmarse. El Pez parecía no entender lo que sucedía, por primera vez estaba fuera del espíritu que le dominaba. Constate que el Furher se moría, desparramado en aquel sillón. Había cumplido mi misión a la mitad, el Pez ahora dejaba entrever en su barriga el Libro y no podía hacer nada. De improviso un león alado dio un salto sobre el Pez tirando del pergamino, este para protegerse se sumergió en el agua. En el forcejeo un trozo saltó y fue a dar en el cuerpo de Hitler, continuo rodando hasta acabar a mis pies, lo recogí y apretándolo con fuerza lo guarde dentro de mi abrigo. Un viento huracanado empezó a barrer la habitación destrozando los muebles. El retrato del Furher se soltó de la pared. El calor me sofocaba, encima de mi espalda el león clavaba sus patas mortificándome e impidiendo saliese despedido por el remolino. La violencia amainó, las garras que me sujetaban me empujaron hacia la puerta, me rehíce e intenté abrirla, al salir dos pasillos se bifurcaban. Por uno de ellos, corrían hacia mi Goering y un General, decidí escapar en el otro sentido. Detrás sentía disparos. Pude ver como uno de ellos entraba para ver el estado del Furher, y el otro me perseguía. Al llegar al final, abro una puerta ¡espero sea la buena!, al fondo hay una escalera, subo por ella, siento detrás un silbato y como aumenta el grupo en mi búsqueda. Al llegar arriba aparece el patio, no veo gente, las bombas se escuchan muy cerca. Al fondo hay un camión, ¡pero no hay ningún coche!, decido ir hasta el. Maldito cabrón: ¿me ha traicionado? Acelero el paso y me monto y lo pongo en marcha. Una ametralladora vomita fuego desde lo alto del tejado en varias direcciones. Veo a lo lejos que varios hombres arrastran el cuerpo de Hitler hasta un montículo. En mi lateral avanza un coche. ¡Será ese cerdo! ¡Es Speer! Al acercarse con el vehículo se abre la puerta, sé que debo saltar dentro y dejar que el camión se estrelle en el muro, aunque sea… con la cabeza. ¡Ya está! Speer enfila hacia la salida, la ametralladora destroza los cristales traseros, el coche golpea contra la verja de la puerta, la fuerza nos despide hacia el centro de la calzada. El logra controlar la dirección y acelera, detrás nos persiguen dos motos y un coche. Giramos en la esquina próxima ¡esto va a reventar! Un ramillete de calles se nos abre, Speer grita como un loco:

_Tranquilo Martín. ¡Berlín es mío! Sé hacia dónde vamos… La cara desencajada de Hitler por el sufrimiento de la CICUTA quemándole el vientre se me aparece, mientras Speer escapa. De repente un grito me avisa:

_ ¡Prepárate que saltaremos!

_ ¿Qué…?. ¡Cojones!. Un fuerte empujón, al abrir la puerta me deja en el cemento, el brazo y la pierna me duelen. El salta -después de mí- y rebota contra una caja de madera. Al ponerme de pie, veo que se levanta y se acerca y me coge de un brazo empujándome por una puerta que se abre. Dentro un grupo de soldados alemanes me llevan y suben en la parte trasera de un camión. El chofer lo pone en marcha y salimos del garaje por otra travesía. Viajamos aproximadamente una hora, el brazo me duele horrores. Llegamos a un descampado. Parece un aeropuerto, ya es de noche. Speer se despide, su abrigo esta desgarrado, el brazo izquierdo sangra levemente. Escupe al suelo y dice:

_Martín ¡la guerra ha terminado! Este país respira igual que en la primera guerra: ¡a desolación y muerte! Los rusos invadirán nuestro territorio, años costará reconstruir el sueño. Pero no dude que dentro de un tiempo mis edificios volverán a respirar. Me estrecha la mano, gira, para subir a un coche. El nazi de contacto me invita a seguirle hasta un avión pequeño, al subir me recibe un: ¡hola! en español. Tomo asiento. La escuálida ave comienza el vuelo. Le pregunto a mí compañero: ¿dónde vamos?

_A Barcelona. ¡Si llegamos! –agrega, con sorna-. El calendario del navegante marca 30 de abril de 1945 (4).

Notas:

CICUTA: Al hablar de cicuta (conium maculatum) todos pensamos en un potente veneno. Los antiguos griegos utilizaban la planta para matar a los condenados a morir. De hecho, pasó a la historia gracias a Sócrates, ilustre personaje que perdió la vida bebiendo una infusión de esta planta. Juzgado por no reconocer a los dioses atenienses y por, supuestamente, corromper a la juventud, el gran filósofo griego fue condenado a morir ingiriendo el potente veneno. Fuente: http://www.fotonostra.com/albums/plantas/cicuta.htm

(¡1) Concedió una extensa y profunda entrevista para el número de junio de 1971 de la revista Playboy, en la que declaró: «Si no lo vi, es porque no quería verlo».

(2) Martín Alsa, agente secreto que actuaba entre Buenos Aires y Alemania. Luego se convirtió en el banquero más famoso del régimen de Perón de la primera época. Es un personaje creado por j re crivello de un libro que tal vez no aparezca nunca, con el título La Mirada que Habla.

(3) Alemania no merece vivir. Se refiere al plan del 19 de marzo de 1945, Hitler emitió la Orden Nerón para poner en marcha la táctica de tierra quemada tanto en Alemania como en los territorios ocupados. La orden de Hitler, por sus términos, privaba a Speer de cualquier poder para interferir con el decreto, por lo que el arquitecto se enfrentó con el Führer diciéndole que la guerra estaba perdida. Hitler le dio 24 horas para reconsiderar su posición, y cuando se reunieron ambos al día siguiente, Speer respondió «Estoy contigo incondicionalmente». Fuente Wickipedia.

(4) La muerte de Adolf Hitler, jefe del Partido Nazi y Canciller de Alemania de 1933 a 1945, se produjo el 30 de abril de 1945; Hitler se suicidó por medio de un disparo en la cabeza junto a su esposa, Eva Braun, que recurrió al envenenamiento con cianuro. La falta de información pública referente al paradero de sus restos y los informes confusos al respecto animaron los rumores de que Hitler podía haber sobrevivido al fin de la Segunda Guerra Mundial. La duda se suscitó intencionadamente por las autoridades de la Unión Soviética, que ocultaban información relevante sobre el suceso. Fuente Wickipedia

Mother -05: la Masacre de Ezeiza (a)

Portada B

Lara me previno, recuerdo que por aquellos días me dio por escribir en una agenda loque me parecía más importante -era el 18 de junio- y había apuntado un mensaje en papel que me habían entregado: “estaré allí por la noche, estamos preparando la llegada de Perón y solo dispongo de la noche. Y hace frio, mucho frío y espero pasar una cálida noche. A ver si cambias de menú, tanto sándwich me está saliendo un culo que… Ensalada… prepara un plato de ensalada”. Y así fue, después de casi una semana encerrado y mirando por una ventana a la calle o por la otra al jardín interior, me afeite y decidí comprar lechuga, tomate y algún aderezo. En un lado del comedor se amontonaban las cajas de pizza a domicilio y en el otro las cartas de Mother. Seguía con el tema del 122 y lo que le había costado comprar ese asiento en el avión de regreso de Perón. ¡Una millonada! Y ahora meterían a algún alcahuete, a algún seguidor. Estaba de muy mal humor. Me importaba un pito. Las calles deBuenos Aires aparecían empapeladas por los sindicatos y la foto del que llegaba. Y autobombo por doquier. Mi humor estaba desquiciado con tanto recibimiento. El tendero de la esquina un árabe del montón no paraba depreguntar: “¿Irá? Si va me puede traer un papelito. Dicen que tiraran papelitos, millones de papelitos”.

