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El corazón dormido: Lucas Boy y el entierro de Luis F. —12

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El cementerio lo inauguraron en julio, un calor horrible se abatía sobre esa parte del macizo. Estaban invitados las autoridades y un coctel en la parte delantera del Hotel fue lo más correcto, primero pensaron en hacerlo a la salida del camposanto pero desistieron. Si acertaron con una ceremonia religiosa frente a las tumbas. Los allí enterrados, todos piratas, ninguno era católico, y Luis F, el ultimo Varela en llegar tampoco presumía de querer rezar. Con lo cual el cura oficio una misa corta donde se soltó sobre historias de los navegantes y la fuerza de la vida que se despacha por los mares y regresa cargada de joyas, renuncias y traiciones que se deben expiar. Nadie dijo nada. A lo sumo el suave cinismo de Lucas Boy mostraba una sonrisa entre el encanto masculino o el emprendedor que está en la cima de su éxito. WeBe asistió vestida con una blusa rosa salmón y una falta estrecha y corta que dejaría hasta sin aliento al propio cura, un hombre conocido en la zona de alrededor de 30 años y que impregnaba a su alrededor de una atmosfera de párroco metrosexual. La cita fue para Caro Vespasiano una manera de atender a tanta garganta deseosa de vicio como le gustaba decir. Una vez que acabo la misa los parroquianos se espaciaron por las tumbas para ver aquellas fechas tan antiguas y sus garabatos que aparte del RIP incluían una suerte de pequeñas frases. Caro tomo nota en una libretita el nombre de tres piratas:

Porter  Varelay y su frase grabada en el mármol: Judas llenó el mar de riqueza

Robert Varela y su frase: He vivido y muerto atado a una mujer

Joan Varela y su frase: El sudario de Jesús está enterrado en esta tumba

Nadie se atrevió a mirar si esta última frase era cierta. Abrir su tumba y luego lo que quedara de aquella caja e intentar si quedaba algo dentro. ¡Estaba prohibido!… por Lucas Boy y Caro quien por superstición no amaba mover a los muertos y la seguía a pie juntillas.

Luis F ocupaba el centro en un espacio libre; le habían hecho una lápida de mármol de las canteras del macizo y su frase llamaba mucho la atención. El cajón estaba en la parte baja ya apoyado en la tierra de la tumba. Ese día el cementerio fue un éxito, al público le sorprendía ver aquellos piratas que se distinguían por sus complejas experiencias y sus míticas opiniones condensadas en sus tumbas. Todos, mejor o peor deseaban saber más sobre aquel pasado, pero el poco material existente eran cartas antiguas de navegación y retazos de sus opiniones que Caro había colocado en una urna especial a la entrada del Hotel. Para WeBe, una de ellas siempre llamaba su atención y decía en un castellano antiguo:

“El mar arrasara con sus muertes a los vivos que esperan resarcirse de los odios acumulados, solo es posible comprender el mal si al visitarte, te anuncia que posees una ventaja. Y ese es el momento de cumplir tus propios deseos y correr”.

Era como ¡una lámpara de Aladino! Había comentado en su momento Lucas Boy. Para Caro ese anuncio iba más allá del presente y abría una unión entre aquellos y nosotros. El mal, quien nos visita siempre. Pero esa carta poseía una explicación personal escrita por Luis F, en carboncillo, con las letras redondas y estirándose hacia atrás, que dejaría en la montaña de papeles antes de morirse y era menos sutil, más alegre:

“¡Carajo! En esta forma de explicar sus historias se ve que la vida te da una oportunidad y si te equivocas, la guadaña de la muerte te lleva rápida y veloz”  ¡Viva el Che! Luis F.

En esas formas de ver la vida se escondía… una etapa de aquellos pasados, donde el corazón dormido se ejercitaba en favores o enmiendas que soltaría  el futuro. Ni la cárcel, ni las vueltas entre esa trilogía Luis F, Lucas Boy y WeBe podía ser alterada, por ello Caro amenazaba con amarla a ella pero intuía que le dejaría, que le mataría de amor o de sexo. Así y todo en la fiesta se le acercó y dijo muy cerca en su oído.

“Esta noche”. WeBe sonrió mostrándole sus labios y pasar suavemente la lengua de dentro a afuera y decir con voz muy suave:

—¿Quieres fornicar? Caro se quedó pasmado. Esa puta palabra le abría el corazón en dos pero le agradaba que ella le anunciara que podía ser un partenaire.

—Si –respondió. A las 12 esta noche, en la Calle del Pecado. Otra vez esa calle, debía pasar por allí y beber algo para ser un amante, quiso cambiar, hizo un gesto, pero ella no acepto, tal vez hasta sería delante de Lucas Boy para recordarle que el hambre de su amigo le consolaba. El cielo se nublo, y casi sin viento, un aguacero descargo sobre los invitados. Todos corrieron en dirección al hotel. Solo se mantuvieron de pie como clavados WeBe y Lucas Boy. Un rayo dio contra el muro hacia el final del cementerio. El agua inundo el foso abierto y el cajón de Luis F. apareció y floto como en una danza macabra alrededor de las tumbas siguiendo la salida del cementerio mientras el riachuelo formado le arrastraba. Lucas Boy miro a WeBe una sonrisa intima de complicidad les unió. El agua les llegaba al comienzo de las pantorrillas. Ella se acercó hasta el patinando y se cogió de su mano. La risa era ya una carcajada que estallaba más allá de su complicidad, al ver que el cajón flotaba y seguía bajando en dirección del hotel, atravesarlo por un lateral y encallar en una enorme piedra al borde de un precipicio. Ella se arremango la falda y le beso suave en su boca. Lucas Boy respondió levantándola y arrastrándose en el barrizal para apoyarle en el muro  y desvestirse apresurado. WeBe dijo:

—¡Ahora sí! Lucas Boy moderado y con su doble matiz —exclamó:

—Si! ¡Si! El aguacero reventó entre las nubes dejando caer cientos de litros sin más, que arrastraron todo en derredor.

El corazón dormido: IL MORTO QUI PARLA –11

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–Trasladaremos el cuerpo de Luis F., se cumplen 10 años de su muerte y lo mejor es situarle en el pequeño cementerio cerca del Hotel Espíritu –dijo Lucas Boy

–A los muertos es mejor dejarlos en paz. Para Caro Vespasiano el hotel ya era un éxito, y el pequeño Camposanto que estaba rodeado de unas paredes altas, hechas con piedra de la zona, con una reja gruesa, y ocho lapidas en el suelo, guardaba los cuerpos de antiguos corsarios –según decían– de la familia Varela.

–Lo adecentaremos, y pondremos un pequeño sendero para que los clientes del hotel le puedan visitar. ¡Será todo un éxito! Lucas Boy no había escuchado sus argumentos. Caro insistió: «¿Por qué narices vas a meter a Luis F. entre un grupo de piratas?»

–Pues tan fácil como que él era… un Varela. La cara de asombro de Caro pareció romper todas sus defensas, tan solo dijo: «¡Y… tendremos que pedir permisos!»

–No hará falta, conozco a uno que me debe un favor y retirara los huesos del Cementerio de Montjuich para enviármelos en un jarrón grande comprado en un bazar chino. Vendrá cerrado y por DHL. Cuando Lucas Boy tomaba una decisión vulneraba todos los acuerdos con la moral. Caro –dijo:

–¿DHL? Y al tipo de la furgoneta… me lo imagino yendo hasta el cementerio y tú esperándole en la puerta.

–¡Como lo sabes! –exclamó Lucas Boy con una leve sonrisa. Se imaginaba el conductor servir el paquete y el vestido con una capa negra para dar la sensación de una película de Hollywood. No temas –agrego– le recibiré con una nevera de camping y dos cervezas para distraerle de la pregunta principal: ¿Ud. vive aquí?

–Si WeBe se entera, dijo Caro. Tan solo de imaginar que ella descubría el pastel tendrían ambos que emigrar.

–No lo sabrá, ni por mí, ni por ti. Esta última frase la acentuó con su mirada gélida. Aquella observación puso a Caro bajo la sospecha ¿Qué sabia de la relación entre ambos?  ¿Y con We Be? Aunque intuía que el estropicio del traslado de los huesos acabaría mal. Los huesos de su ex llegando en DHL. ¡La trifulca será descomunal! Lucas Boy percibió las dudas de su amigo y dijo, a su manera, con cierta frialdad, letal, sin dar espacios para el pacto.

–Luis F. vendrá alegre y vil como siempre. Luego afirmo al referirse al muerto: ¡No era un santo!, y… en su nuevo sitio descansará al lado de su familia. Será como si completáramos…  la nave pirata. La broma no gusto a Caro –y preguntó

–¿Le compraras una lápida?

–Ya la he encargado. Pone lo mismo que en Montjuich, solo le he agregado “turbio, santo y amigo”. Luego invitaremos a WeBe a la tumba. También prepararemos un folleto de publicidad que pondrá: “visite el cementerio pirata de los Varela del Macizo”.

–Me imagino –dijo Caro con un desagrado indisimulado.

–Así –respondió Lucas Boy –para agregar–. Esas tumbas son del 1700 ¡que narices! Sin nosotros… ya se habría perdido su recuerdo.

–¿Y los turistas irán? –preguntó Caro

–Los turistas y los nacionales. He investigado esta zaga de piratas, fueron los más fuertes de la zona y nadie sabe dónde están sus tumbas. Es el único cementerio pirata de España y en el resto de Europa solo hay dos. Nadie lo sabrá hasta que nosotros digamos a la prensa del nuevo aliciente del Hotel Espirito.

–¿Y si nos trae mala suerte?

–Los muertos no traen mala suerte. ¡Están muertos! –exclamó. Haremos que los Autocares se queden en la explanada del hotel y los turistas suban a pie hasta ese pequeño espacio desde donde se ve todo el mar.

–Desde luego que la vista ¡es magnífica! –cerro la charla Caro Vespasiano.

