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Inmigración y Exilios: Desexilios -02

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From Carlos Alonso

by j recrivello

Desexilios

La plaga de hormonas me batía con fuerza. Mis 17 años estaban  secos, pegajosos, casi al final de la entrepierna. No supe decirle –a Mother- que su nuevo marido era sentimental, pero inestable en su carácter.  En mi caso, siendo tan joven, estaba obsesionado por salirme del guion. Ninguna estepa estaba más transitada, que la de los encallados jóvenes argentinos del año 74. Todos se movían en alguna dirección. Afeminados, o lleno de barbitúricos, o mal olientes desplegados alrededor del alcohol, o tan solo arrebatados por una ilusión estéril. Todos olían el culo de un General, que llegaba al país, enfermo de ego, con unos testículos debilitados, mucho discurso y una momia llamada Evita en el avión. A esta cuenta debíamos agregar su nueva esposa y un maquiavélico brujo, que manoseaba el sentimiento democrático de los dueños del poder.

Le di a entender que me marchaba. A Europa. A aquel continente donde todos los del país iban y volvían mentalmente cada vez que la realidad, les devolvía la mierda, o la irresponsabilidad de sus elecciones –sus gobernantes. Le dije que me iba a estudiar. No sabía que el frio invierno me atraparía y sería un hippie, perdido, amante, insulso joven camino del derrape mental.

Pero me iba para tal vez, dejar correr el tiempo. ¡A gastarlo! Detrás quedaban el sainete del General, su brujo, los generales y sus pistolas. Y una izquierda cruel, ignorante, que se mataría, sin norte ni fin para demostrar ¿Qué?

Subí al barco. La semana anterior asistí a una misa. ¡La hicieron para mi viaje! Los sacerdotes estaban en todo, rezaban y rezarían al asesinato y la muerte de los próximos desaparecidos y rezaban para los jóvenes asqueados, que se iban para no asistir al cuento que vendría.

Al viaje de no retorno se sumaría un hilo fino de cabello. Era la triste espera ante un final, un acento, un estilo de pensar que aunque las cosas salían mal, no dejábamos de ser el mejor país del mundo. ¡Y el más rico!

Menudo azote vendría, hasta hartar una nueva generación de jóvenes. Algunos desaparecerían, otros se quitarían detrás del “no te metas”, y otros cambiaríamos de hábitos, olores y costumbres. Solo Mother seguiría presente, con sus altibajos, unida mediante el cordón umbilical.

El sueño es idiota. Breve.

La lengua escapa de una larga boca y te hastía.

Suéltate el pelo y coge el próximo disfraz. (1)

 

(1)    Los Genes de Mingo, poesía, j re crivello

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Viajes: Los preservativos -01

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Esta semana nos toca ir de viaje, tal vez las historias de viaje son una mezcla de nuestras creencias y los territorios que nos acechan. Los artículos de esta semana están construidos sobre mis viajes reales algunos de ellos de los 17 a los 22 años en que visite 15 países y anduve sin rumbo. Veamos: Los preservativos 01; Pequeño Padawan 03; Arroz 03; ¿Sexo? Trenes y estaciones; Trenes petroleros 04

 

En este mundo hay traidores, soñadores y un ejército de buenas personas. En este viaje, me asombra un gran país de gentes sencillas, amables, lindas. Entro a un lavabo y veo cinco hombres orinando, impertinente digo:
_Parecen las cataratas del Iguazú. Se dan vuelta, uno sonríe. El extranjero al hablar ha pecado de exceso –piensan. Mean más que un rio tropical –pienso.
Me siento en un bar, el dueño del local nos pone unos manteles de papel barato, individuales. Luego dice:
_Son de la India –y se marcha. El ambiente es del porteño medio, gente del trabajo al mediodía, comen un mismo menú, poca variedad. Voy al lavabo, miro el precio de la máquina de preservativos: 0,50 pesos. Con mi hijo —en este viaje— valoramos el servicio del restaurante por esa bendita máquina que está en cada mijito-río (lavabo). Hay de uno, dos y cuatro pesos (1). Definitivamente los condones también son de la India… por lo baratos.
Nota: Al cambio 1 peso=0.10 céntimos de Euro

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