¡Que mierda!–pensé. Aguantar que el cielo y todo ese campo cercano al aeropuerto de Ezeizase transformara en una fiesta popular. Agregué una botella de vino y algo de fruta a la compra. A Lara le gustaban las manzanas, aquellas rojas que traían del Sur. En la puerta ya estaba la carta del día de Mother, ni la abrí. Limpiela cocina y el baño. Y luego en el piso de arriba cambie las sabanas. Ni siquiera me atrevía a poner la televisión, estaría conectada con algún comentario desde Madrid que decía que el viejo ya tenía las bolas afeitadas y redondas y sus secuaces la máquina paracontar el dinero. En fin decidí leer un libro hasta la noche. Al mediodía sonó el teléfono. Era la señora que atendía a Mother que preguntaba si había leído la carta. Prefería contestar con un sí, una mentira. Y escuchar nuevamente: “Y… ¿Qué?” —dije

— Veo que no la ha leído, dígame algo que su madre quiere respuesta. Colgué. Estaba de muy mal humor.
Lara llego cerca de las 8 de la noche. Estaba radiante, al verla entrar mi corazón dio un salto, hacía tiempo que no amaba hasta la medula. Comimos en el comedor y ella pregunto.
—Y bien ¿Irás a recibir al General?
—Si. Iré solo y en bici.
— ¿En bici? Su risa lleno el ambiente. Te la robarán.
—Por ello, tengo una bici antigua y le dejare en un descampado. Todo aquello es un gran descampado, luego regresare en algún autobús de militantes. Me colare. Me dejarán pues tengo cara de peronista. Esta última observación acida, de gente sin fe ni amor al cambio, de populista aborregado, le disgusto, pero ella me contó, que estaría detrás de una gran pancarta que cruzaría de punta a punta muy cerca del escenario y que diría “Montoneros”. Luego agregó: “nos preparamos para copar el acto y soltarle cuatro frescas a los que rodean al General. ¡Se verá quien manda en el pueblo!” Asentí, sentía que esa pelea no me afectaba, que ellos irían a por todas y los otros… también. Nos fuimos a la cama pronto. La noche especial se transformó, pude ver como ella se dormía exhausta.

Gocho Versolari publica en Fleming

En noviembre… Publicaremos esta novela -j re

Los pies desnudos

El corazón dormido: Luis F y su ultimo día -10

Amigos, nos aproximamos al final de esta novela, según mis calculos esta semana se acabará, y es cuando me surge el miedo a terminarla y vuelve a la papelera -j re

Cual Ave Fénix Luis F pudo ponerse de pie después de un día tan malo, pero hoy era su cita con el destino, lo había convenido y no lo dejaría escapar, pero al entrar al comedor pudo ver a WeBe sentada en el silloncito individual que a veces utilizaba para dormir sus pequeñas siestas, fuera, el día era soleado. Ella llevaba una camisa blanca ajustada a sus pechos y debajo, unas piernas afiladas y largas, las tenía abiertas y sus pies se apoyaban en unos zapatos con dos puntas de casi 15 centímetros. Las bragas de color blanco al descubierto le daban un gran contraste.

Luis F la imagino al estilo de una matrona italiana. Él le saludo, ella le pidió se acercara y puso una silla frente a aquel espacio en uve que cada mujer protege de las miradas masculinas pero que ella mantenía abierta para saludarle con insolencia. Podría haberle preguntado: “¿estás bien?”, o decirle “¡hoy se acabó!” Pero su compañera no estaba por la labor y utilizo un convencional: “¿qué haces aquí a esta hora?” WeBe con un dedo le hizo una señal de silencio y luego destapo un frasco de cristal con pintura roja (1), que estaba a su lado y metió su dedo dentro, luego lo paso por sus pantorrillas subiendo en busca del centro donde se unían sus piernas. La mancha roja se extendió como un fuego en todas las direcciones y comenzó a gotear. Repitió el gesto varias veces haciendo que la comisura de su piel se fuera juntando y sus ojos se cerraran varias veces. Luego le atrajo una de sus manos hacia la zona para que le acariciara. El dedo anular de Luis F subió y bajo sucesivamente, hasta que su amiga puso sus piernas estiradas. Luis F pudo ver aquella mujer extraordinaria entrar al reino de Dios y caminar con suaves explosiones al borde del abismo. La pintura manchó sucesivamente sus pechos y la camisa se tiño de gotas. Pasados unos minutos ella cerró sus piernas y gimió. La ola que había comenzado se fue apagando, luego, intento acariciarle y corresponderle, pero Luis F no tenía energía para consumirse en una hoguera propia, pero observo una y otra vez aquella monumental mujer de piernas suaves, blancas, rosadas y un vello que al pasar la mano se extendía cual pradera perfecta.

— ¿De dónde sacaste la pintura? –pregunto él

—No es pintura, es sangre. Tenía razón, la viscosidad se diluía. Aquel estilo de WeBe era muy atrevido. Combinar sexo y sangre le recordó que en pocas películas aparecían y pregunto:

—Es… ¿humana?

—No lo sé –respondió WeBe y hasta su mirada dio a entender que no le importaba. Ayer le hice un trabajito a un sud americano y me pago con dólares y este frasco. Y me dije, esta mañana prepararé una escena diferente.

— ¡Estás loca! La natural agonía de Luis F se había roto, no consentía este atrevimiento que ella insinuaba en los últimos meses, mientras más aumentaba su decadencia, ella más intuía que el final se aproximaba y la desquiciaba. Ya no tenía rutinas, ni sus compañías eran las correctas, ni la gran madeja de Barcelona y sus gentes le consolaban. La química entre ellos estaba al mínimo. Luis F puso una hoja en blanco en la mesita, prefería escribir su última carta, ella se puso de pie y dijo:

—Me voy a duchar. Pero regreso al segundo y depósito en la parte alta del folio un grano de café envuelto en sangre, la gota se extendió y ella sonrió al mirarle. Luego puso música y dejo correr agua en el lavabo vecino. Para Luis F su último día comenzaba con abundantes símbolos y garabateo con mayúsculas en la hoja:

LA ESTUPIDEZ HUMANA PRODUCE GRANDES INCENDIOS. Luego dormito unos segundos. Le despertó WeBe que ya estaba cambiada para salir. Serían las 10. Iba vestida con una camisa de seda roja y un tejano. Su cabello húmedo y estirado hacia atrás dejaba ver unos pómulos pronunciados y los ojos cual piedras gigantes le acercaban a su antiguo pacto de amor.

— ¿Te preparo algo antes de irme? –preguntó

—Un café, dos tostadas y una barra de chocolate –dijo Luis F. Ella, nerviosa y ágil preparo su deseo y lo puso en una bandeja muy cerca en una mesa. En un plato pequeño apareció otro grano de café envuelto en sangre. Él sonrió, ¿se debía despedir?, ¿debía decirle que hoy era su último día? No hizo falta, ella menciono que iría hasta Sitges. En aquel pueblo estaría todo el día, había una fiesta y presentía que un contacto le abriría alguna puerta. Se despidieron, ella le beso en la mejilla. Los grandes rituales quedan para las pelis, en esta habitación llena de sabor a Luis F no se permitían quiebros de cariño. Al cerrase la puerta Luis F, desayuno y escribió otra larga frase: Esta mañana he descubierto que la soledad es una alma superpuesta a otra que convive contigo y a veces es tu gran desconocida. Y asintió sobre este aspecto tan vil e irracional, en el cual elegimos compañías que ante el martirio o la decadencia del otro, comienzan una espiral de acción para negar lo evidente, que algunos deciden irse para no prolongar su agonía.

12:00

En la tele daban una comedia de bodas y bautizos. La señora de la casa preguntaba en un suave acento: ¿has visto que la mermelada viene con un juguete dentro de regalo?

13:00

Luis F comió un leve bistec con patatas hervidas. En la tele en una comedia un señor venido de Madrid apretaba sus manos una y otra vez contra una nevera. Desde atrás una voz en off decía con insistencia: “Manolo J está pensando en cambiar de acolchado para su cama. ¿Cuál elegirá? Y los brazos del tal Manolo hacían una llamada a la casa de edredones y mantas más famosa de Barcelona donde un señor le ofrecía un 2X1.

14:00 Hora de la siesta –pensó Luis F, pero puso el telediario, le mantuvo poco, al escuchar que una ola gigante se había llevado por delante miles de filipinos sin dejar ni arroz en las casas, ni las fotos familiares, ni los enchufes para poner la tostadora que los americanos pusieron de moda en ese país en los años 50.

15:00 Busco una estampita de la virgen y rezo un padrenuestro. La tele daba una publicidad de seguros electrónicos que impedían entrar hasta las moscas y uno podía ver dentro desde cualquier punto del planeta. Luis F –murmuro y, dentro del castillo humano como se ve. Sabía  –como cualquier individuo que el miedo presidia las preguntas que no nos atrevíamos hacernos. Intento acabar con su vida pero no se atrevió.

16:30 Mientras en la tele daban un programa donde una señora de pecas respondía a preguntas banales referidas a su vida, en una de ellas dijo: “estaba con Félix cada noche hasta que descubrí que se lo hacía con otra. Le deje las maletas dentro de la casita del perro que tenemos en el patio y  se murió hace un mes”. Luis F marco el número de Lucas Boy y este dijo:

— ¿Cómo estás?

—Bien. Quiero que me ayudes –agrego con una suave melodía de fondo.

— ¡Otra vez con la misma historia!

—Hoy me voy. Tengo preparada una inyección de morfina que destroza el hígado.