 

###

Lucas Boy llego al hotel cerca de las 8. Prefirió ir hasta la habitación de       WeBe, era su día libre, y esperaba darle la noticia del cementerio, pero le quitaría importancia. Golpeo en la puerta. Nadie contestaba, e insistió hasta oír un grito: «¡ven más tarde!». El siguió con sus nudillos dando en la puerta de manera suave. Un sonido del pestillo le permitió entrar. Estaba todo revuelto, abrió la ventana y el sol inundo el cuarto. Ella llevaba un camisón de seda, muy corto que cubría la pelvis sin dejar ni un centímetro de reserva. Su cabello despeinado le recordaba a las matronas italianas. WeBe se sentó en una silla pequeña y puso un cojín entre ambas piernas dejando que sus pantorrillas sobresalieran.

–Qué quieres ¡joder! –dijo Ella. Lucas Boy dudaba y pregunto: « ¿Te acostaste tarde ayer?»

—¿Te importa? —fue la pregunta de ella.

–Bueno, al ver tu cara… un poco

–¡Tu  no mirabas mi cara!

–¿Y qué imaginas que miro? –dijo Lucas Boy sonriendo.

–Mis pechos. Seca, cortante y llena de pólvora Ella conocía su atractivo. Lucas Boy se retiró hasta la ventana. WeBE insistió a su espalada:  «¿O no?  Él se giró para mirarle de reojo, mientras We Be se mordía una uña y la liberaba de su pintura. Lucas Boy dedujo que aquello no le llevaba a ningún sitio. Ella al mirarle dijo:

– ¿Y?

– ¿Quieres desayunar? ¡Qué idiota!, una vez más le invitaba a un sitio público. Pero la respuesta fue destornillante.

–Me visto y te acompaño. Ya que me has despertado… para mirarme los pechos y luego disimular con el rollo del café. Lucas Boy sonrió y dijo: «te espero en el bar de la esquina». Intentaba evitar la sesión de desnudo y cambio de ropa que vendría, pero ella no espero, el camisón fue al suelo y rápida escogía su ropa interior. Lucas Boy se resignó, mientras observaba un cuerpo compensado, de tez rosada, nalgas redondas y unos pezones que le metían en la categoría del mirón. Para tantos años en la cárcel tenía un buen tipo.

–¿Cuál es tu nota? –pregunto We Be.

–8. Ella se giró y sonrió.

 

Al llegar al bar, Lucas Boy se pidió un café y un pequeño bocadillo, para WeBe un café con leche y una pasta. Al mirarle, hoy parecía tener los ojos grises y se la veía inquieta. Boy dando un rodeo comenzó a explicar su proyecto del cementerio:

–He pensado en trasladar a Luis F. desde Montjuich hasta un pequeño cementerio que está cerca del Hotel en el macizo. Solo hay 10 lapidas, lo limpiaremos y le dejaremos en una nueva tumba. Ella le miro, buscaba algo detrás de aquella historia, pero su desconfianza fue cediendo. Se le ocurrió preguntar:

–¿Está lejos del Espíritu?

–No, a tan solo un kilómetro, en la ladera que da al mar, por la parte derecha.

–¿Dónde están aquellos muros antiguos? «Si»

–Es un buen sitio. Lucas Boy no se atrevió a decir que estaría en el recorrido turístico, ni que le acompañarían sus parientes corsarios, solo los menciono de pasada: «Algunos de los allí enterrados son parientes de Luis F.; el día antes de fallecer fuimos a visitarle y me pidió que le dejara con los Varela.

–¿Él era un Varela? —Pregunto WeBe como dando a entender que conocía algo de aquella historia. «Si» -respondió Boy.

–No me parece una mala idea. Mientras ella le rodeaba con una mirada cargada de desconfianza, Lucas Boy permanecía impenetrable. ¿Me puedes llevar hasta allí?

–Cuando este todo limpio y hayamos trasladado los restos. Tampoco menciono que vendrían por DHL. Ella sentía que algo le decía ¡insiste!, pero cambio de tema.

–¿A Caro Vespasiano le conoces desde hace mucho?

–Desde pequeño –respondió Lucas Boy

–¿Estuvo casado? ¿Es viudo? O… Lucas Boy rápido y sin dejarse sorprender por el terreno que WeBe comenzaba a recorrer si darle aparentemente importancia –dijo:

–¿Qué quieres saber?

–Nada. Una respuesta que Lucas intuía venia cargada de intensas posibilidades y por ello agregó:

–Conozco casi todo de él, menos esos diez años que hemos estado separados. En su interior, dudo si decirlo o no, pero menciono con fuerza: siempre que estamos juntos intentamos regresar al corazón dormido –y luego cambiando, agrego– Su mujer está en un Psiquiátrico.

–¿A qué te refieres con regresar al…

–Tú te fuiste a la cárcel; Caro se casó; Luis F murió hace diez años; yo me separé de Vivian R; Ron Carey se hizo millonario y Mar Pérez apareció de nuevo.

–¿Y tú? Ella al preguntar, se sintió molesta que todos aparecieran y el obviara su vida, tan solo de pasada mencionaba su fracaso con Vivian y esa tal Pérez. Su cuerpo estaba adelantado y muy cerca. Podía oler la colonia francesa de Lucas Boy, intuir su crema solar, su suave circulo alrededor del cuello cortado con maquinilla de peluquero de Sitges.

–En mi caso… instale el Hotel. Para mí El Corazón Dormido fue una apuesta difícil –dijo Lucas Boy. Ella vio el momento de soltar lastre y dejo escapar algo que guardaba dentro desde hace diez años.

–Cuándo falleció Luis F y yo entre en la cárcel, según mis cálculos ¿compraste este hotel y la Masía donde está el Espíritu?

–Si

–¿De dónde sacaste tanto dinero?

–Me lo presto un amigo –respondió Lucas Boy–. No podía revelar que era un ahorro fruto de la venta de droga en sociedad con Luis F.

–¿Ya se lo has devuelto?

–Sí. Lucas Boy comenzaba a estar incómodo. WeBe se acercaba aún más y su respiración le invadía. Una cierta inquietud mezcla de sensaciones, olores y atracción sexual iba y venía entre ambos. WeBe –insistió:

–Yo me chupe diez años y tú tuviste la suerte del amigo. Aquella frase sonaba a profunda desconfianza, a reclamo, a un cierto reproche de: ¡porque desapareciste! El sin dudar exclamó:

–Tú, te quedaste en la droga. Tú te encerraste en esa cárcel llena de lesbianas. Tu… iba a seguir, su dureza raspaba y WeBe reacciono. Se puso de pie –y dijo furiosa–.

–Vete a la mierda –y se marchó.

 

El corazón dormido: Con cara de pocos amigos -08

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— ¿Que te apetece?

—El cielo.

¡Que maravilla amigos! Dialogo en este capítulo -j re

WeBe recibió un mensaje en su móvil, ponía: ¿puedo verte?, la solicitud breve y concisa venia de Caro Vespasiano. Tuvo dudas, lo ocurrido entre ellos hace unos días no suponía una nueva relación, cuando se disponía a  contestar, Lucas Boy llamo a su móvil. Del otro lado pudo oír: «¿qué haces esta noche?». Dos consultas que le llevaban a un mismo destino. Con cuidado respondió a la de voz. «Estoy ocupada» y se despidió. A la segunda escribió un mensaje, sin que aquello produjera un efecto mayor: «¿Dónde quedamos?» y la respuesta de su wasaps fue: “la Calle del Pecado”. Era miércoles. Ella hubiera preferido a Lucas Boy, pero decidía jugar con dos tipos a la vez. Como en las películas de contenido adulto no dejaba sobrentendido que con Lucas una aproximación demasiado rápida le llevaría a una salida de aquel proyecto, al mantenerle hambriento y azuzándole con Caro garantizaba su interés. Pero, ¿cómo era Lucas Boy? En el juego de alianzas siempre aparecía disponible, aunque un lado oscuro le refugiaba en la noche. O, los tenues matices que intuía, sin proponérselo, los había estado buscando –desde hace días– en una antigua carta de Luis F: relativa a su amigo. Estas misivas de su ex estaban cargadas de curvas y circunloquios y desde que falleció seguía mandando en su vida emocional. ¿Qué hacer? Si la rompía su pasado quedaría hecho trizas y nada le ataría, si la volvía a releer despertaría claves inútiles o tal vez algún nuevo camino. Ayer –por la tarde– en un diario digital, había leído que las células madre continúan con vida aun en el muerto durante 17 días más. El ciclo de la vida era para WeBe una delicada ánfora que partía una y otra vez con sus angustias y sus dobles verdades. Decidió leer y también recorrer el capítulo de Caro Vespasiano bajo otra mirada, a diferencia de las células, el texto no estaba en letargo. En la carta Luis F. decía:

Chiquita mía:

 Todo es dulce a altas horas de la madrugada, ni siquiera derribando todos los falsos espacios encuentro una respuesta. Si llegas hasta ese último, descubres que NO HAY NADA. Esta mañana hable largo con Lucas Boy, y apareció en su interior una arista irreconocible ¡Ten cuidado! El posee el don de abandonar a los que le rodean un segundo antes de caer por el precipicio. Hace un momento, he girado la sabana y te he cubierto pues hacía frío, antes de salir te he dejado el Cacaolat fuera para que no estuviera tan frío. Esta mañana voy a casa de Ricky a cobrar un trabajillo. Recuerda EL HILO ESTA SUELTO DEBES UNIRLO PARA EXPLICAR LA COMEDIA ¡Viva el Che! Luis F.

WeBe estaba de nuevo sin argumento, las cartas, complicadas y llenas de misterio apuntaban a un desacuerdo con Lucas Boy, ¿Qué pondrían aquellas que él tenía en su poder? ¿Cómo acceder a ellas? ¿Sabría Caro Vespasiano de su existencia? A veces en esa forma de hablar de su ex amado también sentía algún que otro tropiezo mental, si le rodeaba de aquel sentimiento ¿porque le había abandonado? «Películas» –dijo y guardo aquella misiva en un cajoncito cercano.

