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Barcelona / j re crivello

Escritor y Editor

La brújula interior

Multitud de veces parece que se nos estropea, pero tal vez no queremos escucharla. Las oportunidades rodean nuestras vidas sin cesar. Son como brujas esquivas que cantan sin cesar diciéndonos, ven. Nuestras vidas son senderos agrupados alrededor de las emociones, de los suaves equilibrios, o de duros encontronazos. Podemos adoptar papeles, roles, ser actrices o actores y suavizar las líneas que presiden los acontecimientos. Los amigos de Instagram son un ejemplo. Actúan cada día frente a un escenario donde suaves latigazos de likes responden y se esfuman. ¿Es difícil mantener una vida autentica? Tal vez, y solicitar respuestas, de cruzadas invencibles nos delatan. Los malos cada vez son más malos, más refinados, más auténticos. Construyen sus vidas sabiendo que la reprobación se esfumará en minutos, en días, a lo máximo en meses.

La sociedad Líquida está volviéndose gaseosa. Ya nada sirve para mantener la calma y la viscosidad de las relaciones. Los malos entran, los malos salen. Es lo que vemos en los telediarios. Un hijo de un padre de la patria en Cataluña (pero podría ser en el País del Perejil) monta una red de estafa de ITV desde el poder. Lo descubren. Le caen 5 años. Y sale de la cárcel con permiso a los 30 días

Los malos entran, los malos salen. A veces uno se pregunta: ¿y si me sumo al planeta de los malos? ¿Y si todos fuéramos malos?

En definitiva hemos convertido la libertad personal en la capacidad de legislar sobre los demás. Nos hemos alejados tanto de nuestro espíritu simio que ni las convenciones de clan nos sirven.

Y los que vendrán, las maquinas los robots, la Inteligencia Artificial serán, ¡unos malos de cojones! Nos queda esa brújula interior que pueda salvarnos de la decadencia. Seremos ¿líquidos o gaseosos? Demasiadas preguntas amigos y los que leen buscan respuestas.

Sueño contigo,,, ¡piratas volveremos a vender en gasolineras!

Esteban Suarez, j re crivello, Melba Gómez, Diana Gonzalez crearan una red de venta de libros propia sin engaños ni robos!

Comentarios como estos de Scarlet C. me animan a seguir -j re crivello

“Hola, los hechos que explicas me recuerdan al “lavado de dólares mal nacidos”, licuarse entre un vacío jurídico es tan descarado como pretender, además, que se está haciendo bien llevando libros “lavados” para que puedan ser leídos. El punto es que si se salta al autor, a la editorial y a todo el esfuerzo creativo y también y por supuesto, económico, que ha hecho posible que el libro sea algo físico, palpable, es intentar justificar que el robo es ético dependiendo de… Creo que estás haciendo lo que corresponde en un mundo de caníbales, defender el derecho de ser persona y no salvaje, cada artista y su editorial se han ganado a pulso cada palabra, cada hoja pero sobre todo, el tiempo de vida invertido que no tiene precio. Nadie debe caminar por la espalda de ninguno ¿Qué pasa todos los días? Bueno, he ahí la tragedia y la respuesta, es el planeta que tenemos ¡No a la piratería! En nada.Saludos”.

Volveremos como Camela a vender los cassettes o libros en las gasolineras. En ello estoy en crear una red que lleve el libro al lector en cafeterias y librerias a un precio muy bajo. Estoy pensando seriamente en retirar mis (12+1) libros de Amazon, y comprendo que los autores que edito no lo hagan. j re crivello

Sueño contigo Camela

¿Piratas? Se llama @elbazardigital & MercadoLibre Argentina

Ayer tuve la oportunidad de hablar con el pirata que roba nuestros libros en @elbazardigital. Solo pude acceder a él insultándole en su Twitter. Diremos que se protegen. Para ellos el robo es un ejemplo para el acceso de nuestros libros a su sociedad. Como Amazon no está presente en Argentina, el compra nuestros libros, lo pone a la venta, y gana su beneficio. Los escritores y los ciudadanos nos dividimos en dos bandos, los que defendemos al pirata y los que no. Me toca estar en el bando de los que no nos sometemos al pirata.