—Ahora vengo. Para Lucas Boy su curso de enfermería de la marina, cuando pinchaba a gigantes o enanos, las vacunas, o los antidiarreicos, o las penicilinas para frenar la sífilis era algo sencillo. Mientras montaba en su moto pensó largo y tendido en su amigo, era lo mejor. Irse suave y sin ruido.

Luis F, aún tuvo tiempo de poner sus papeles en un montoncito, iban envueltos en un papel de celofán rojo. Arriba de todo puso el grano de café pintado de sangre.

Notas:

(1)”Y la sangre os será por señal en las casas en donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. “Éxodo 12:13

Propósito: Buscar que los creyentes profundicen y valoren el sacrificio de Cristo y conocer los beneficios que este les ha traído a sus vidas.

Introducción : La pascua era la ordenanza más importante para el pueblo de Israel y uno de los eventos más mencionados en el N.T. el apóstol Pablo, refiriéndose a las experiencias pasadas de Israel, nos dice: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros…” (1 Cor. 10:11). Las familias hebreas debían sacrificar un cordero y comer su carne con ciertas hierbas amargas y pan sin levadura (Éx. 12:8).

Aquella misma noche el ángel de la muerte pasaría por cada hogar en Egipto. Los hebreos debían tomar la sangre del cordero sacrificado y pintar los dinteles de las puertas (Éx. 12:7) a fin de evitar que el ángel de la muerte tomara a sus primogénitos (Éx. 12:13).

Los escritores inspirados del Nuevo Testamento identifican este evento con el sacrificio de Jesús en la cruz del calvario.

El Corazón dormido: Luis F (-4 días) -09

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Hace diez años

Luis F abrió una caja, de su interior, extrajo un título de propiedad, ponía F G Varela. De esta manera había acabado el día anterior, luego WeBe había llegado e inundado con sus artimañas las horas de la tarde, pero eran las 8, Barcelona despertaba y luego de lavarse y preparar un café con cuatro galletas duras de un fino grano de chocolate que le recomendaba su médico, estaba dispuesto a abrir una lata de aluminio de aquellas que se usaban para poner dentro el dulce de membrillo. En su lateral se leía hecha en España, y la marca Santa Teresa, como buen goloso esa caja escondía un antiguo recetario, pero lo aparto y fue hasta un grupo de papeles atados por una cinta de color marrón. Dentro varios documentos, uno de ellos, muy antiguo que Luis F separo y estiro en la mesa, era una ordenanza del rey de 1805 que promovía el oficio de corsario, leyó en voz baja “he tenido por conveniente usar de igual arbitrio, promoviendo y fomentando el Corso particular en todos los mares, y auxiliando á todos y á qualesquiera Individuos que se hallen establecidos en mis Dominios, para que puedan hacerlo baxo aquellas leyes que autorizan el Derecho”. Luego se saltó varios artículos y releyó otro que le parecía interesante: “el Vasallo mio que quisiere armar en Corso contra enemigos de mi Corona, ha de recurrir al Comandante militar de Marina de la Provincia donde pretendiere armar, para obtener permiso con Patente formal que le habilite á este fin, explicando en la instancia la clase de embarcacion que tuviere destinada, su porte, armas, pertrechos y gente de dotación”(1).

El largo documento precedía a otro más pequeño que habilitaba a F G Varela para corsario. Luis F respiró e hizo un descanso, deseaba ir hasta aquella lapida antes de morir y ver a su antiguo familiar en su original emplazamiento. Para él, las vueltas de la vida hacían que corriera en su interior sangre de pirata. En su ventana, desde donde veía cada mañana las dos casas más visitadas por los turistas de Barcelona, ellos no intuían una perla oculta, un antiguo corsario que soñaba con recorrer las últimas horas. Busco su móvil y llamo a Lucas Boy, a esa hora su colega dormía plácidamente y escucho:

— ¡Que!

— ¿Has comprado esa casa en el macizo?

—Si

— ¿Me llevaras hoy?

— ¡No me fastidies! La voz ronca de Luis F insistió y su amigo volvió a la carga

—Pero si te meto en el coche, te vas a fatigar

—Quiero ver esa tumba.

— ¿Cuál?

—La de Varela. La que está en esa masia.

— ¿Y ahora que mosca te ha picado? Luis F no respondió, ya estaba sentado mirando una segunda reliquia, una carta escrita con letra menuda de Varela. Iba dirigida a una señora de buen ver que recibía todas sus pertenencias, era una especie de testamento y a través de una hermana llego a sus manos. Era solo una descripción de sus viajes y trifulcas, casi al final, le atrajo un garabato que llevo hasta la ventana y observo a trasluz, decía: “me enterrarán en esta colina donde el macizo se detiene y el corazón dormido nos consuela”, tal vez era la primera descripción de la casa y aquel espacio donde se instaló el cementerio y donde dejaron a algunos de los Varela.

Lucas Boy llego al mediodía, le ayudo a vestirse, con un sombrero panameño que le daba una apariencia espectral, sus 40 kilos de peso no ayudaban. En media hora estaban allí. Pero llegar al cementerio, aquello suponía subir un suave repecho, para ello Lucas Boy le sentó en una silla de ruedas con un techo de lona que había fabricado de manera artesanal. El corazón dormido despertó en Luis F una honda sensación. Parecía plegarse a una generación de los Varela, a esa suave brisa que venia del mar y remaba en las viñas. Le dejo frente a la lápida un buen rato, para Lucas Boy esa veneración no era calculada, sino más bien la adjudicaba al mal estado de su amigo y la medicación que le generaba fantasías raras. Pero, Luis F al girarse y mirarle dijo:

—Este tipo es mi abuelo. Era corsario y recorría este litoral hasta más allá de Cádiz. Les robaba a los moros que faenaban muy cerca de estos reinos. Mira allí –dijo señalando la lápida- acércate y pon más cuidado, en la base. Lucas Boy corto la hierba y además de la fecha, aparecía una frase reseca pero escrita en negro: “la mirada escapa desde esta tumba”. Para su amigo aquello sonaba a brujería, impresionado se apartó esparciendo la hierba que aún quedaba en sus manos y exclamó:

–¡Menuda frase! Seguro que nos fulmina aquí mismo. Luis F no escucho, se había dormitado. Espero una hora sentado junto a él y volvió a contar las tumbas: eran siete.

Por la tarde Lucas Boy dejo a su amigo en su casa. Luis F estaba demacrado y llamo al médico. Pero aguanto aquella noche en un silloncito frente a la ventana. No aceptaba irse a la cama, con voz temblorosa solo hablaba del tal Varela y su corte de corsarios, de sus naves, de la carga de pólvora que recibían, del tabaco robado, o de los tesoros que había en la tumba que acababa de visitar. Lucas Boy reía de tanta fascinación aventurera que había desatado aquella visita, pero al recoger la lata de membrillo pudo ver aquellos documentos y conecto el pasado con su amigo y murmuro varias veces la frase, como si rezara un padrenuestro: “la mirada escapa desde esta tumba”.

Notas

Para el mas pronto apresto de los tales Armamentos, es mi voluntad, que si los Armadores y Corsarios pidieren artillería, armas, pólvora y otras municiones, por no hallarlas en otros parages, se les franqueen de mis Arsenales y Almacenes á costo y costas, con tal que no hagan falta para los baxeles de mi Armada, y que si no pudieren pagar al contado, se les conceda un plazo de seis meses para satisfacer su importe”

 

08- Lucas Boy: We Be y la calle del pecado

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by j re crivello

W B –We Be para muchos- había quedado al final de la playa de Sitges donde un hotel inmenso esta encallado desde hace años. A pesar de hacer calor, su contertulio llevaba una camisa larga de color ocre, un sombrero de paja comprado en los chinos y unas gafas estilo señora Kennedy. We Be por su parte solo apostó por un pantalón corto –de las que llevan las adolescentes- que dejaba brillar sus muslos afeitados y con una crema para piel comprada en la dermatóloga de la esquina del hotel. Había pedido el día a Lucas Boy con un pretexto de visitar a una antigua amiga. Y a decir, ella lo era. Se saludaron sin casi respuesta y durante un largo momento miraron el mar romper una y otra vez contra un par de rocas. Luego We Be preguntó:

– ¿Te instalaras aquí?

–No sé —respondió una voz quebrada y llena de intriga, para agregar—: Esta ciudad está llena de gays asquerosos. Tal vez sea Vilanova que tiene playa y un mercado.