Caro Vespasiano miro su wassapp, la respuesta le unía a la noche. Un territorio para él difícil de manejar. Pero esa tipa de estructura sólida y que se agarraba como un liquen a la tierra le avisaba que era posible una noche más. Le iría concediendo nueva morfina –pensó. Le podría ver siempre que Lucas Boy no descubriera que se veía con quien le unía a su amigo muerto. Y en aquella madeja gigantesca, solo recuperaba para sí aplazamientos y poder asistir a una cita con una mujer extraordinaria, que como definiría en palabras de su amigo «esa es la primera sensación de los tipos para con ella, pero luego conoces su lado más humano y ves a alguien que quiere refundarse» Y, su diagnóstico se había cumplido.

 

 

 

02:00

«¿Porque la gente queda tan tarde para verse?» –se preguntó. La Calle del Pecado estaba en su mejor momento. Decidió sentarse en una terraza de un bar diferente, Caro Vespasiano había descubierto que es este sitio todo lo que servían era ecológico. Los licores estaban hechos a mano, y hasta la hamburguesa de soja parecía saber a carne. Su dueño, un alemán era un tipo genial y los tres mojitos que había bebido le chispeaban cuando se plantó en su mesa una señora de ojos grises ¡los llevaba grises esta noche! Pudo besarla, es más deseo fundirla en dos segundos, y descubrió que el torrente de sensaciones carnales le abría un espacio que hacía años no sentía. «Hola» –dijo ella.

— ¿Cómo estás? –respondió Caro. Ella le miro y desconcertada al ver una mirada romántica, rio de buena gana y le toco suave en la mano. Caro Vespasiano, con un pasado inútil y lleno de insoportables acuerdos erróneos, se dijo a sí mismo: «aguanta estos primeros minutos luego cederá su máscara y aparecerá la verdadera WeBe». Y ella siguió insoportable en la risa hasta que el pregunto:

— ¿Que te apetece?

—El cielo

—¡Eso está difícil!, pero una bruma al lado del mar… quizás si   –respondió Caro.

—No, solo busco aquello que me haga vibrar –respondió WeBe

—¿Y si no lo tengo?

—Te iras a la mierda

—Ya lo sé –respondió Caro y agrego: desde que te vi, sé que contigo juego partidos… aplazados.

—Si te esmeras puedes pasar de fase.

—Y… ¿no habrá sequia? –pregunto Caro

—Mi corazón ahora está abierto –dijo ella mirándole desde aquellos ojos grises preparados para la caza, pero tal vez con una frase cursi y fuera de los tiempos; aunque le gustaba esa relajada manera de hacer de novia antigua.

—Mentira, ¡mientes con alegría! –dijo Caro. Ella rio con una carcajada de estruendo y dijo:

—Vale. Digamos que yo te escucho y tú me prometes el cielo.

—Y, ¿eso donde esta? Caro veía irremediablemente que aquella partida se escapaba y pudo confesar su impotencia para conquistar ese espacio deseado, al decirse: «intentare encontrar esa sensación que… en tantos años ni siquiera he rasgado»

—Quien no conoce, quizás no conocerá –dijo ella, previendo que una apertura mental no es suficiente para saltar a otra fase. Él, viendo lo que intuía, dijo:

—Me lo pones difícil.

—Acercarse a mí, es un salto –y bebió de la copa de Caro. «¿Qué es esta mierda?» -exclamó WeBe. Su cara de rechazo ante el líquido le llevo a dejar la copa.

—Caipiriña ecológica –dijo Caro.

—Ven te llevare a un sitio, en el que te saltaran los sesos –y se marcharon a un bar en la misma calle, que ponía música que se metía en las tripas.

 

04:04

Caro Vespasiano regreso al Corazón Dormido en su coche, por la carreterilla estrecha, aun podía recordar la mano de WeBe en su piel. Ni siquiera un beso, pero llevaba un medio compromiso para ir de bolos a Barcelona.

04:08

Para WeBe la noche había dejado un contacto con alguien que mostraba aristas de enamorado y una cierta conciencia positiva. ¿Pero para que servía esa mierda en los días que vivíamos?, aunque… el aroma de su colonia dominaba el Spiritou. Sin proponérselo participaba en una madeja tejida con suaves y delicados trazos a los que ella no estaba acostumbrada. ¡Síguele la pista! –se dijo, luego se quitó la blusa y dejo caer el pantalón. Las nalgas pronunciadas se metían en unas piernas sugerentes. Era su atractivo, además de esos raros y deseados ojos de color gris.

 

El corazón dormido: UNA VISITA NOCTURNA –06

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by j re crivello

Sería la madrugada, Lucas Boy metido en su moto recorría la parte final del macizo, en esa zona, un cruce de caminos dejaba ver la entrada de la finca de Mar Pérez. Luego un kilómetro de plataneros a ambos lados, frondosos, llenos de vida dejaban ver una casa sencilla que aparecía en el fondo, sola, blanca y a la espera del visitante ocasional. Del otro lado de Villalobos, por otra carretera, a casi 2 kilómetros en línea recta pero detrás de una gran montaña  permitía ver aquella envidiable situación, como un valle preparado para recibir a su futuro hijo. En su cabeza aun repetía esa frase larga de confesión que Mar había recitado como una plegaria de domingo ante la marcha de su madre: «aunque vivíamos separadas, a la mañana y a la noche recibía sus llamadas y siempre con la misma letanía: ¿has pensado en casarte? ¿En tener hijos? ¿En lo estúpida que estás sola y viviendo de tu egoísmo? Y siempre… esa continúa protesta que corroía mi calidad de mujer». Se apeó de la moto, el reloj digital marcaba las dos, la noche era cálida, no se oía nada, podía pensar y cortar la brisa de su vida, yendo hacia atrás y hacia el presente con fluidez. Golpeo con los nudillos en una ventana donde ella dormía, le respondieron: «voy». Luego una luz del porche dejo ver su cara y un camisón fino, corto, inexplicablemente salvaje y teñido de verdes. Le dio un beso, su corazón latía acelerado. Lucas Boy había recuperado el hambre después de tantas noches buscando en la soledad. Mar hizo un té, en la cocina charlaron un buen rato. Que tú estás aquí; que aquello es una estupidez; que mi sostén está olvidado; que mis piernas son curvas y tu tórax es liviano y ágil; que mi madre decía, que ya no quedan pálidos; que todo es rojo o lleno de violentos ocres; que en el jardín en el largo camino de plátanos ha nacido una buganvilla perezosa; que si me besas te prometo dejarte sentado allí castigado por tu deseo. Quizás una gran atracción les envolvía y les enamoraba. La noche reducía a cenizas toda la envidia humana, y les dejaba jóvenes y vitales. Él la levanto entre sus brazos, Mar se dejó llevar y con su dedo índice lo arrastro por su tórax, describió círculos, lo mojo en sus labios, regreso a su vello para repasar carreteras de fantasía. La cama estrecha y antigua prosperó de tanto calor. Sus piernas se abrieron, su cadera se torció hasta empujar dentro. Algún grito, alguna fe. Alguna risa perversa, alguna cara boba ante tanta fuerza de las dos pelvis que golpeaban sin cesar. Ese punto de azúcar disuelto, donde los amantes reproducen hasta ser derramado. Luego ella exclamo: ¡ahora puedo!

 

10:10 del domingo

Mar Pérez preparo el desayuno y abrió las ventanas, fuera el macizo vivía y latía desde hacía horas. Le despertó. Le trajo a Lucas Boy hasta la cocina y le sirvió cual amante que desea salir de su madriguera y decir que es feliz.

–Hace un buen día  -dijo Lucas Boy

–He pensado –dijo ella, que me ayudes a limpiar aquella hilera de vides.

–Pero yo… no entiendo

–Yo te explico. Ahora hay que descargarlas de tanta hoja para permitir que nazca con fuerza la uva.

– ¿Viene buena cosecha?

– ¡Excelente!

– ¿Y eso como lo sabes? –pregunto Lucas Boy

–Es algo que se nota en el aire. Con mi padre recorríamos esta zona –cuando el tenia viña– y me explicaba los secretos de estas plantas. Le miró, sus piernas flacas y llenas de genio sobresalían por encima de una silla antigua y destartalada. Siempre quise –continuo Mar- regresar al punto de partida. Mi padre siempre me hablaba del corazón dormido. Del espíritu. Lucas Boy escucho esa palabra por segunda vez, ya lo había sentido en el hotel que intentaba montar del otro lado de la montaña con su amigo. Y esta forma de ver el regreso a la vida tranquila, o a los sueños abandonados y proscritos para jugar en historias diferentes a las personales le hizo pensar respecto a si mismo. ¿Tenía el un corazón dormido? Quizás sí, un hijo que no tuvo, o ese desenfreno, esa angustia que se apodera de su alma en las noches y no puede descifrar hasta que la madrugada pierde paso y le mete en el trabajo. Ante lo cual verbalizo algo así como:

–El corazón… dormido. Ella –su Mar-, le entendió y solicita, paso una mano por la cabellera, y le entretuvo frente a la ventana que mostraba el comienzo de la larga hilera de plátanos.

 

Luis F. (hace diez años)

(-2 días)

 

Estaba de pie en el balcón, serian cerca de las siete de la mañana, desde ese espacio se veía Paseo de Gracia. Aún no había mucha actividad, los turistas incomodos hacían cola para entrar en las dos casas de moda en el itinerario de Barcelona. Luis F. se las sabía de memoria, la casa Batlló con su sombrero de gala y abundante histrionismo de Gaudí y sus balcones llenos de fiebre y, su pareja la casa Ametller, creada para este rico chocolatero que ansiaba un jardín urbano, con sus remates escalonados que declinan cual tableta de rico sabor. A veces no sabía con cuál de ellas quedarse, en ambas el genio y las alegorías del espíritu burgués barcelonés le unían a esa ciudad hundida en el encanto. Una llamada en su móvil -de Lucas Boy- le quito del ensimismamiento, hacia fresco y atendió en el interior de su piso:

–He estado en casa de R y le entregado el kilo de merca. Pero he salido de allí a risotada limpia. ¿Sabías que este tipo tiene dos doncellas mulatas que le abanican como si fuera un harem decadente? Luis F. declino contestar, conocía al personaje en cuestión desde hacía 30 años, era un industrial que solía respirar los fines de semana con sus locas aventuras; le recordaba a Engels –el amigo de Marx- rico industrial que le financiaba y hacia la revolución, aunque era una analogía desesperada, pero los industriales tenían esa pasta de ver los negocios y concebir los cambios.