Hace unos años un amigo alemán me decía que hacían una maquina sofisticada, venia el chino compraba una y la copiaba y luego le compraba tan solo alguna cosa muy barata y ellos se la vendían a precio de oro. Con ello los alemanes se veían impelidos a crear cada vez más tecnología nueva en una carrera sin fin.

Hace unos días editamos un libro de Awilda Castillo, escritora que vive en Venezuela. En dos días el pirata de @elbazardigital &Mercado Libre Argentina lo vendía en su web.

Los escritores argentinos (y algunos españoles) con quien he tenido la oportunidad de conversar ven esta actividad como algo normal. El pirata entregará un libro que ha comprado a otro y hará de intermediario. ¡No roban! —dirán a coro. Lo que no dicen es que el pirata anuncia 10 millones de libros en su web. Lo que no dicen es que la editorial (y amazon) pagan impuestos, trabajan duro con el autor, le convencen de cómo elaborar su mejor libro, etc. y el pirata en dos horas licua su esfuerzo.

¿Licua? Esa es la palabra. Entiendo por esto el arte de sacar beneficio sin respetar los derechos ni los esfuerzos de los demás. Seguiré solo, o con los 509 firmantes de la carta en Change.org. Los que valoramos el esfuerzo. No afanamos como dicen los argentinos. No somos más vivos que los demás como dicen los argentinos. Una cultura basada en el arribismo y la falta de conciencia moral construye gigantes como China. Y… ¿qué es China? Una sociedad dominada por una elite de 5 millones que explota a sus ciudadanos. Sí, soy de Hong Kong. Soy de las sociedades que defienden a sus creadores y la ley.

¿Qué haré con mi pirata? Decirle cada día a su email lo que le dije ayer: ¡Eres un ladrón! Solo me queda insultarle cada día. (o su whatt app +549112290-6553)

Su respuesta (la del pirata) la de @elbazardigital se condensa en esta larga frase en los 42 e mails que intercambiamos, y sin firma, que reproduzco tal cual:

“Disculpame, vos sos representante de alguien? Yo me voy a ocupar de informarle a la gente que representas que cambien de representante porque no solo sos un maleducado si no que tenes faltas de ortografia.

Por otro lado, si no fuera porque nosotros importamos los libros que acá no se venden, en argentina no tendrian ningun tipo de llegada y por cada libro que nosotros vendemos, el autor recibe sus regalias como corresponde, si sos representante de alguien, en primer lugar dirigite con respeto y en segundo lugar fijate lo que reclamas”.

Saludos

Lobo come lobo aparecerá despues del verano y es de Rafael lópez Vilas

“No vengas a pedirme azúcar”, reza. Lobo come lobo

No vengas a pedirnos agua cuando la plebe tenía sed y tú remabas en contrario, —rezamos nosotros. Esta sería la primera forma de acercarse a Rafael López Vilas. Su Lobo come Lobo aparecerá después del verano de la mano del editor http://versatileseditorial.es.

Me han encomendado desde el Cielo, pues soy escritor y editor, y amigo de Dios, que comente este libro. Que lo empuje más allá de las vidas que han quedado encerradas en cementerios y libros antiguos. Pero este es nuevo. De trinca. Dice al respecto su autor:

“Este poemario lleva escrito un rosario de insinuaciones malintencionadas que blanden su ironía con descaro en cada aluvión, en cada cita, situando al lector ante un espejo que, en realidad, no deja de ser una ventana donde, si a éste le place, puede contemplar, con o sin estupor, el gran espectáculo del mundo caminando a la deriva sobre un cable”.

Dice al respecto, a quien Dios le ha encomendado su lectura. En los ratos libres, cuando está solo en su nube rosada y me deja acercarme y susurro cada poema de Rafael López Vilas en su oído. Y luego le dejo rascándose la barbilla. Y observo. Dios cada vez que le recito un poema de Lobo come a Lobo, de la fila que espera en el purgatorio con su señal miles se van al infierno.

¡Miles!

¿Ud. comprará este libro después del verano? Pues diremos como el autor: “Lobo come lobo, es un prosopoemario de dictadores y de nostálgicos de las dictaduras, de sacerdotes pederastas y sueños rotos, de eruditos y también de estultos”.