– ¿Que queda de nuestros pactos? preguntó We Be

–Todo. Su visitante no cedía ante el recuerdo de aquellas largas sesiones de la cárcel. Utilizo una palabra poco conocida para definirla: “tú y yo, somos como un holograma” We Be no entendió, pero supuso que aquello era casi como una estampita de la virgen de las que al ser niña te colgaban del cuello y no podías dejar de llevar toda la vida. Pero se resistía, allí dentro  —en la cárcel, el anonimato, las presiones tejían una red, aquí fuera deseaba reconstruir una nueva, a su gusto, sin estridencias con nuevas fidelidades. Casi era una respuesta de fin o bordeaba ese delicado equilibrio que tejen los amigos. Su visitante estiro la mano para tocársela, ella noto ese suave calor y la aparto. Luego le dijo al oído, tengo una habitación allí detrás—: “¿Vienes?” – y le siguió. Parecía que no podía responder de otra manera, una vez en la habitación los brillos y sus muslos se rozaron, nadie quitaba un pacto de una manera tan fácil. Y aunque se resistía, fueron pocos minutos, para a continuación estar de pie mirando desde la ventana la arena.

– ¡Has cambiado! –se escuchó en su espalda

–Si –dijo

– ¿Cómo es posible? –pregunto una voz airada. En la cama enredada en la sabana de color ocre, yacía una mujer violenta y antigua, llena de ofensas, caprichosa y fuerte. Para los suyos era un corazón de mantequilla, pero en el descampado vital implacable. Su físico trabajado en el gimnasio de la cárcel sin un gramo de grasa con una irregular concesión, poseía –según confesión propia unas bellas nalgas y si subías más allá de su mentón los labios presidian una cara delicada pero altiva, cautivadora pero muy atractiva para los masculinos.

–Al despedirse —We Be intento organizar una confesión de su retirada—: Me descomprimí –dijo y continuó; pude de ver –de nuevo- una o varias naturalezas masculinas y, recordé a Luis F. También, en la carcél el cerco nos cambia el carácter, nos lleva  a decir cosas o asumir compromisos pensando que el tiempo que esperamos recorrer será larguísimo. Poe ello debíamos protegernos… del asco, de la pasma, o de las violaciones.

– ¡Me utilizaste! Un látigo fue su recriminación

–Tú también a mí –respondió We Be, y, fui generosa contigo. Esta última frase hizo daño. Parecía despedirse de una antigua fidelidad. En la cama se deslizo una sombra, al ponerse de pie podría haber gritado, o un sollozo. Nada, solo un suave hilillo en el wáter contuvo esa despedida. Pero parecía presentirse que una rotura era demasiado, y convinieron verse cada cierto tiempo y ayudarse. Su amiga era una experta en robar sin ser vista. ¿Duraría mucho fuera? Tal vez sí. Era dura, de mirada cautivadora y con cierta tendencia a parecer a los hombres que una fuerza sexual estaba allí para dominarles, luego les ponía bajo su territorio de influencia. Sabía que el sometimiento y la fidelidad estaban a su alcance y algún que otro asesinato no probado cargaba en su cuenta. We Be se despidió de Carmen M. Antes de salir un beso travieso y de labios les separó.

 

23 horas del mismo día

Hay una calle pequeña en Sitges de no más de 300 metros, que muere en el Paseo Marítimo, es la “Calle Del Pecado”, esa noche We Be fue en busca de una copa. Llevaba una camisola abierta de color extremo y el sol le había enrojecido la piel confundiéndola con una guiri. Los bares instalados con terrazas sucesivas estaban animados, no sabía en cual entrar. El tradicional espectáculo gay animaba a una clientela variada en la cual los heteros eran predominantes. Casi al final, pudo ver una barra de colores estridentes e iluminación que surgía de plafones empotrados en el suelo. Entro. Pidió una copa. Se encontraba fuera de lugar, gente joven, turistas que gritaban y reían. Alguien que se desplazó de sitio le dijo: “Hola”. Ella sonrió y sus ojos brillaron –y pregunto—: “¿Qué haces aquí?”.

–Siempre vengo antes que irme a dormir. Su partenaire llevaba una camisa azul marina suelta, encima de un pantalón tejano y unas náuticas. Parecía más joven e inexperto. O, tal vez más fresco. Ella le sonrió, le atraía aquel atrevimiento superficial y, preguntó:

–Luego ¿regresas al hotel?

–Nunca se lo que hare durante la noche. Tengo insomnio y vago por aquí o allá. A veces descubro una mirada explosiva y me dejo llevar. We Be estaba azorada, el tipo parecía otro, como si permitiera un juego nocturno que inclusive en su experiencia le incomodaba. Pero miro hacia un lado y vio un grupo de sillones —y le pregunto—: “¿Nos sentamos?”. Lucas Boy respondió:

–Sí. Hablaron unos minutos de la fauna que observaban. En ella parecía que se había roto algo allí dentro y se preguntó: ¿Lucas será gay? Su aliento estaba muy cerca, para hablar debían acercarse a cada oreja y sus respectivos labios iban y venían. “No –se dijo. Este tipo huele a hombre” y se dejó llevar, primero se entretuvo en mordisquear su labio una y otra vez dejando que la lengua abriera un surco. Tenía a su jefe, y el ex amigo de su antiguo amado metido en su boca y trastabillaba en un juego raro. De repente le aparto con suavidad y bebió un poco de cola. Y al mirarle, aquel seguía sonriendo como si una piedra le hubiera dado en la cabeza y solo quedara un camino, aquel que ella conocía de sexo, violencia y una larga noche. Pero, era demasiado para un día, por la mañana su amiga carcelaria, y en la noche… –y dijo—: “Me duele la cabeza”. Con esa salida en frio y reducida a una variación adolescente de final de sofoco, le dejo. ¿Y él? No le siguió, era una de sus noches de caza tal vez y como decía: “buscaría una mirada explosiva”.

 

 

B J Grass: Manfredi —04

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by j re crivello. Derechos mundiales La Abeja (C)

Tenía 23 años, había dejado a mi familia, deseaba alejarme y construir una nueva vida. Solo disponía de dinero para muy pocos días. Había elegido este sitio porque tan solo vivían 1000 habitantes. Cerca del pueblo un manicomio albergaba a 4000 enfermos. Luego una cantera en la cual podía encontrar trabajo ¿Qué venía a hacer aquí? El fastidio se mezclaba con la alegría que me producía ir a la aventura.

Mis botas tocaron el borde de la carretera. Era estrecha, recta, con dos curvas en sus extremos que establecían un viaje interminable en la larga llanura. Era un paisaje egoísta y sutil, de gran amplitud, pero cobarde al aplastar al visitante entre un cielo dulce y azul y una planicie irritante.

Atravesé el camino, del otro lado se veía una gasolinera, una pista de baile y un escenario. Luego un bar y una pensión. Me rodeaba la desolación. Hacía calor, mucho calor. Fuera del poblado se veían grandes extensiones. Durante la siesta –fue mi reflexión- infaliblemente todos desaparecían en sus casas. El lento paseo me dejo frente a la puerta de la pensión, al franquear la entrada observe que serían cerca de las 2 de la tarde. Nadie se veía en la recepción, opte por golpear. Espere un momento, abrieron una puerta lateral. De ella salió una mujer, fina, estrecha de caderas, de pechos abundantes. Estaba más bien despeinada y desarreglada. Vestía con una bata que anudaba con un cinturón a la altura de su barriga, aquel estropicio en el diseño dejaba entrever un movimiento sensual. Me preguntó:

—¿Qué desea? Sus ojos chispearon, una luz de deseo despertó en mí la codicia.

—Una habitación, respondí. ¡Que estupidez!, para que si no había venido hasta aquella mugrienta recepción. Me hizo escribir mi nombre y garabatee un seudónimo: Nil Costa

—Pase. Un ademán me invito a adelantarme. Atravesamos una sala grande en la que se distribuían cuatro sillones, una mesa y un piano negro que ajado e inservible en una esquina. Hacia el fondo una puerta daba tal vez al patio –en este pueblucho asomarse a la calle era dar con un gran escenario. Por la izquierda una escalera subía a la planta superior. Ella dijo:

—Sígame. Comenzó a subir. Al ir delante, su trasero redondo, erguido, se movía y estiraba. En varias ocasiones casi zozobra. Le sobresalían unas piernas carnosas, rosadas. Sus sandalias golpeaban los escalones a ritmo obsceno. Llegamos a la primera planta, ante nosotros apareció otra sala y un largo pasillo del que se divisaban varias puertas. Me preguntó:

—¿Con lavabo?