– ¿Estás ahí? –pregunto Lucas Boy

–Sí, el coctel de pastillas me hace ser más lento en las respuestas –dijo Luis F. Pero Lucas Boy aporto algo de su visita, al comentar que el tal R, además le recibió con un deshabillé bordado en oro y desde su refugio no paraba de insultar a los cabrones socialistas que le quieren dejar sin un chavo. «Este pavo lo quiere todo para él» –agrego su amigo. Para Luis F. esa era una gran definición del orgullo humano, recordó que en los mejores momentos este R, hacia traer faisanes desde una granja en Aragón, que los alimentaban con cereales escogidos y al servir las viandas tenía un particular latiguillo: «esta mierda es mejor que tu droga». Un imbécil –pensó. De la cantidad de paisanos que corretean por el mundo, algunos poseen el dinero para demostrar que la vida es una sucesión de vanidad. Y dijo:

–A ese le vendría bien que un día de estos le volaran la tapa de los sesos

–Pero nos quedaríamos sin cliente –respondió Lucas Boy  –y agrego: «iré donde tú sabes para dejar 2 pájaros más». «OK» –respondió Luis F. Luego se sentó delante de las cartas que preparaba y abrió para releer la carta número 9, decía:

«Amabilísimo colega, el entusiasmo es un alimento necesario pero si te dejas llevar por el acabas dominado por una fiebre rara de sensualidad que siempre desea más. Más coches, más crema, más movimientos de cintura y más ganancias de dólares que alimentan tus obsesiones. Si puedes parar al lado de un rio y estar sentado un buen rato observaras su corriente, lánguida e igual. LA NATURALEZA DE LA QUE NOS HEMOS SEPARADO ES MAS AUSTERA». Cogió un carboncillo de tono azul y la firmó con un: Luis F (-2 días), luego se estiro en un sofá mientras observaba la chistera de la casa Batlló, fina y delicada, en ella Gaudí hace una ola, sucesiva, alegre y se durmió

A las dos horas, le despertó otra llamada de Lucas Boy:

–He dejado los dos pájaros. La pajarería está en una esquina y dentro juegan cartas como si fuera un club social de jubilados. Pero me hicieron entrar y me llevaron hasta un saloncito que da a un patio. Esta sociedad ¡esta corrupta! Un tipo vestido de marinero ¡si de marinero!, contaba billetes tan arrugados que los alisaba con el antebrazo en un movimiento, como te diría: «así, así». Luego me miro por encima de sus gafas y me hizo sentarme en una silla tapizada en…

– ¡Abrevia joder! –dijo Luis F

–Le deje los pájaros y me entrego el dinero que acababa de alisar atado con cinta de carrocero. ¡Esto no es dignidad! Mezclar la cinta con los hermosos billetes –dijo Lucas Boy con ironía- y para terminar agrego: dejare la pasta en el retrete del edificio que hemos comprado en Sitges. Nos han hecho una obra genial, levantas la tapa y puedes desmontar la taza de wáter para acceder a un descansillo de un metro cuadrado. ¡Ya casi está lleno! Luis F volvió a dejar el móvil en la mesa para preparar un coctel de su medicina. En la cocina recordó a We Be, hacía dos días que no la veía y su ausencia le escocia. Su animalidad le llevaba a escaparse de tanto en tanto para experimentar nuevas historias, al regresar parecía incluir en sus relatos la fauna que poblaba la cabeza de Gaudí. Se escuchó la puerta, ¿será ella? Con los ojos irritados y un peinado revuelto, le dio un beso. Solo dijo:

–La mierda está cada vez más adulterada dijo We Be. Luis F. rio de buena gana.

EL CORAZÓN DORMIDO: A VECES… –02

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Para quienes dudan -igual que yo-, si acabaré este nuevo intento de El Corazón Dormido, diré que tiene 20000 palabras y terminará con 27.000 -j re

A veces caminamos entre tinieblas durante años, luego al cruzar un semáforo un peatón nos golpea por casualidad en un hombro y ese suave toquecito cambia nuestra manera de andar. El pie se ha disuelto de su programación anterior y la cabeza se estructura como si aceptara que tantos días adormilados nos llevaban al destierro. Es en esta cantera donde Lucas Boy atrapa sus huérfanos. Como cada día metido en su moto en la misma autopista de la periferia de Barcelona, pero esta vez ha desviado su objetivo a Castelledefels, cercana a Sitges pero del otro lado de un Macizo –El Garraf, donde los que lo atraviesan en sentido contrario se alejan de Barcelona y olfatean Vilanova, y un valle de verde y viña –que le precede- el cual se atraganta en la vista. Pero esta mañana Lucas Boy va en sentido inverso, le han dejado un mensaje en el móvil, cruel, enigmático irreconocible para los amantes de la tele basura: “te espero donde siempre, llena de pinos y azaleas. Se ha muerto mi madre. –Y, me angustia”. Firmado Mar Pérez. Una ex amante tal vez, o un cruel empacho de seis meses  –pensaría Lucas Boy. Habían cortado hace algunos meses. Al llegar a la calle de la cita, una avenida ancha que desemboca en el puerto de amarre de veleros, de un lado una hilera de bares, del otro la playa de este municipio, ancha, salvaje, con el Mediterráneo sin olas ni viento. Un día frio y amargo como frio y sin futuro es la extraña cascada de malas noticias en que se haya metida Europa. El entra al bar, casi al final esta ella, de vestido rojo, de ojos negros como dos bolas de billar. Se besan, se mordisquean el labio, parece que el fuego intenso esta aun deseando unirles más allá de los reproches,

– ¿Cómo estás? –preguntó.

–Hecha polvo. Mi madre era una tirana, pero su vacío me ha dejado este síndrome

– ¿De miedo? –pregunto Lucas Boy

–De saber que las olas sucesivas de vida, se agotan. Siempre he remado contra ella y ahora estoy sola –dijo ella. En su cara se traslucía un cierto deje de desencanto. Era lunes, casi 7:30, nadie iría a trabajar, ni ella ni él. Ese tiempo detenido y estéril media los actos individuales. Ella agregó: “quiero que me des un hijo, y quiero –mira, y saco una lista-, repasar cada uno de estos que he conocido y pedirles perdón”.

– ¿Un hijo? Lucas Boy pronuncio la frase dejándose llevar, y pensó que estaba de este lado del Macizo donde todo es más seguro y racional, si la pregunta se la hubieran hecho del otro lado, en aquel valle, en la lunática Vilanova o en el frenesí de Sitges la hubiera rechazado, pero de este lado, se programaban, se unían para traer gente a la civilización y dijo: “Vale”. Ella le miro y al tener cerca su mano la acaricio un buen rato.

–Has pensado ¿cuándo? –pregunto Lucas Boy

–Los lunes –respondió ella sonriendo, para agregar. Los lunes se giran las manecillas del reloj y es un buen momento. Ella vivía a escasos metros del otro lado del macizo, por un camino que sube por esa montaña plana y se detiene al borde del acantilado y deja ver el mar. Lucas Boy escuchó de su voz la explicación de su nueva residencia, de esa casa que había comprado con el dinero de la futura herencia, y de las dotes que poseen aquello amores que los lunes llaman a la puerta del reloj biológico Y se dejó convencer. El necesitaba creer y dejarse llevar, solo puso un reparo

–Sera también mío y viviremos separados. Como si el miedo les uniera y esta misma emoción les separara ante el futuro. Era tal vez una manera de establecer un pacto de sangre para cuidar la relación. Ella se rasgó el cabello con las uñas separándolo para dejar ver la raíz, mientras aparecía una frente dorada.

–Solo nos queda… –dijo él. Pagaron la consumición y se montó en su moto detrás del coche para atravesar el macizo hacia el fértil valle que se escondía detrás. ¿Dudaba? No, una emoción le unía  a otra: la confianza.

 

Caro Vespasiano

Caro Vespasiano abrió la puerta. Detrás una señora vestida con un tejido marrón y entallado le miró. Hacía años que no se veían. La hizo pasar. Nada había en la habitación, estaba vacía, para Caro Vespasiano los muebles eran una ridícula manera de soportar esta sociedad en franca decadencia, aun así trajo dos sillas de la cocina. Se sentaron frente a frente. Ella movió un labio y dijo:

—Seré breve. En casa han quedado, los tres niños, el bóxer, la gata, un canario y un mantón de armiño que no me puse nunca. Me voy. Ahora te toca a ti de cuidar de ellos. Caro V. no respondió. O si lo deseaba hacer, seria para partirle la cara. Pero se contuvo y pregunto:

— ¿Cuándo te vas?

—En una hora. Vendrán los de la mudanza y te dejaran, los tres niños, el bóxer, la gata, y el mantón se lo he regalado a Caritas. Junto con ellos vienen tres maletas para cada uno de ellos, su ropa y unas fotos de cuando nos amábamos –y echo a llorar. Caro Vespasiano no se ablando pero tuvo un detalle, fue hasta la habitación y le regalo un escapulario con la Virgen de la Roca. “Te traerá buena suerte” -dijo.

Se despidieron en la puerta y cerro tras de sí. Luego miro sus habitaciones tenían una sola cama, debía comprar  otras tres y al perro y la gata los regalaría a la sociedad protectora de animales. Era triste dejar el pasado –pensó. Luego marcho al súper y compro comida para cuatro y se arrepintió por agregar botes de comida para gatos y cereales de perro. Cuando regreso a los pocos minutos se apilaban en una hilera desigual, los tres niños y los dos animales. Nadie dijo nada, comieron de dos en dos en la cocina y a la tarde vieron por la ventana la tele de su vecino. Caro Vespasiano aún tuvo una idea genial:

Fabricar barquitos de papel de letrina y remontar un rio dibujado en el suelo que visitaba la bañera llena de agua.