¡Cómprelo! Dios ya lo tiene.

J re crivello

Cuida el final como cuidas el principio y no cosecharás el fracaso -Laozi

A veces pequeñas partículas de vida siguen comunicándose a través de los años. Son primos, hermanos, hermanastros, tíos antiguos y lejanos que nos hablan o se comunican como si fueran parte de nuestras vidas y a lo mejor no los vemos hace años. Ellos se dirigen hacia nosotros como si fuéramos su elección. ¡No ha sentido Ud. dicha turbación? De emocionarse al ser correspondido pero sin explicaciones para esos saltos de la vida.

Las pequeñas partículas llevan en su interior nuestros genes, pero otras iguales y en la misma situación eligen desenvolverse en el olvido, el abandono o la desaparición. No, me refiero al comportamiento de las que se agitan en nuestra dirección y se resisten al olvido. Mantienen enhiestas esa fe en las posibilidades familiares, en el intercambio. Cosechan una minúscula parte de la memoria. La cuidan. No renuncian.

En las grandes ciudades donde se ha perdido la memoria y la familia se ha reducido a cuatro, y ahora a dos inclusive navegan grandes solitarios de la sociedad Líquida. Fuera el compromiso, fuera la escucha tierna, fuera la alianza con partículas de vida que reclaman una capilaridad familiar. Yo tengo dos, una hermana y una prima. Aparecen y desaparecen en la red. Dos puntos de luz que me recuerdan lo que antaño fue una gran familia y se dispersó en busca de nuevos horizontes. Cada vez que se encienden siento turbación. Considero que aquella señal lejana me sitúa en la esfera de mi padre y sus horas cautivas con el desastre. Tal vez cuando nos alejamos de estas partículas de vida detrás hay un fracaso o un inmenso espacio plagado de dificultades.

Ellas no tienen la responsabilidad. Ellas no pueden cargar con el espacio que a todos nos separa de la antigua manera de ser de los humanos, cuando la sociedad no era líquida y nuestras abuelas tejían con tesón nudo a nudo compromisos inquebrantables.

Por ello debemos cuidar el final como cuidamos el principio.

Buen martes a todos.

La depresión del monje

Amigos, comienzo una serie que no sé donde nos llevará, si desean acompañarme, Bienvenidos. ¿Qué tripa se te ha roto? regresa por la tarde j re crivello

Explica Lou Marinoff una anécdota en su libro Más Platón y menos Prozac que un monje encontró la explicación de su depresión al considerar que los diez años pasados en el Monasterio le suponían un peso que le impedía hacer lo que muchos encuentran significado: tener una familia biológica, relaciones sexuales o una vida integrada en la sociedad. Al cambiar de vida superó su depresión

Todos pasamos por etapas en las cuales nos encerramos en decisiones que suponen una cierta alegría espiritual pero tal vez esconde una gran prisión. Si a ello le conectamos con que a veces no sabemos nuestro significado último en la vida puede llevarnos a errores. Winston Churchill hizo en su vida todo lo que deseaba hacer pero se sentía insatisfecho, solo encontró su momento a partir de los 65 años cuando tuvo que dirigir la Guerra y enfrentarse a Hitler. Allí y solo allí su vida encontró el significado.

A veces reflexiono (y le ruego que Ud. lo haga) si hemos encontrado ese destino que nos permite explicarnos. En mi caso cumpliré 65 años y padezco del sentimiento de Churchill. Dirá Marinoff, si: “piensa que está perdido, quizás es porque todavía no ve la pauta que debe seguir. Quizá se dirige sin saberlo hacia algo (o ya está implicado en algo)”

Tal vez en mi caso así me siento. El proyecto MasticadoresdeLetras me lleva a territorios desconocidos. Los espacios que intentamos fundar son escasos por más que parezcan que son millones y necesitan estar dotados de proyecto, persuasión, auto exigencia y compañeros fiables ante la adversidad.

La sociedad solo admite un crecimiento mediante saltos, o interacciones entre grupos e individuos. Vivimos una época donde aparecen más preguntas que respuestas, a pesar de estar más conectados que nunca las islas de soledad a veces impiden saber dónde estamos.