—Si. Extrajo un manojo de llaves de su bolsillo derecho y se detuvo en la habitación 113, abrió empujando la puerta. Había dentro una cama, un ropero y una ventana que daba a la pista de baile. Ella me señalo la puerta del lavabo, decidió entrar, le seguí. Como una autómata su relato describía lo que veía, se giró para regresar hacia la cama y su cuerpo quedo frente mí. Nuevamente sus ojos dieron una antigua chispa, percibí que sus senos se hincharon. Dos palmos nos separaban. Su frente sudaba, de sus axilas mojadas despedía un hedor picante. Cual narcótico, aquel olor me paralizaba. Intente retirarme, la dura carne me atraía. ¿Qué edad tenia? Unos 30 o 40 quizás. Ella murmuro con voz acida y fría:

—Son 20 pesos diarios incluida la comida del mediodía. Dicho esto acabo de realizar el giro para salir de aquel impasse y del estrecho recinto. Parecía que se marchaba pero se detuvo un momento frente a la cama y se agacho para recoger la manta que entendía estaba puesta de una manera irregular. Por mi parte desde mi posición en el lavabo le observaba contonearse. Me pregunte: ¿es perfeccionismo o provocación? Se puso recta, abrió la puerta, antes de salir mirándome dijo:

—La cena la servimos a las 9 Cerró la puerta. Al irse el espacio recupero su aburrimiento, decidí abrir el bolso y colgar mi única camisa y pantalón de recambio.

 

La dueña de la pensión —al día siguiente- me consiguió un trabajo en la cantera del pueblo. Comenzaba a las 6 de la mañana y regresaba a las 7 de la tarde. El esfuerzo era agotador. Según mis cálculos seriamos unos 4.000 que picábamos o arrastrábamos arena del río o granito de una montaña semi-escondida. En esta tarea trabajaban 3.000 enfermos del psiquiátrico que colindaba con nuestro terreno. ¡No entendía como podían estar aquí!, ni siquiera hablaban. Les veía ir y venir como zombies en función de lo que le ordenasen y al final del día regresaban en grupos a través del camino que les unía con el asilo. Allí bebían una sopa boba y vuelta a empezar. ¿Cuál sería el acuerdo que tenían entre el Director y la familia Grover? Lo más seguro es que una parte de los resultados de la explotación terminara en los bolsillos del Director.

Los Grover, eran los dueños y señores desde hace 100 años de la explotación y de parte de la comarca. Vivían cerca de aquí, en una mansión antigua y destartalada. Lo que ganaba me alcanzaba para pagar la pensión y poco más. La brutalidad de esta familia nos ahogaba. El Viejo —así le llamaban los del pueblo- no aceptaba discusiones, mantenía su poder mediante corruptelas y acuerdos. Pocos escapaban a su influencia. ¿Dónde ir si dejaba este pueblo? Por las noches, al regresar extenuado, solo pensaba en marcharme del infierno, pero una intuición me detenía. Tal vez algo me decía que este lugar sofocante y agreste reservaba una pequeña historia en mi futuro. Una de aquellas tardes un empujón en mi hombro me retiro de mi tarea. Un tipo mediano, con poca barriga, nariz afilada y sonrisa cínica y ya sin edad dijo tan solo: “tú eres el nuevo” y sabes mates”. Luego indico a su ayudante que me pasara a la Administración de la cantera y se marchó. Mi colega levanto la mirada y sin dejar salir de su cara la más pequeña expresión dijo:

—Ese es Grover. Tienes suerte. Las tareas en esta comarca están asignadas por la suerte —pensé.

 

Héctor Prat entro en la Biblioteca como cada día, le sorprendió que esta vez estuviera sentado un tipo ya mayor, medio encorvado. Leía un libro grande casi de tres kilos de peso. Una única luz le dotaba de misterio. Decidió sentarse al comienzo pero aquel le hizo señas y fue a dar frente a él. Se saludaron y le pasó un libro y sin más lo abrió. Su mirada huidiza parecía demostrar una gran cultura pero en este espacio todos hablaban de historias disimiles y las repetían una y otra vez con insistencia. Ya se estaba acostumbrando de este lenguaje de manicomio basado en cuentos cortos que transmitían periodos de lucidez con momentos de paranoia. Aquel solo dijo.

— ¿Ella le ha mostrado la casa? Héctor Prat frunció el ceño y aquel agregó: yo fui su anterior protegido. Sin dejarle hablar, sonrió, rio y salió en dirección a la puerta. Héctor Prat se puso de pie y miró el libro grande que leía quien le acompañaba hace unos minutos, un papel escrito en letra prolija y con lápiz rojo ponía:

Los zánganos están alterados por la ausencia de día y noche; y por unas rutinas de sexo sin deseo ni amor.

Úna Fingal, nueva novela…

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Hoy presento esta novela, pertenece a una notable escritora, colabora en algunos proyectos de FlemingLAB, pero nos preguntamos: ¿qué nos puede acercar a ella? Es probable, su talento, su manera de imaginar mundos y su estilo cercano en la conversación.

¡El mundo futuro es femenino!, amigos. Les invito a comprar y conocer su nuevo libro.

-j re

“Tú, tan lejos”

La última novela de Úna Fingal. Playa de Ákaba editorial. 2016.

Link: http://playadeakaba.com/?q=obras/t%C3%BA-tan-lejos

Sinopsis:

Una recién llegada, una familia hostil, pasados inconfesables, celos y envidias, un enamoramiento ilícito, vivir entre extraños con los propios temores, una desaparición por resolver, escándalos que amenazan con salir a la luz. Secretos vergonzosos tapados mediante la doble moral. Son las claves que llevan a la protagonista, narradora en primera persona, a vivir una experiencia insólita y plagada de sinsabores.

La tensión sexual y psicológica envuelve al lector en una poderosa red de pasiones, afectos y desafectos, además de sorprenderle a cada página.

“Tú, tan lejos”, es una novela que acercará al lector a los paisajes y gentes de la Barcelona y Pirineos de los años veinte, y a un inquietante mundo que bulle en su interior, de lo más cotidiano y habitual a pesar de todo.

Bio y obra de Úna Fingal

Úna Fingal, (Isabel Laso. Lleida 1964). Cuenta con varias publicaciones de novela y relato y en teatro diversas obras suyas han sido llevadas a escena. Con La canción del bardo, obtiene el I Premio Literario de Playa de Ákaba (Playa de Ákaba 2015). En la misma editorial se encuentran otros títulos suyos como: La Noche de los Fulgores y antologías narrativas y poéticas. Miembro de la Generación Subway y de ACE. Con la publicación de Tú, tan lejos se consolida como autora de novela psicológica, de época, con misterio y romanticismo.

Para saber más, su web: http://isabellaso7.wixsite.com/unafingalbooks .

 

 

¿Quiénes escriben en agosto la próxima semana?

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La próxima semana nos visitan…

Javier Naranjo (La redonda estupidez), María Jiménez (La cuerda de la Vida), j. a. Ordiz (Velamen), Lucas Corso, Pedro J. Guirao, Ana Fernández (Quiero irme al Caribe)

Y estará en gratis durante 5 días una novela que nunca puse a este precio, Kennedy (obscenity)  Saludos –j ré

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“La llegada a Nueva York de Mardi Grass le lleva a conectar con un ex agente de la CIA Frend law, de casi noventa años. En su breve charla, aquel le convence de investigar el Complot que lleva a la muerte de John F. Kennedy. En una trama compleja Mardi Grass –su protagonista principal– va descubriendo bajo la dirección de este antiguo alto Director de la Agencia los últimos dos años –1962/63- de los intensos preparativos de las fuerzas que conspiran para el Magnicidio. A su vez Mardi Grass mantiene unas interesantes relaciones de amistad en su vida presente con un taxista, dos novias y el Director de la CIA que agregan más intriga a Kennedy obscenity.
En el último capítulo se desvela quien ha asesinado a John F Kennedy. Su autor Juan Re Crivello, se ha documentado durante meses para recrear el ambiente de la conspiración y enfrentarse a la visión que mantiene algunos medios americanos sobre ese reinado de ensueño llamado Camelot.

Link para descargarlo días 8 al 12 agosto

El Corazón Dormido -07-: Caro Vespasiano

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J re crivello

Caro Vespasiano abrió la puerta. Detrás una señora vestida con un tejido marrón y entallado le saludó. Hacía meses que no se veían. La hizo pasar. Nada había en la habitación. Para Caro, los muebles eran una ridícula manera de soportar esta sociedad en franca decadencia, aun así trajo dos sillas de la cocina. Se sentaron frente a frente. Su visita verbalizo una frase corta:

–Seré breve. En casa han quedado, los tres niños, el bóxer, la gata, un canario y un mantón de armiño que no me puse nunca. Me voy. Ahora te toca a ti cuidarles. Caro no respondió. O, tal vez sí, pero era inviable partirle la cara. Se contuvo y pregunto:

– ¿Cuándo te vas?