Ya entrada la noche le visito un amigo, su moto plateada y con una línea roja se veía desde el segundo piso. Lucas Boy era un tipo especial, se conocían desde hace años, y en ese trayecto de la autopista Barcelona-Vilanova, a veces solía parar en casa de su amigo, en Gava. Una localidad que seguía el recorrido del mar y la montaña. Había ido ante su llamada de socorro, tres niños, un gato y un perro eran mucha cosa. Pero tuvo tiempo de comprar una tele de 200 Euros delgada y plana que les instalo en el comedor. El rio de agua fue desmontado ante su insistencia y los niños bebieron Cola, comieron comida china y rezaron a San Pancracio hacedor de la vida. Inflaron tres colchones para dormir y luego Lucas Boy se fue cerca de las 12 en dirección al macizo que protege a Sitges y Vilanova.

 

 

08- Lucas Boy: We Be y la calle del pecado

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by j re crivello

W B –We Be para muchos- había quedado al final de la playa de Sitges donde un hotel inmenso esta encallado desde hace años. A pesar de hacer calor, su contertulio llevaba una camisa larga de color ocre, un sombrero de paja comprado en los chinos y unas gafas estilo señora Kennedy. We Be por su parte solo apostó por un pantalón corto –de las que llevan las adolescentes- que dejaba brillar sus muslos afeitados y con una crema para piel comprada en la dermatóloga de la esquina del hotel. Había pedido el día a Lucas Boy con un pretexto de visitar a una antigua amiga. Y a decir, ella lo era. Se saludaron sin casi respuesta y durante un largo momento miraron el mar romper una y otra vez contra un par de rocas. Luego We Be preguntó:

– ¿Te instalaras aquí?

–No sé —respondió una voz quebrada y llena de intriga, para agregar—: Esta ciudad está llena de gays asquerosos. Tal vez sea Vilanova que tiene playa y un mercado.

– ¿Que queda de nuestros pactos? preguntó We Be

–Todo. Su visitante no cedía ante el recuerdo de aquellas largas sesiones de la cárcel. Utilizo una palabra poco conocida para definirla: “tú y yo, somos como un holograma” We Be no entendió, pero supuso que aquello era casi como una estampita de la virgen de las que al ser niña te colgaban del cuello y no podías dejar de llevar toda la vida. Pero se resistía, allí dentro  —en la cárcel, el anonimato, las presiones tejían una red, aquí fuera deseaba reconstruir una nueva, a su gusto, sin estridencias con nuevas fidelidades. Casi era una respuesta de fin o bordeaba ese delicado equilibrio que tejen los amigos. Su visitante estiro la mano para tocársela, ella noto ese suave calor y la aparto. Luego le dijo al oído, tengo una habitación allí detrás—: “¿Vienes?” – y le siguió. Parecía que no podía responder de otra manera, una vez en la habitación los brillos y sus muslos se rozaron, nadie quitaba un pacto de una manera tan fácil. Y aunque se resistía, fueron pocos minutos, para a continuación estar de pie mirando desde la ventana la arena.

– ¡Has cambiado! –se escuchó en su espalda

–Si –dijo

– ¿Cómo es posible? –pregunto una voz airada. En la cama enredada en la sabana de color ocre, yacía una mujer violenta y antigua, llena de ofensas, caprichosa y fuerte. Para los suyos era un corazón de mantequilla, pero en el descampado vital implacable. Su físico trabajado en el gimnasio de la cárcel sin un gramo de grasa con una irregular concesión, poseía –según confesión propia unas bellas nalgas y si subías más allá de su mentón los labios presidian una cara delicada pero altiva, cautivadora pero muy atractiva para los masculinos.

–Al despedirse —We Be intento organizar una confesión de su retirada—: Me descomprimí –dijo y continuó; pude de ver –de nuevo- una o varias naturalezas masculinas y, recordé a Luis F. También, en la carcél el cerco nos cambia el carácter, nos lleva  a decir cosas o asumir compromisos pensando que el tiempo que esperamos recorrer será larguísimo. Poe ello debíamos protegernos… del asco, de la pasma, o de las violaciones.

– ¡Me utilizaste! Un látigo fue su recriminación

–Tú también a mí –respondió We Be, y, fui generosa contigo. Esta última frase hizo daño. Parecía despedirse de una antigua fidelidad. En la cama se deslizo una sombra, al ponerse de pie podría haber gritado, o un sollozo. Nada, solo un suave hilillo en el wáter contuvo esa despedida. Pero parecía presentirse que una rotura era demasiado, y convinieron verse cada cierto tiempo y ayudarse. Su amiga era una experta en robar sin ser vista. ¿Duraría mucho fuera? Tal vez sí. Era dura, de mirada cautivadora y con cierta tendencia a parecer a los hombres que una fuerza sexual estaba allí para dominarles, luego les ponía bajo su territorio de influencia. Sabía que el sometimiento y la fidelidad estaban a su alcance y algún que otro asesinato no probado cargaba en su cuenta. We Be se despidió de Carmen M. Antes de salir un beso travieso y de labios les separó.

 

23 horas del mismo día

Hay una calle pequeña en Sitges de no más de 300 metros, que muere en el Paseo Marítimo, es la “Calle Del Pecado”, esa noche We Be fue en busca de una copa. Llevaba una camisola abierta de color extremo y el sol le había enrojecido la piel confundiéndola con una guiri. Los bares instalados con terrazas sucesivas estaban animados, no sabía en cual entrar. El tradicional espectáculo gay animaba a una clientela variada en la cual los heteros eran predominantes. Casi al final, pudo ver una barra de colores estridentes e iluminación que surgía de plafones empotrados en el suelo. Entro. Pidió una copa. Se encontraba fuera de lugar, gente joven, turistas que gritaban y reían. Alguien que se desplazó de sitio le dijo: “Hola”. Ella sonrió y sus ojos brillaron –y pregunto—: “¿Qué haces aquí?”.

–Siempre vengo antes que irme a dormir. Su partenaire llevaba una camisa azul marina suelta, encima de un pantalón tejano y unas náuticas. Parecía más joven e inexperto. O, tal vez más fresco. Ella le sonrió, le atraía aquel atrevimiento superficial y, preguntó:

–Luego ¿regresas al hotel?

–Nunca se lo que hare durante la noche. Tengo insomnio y vago por aquí o allá. A veces descubro una mirada explosiva y me dejo llevar. We Be estaba azorada, el tipo parecía otro, como si permitiera un juego nocturno que inclusive en su experiencia le incomodaba. Pero miro hacia un lado y vio un grupo de sillones —y le pregunto—: “¿Nos sentamos?”. Lucas Boy respondió:

–Sí. Hablaron unos minutos de la fauna que observaban. En ella parecía que se había roto algo allí dentro y se preguntó: ¿Lucas será gay? Su aliento estaba muy cerca, para hablar debían acercarse a cada oreja y sus respectivos labios iban y venían. “No –se dijo. Este tipo huele a hombre” y se dejó llevar, primero se entretuvo en mordisquear su labio una y otra vez dejando que la lengua abriera un surco. Tenía a su jefe, y el ex amigo de su antiguo amado metido en su boca y trastabillaba en un juego raro. De repente le aparto con suavidad y bebió un poco de cola. Y al mirarle, aquel seguía sonriendo como si una piedra le hubiera dado en la cabeza y solo quedara un camino, aquel que ella conocía de sexo, violencia y una larga noche. Pero, era demasiado para un día, por la mañana su amiga carcelaria, y en la noche… –y dijo—: “Me duele la cabeza”. Con esa salida en frio y reducida a una variación adolescente de final de sofoco, le dejo. ¿Y él? No le siguió, era una de sus noches de caza tal vez y como decía: “buscaría una mirada explosiva”.

 

 

Carnaval: ¿Sitges o Vilanova?

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Compartiendo con Egon Schollmayer

by j re crivello

Este próximo domingo, a las 8:30, al observar las primeras partidas de parejas de quinceañeros hasta gente de 60, salir en busca de ese cemento aplanado y gris, para transformarle en el pegajoso resultado del alcohol y el baile, no pude menos que regresar al recuerdo nostálgico de la veterana Sitges.

Para muchos a nivel mundial Sitges es un foco de turismo de calidad. Para nosotros la vecina (está a 5 minutos), es la lujosa, la de los hoteles y las galas. En Vilanova, la contraria, la lunática, la de las gentes normales y que viven con una comadreja en el bolsillo. Aqui saldremos 25.000 personas (12500 mujeres, 12500 hombres) a las calles. Será Carnaval, comeremos carnaval, soñaremos carnaval. O diremos…

La maleza se abrió.

Detrás apareció una cabeza de león.

Su rugido nos estremeció.

Mis faldones –y los presentes, echaron a correr.

De tanto jubilo (1)

Nos queda saber, con que villa Ud. se asocia sentimentalmente. ¿Sitges la de la fama? ¿Vilanova la lunática? Antes de decidir venga a la lunática.