A mis 8 años intuía que mi vida no sería fácil y al conocer el asesinato de Kennedy (con 10) todo cambio para formar cadenas donde me parecía atrapar mí destino y en otras escapar de él.

¿Dónde está Ud.?

ahora voy

Lo que cuesta hacer un libro sumate!

Solo la portada de la próxima edición de fleming está hecha por el autor sumate a la campaña de chance! J re

497 ya han firmado!

Petición ¡Firma Aquí! MercadoLibre Boicot!

Hola amigos. Estamos a punto de atravesar la barrera de los 500. ¡Para todos nosotros es un triunfo! Mantendremos la petición una semana más y valoraremos.

 #Mercadolibre no se da por enterado, ni contesta ni nada. Mantiene atrapados a nuestros libros en su sistema de ventas. El boicot a comprarles es nuestra mejor arma.

Los consumidores libres respetan las reglas del juego

Los creadores libres aceptan producir cultura para consumidores libres

¿Podemos pedir una semana más tú apoyo?

Gracias j re crivello

¿Qué tripa se te ha roto? cap. 06 y 07

Ana Fer.

by Ana Fernández

Ana se miró en el espejo, todavía guardaba algo de su belleza de juventud. Había sido una chica muy guapa, aunque ella no lo supo hasta que —siendo ya madura— fue descubriendo quién era y todo lo que atesoraba en su interior. En ese momento llegó su verdadero éxito y sus novelas empezaron a venderse como rosquillas, incluso aquellas que había escrito mucho tiempo atrás y que habían pasado sin pena ni gloria por las estanterías de las librerías.

Observó cada detalle de la cara reflejada en el espejo, algunas patas de gallo enmarcaban los ojos de un verde musgo que le recordaban las empinadas montañas de su tierra natal. Debajo  unas ojeras, fruto de la noche anterior y del despertar sobresaltado con la llamada de Marta, dejaron una huella oscura que lejos de afearla, imprimía mayor dramatismo a su mirada. Y completaban el conjunto las incipientes canas cubiertas por el rubio Nº 8 que usaba para dulcificar más su rostro.

Se quitó la ropa en el baño, contemplando su cuerpo desnudo, los años habían dejado huella, pero no le habían tratado demasiado mal,  y cerca ya del medio siglo, aún conservaba toda la anatomía en su sitio y no había estragos que necesitasen retoques estéticos; un cuerpo al que había decidido darle mucho placer desde hacía tiempo. Su última separación había sido como la carta de libertad para un reo condenado a muerte y desde entonces salía casi cada noche a desahogarse con quien estuviera dispuesto a complacerla.

Abrió la mampara de la ducha y dejó correr el agua un minuto antes de entrar. Se colocó debajo del chorro a máxima presión y cerró los ojos intentando recordar cada detalle del día anterior.

«Juan Re le llamó para hablarle de su último libro y habían quedado para cenar. A media mañana habló con Marta que se ofreció a acompañarlos. Muchos años atrás Ana les había presentado, y en los últimos encuentros percibió que entre ellos había algo más que amistad, un flirteo mal disimulado le llevaba a pensar que, o se habían acostado juntos o lo harían en breve.

Cenaron entre risas y de lo que menos hablaron fue del libro de Ana. Juan Re y Marta estaban más pendientes el uno del otro que de ella y  tomaron sin mesura más vino del recomendado. El café y dos copas más —en torno a las dos de la madrugada— hicieron el resto y Ana terminó por dejar a los dos en casa de Marta. El marido de ella estaba de viaje y no llegaría hasta la semana siguiente. Consiguió sacarles del coche mientras ellos se reían sin sentido y los dejó en la gran verja que cerraba la casa de Marta. Cuando se alejó con el coche les vio por el retrovisor, intentando abrir la pequeña puerta por la que se accedía a la finca cuando se entraba a pie. Lo último que vio fue como Juan Re le cogía el culo a su amiga y la empujaba dentro. Luego la puerta se cerró».

Se enjabonó el pelo con cuidado, luego, mientras hacía efecto la mascarilla, frotó su cuerpo con la esponja llena de jabón y se aclaró. Cogió una toalla del armario, se envolvió en ella disfrutando de su suavidad y con esa sensación confortable se recostó sobre la cama y se quedó dormida.