–En una hora. Vendrán los de la mudanza y te dejaran, los tres niños, el bóxer, la gata, y el mantón, se lo he regalado a Caritas. Junto con ellos, vienen tres maletas para cada uno, con su ropa y unas fotos de cuando nos amábamos –y echo a llorar. Caro Vespasiano no se ablando pero tuvo un detalle, metiendo su mano debajo de la camisa extrajo un escapulario de la Virgen de la Roca y se lo regalo. «Te traerá buena suerte –agrego».

Se despidieron en la puerta, la mudanza hizo su trabajo y cerro tras de sí. Luego miro a su alrededor, sus habitaciones tenían una sola cama, debía comprar tres literas, y al perro y la gata los regalaría a la sociedad protectora de animales. Era triste recuperar el pasado –pensó. Luego marcho al súper y compro comida para cuatro y dispuso agregar unos botes de alimento para gato y cereales de perro. Al regresar en la puerta se apilaban en una hilera desigual, los tres niños y los dos animales. Nadie dijo nada, comieron de dos en dos en la cocina y a la tarde vieron por la ventana la tele del vecino. Caro Vespasiano aun tuvo una idea genial:

Fabricar barquitos de papel de letrina y remontar un rio dibujado en el suelo que visitaba la bañera llena de agua.

Ya entrada la noche le visito un amigo, su moto plateada y con una línea roja se veía desde el segundo piso. Lucas Boy era un tipo especial, se conocían desde hace años, y en ese trayecto de la autopista Barcelona-Vilanova, a veces solía parar en su casa en Gava. Una localidad que seguía el recorrido del mar y la montaña. Había ido ante su llamada de socorro, tres niños, un gato y un perro eran mucha cosa. Pero tuvo tiempo de comprar una tele de 200 Euros delgada y plana que les instalo en el comedor. El rio de agua fue desmontado ante su insistencia y los niños bebieron una cola comprada en el paquistaní de la esquina, pidieron comida china y ante la insistencia de Caro rezaron a San Pancracio hacedor de la vida. Al llegar la noche,  inflaron tres colchones para dormir y luego Lucas Boy se fue cerca de las 12 en dirección al macizo del Garraf.

Nota

Ella ingreso en el Psiquiátrico.

a-Ellos amaron a su madre más que a su padre □

b-Ellos fueron a comprar más barquitos □

c-Ni lo uno ni lo otro, una nueva puerta nos abre nuevas ilusiones □

 

La Sra. Ling: 1949 & la noche con Deng –seis-

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General Ma hung Kuoei, 1949, foto H Cartier Bresson

by j re crivello

Ni-lang decidió entrar nuevamente en la casa. El corazón le dio un salto al ver nuevamente todo tirado y sucio. Los días de la orgullosa Sanghai, cuando su tía le hacía venir desde el campo, definitivamente habían pasado. Fue hasta la habitación de su tía, revolvió todos los cajones y escogió algún vestido abandonado, no debía llamar mucho la atención. Se decidió por alguno gris he hizo un hatillo con otros dos en tonos verdes. Luego dio vueltas hasta encontrar un pequeño bolso, dentro añadió ropa interior y medias.

De repente se le ocurrió una idea y paso su mano por debajo del gran colchón, no quiso pensar que había servido para alimento del alma de su tía y de las traviesas proposiciones de los caballeros que alimentaban su ego y, su patrimonio. Su mano derecha dio con un objeto, tiro con fuerza de él. Era un pequeño diario rodeado con una cinta suave de color salmón. No se atrevía a espiar dentro, pero los tiempos eran extraños y malvados, su intuición le decía dónde ir ¿y si aquello le servía de ayuda? Al abrirlo una hoja fina y delgada en la solapa ponía su nombre. Una letra que volvía sobre si misma haciendo lazos para juntarse y regresar al párrafo –narraba en primera persona: “querida sobrina”. Su fecha databa dos días antes de la entrada de los Guardias Rojos en esta parte de la ciudad. Luego cual azucarillo que dejaba en sus manos, aparecía una dirección en América ¿de otra mujer? U otras opciones por si decidía quedarse. Con su dedo índice Ni-lang señalo bajando hasta el final una serie de citas posibles que le dejaba, para intentar conseguir ayuda y salir del país. En una pudo ver el nombre del abogado que había dejado en la mañana tirado en el suelo. Soñó o quiso creer, que alguno de ellos mantendría la estudiada ambigüedad para no ser asesinado por los Guardias, y mantener una cierta influencia en el nuevo aparato. Arranco esas hojas e hizo un intento de memorizar aquello, pero los nervios le doblegaban. Busco en los muebles una tijera, la hallaría en un cajón, eran dos hojas doradas envueltas en una graciosa y sensual braga de seda rosa. Con ella corto y separo cada dirección y las distribuyo en los dobles fondos de su vestido. No caerían todas, tal vez salvaría una parte. De una manera distraída, ojeo el diario, pudo leer que aparecían reflexiones personales y consejos para ser una excelente amante o para el arte del buen vivir. Aquello le parecía ¡tan alejado de su vida!, lo cerro y escondió, le leería más tarde con tranquilidad.

Esta noche podría tener visita, el funcionario que había visto en la zona de los fusilamientos, aquel que había vivido en su aldea unos años, del cual recordaba su apellido Deng podría influir. Ello le impulso a preparar una noche agradable. Decidió ir hasta el lugar donde habían dejado a su tía. En la parte trasera de la casa, donde criaban los cerdos. El cadáver estaba allí, seguía sentada y apoyada contra una pared. Su cabeza pendía como olvidada del sufrimiento y sus piernas abiertas y desgarradas, mostraban la categoría de los que le habían utilizado. Busco una pala y comenzó a cavar en un lateral del camino que da al corral, luego la arrastro hasta el agujero dejándola caer y tapando con tierra. Decidió  poner encima una pila de ladrillos para disimular la tierra removida. Ahora debía limpiar un poco la habitación y la entrada, echar llave y esperar. No aguantaría mucho allí, sola, mientras la ciudad se desangraba. Le ayudaría quizás, que en los próximos días millones querrían escapar, pero luego requisarían las casas para dárselas a los amigos del régimen y ella iría directamente a una cárcel o al campo a sumar mano de obra. De tan solo pensar que le enviarían al confín de China, a una aldea alejada de la que jamás regresaría y este pensamiento le doblegaba. ¿Habrá agua? Vio un pozo y lleno una cisterna que alimentaba el lavabo. Se hacía de noche y no debía llamar la atención, subió hasta la habitación y en el lavabo lleno con agua fría una bañera pequeña. Los grifos dorados habían sido arrancados de cuajo y los azulejos azules y rosados se mantenían de la rapiña. Encendió una vela y se desnudó. Al quitarse las prendas de campesina, solo era una mujer provista de futuro y ajena a un mundo que deseaba matar la originalidad. Metió los pies dentro, el frio le erizaba el vello y su cuerpo blanco se reflejaba en el azulejado. Se pasó jabón por los senos y levanto las piernas abriendo una y otra vez los muslos. Volvió sobre si misma a preguntarse ¿si el sexo era hacia arriba, o su tía se sumergía en los músculos masculinos? De manera recta ¿como si luchara encima de ellos? ¿O  empujando hasta vencer el deseo de cada jefe que le compraba sus horas? No sabía cómo era aquello, solo intuía. La observación en el campo, de las cuatro cabras que tenían, le daba alguna pista, pero no entendía aquella insistencia previa cuando los animales se pasaban la lengua una a otra para montarse y gemir sin letra ni canción. En ese lago de agua helada, su cuerpo le hablaba, le decía de la espera, de las dudas y el intento de preparación, para quien le visitaría esta noche. Se secó, luego se pasó una crema por todo el cuerpo. En el frasco ponía “de aleta de tiburón”. Intuía que las propiedades de este potaje alterarían a su amigo. Luego se puso una media detrás de otra hasta el final de la pierna. La seda del vestido y su suavidad le atraían hasta aquel paraíso abandonado de su tía. Se peinó, prefería renunciar a su melena y se la recorto hasta debajo de sus orejas. Estaba cambiada, de la rudeza de antaño ahora se veía una mujer sencilla pero atractiva. Limpio todo, ahora debía buscar comida, algo aún más difícil. Volvió al diario y le hecho una mirada. Extrajo una carta y extasiada la puso cerca de la vela. ¡Qué estupidez! ¡Había algo escrito! Miro varias veces y pudo ver un símbolo. Miro en la habitación –y nada, fue hasta el lavabo -y nada. Decidió ir a la cocina y en la parte de la despensa vio el mismo símbolo. Era un azulejo pegado y fuerte, decidió quitarlo. Detrás había una llave que al empujarla separaba el fondo de madera de la alacena. Con su vela entro y pudo ver una pequeña despensa. ¡Tenía comida! No mucha, pero arroz y alguna cosa de secano. Además una bodega que guardaba un poco de vino dulce y licor de arroz. Con ello comería un poco y prepararía la visita. De nuevo en la habitación, miro algunas fotos, un general gordo y fofo dormía la siesta, leyó por detrás “General Ma Hung-kouei, came to Nanking just before its fall” y ponía el año de 1949” y al pie de la imagen, un saludo de enamorado escrito en carboncillo.