Le esperamos

 

Lucas Boy: Con cara de pocos amigos

 

by Juan re-crivello

WeBe recibió un mensaje en su móvil, ponía ¿puedo verte?, la solicitud breve y concisa venia de Caro Vespasiano. Tuvo dudas, lo ocurrido entre ellos hace unos días no suponía una nueva relación, cuando iba a contestar Lucas Boy llamo a su móvil. Del otro lado pudo oír “¿qué haces esta noche?”. Dos consultas que le llevaban a un mismo destino. Con cuidado respondió a la de voz. “Estoy ocupada” y se despidió. A la segunda en un mensaje escribió, sin que aquello produjera un efecto mayor “¿Dónde quedamos?” y la respuesta de su was app instantánea ponía “la calle del pecado”. Era miércoles. Ella hubiera preferido a Lucas Boy, pero decidía jugar con dos tipos a la vez. Como en las películas de contenido adulto no dejaba sobrentendido que con Lucas una aproximación demasiado rápida le llevaría a una salida de aquel proyecto, al mantenerle hambriento y azuzándole con Caro garantizaba su interés. Pero ¿era así verdaderamente Lucas Boy? En el juego de alianzas siempre aparecía disponible pero su cara oscura se refugiaba en la noche. O, los tenues matices que intuía, sin proponérselo los había estado buscando -desde hace días- en una antigua carta de Luis F relativa a su amigo. Estas misivas de su ex estaban cargadas de curvas y circunloquios y desde que falleció seguía mandando en su vida emocional. ¿Qué hacer? Si la rompía su pasado quedaría hecho trizas y nada le ataría, si la volvía a releer despertaría claves inútiles o tal vez algún nuevo camino. Ayer -por la tarde- en un diario digital, había leído que las células madre continúan con vida en el muerto durante 17 días más, aletargadas. El ciclo de la vida era para WeBe una delicada ánfora que partía una y otra vez con sus angustias y sus dobles verdades. Decidió leer y también recorrer el capítulo de Caro Vespasiano bajo otra mirada, a diferencia de las células no estaba en letargo. En la carta Luis F decía:

Chiquita mía Todo es dulce a altas horas de la madrugada, ni siquiera derribando todas las falsas espacios encuentro una respuesta. Si llegas hasta ese último espacio, descubres NO HAYNADA. Esta mañana hable largo con Lucas Boy, y vi dentro una arista irreconocible ¡Ten cuidado! El posee el don de abandonar a los que le rodean un segundo antes de caer por el precipicio. He girado la sabana y te he cubierto pues hacia frio, antes de salir te he dejado el Cacaolat fuera para que no estuviera tan frio. Esta mañana voy a casa de Ricky a cobrar u trabajillo. Recuerda EL HILO ESTA SUELTO DEBES UNIRLO PARA EXPLICAR LA COMEDIA Viva el Che Luis F

WeBe estaba de nuevo sin argumentos, sus cartas complicadas y llenas de misterio apuntaban a un desacuerdo con Lucas Boy, ¿Qué pondrían aquellas que tenía en su poder? ¿Cómo acceder a ellas? ¿Sabría Caro Vespasiano de su existencia? A veces en esa forma de hablar de su ex amado también sentía algún que otro tropiezo mental, si le rodeaba de aquel sentimiento ¿porque le había abandonado? “Películas” -dijo y guardo aquella misiva en un cajoncito cercano.

Caro Vespasiano miro su was app, la respuesta le unía a la noche. Un territorio difícil de manejar para él. Pero esa tipa de estructura sólida y que se agarraba como un liquen a la tierra le avisaba que era posible una noche más. Le iría concediendo esa nueva morfina –pensó. Le podría ver siempre que Lucas Boy no descubriera que se veía con una tipa que le unía a un muerto. Y en aquella madeja gigantesca, solo recuperaba para sí aplazamientos y poder asistir a una cita con una mujer extraordinaria, que como definiría en palabras de su amigo “esa es la primera sensación de los tipos para con ella, pero luego conoces su lado más humano y ves una tipa que quiere refundarse” Y, su diagnóstico se había cumplido.

02:00

¿Porque la gente queda tan tarde para verse? –se preguntó. La calle del pecado estaba en su mejor momento. Decidió sentarse en una terraza de un bar diferente, Caro Vespasiano había descubierto que aquí todo lo que servían era ecológico. Los licores estaban hechos a mano, y hasta la hamburguesa de soja parecía saber a carne. Su dueño, un alemán era un tipo genial y los tres mojitos que había bebido le chispeaban cuando se plantó en su mesa una señora de ojos grises ¡los llevaba grises esta noche! Pudo besarla, es más deseo fundirla en dos segundos, y descubrió que el torrente de sensaciones carnales le abría un espacio que hacía años no sentía. “Hola” -dijo ella.

– ¿Cómo estás? -respondió Caro. Ella le miro y desconcertada de ver una mirada romántica, rio de buena gana y le toco suave en la mano. Caro Vespasiano de un pasado inútil y lleno de insoportables acuerdos erróneos, se dijo a si mismo: “aguanta estos primeros minutos luego cederá aquella mascara y aparecerá la verdadera WeBe”. Y ella siguió insoportable en la risa hasta que el pregunto:

– ¿Que te apetece?

–El cielo

–Eso está difícil, pero una bruma al lado del mar quizás si

–No, solo busco aquello que me haga vibrar –respondió WeBe

–Y si no lo tengo

–Te iras a la mierda

–Ya lo sé –respondió Caro y agrego: desde que te vi, sé que juego partidos aplazados.

–Si te esmeras puedes pasar de fase y ya no te aplazarán

–Y, ¿no habrá sequia? –pregunto Caro

–Mi corazón ahora está abierto –dijo ella mirándole desde aquellos ojos grises preparados para la caza

–Mentira, ¡mientes con alegría! –dijo Caro. Ella rio con una carcajada de estruendo y dijo:

–Vale. Digamos que yo te escucho y tú me prometes el cielo.

–Y, ¿eso donde esta? Caro veía irremediablemente que aquella partida se escapaba y pudo confesar su impotencia para conquistar ese espacio deseado al decir: “intentare encontrar esa sensación que en tantos años ni siquiera he rasgado”

–Quien no conoce, quizás no conocerá -dijo ella, previendo que una apertura mental no es suficiente para saltar a otra fase. Él viendo lo que intuía, dijo:

–Me lo pones difícil.

–Acercarte a mí es un salto -y bebió de la copa de Caro. ¿Qué es esta mierda? Su cara de rechazo ante el líquido le llevo a dejar la copa.

–Caipiriña ecológica –dijo Caro.

–Ven te llevare a un sitio, en el que te saltaran los sesos -y se marcharon a un bar en la misma calle pero que ponía música que se metía en las tripas.

 

04:04 Caro Vespasiano regreso al Corazón Dormido en su coche, en la carreterilla estrecha podía aun recordar la mano de WeBe en su piel. Ni siquiera un beso, pero llevaba un medio compromiso para ir de bolos a Barcelona.

04:08 Para WeBe la noche había dejado un contacto con un tipo que mostraba aristas de enamorado y una cierta conciencia positiva. ¿Pero para que servía esa mierda en los días que vivíamos?, pero… el aroma de su colonia dominaba el Spiritou. Era una madeja tejida con suaves y delicados trazos a los que ella no estaba acostumbrada. ¡Sigue la pista! –se dijo y se metió en la cama.

Lucas Boy: WeBe y la calle del pecado

Juan re-crivello

W B –Webe- había quedado al final de la playa de Sitges donde un hotel inmenso esta encallado desde hace años. A pesar de hacer calor, su contertulio llevaba una camisa larga de color ocre, un sombrero de paja comprado en los chinos y unas gafas estilo señora Kennedy. W B por su parte solo aposto por un pantalón corto –de las que llevan las adolescentes- que dejaba brillar sus muslos afeitados y con una crema para piel comprada en la dermatóloga de la esquina del hotel. Había pedido el día a Lucas Boy con un pretexto de visitar a una antigua amiga. Y a decir, ella lo era. Se saludaron sin casi respuesta y unos largos momentos miraron el mar romper una y otra vez contra un par de rocas. Luego W B pregunto:

– ¿Te instalaras aquí?

–No sé -respondió una voz quebrada y llena de intriga, para agregar. Esta ciudad está llena de gays asquerosos. Tal vez sea Vilanova que tiene playa y un mercado.

– ¿Que queda de nuestros pactos? preguntó Webe

–Todo. Su visitante no cedía ante el recuerdo de aquellas largas sesiones de la cárcel. Utilizo una palabra poco conocida para definirla: “tú y yo, somos como un holograma” W B no entendió, pero supuso que aquello era casi como una estampita de la virgen de las que al ser niña te colgaban del cuello y no podías dejar de llevar toda la vida. Pero se resistía, allí dentro  –en la cárcel- el anonimato, las presiones tejían una red, aquí fuera deseaba reconstruir una nueva, a su gusto, sin estridencias con nuevas fidelidades. Casi era una respuesta de fin o bordeaba ese delicado equilibrio que tejen los amigos. Su visitante estiro la mano para tocársela, ella noto ese suave calor y la aparto. Luego le dijeron al oído, tengo una habitación allí detrás “¿vienes?” – y le siguió. Parecía que no podía responder de otra manera, una vez en la habitación los brillos y sus muslos se rozaron, nadie quitaba desde allí un pacto de una manera tan fácil. Y aunque se resistía, fueron pocos minutos, para a continuación estar de pie mirando desde la ventana la arena.

– ¡Has cambiado! –se escuchó en su espalda

–Si –dijo

– ¿Cómo es posible? –pregunto una voz airada. En la cama enredada en la sabana de color ocre, yacía una mujer violenta y antigua, llena de ofensas, caprichosa y fuerte. Para los suyos era un corazón de mantequilla, pero en el descampado vital implacable. Su físico trabajado en el gimnasio de la cárcel sin un gramo de grasa con una irregular concesión poseía –según confesión propia unas bellas nalgas y si subías más allá de su mentón los labios presidian una cara delicada pero altiva, cautivadora pero muy atractiva para los masculinos.

–Al salir -W B intento organizar una confesión de su retirada, me descomprimí –dijo y continuó; pude de ver –de nuevo- una o varias naturalezas masculinas y, recordé a Luis F. También -allí dentro- el cerco nos cambiaba el carácter, nos llevaba  a decir cosas o asumir compromisos pensando que el tiempo que esperábamos recorrer era larguísimo y debíamos protegernos… del asco, de la pasma, o de las violaciones.

– ¡Me utilizaste!

–Tú también a mí –respondió W B- y, fui generosa contigo. Esta última frase hizo daño. Parecía despedirse de una antigua fidelidad. En la cama se deslizo una sombra, al ponerse de pie podría haber gritado, o un sollozo. Nada, solo un suave hilillo en el wáter contuvo esa despedida. Pero parecía presentirse que una rotura era demasiado, y convinieron verse cada cierto tiempo y ayudarse. Su amiga era una experta en robar sin ser vista. ¿Duraría mucho fuera? Tal vez sí. Era dura, de mirada cautivadora y con cierta tendencia a parecer a los hombres que una fuerza sexual estaba allí para dominarles, luego les ponía bajo su territorio de influencia. Sabía que el sometimiento y la fidelidad estaban a su alcance y algún que otro asesinato no probado cargaba en su cuenta. W B se despidió de Carmen M. Antes de salir un beso travieso y de labio les separo.