-07-

« ¿Y si no acepto?»

by J. re crivello

Wert entró en la sede de la Policía autonómica —los Mossos—, ya conocía este camino, cada tanto le llamaban sus superiores por algo que rozaba la ilegalidad, o para decir que le debían un favor pero le pedían otro, o que tenían un colega y lo querían introducir en el escalafón, en suma, el ruido de la burocracia y la política juntos. Se detuvo ante una puerta inmensa, el edificio era antiguo pero se habían gastado la pasta en su remodelación. La secretaria, una morena esponjosa pero funcionaria desde hace diez años le sugirió que quien le esperaba era el Jefe de los Mossos, a quien le nombraba el Conseller de Interior. Ya les conocía, a su superior directo, un nacionalista que pegaba manguerazos a los manifestantes cuando eran okupas. Al abrirse la puerta, en una sala diáfana, al fondo pudo ver al Jefe y una mujer vestida de policía, con varias condecoraciones —ahora las llevaban al estilo americano—, unos sencillos grabados en la guerrera lateral. A medida que se acercaba descubrió que la conocía. Era la estrella ascendente, joven, muy guapa, o como mínimo vistosa, hábil al comunicar, y obsesiva en las leyes. Los tres se sentaron en una mesa redonda. Sus dos interlocutores sonrieron, él sonrió, los tres sonrieron. M. Lancioni fue directo, la presentó describiendo sus servicios, su tenacidad, su forma de actuar con las leyes —un capítulo que iba directo a su mentón — por su estilo personalista, desequilibrado y volcado en la acción al borde del reglamento. Luego solo dijo tres palabras:

—Será su sucesora. Wert trago saliva, venía a la rutina y su vida cambiaba. ¿Qué le parece la idea? —preguntó el Jefe.

—Bien. Dentro de él pasaron miles de recuerdos de los años duros. Pero ¿a cuento de que enviaban a la más eficiente al distrito de Gracia? El corazón de Barcelona, donde se cocían pocos crímenes, pocos robos, pocas historias, pero donde vivían los okupas más belicosos de la ciudad. ¡Se aburrirá o hay gato encerrado! —pensó. Y el jefe continuó.

—Pero antes quiero que investigue este asesinato: «el de los cuchillos» como ya le llama la prensa junto con ella —y miró a quien se sentaba entre ambos. En los próximos meses espero que trabajen juntos, que conozca la comisaría, que tenemos proyectado fusionar con otros tres distritos. Ahora se veía el fondo del tema, la enviaban a una macro-comisaría para dar algún salto después. Un silencio cubrió sus pensamientos y Wert intentaba no incluirles en la charla, pero dirigir una macro-comisaría no era juego de niños. ¿Y para él? ¿Qué tramaban? Su jubilación o un puesto de chupatintas era lo más probable. El Jefe retomó: —Y… como no hay dos sin tres, cuando acaben la fusión y descubran al asesino, Ud. ocupará mi puesto —y sonrío. Wert esta vez ni respiro, solo preguntaría:

— ¿Jefe de los Mossos?

—Si

—Es un cargo político —dejó salir suavemente Wert pero dando a entender que no se vendía ni prestaba a manejos

—El sistema de ascenso cambiará, lo ha diseñado Esquerra republicana y la CUP, —luego agregó— Ud. será el primero que será nombrado por combinación de puntos, hoja de servicios y algo de política. Tendremos un Jefe por primera vez profesional.

— ¿Y si no acepto?

—Le jubilamos hasta que cumpla los sesenta y cinco. Pero para Ud. es un gran paso, por ahora no tendrá grandes cambios hasta que acabe la fusión y el caso del asesinato.

— ¿Por qué tienen tanto interés en un caso de asesinato que está casi sin fuelle?

—Intuimos que el escritor de derechas y antinacionalista J. Re la va a liar. Wert respiró, la Inspectora suspiró. Pasados unos segundos, la Inspectora Ma. Rawson habló por primera vez, voz suave, rapidez al pronunciar las eses y un acento que no descubría de dónde venía.