Se despertó de repente, se había dormido con la foto de ese extraño general, ¿Qué hora seria? Se puso de pie y el diario de su tía cayó al suelo, recogió todo y pudo ver que una hoja llevaba una marca. La abrió y apareció una descripción del general Ma Hung, la letra cautivadora de su tía describía de una manera descarnada e irrepetible que el gordo llevaba siempre consigo varias tabletas de anís con marihuana que partía en dos y quemaba con incienso, para luego girarse en la cama y dejarle hacer. Ella le masajeaba en la espalda y en segundos su ronquido era tan intenso que el cristal de la ventana se desplazaba levemente dejando entrar el aire putrefacto de una charca cercana.

Sintió unos golpes en la puerta, se asomó discretamente. Era Deng y su coche negro detenido unos metros más adelante. Bajo a abrirle.

Página Web de la Sra. ling

Notas:

Claves para seguir la historia

Ni-Lang: madre de la Sra. Ling

1949: Entrada de los Guardias Rojos en Shanghai

Deng: Bajo su liderazgo, la República Popular China emprendió las reformas económicas de liberalización de la economía socialista1 que permitieron a este país alcanzar unas impresionantes cotas de crecimiento económico.2 Frente a estos éxitos en la economía, Deng ejerció un poder de marcado carácter autoritario, y su papel fue decisivo en la represión violenta de las protestas de la Plaza de Tian’anmen en 1989.

Miembro del Partido Comunista de China desde sus años de estudio en Francia y en la Unión Soviética, Deng se convertiría en uno de los dirigentes más importantes del Partido Comunista durante la época de Mao Zedong. Sin embargo, su cercanía ideológica al entonces presidente de la República Popular Liu Shaoqi, lo convirtió en uno de los blancos de la Revolución Cultural, campaña de reafirmación ideológica impulsada por Mao, presidente del partido, para mantener el poder frente a los reformistas como Deng y Liu, quienes fueron acusados de derechistas y contrarrevolucionarios. (Fuente Wickipedia)

 

Web de la Sra Ling

La Sra  ling ya tiene web y es… ¡impresionte! -j re-

El Clan de la Hiena -y 03-

by j re crivello

Imagen by General Ma Hung-Kouei, Nanjing, China, 1949 Foto de Henri

Cartier-Bresson

Decidió entrar nuevamente en la casa. El corazón le dio un salto al ver todo tirado y sucio. Los días de la orgullosa Shanghái, cuando su tía le invitaba a venir desde el campo, definitivamente, ya habían pasado. Fue hasta la habitación de su tía, revolvió todos los cajones y escogió algún vestido abandonado, no debía llamar mucho la atención. Se decidió por uno gris he hizo un hatillo con otros dos en tonos verdes. Luego dio vueltas hasta encontrar un pequeño bolso, dentro añadió ropa interior y medias. De repente se le ocurrió una idea y paso su mano por debajo del gran colchón, no quiso pensar que había servido para alimento del alma de su tía y de las traviesas proposiciones de los caballeros que alimentaban su ego y, su patrimonio. Su mano derecha dio con un objeto, tiro con fuerza de él. Era un pequeño diario rodeado con una cinta suave de color salmón. No se atrevía a espiar en su interior, pero los tiempos eran extraños y malvados, su intuición le decía dónde ir ¿y si aquello le servía de ayuda? Al abrirlo una hoja fina y delgada en la solapa en letras doradas ponía su nombre. Una letra escrita de una manera particular en un excelente inglés que volvía sobre si misma, haciendo lazos para juntarse y rematar el párrafo. Leyó unos minutos, decía en primera persona: Querida sobrina. Su fecha databa dos días antes de la entrada de los Guardias Rojos en esta parte de la ciudad. Luego cual azucarillo que dejaba en sus manos ponía una dirección en América ¿de otra mujer? Con su dedo índice Li-Nang señalo bajando hasta el final una serie de citas y nombres posibles a quien recurrir y que ella citaba para intentar conseguir ayuda y salir del país. En una pudo ver el nombre del abogado que le había dejado esa mañana tirada en el suelo. Soñó o quiso creer, que alguno de ellos mantendría la estudiada ambigüedad para no ser asesinado por los Guardias, y mantener una cierta influencia en el nuevo aparato. Dudaba entre arrancar esas hojas, e hizo un intento de memorizar aquello, pero los nervios le doblegaban. Busco en los muebles una tijera, la hallaría en un cajón envuelto en una graciosa y sensual braga de seda rosa. Con ella corto y separo cada dirección y las distribuyo en los dobles fondos de su vestido. No cabrían todas, tal vez salvaría una parte. De una manera distraída, ojeo el diario, pudo leer que aparecían reflexiones personales y consejos para ser una excelente amante. Aquello le parecía ¡tan alejado de su vida!, lo cerro y escondió, le leería más tarde con tranquilidad.

Esta noche podría tener visita, el funcionario que había visto en la zona de los fusilamientos, aquel que había vivido en su aldea hace unos años, del cual recordaba su apellido “Deng” podría influir. Ello le movió a preparar una noche agradable. Decidió ir hasta el lugar donde habían dejado a su tía. En la parte trasera de la casa, donde criaban los cerdos. El cadáver estaba aún allí, seguía sentada y apoyada contra una pared. Su cabeza pendía como olvidada del sufrimiento y sus piernas abiertas y desgarradas, mostraban la categoría de los que le habían utilizado. Busco una pala y comenzó a cavar en un lateral del camino que da al corral, luego la arrastro hasta el agujero dejándola caer y tapando con tierra. Decidió poner encima una pila de ladrillos para disimular la tierra removida. Ahora debía limpiar un poco la habitación y la entrada, echar llave y esperar. No aguantaría mucho allí, sola, mientras la ciudad se desangraba. Le ayudaría quizás, que en los próximos días millones querrían escapar, pero luego requisarían las casas para dárselas a los amigos del régimen y ella iría directamente a una cárcel o al campo a sumar mano de obra. ¿Habrá agua? Vio un pozo y lleno una cisterna que alimentaba el lavabo. Se hacía de noche y no debía llamar la atención, subió hasta la habitación y en el lavabo lleno con agua fría una bañera pequeña. Los grifos dorados habían sido arrancados de cuajo y los azulejos azules y rosados se mantenían dando al espacio una cierta calidez. Encendió una vela y se desnudó. Al quitarse las prendas de campesina, solo era una mujer provista de futuro y ajena a un mundo que deseaba matar la originalidad. Metió los pies, el frio le erizaba el vello y su cuerpo blanco se reflejaba en el azulejado. Se pasó jabón por los senos y levanto las piernas abriendo una y otra vez los muslos. Volvió sobre si misma al preguntarse, ¿el sexo era hacia arriba, o su tía se sumergía en los músculos masculinos? De manera recta ¿como si luchara encima? ¿O empujando hasta vencer el deseo de cada jefe que le compraba sus horas? No sabía cómo era aquello, solo intuía. La observación en el campo, de las cuatro cabras que tenían, le daba alguna pista, pero no entendía aquella insistencia previa cuando los animales se pasaban la lengua una a otra para montarse y gemir sin letra ni canción. En ese lago de agua helada, su cuerpo le hablaba, le decía de la espera, de las dudas y del intento de preparación, para quien le visitara en la noche. Se secó, luego se pasó una crema por todo el cuerpo. En el frasco ponía “de aleta de tiburón”. Intuía que las propiedades de este potaje alterarían a su amigo. Luego se puso una media detrás de otra hasta el final de la pierna. La seda del vestido y su suavidad le atraían, le internaban en aquel paraíso abandonado de su tía. Se peinó, prefería renunciar a su melena y se la recorto hasta debajo de sus orejas. Estaba cambiada, de la rudeza de antaño ahora se veía una mujer sencilla pero atractiva. Limpio todo, ahora debía buscar comida, lo cual intuía muy difícil. Volvió al diario y le hecho una mirada. Extrajo la carta y extasiada la puso cerca de la vela. ¡Qué estupidez! Si allí ¡había algo escrito! Miro varias veces y pudo ver una inscripción, vasta ligera. Miro en la habitación –y nada, fue hasta el lavabo -y nada. Decidió ir a la cocina y en la parte de la despensa vio el mismo símbolo. Era un azulejo pegado y fuerte, busco un cuchillo y raspo la cal para quitarlo. Detrás había una llave que al empujarla separaba el fondo de madera de la alacena. Con su vela encendida entro y pudo ver una pequeña despensa. ¡Tenía comida! No mucha, pero arroz y alguna cosa de secano. Además una bodega que guardaba un poco de vino dulce y licor de arroz. Con ello comería un poco y prepararía la visita. De nuevo en la habitación, miro algunas fotos, un general gordo y fofo dormía la siesta, leyó por detrás “General Ma Hung-kouei, came to Nanking just before its fall” y ponía 1949” y al pie de la imagen, un saludo de enamorado escrito en carboncillo. La imagen era de hacía muy pocos meses.