 

23 horas del mismo día

Hay una calle pequeña en Sitges de no más de 300 metros, que muere en el Paseo Marítimo, es la “Calle Del Pecado”, esa noche WeBe fue en busca de una copa. Llevaba una camisola abierta de color extremo y el sol le había enrojecido la piel confundiéndola con una guiri. Los bares instalados con terrazas sucesivas estaban animados, no sabía en cual entrar. El tradicional espectáculo gay animaba a una clientela variada en la cual los heteros eran predominantes. Casi al final, pudo ver una barra de colores estridentes e iluminación que surgía de plafones empotrados en el suelo. Entro. Pidió una copa. Se encontraba fuera de lugar, gente joven, turistas gritaban y reían. Alguien que se desplazó de sitio le dijo: “Hola”. Ella sonrió y sus ojos brillaron –y pregunto: “¿qué haces aquí?”.

–Siempre vengo antes que irme a dormir. Su partenaire llevaba una camisa azul marina suelta, encima de un pantalón tejano y unas náuticas. Parecía más joven e inexperto. O, tal vez más fresco. Ella le sonrió ante tanto atrevimiento superficial y, preguntó:

–Luego ¿regresas al hotel?

–Nunca se lo que hare durante la noche. Tengo insomnio y vago por aquí o allá. A veces descubro una mirada explosiva y me dejo llevar. WeBe estaba azorada, el tipo parecía otro, como si permitiera un juego nocturno que inclusive en su experiencia le incomodaba. Pero miro hacia un lado y vio un grupo de sillones y le pregunto: “¿nos sentamos?”. Lucas Boy respondió:

–Sí. Hablaron unos minutos de la fauna que observaban. En ella parecía que se había roto algo allí dentro y se preguntó: ¿Será gay? Su aliento estaba muy cerca, para hablar debían acercarse a cada oreja y sus respectivos labios iban y venían. “No –se dijo. Este tipo huele a hombre” y se entretuvo a mordisquear su labio una y otra vez dejando que la lengua abriera un surco. Tenía a su jefe, y el ex amigo de su antiguo amado metido en su boca y trastabillaba en un juego raro. De repente le aparto con suavidad y bebió un poco de cola. Y al mirarle, aquel seguía sonriendo como si una piedra le hubiera dado en la cabeza y solo quedara un camino, aquel que ella conocía de sexo, violencia y una larga noche. Pero, era demasiado para un día, por la mañana su amiga carcelaria, y en la noche… –y dijo: “me duele la cabeza”. Con esa salida en frio y reducida a una variación adolescente de final de sofoco, le dejo. ¿Y él? No le siguió, era una de sus noches de caza tal vez y como decía: “buscaría una mirada explosiva”.

 

 

 

 

Lucas Boy: El corazón dormido

by juan re-crivello

Lucas Boy llego al hotel “El corazón dormido” a las 8 de la mañana. Era su propietario desde hacía 5 años, estaba en pleno centro de Sitges, dedicado a una clientela  homosexual, se anunciaba como “Gays Hotel” y su fachada era de color azul intenso. Lo había abierto con grandes esfuerzos económicos pero la comunidad internacional que visitaba esta villa costera lo había hecho suyo y estaba en el Tour mundial. Con elegancia y cierta intuición cada detalle era sencillo, con tonos pastel y una atención rigurosa le convertía en un empresario distinto. Un mensaje en su móvil llego en ese instante. Ponía “salgo a las 10. Espérame en la puerta. Cárcel de mujeres Wad Ras. Barcelona. Besos W B”. Tenía, “una cita con el destino” -pudo pensar, o tal vez esta semana se sumaban los encuentros con una comunidad de personas desasistidas; ayer su amigo, los tres niños, el gato y el perro y, hoy una ex de un amigo -fallecido en extrañas circunstancias- y que se alejada del caballo que se inyecta, abandonaba su destierro, detrás de un muro. Recordó un papel oxidado que estaba en la entrada del hotel y le había enmarcado y  generaba comentarios de sus visitantes, bajo por las escaleras hasta recepción, a esa hora dos personas hacían su cheking, dio un rodeo y lo descolgó para leerlo en voz baja en el lavabo más próximo:

“Ni el Barrio Chino que juntos pateamos –una, dos, miles de veces. Ni el ácido prestigio de las putas que bordeaban el acantilado del carrer Unió. Ni la llamarada que crecía en la Plaza Real y amenazaba con dar fin a nuestra juventud ciega y ágil. Nada podría quebrar. Pero, él se quebró. Y este escritor lunático se apartó, del caníbal deseo. Y una larga, tormentosa noche. Un trueno de color rojo le consumió. El caballo, la Atenas calurosa, la Barcelona china, se olvidaron de un mitómano:

“Turbio, santo, amigo e incapaz de poner el ego a su servicio”.

Una foto de un tipo de 23 años, de sonrisa suave le precedía, al final ponía en negro escrito a lápiz “A Luis F”. Y esta mañana debía recoger a su ex, él se había dormido en la refriega de la droga y ella renacía después de años en una consumida tarea de rehabilitación. ¿Cómo estaría? ¿Con la cara blanquecina de siempre? ¿Con aquella subida de tono que le daba ser una bomba sexual? O ¿aquella sonrisa a media agua que presumía de inundar a su contertulio de amaneramientos alrededor de una noche loca? Fuese una u otra, Lucas Boy se permitió soltar una lagrima en el retrete, luego dejo el cuadro colgado en el mismo sitio y preparo cuatro cosas antes de montar en su moto. ¿Porque le había puesto este nombre al hotel? Tal vez el corazón dormido es ese espacio de la juventud que todos visitamos a lo largo de nuestra vida y que la comunidad gay nunca acepta abandonar, llena de iniciativas y encuentros cruzados -a veces, ellos- le recuerdan aquellos años mágicos que reparamos con sal.

10 de la mañana. Wad Ras. Barcelona. Abrieron las puertas y una señora altiva apareció con un macuto. Tal vez, dos camisetas, un pantalón y a lo sumo tres bragas. Desde lejos pudo ver como su belleza estaba apagada, pero al acercarse su fuerza explosiva seguía vigente. Le dio un beso en la mejilla. Ella dijo algo como: “hola, estaba esperando este momento, llevo 10 años metida en este tubo lleno de mierda y miedo: a vivir, a los polis, a las noches solas, a los sueños que una se ha hecho y maldice”. La voz era más reducida y grave, las formas de hablar más cerradas, de comunidad carcelera y llena de prisas por dominar. Lucas Boy le miro hasta entrar dentro y pregunto:

– ¿Estas decidida a dejar aquello?

–Sí. Esa mierda es parte del pasado. No sé qué hare pero por aquí –dijo levantando la falda y dejando ver unas nalgas rosadas y  pronunciadas- voy a parir. Se montaron, y ella se apretó a él. Su cuerpo se engancharía hasta fundirse y dejar pasar acido. A Lucas Boy le quemaba esa mujer que daba calor aun sin proponérselo.

Al llegar al hotel, le acompaño a una habitación pequeña de la tercera planta. Ella se sentó en la cama, él pregunto:

– ¿Tienes algún plan?

–Buscar trabajo

–Puedes quedarte aquí unos días. Si te atreves y…  encajas también puedes trabajar de camarera en el bar dando los desayunos, y las comidas. Para ellos tendrás que ir a la peluquería y moderar tu “slang” carcelario. Ella le respondió con una mirada altiva y cortante. Le recordaba muy bien, era la justa pieza de amistad que su ex Luis amaba pero convergía al estar necesitado de pasta, o de silencios. Nunca había aceptado aquella relación, pero visto desde este presente, su quilla estaba rota y varada, debía reconstruirse, que mejor que aquel al cual su ex regresaba en los pasmos de su yo. Dijo:

–Vale. Se estiro hacia atrás dejando ver unas piernas rosadas y fuertes. Entre ambos las miradas, cruzaron reproches, medias solicitudes y algún rechazo. Lucas Boy le previno:

–Solo acepto a mi lado si te mantienes limpia. Esta dirección es de una coach amiga, a dos pasos de aquí, puedes elaborar ¡qué sé yo! La pagaré de mi bolsillo –agregó. Ella sonrió y se puso de pie. Casi muy cerca de él dijo:

–Gracias. Te acuerdas cuando bebíamos los tres en la Barceloneta y tú te girabas en la playa y desde allí gritabas:

–¡Va fan culo! “Si” –dijo él.

 

Lucas Boy llego a casa de Mar Perez cerca de la 11 de la noche. Era tarde, pero el hotel le consumía. La última vez que estuvieron juntos no se habían tocado. Los cuatro besos una cierta ternura, pero su proyecto en común –el hijo se mantenía. Pero ella le recibió muy cálida. Cenaron juntos y él se durmió en el mismo sitio que hace unas noches. Ella resistió a su lado hasta irse a la cama de madrugada. Luego le despertó a las 8 y desayunaron, la química entre ambos iba en aumento, pero él no se atrevió a decirle que estaba en el hotel una ex de un amigo fallecido hace años. ¿Por qué esa prevención? “Las relaciones para ser fecundas deben ser frescas, libres y transparentes” -con esa frase retumbándole en la cabeza -de su Nona-, llego al hotel listo para trabajar.

 

 

NOTAS

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Hotel

Lucas Boy –los hombres hemos dejado de ser marxistas

By Juan re-crivello

Lucas Boy se aliso con un escupitajo su rubia cabellera, luego se puso el casco y en dos minutos estaba en la autopista que une Vilanova con Barcelona. Pero se detuvo un poco antes, en Sitges, casi un garito para el en los años pasados, pero ahora su montura de terciopelo y los años de cincuentón le alejaban de aquello, pero aun así dejo la moto cerca del paseo y camino hasta un bar de aquellos donde el mar se revuelve y los días lunes algún paleta lleva su bocata envuelto en papel de plata. Había quedado con un tipo que le quería contar una historia. No le veía desde hacía 10 años. ¿Estaría mayor? ¿O decadente? No debió esperar mucho, apareció con tejanos y una camiseta para barrigas de cerveza. Dijo Hola y se sentó. Al quitarse las gafas unos profundos surcos alrededor de los ojos le dieron una cierta importancia. Parecía haber corrido más que una moto de su cilindrada. Pidió una mezcla de anís con moscatel. Y luego dijo:

_Esta todo jodido

_Sí. A veces las cosas no salen tan bien –respondió Lucas Boy

_Me refiero a que no hay pasta

_Es normal, nos la hemos bebido en estos años –dijo Lucas

_Y además la gente se irrita por cualquier cosa. O grita. O no tiene orgasmos. Lucas Boy rio de buena gana. El tipo le miro y siguió sin darse cuenta su lunática experiencia.