Se despertó de repente, se había dormido con la foto de ese extraño general, ¿Qué hora seria? Se puso de pie y el diario de su tía cayó al suelo, recogió todo y pudo ver que una hoja llevaba una marca. La abrió y apareció una descripción del general Ma Hung, la letra cautivadora de su tía describía de una manera descarnada e irrepetible que el gordo llevaba siempre consigo varias tabletas de anís con marihuana que partía en dos y quemaba como incienso, para luego girarse en la cama y dejarle hacer. Ella le masajeaba en la espalda y en segundos su ronquido era tan intenso que el cristal de la ventana se desplazaba alevemente dejando entrar el aire putrefacto de una charca cercana.

El Clan de la Hiena -02

Hay novelas que uno nunca terminará de escribir, pero bullen con fuerza. ¿Dónde nacen? En un espacio pequeño e imaginario que se repite en mi cabeza, donde veo a miles de chinos intentando escapar en Shanghái, a la llegada de los Guardias Rojos. Ni-Lang, la protagonista se vuelve y me mira invitándome a que cuente su alocada aventura y… sufro por no tener tanta fuerza ni tanta grandeza. –j re-
#Pero van tres capítulos…

by j re crivello

Antes de dejarse llevar por la multitud recordó que en su bolsillo llevaba una daga, al bajar por la escalera del abogado que había sido amiga de su tía, en un giro del pasamano de los tres pisos de aquella larga escalera, la había encontrado. “Como muera en vida” –dijo en voz baja, esta fina hoja de acero que descansaba tendida entre a pared y la madera y ante la cual, no necesito hacer presión para separarla. La retuvo contra sí y luego la guardo debajo de su falda, en un lateral de su pierna derecha puso como su abuelo antaño le contaba un fajín sencillo, en aquella nalga delicada que servía de base a dos piernas finas. Parecía sentirse más protegida. Como lo estaba en este rio de mujeres que caminaba por la larga avenida en dirección contraria al puerto con pancartas y gritos a favor de Mao. Solo eran comparable a ella en su larga túnica vestido del estilo de la comuna campesina china, un solo color o blanco o gris, un solo peinado largo o corto y un hervidero de murmullos que unía al rio con el cambio que suponía la llegada de Mao. Solo les distinguían, en que todas llevaban zapatos de hebilla y unas medias blancas cortas a la altura del tobillo, casi como un grupo de estudiantes, pero alejadas de su espíritu campesino. El grupo era una larga columna que se ordenaba de siete en siete dejando un medio metro de separación. Para una campesina como ella esta fuerza difícil, alegre, inestable que soñaba con un aventurero que dirigiría el Estado, desde más allá de la palabra y el silencio, y a quienes no cejaba de presionarles, como un murmullo que repicaba en sus cabezas. Aunque, aquel tumulto en ese espacio urbano, de gente enfervorizada que aún no conocía el foso del dolor próximo. Ella venia del interior, del campo. En esa solitaria rapsodia los comunistas ya dictaban la ley. Una de ellas le dio una banderola, llevaba cinco letras en vertical. La cogió de manera mecánica, solo pudo disimular pero tras una hora de marcha el grupo se disolvió y ella pudo adivinar una estrecha calle que llevaba a la casa de su tía. Decidió mantener la banderola en sus manos y casi antes de llegar a la casa familiar se detuvo en un descampado. Era el espacio donde fusilaron a sus familiares le explicaron unos vecinos mayores, sentados a la entrada de una puerta donde antiguamente lavaban pescado, aún dos Guardias Rojos cuidaban los restos. China entera era una gran ola de montañas de personas calcinadas en montículos donde el olor a carne se pegaba en los vecinos. No podía preguntar de manera directa aquello le llevaría a una situación difícil, pero sí pudo ver que uno de ellos era de su aldea. Él la reconoció desde lejos y se adelanto a su encuentro recibiéndole con un leve saludo. Luego le miro intentando descubrir que hacia allí, ella dijo en voz muy baja:
“Me han dicho que mi familia estuvo aquí hace dos noches”. No podía mencionar lo que se suponía era un crimen. El asintió con una mirada fría, y pregunto: “Y, ¿ahora donde iras?”.
“¿Que me aconsejas?”. Demasiada confianza, rápida, extrema ante un paisano que solo había pasado unos años en su poblado. El respondió:
_Puedes esta noche dormir en casa de tu tía. ¿Aún vive en la calle Wang?, y… en los próximos días puedes intentar subir a algún barco para América. Se calló, le miró un segundo para continuar: algunos colegas, me han dicho que están dejando escapar a los irrecuperables. Esa palabra le dio asco, ella era de allí, de esa provincia de ese país desde hacía siglos. Su abuelo había crecido con el paisaje y él había enseñado a la innumerable gente el valor de la tierra. Pero dejo hacer, quería ver que había además de Mao, el Guardia insinuó masticando las palabras de una en una: en los próximos días estaré con este amigo en una de las salidas del puerto. ¿Tienes pasaporte?
_Si. Aunque antiguo y del régimen que estaba desapareciendo.
_ Pues tú me buscas y yo te dejare pasar en dirección al puerto, luego te quedara encontrar un barco. Dicen que están bloqueados fuera del puerto, dentro del mar y no hay garantías de su próxima entrada.
_ ¿Y quedarme? –fue la pregunta glacial y firme. Le miraba a los ojos y percibía una respuesta fría, infeliz, casi sin vida que provenía de alguien que era masa, carne de una contienda de la cual deseaba salir a costa de eliminar a los irrecuperables. Pero tuvo el Guardia le sorprendió, detrás de su máscara surgió el atrevimiento, intento mojarse y dijo: “Mao estará muchos años, ¡muchos! Si no estás dispuesta a entrar al Partido y te quedas en la aldea, la pasaras muy mal”.
_ ¿No hay futuro? – pregunto. El bajo su cabeza sin querer dejar que su corazón mostrara cuan ebrio de poder resumía su deseo, su próxima vida, y exclamo metido en el discurso oficila:
El estado debe ser refundado, las mentalidades cambiadas y la economía puesta al servicio del… clan. Esta última palabra sonó como si marcara a un grupo reducido de mandarines que tejerían las sucesivas intrigas, luego agrego: solo veo un largo periodo de angustia y liquidación. De repente se le había revelado ante si, alguien que no era un simple Guardia Rojo, sus gestos, su oratoria, su cabeza redonda asentada en una baja estatura y una ligera barriga le informaban que estaba allí en una misión, se atrevió a preguntarle, era una majadería quizás, o algo inoportuno en un país revuelto y lleno de asco., con continuos cambios y donde la fuerza según Mao estaba en la punta de un fusil… “Y… ¿tú serás grande algún día?” Su mirada alumbrada por el poder que intuía, estaba allí presente, aunque calzara un vestido gris y ajado. Pero Teng Hsiao-p´ing, Dèng para sus paisanos era uno de los pocos que veía los enigmas y los intentaba resolver. Así había sido en la aldea, y también lo había sido al nacer dentro de la etnia de los Hakka Han, en la aldea de Paifang, (Guang`an) en la provincia de Sichuan y que por extrañas razones había pasado unos años en su aldea. El casi no contesto, era sabido que respondía con un enigma detrás de otro, que hablaba desde un confucionismo tan peculiar y tan amado por los chinos, pero volvió su mirada hacia ella, de almendra tiño la distancia, de suave y profunda fe en la Humanidad, para responder con una pregunta:
_ Irás a casa de tu tía
-Si.
_Esta noche iré, los espejos dan luz, sin pensar que quien se observa en ellos, tal vez ve una imagen inestable, que cambia ante los humores del pueblo. Un coche negro grande y hambriento de asfalto, de los requisados por el partido en la sede de los dirigentes nacionalistas, se detuvo cerca de ellos dos y él se montó allí como dueño de la guerra o dueño de los enigmas. Lo que pocos sabían dentro de la tradición china, es que Mao tenía otra baraja que agitaba y movía sobre las conciencias y ahora el repartía sus cartas. Una partida de colosal estrategia, que entre ambos había comenzado y duraría años.

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