_Ayer. Un domingo lleno de brisa y lluvia fui a una fiesta de cincuentañeros y los tipos estaban más arrugados que la leche.

_Y tú

_Más arrugado que ellos. Y una tipa que conocí hace un pila de años estaba allí.

_Es normal, en esas fiestas la gente corroída y sin tregua ve el paso del tiempo en los demás    –agregue sin saber a cuento de que me había llamado después de 10 años para contarme una historia sin final. Le observe mejor, sus botas de caña tres cuartos bordadas al estilo vaquero se deslizaban debajo de un tejado forrado en piel y bordado con tonos rojos y florecillas. De lo que sabía de el –por correos y las redes sociales- no le había ido mal. Vendía y diseñaba ropa y en la comarca su nombre era muy conocido, como en los traseros de media Barcelona, era Ron Carey, un nombre un poco tortuoso pero pegadizo. –Le mire y dijo:

_La tipa ¡fue para mí un flash! hace años y ahora a lo mejor está casada y feliz

_La gente también es feliz –agregue

_Y eso me hizo pensar

_ ¡vaya! –dije siguiendo su pista

_ Estos mariconcetes pequeño-burgueses no dan abasto en sus sabanas originales de lino y sus escapadas al Caribe y sus vinos peleones de tinto los fines de semana –agrego Ron. “¿A qué venia esa fraseología marxista en estos tiempos?” -pensé y pregunte:

_ ¿Y tú no crees que esos tipos no han peleado bastante por  amarse con torpeza o con sencillez en camas de lino?

_Si, tal vez -dijo. Es en mi caso la historia. He saltado de una a otra y he acabado traspuesto de infelicidad

_A lo mejor tu felicidad no es la de ellos. Es más movida. Más llena de contrastes. ¡Qué narices! -Un lunes y de consejero espiritual.

_Ves aquello -me dijo y señalo un yate mega gigante. Es mío, y allí meto a gente para que se destornille cada tanto. Y cuando se han ido me convenzo a mí mismo que si lo lleno varias veces más al final un día obtendré un cierto descanso.

_Pero ¿tu querías esto no?

_Yo quería ser un pequeño burgués con mi chica y un nieto o dos -dijo

_Aun estas a tiempo -le insistí

_Pues preséntamela

_ ¿A quién?

_A la que ayer tarde vi. Vivian R., tú la conoces -agrego

_Pero ¡si tiene 55 años! Lucas Boy estaba sorprendido ese tipo de pantalón bordado quería quedar con una ama de casa normal. ¡Imposible! Había amores antiguos y muertos que nos regresaban, año tras año, pero eran tan solo eso, un estilo, un silencio, una tarde. A veces nos aferrábamos a estos soplos de vitalidad juvenil como un remedio ante las decisiones que no nos habían llevado a buenos resultados. Le mire e intente convencerle y el insistió, quería hablar con aquella tipa que este domingo había visto cerca y a años de su vida. Marque un número de móvil y le invite. A los 10 minutos estaba allí. Ella sorprendida, le saludo. Mi ex esposa se sentó sin saber a cuento de que estaba allí. El tipo garabateo con los dedos en la mesa y la situación incómoda se desarrolló rápidamente: “Tu eres; si ayer te vi, pero no me atrevía saludarte; yo tampoco –dijo él y agrego y hoy ¡mira que sorpresa! ¿Vives en Sitges? ¿y tú? En Barcelona –respondió él. ¿Vendes moda? Hago moda –dijo él. Luego ella se animó:

_Hacía tiempo que deseaba hacerte una pregunta. El tipo se echó hacia atrás y escucho:

_ ¿Porque nunca me llamaste?

_No se –respondió Ron Carey. Siempre me he preguntado el porqué. Quizás era un torpe que ansiaba otras cosas y no una vida de clase media. Ella le miro, se sonrió y dijo:

_ ¡Es una jodida estupidez!

_No –dijo el tipo intentado excusarse.

_Luego de tantos años -dijo ella y agrego- una mañana uno se despierta pone la lavadora, barre su piso y su ex marido le llama por el móvil para decirle que una viejo amor está allí pidiendo confianza, o calor, o inclusive alguna escena de mantequilla estilo Último Tango. ¡Es muy fuerte!

_Solo quiero que hablemos unos días. Se veía que tenía el corazón abierto y en sus manos un sueño aun latía. Ella dijo. Que iba a decir ella, una mujer dura –yo le conocía- , de sabores castaños, de amplia risa y modelada silueta construida con pan y aceite. Diría, ya estaba en mi cabeza su respuesta, rebotaba, daba saltos.

_No –al final respondió. Ahora estoy sola y me procuro algún sueño que dura días. –Se levantó y me dio un beso en la mejilla. Para Lucas Boy esa mujer que se alejaba era pura dinamita, para este paleto de pantalón rosa, un sueño.

 

 

 

 

Sitges: celestinos y celestinas

By juan Re-crivello

Igual de estrafalario es el final, que la tortura de un nuevo comienzo. Cual perezosos y aventureros llenamos la cartilla del amor, tarde si, tarde no -ella o él- nos esperan para comer una pizza a la piedra o una ensalada de arroz, o queso al estilo griego del cual nos aferramos a disentir pero aguantamos por aquello de la seducción y el coctel de hormonas que nos posee. Y en los ratos libres comentamos esto o aquello de la virilidad o feminidad de aquel albatro que nos sobrevuela.

Pero, a veces la partida se atasca, o vence el aburrimiento y como hemos visto tantas veces en mujeres de Nueva York, nos apartamos dirigidos por un guion de mal gusto o cansancio. Luego nos vence la soledad, o dejamos un rincón, donde esperará listo para germinar, un deseo, pero será siempre arbitrario e imprevisto.

¡Los Celestinos/as están ahí!, representan una porción pequeña de los ciudadanos de Antioquia. Se reúnen en un club, se producen libaciones al amor, y echan las cartas una y otra vez, para situar a este o aquel con un traje descocido o un desaliento perpetuo, en la cámara de la ternura y el sexo sobrevenido. También otras ciudades están llenas de ese espíritu burlón y exigente -con el intercambio de hormonas. Me refiero a la noble ciudad de Sitges –ella vive pegada a Vilanova i La Geltrú, aquí duermen los lunáticos, allí la fiesta y el descuido favorecen el amor. No es rudo decirlo, ni infiel nombrar el pecado, es necesario que existan templos y Celestinos. Que se formen clubes. Que se altere la sangre con tanta milonga.

De los cuerpos apretados, llenos de vigor y una buena cerveza, se suma, se construye un paraíso de sofoco ante tanta novedad y turgencia. Es aquí cuando miles de amados y amadas persiguen con fe y duda un corazón roto o a la espera ante la falta de respuesta.

Sitges, ¿itinerario o provocación?. La lengua viva y astuta, las cervicales rosadas y seductoras, la mancha de sado, los ojos escrupulosos y tenues, la garganta espesa de güisqui, y…

Carnaval: ¿Sitges o Vilanova?

By Juan re-crivello

Imagen from Ruslan Shvedov

Esta mañana un vibrante comentario lleno de nostalgia, de parte de una amiga, aparecido en uno de mis blog, referente a esta localidad, y… me sumió en una  bruma. Mi respuesta fue:

“Hubo una época –en los 80- que transitábamos por el despreocupado Sitges. Las olas se arrimaban muy cerca del bar -al lado del cementerio. Los muertos y los vivos apurábamos un delicado porrón de cerveza”.

Saludos juan

Debo decir que vivo a tan solo 8 kilómetros de esta ciudad, pero la vida me ha envuelto en la cara oculta de Vilanova i La Geltrú, en esta otra villa de marcada ilusión lunática, cuando se habla de Sitges parece que las barricadas se construyen… para decir lo mismo. Pero mire Ud., que el jueves pasado a través de mi mujer, llegaron dos entradas para ver el comienzo del carnaval en una de las dos sociedades más aguerridas de Sitges: el Casino Prado. Esa noche, pude recordar no tan solo los años que pasamos un grupo de amigos viviendo en la Playa de Sant Sebastián, frente al cementerio de Sitges. Al llegar cada viernes, nos metíamos en la carretera de las costas –no había la autopista, y al dar los últimos giros, se veía una tranquila población que se animaba el fin de semana.

Sitges se ha imaginado a sí misma, y en estos años ha crecido envuelta en una mezcla de silencio, actividades y una cierta presunción del vicio. Pero, ¡no amigos!, si Ud. va al Casino Prado, vera una constelación de amantes del carnaval y la vida, que derrumba dicho mito, e invita a soñar. En la misma página de actividades, nos anuncian una batalla de “revival contra remember”; o una fiesta de la “disbauxa”; u otra del “extermini”.

Pero, la vida tiene sus vueltas y 30 años después me toca salir a correr por las calles del imaginario vilanoví.

Los caramelos son una sustancia de mentira y engaño, le utilizamos para dar salida a la incalculable fuerza sentimental de los habitantes de esta villa.

Este próximo domingo, a las 8:30, al observar las primeras partidas de parejas de quinceañeros en busca de ese cemento aplanado y gris, para transformarle en el pegajoso resultado del alcohol y el baile, no pude menos que regresar al recuerdo nostálgico de la veterana Sitges.

La maleza se abrió.

Detrás apareció una cabeza de león.

Su rugido estremeció.

Mis faldones –y los presentes, echaron

a correr. De tanto jubilo.(1)

Queda saber, con que villa Ud. se asocia sentimentalmente. Antes de decidir venga a la lunática Vilanova.

(1)Poesía maldita. Juan re-crivello

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