—Para mí es un placer trabajar con Wert —mientras miraba a su Jefe—, no hubiera imaginado hasta ayer que todo daría un giro tan rápido. Wert la miró y sonrió. Y dijo ya despachandose de toda hipocresía: «Y Ud. me sustituirá como Jefa de los Mossos». Ella sonrió. Lo implícito aparecía en esa carrera de rivalidades y apoyos tácitos. Wert se sentía incómodo, la pinza por primera vez le rodeaba. Luego Lancioni dijo:

—Bueno, veo que estamos de acuerdo. Wert y Ma Rawson salieron a la calle, en la acera mientras se dirigían al coche policial, ella se giró. Los ojos verdes muy claros le atraían. Wert se olió una trampa después de casi cinco años de vivir divorciado.

—Tengo una idea sobre el caso. Y dijo: el muerto fue asesinado por alguien muy caliente.

— ¿En que se basa? —preguntó Wert.

—Marta casi no ha hablado y su silencio es una forma de decirnos: ¡no podéis conmigo!

Montaron en el coche, por primera vez él no conducía, y las piernas rosadas de un vello suave y rubio le distraían, pero intuyó que iban a casa de Marta. La ciudad estaba en su cenit, mediodía, aceras llenas de vendedores, japos echando fotos, damas gruesas y tacón subido para ocultar las nalgas entubadas en faldas a la moda y una tormenta que amenazaba descargar a la hora de la siesta. La Inspectora Ma Rawson dijo:

¡We will catch her!         

Notas:

Asesor en inglés Salvador Villar

467 firmas ayer en nuestra petición

Los piratas solo aman sus vidas. Los escritores, los editores, los correctores, los editores, los gestores culturales amamos las vidas de los demás. Por ello somos Davids. Gente que ama la cultura y la elegancia. Que crea montañas desde la nada para que nuestras fantasías inviten a la gente a buscar nuevas fronteras.

Los piratas que hoy piratean mi obra, o la de los 47 autores que ha publicado Fleming, son por ejemplo #mercado libre de Argentina y no nos hacemos ilusión que nos respeten. Pero si podemos hacerla daño comprando en Amazon, en la FNAC, en el Corte Ingles y tantos que respetan a los autores.

Te invito a firmar. ¡A liarla! A darles los golpes que necesitan para que pongan un email para denunciar. En su fantástica web y visible ¡Visible!

O visitar Change org link: http://chng.it/MRm869Jptt

Razones para firmar

Marie PicoutoHace 10 horas

It is a lack of respect, to copy someone else’s words and creativity. Alto a la Pirateria.

Claudio NigroHace 13 horas

Razones para firmar

No quiero que violen derechos de autor , los escritores necesitamos una forma de comercialización segura

Miguen Angel CarreraHace 17 horas

Razones para firmar

La piratería es robo… El ladrón se lucra con el esfuerzo y propiedad intelectual del autor

Miguen Angel CarreraHace 17 horas

Razones para firmar

Porque el autor es el dueño intelectual de su obra, y la piratería es un robo de su obra

¿Qué tripa se te ha roto? -05

¿Re-sintonizamos?

by J. re crivello

Wert toco el timbre varias veces y nadie aparecía, luego preguntó a los vecinos, nadie refería la ausencia de A. Renz. La vecina más coqueta y parlanchina ante la presencia del famoso Wert soltó un poco el pico: que era un tipo duro, siempre con olor a colonia Don Algodón, vestía con tejano, y… marcaba paquete. Esto último fue una salida de tono que sonó inaudible pero fue repetida hasta tres veces al ver la cara de sorpresa de Wert. Ella la cubrió con una risa picara. Y además refirió que llevaba una moto de gran cilindrada y una vez se montó, pues él se ofreció traerla desde el mercado hasta casa y hablaron al respecto de algo que les unía: una tienda de productos ecológicos de la calle Port casi esquina Menéndez Pelayo. Wert una vez en la acera pidió una autorización judicial para entrar al piso de A. Renz y se pasó por la tienda ecológica. Allí solo decían maravillas del desaparecido y siempre terminaban en la misma descripción: «tenía un…, cómo decirle —dijo la vendedora entre las risotadas de la jefa— un así» y movió las manos como describiendo una bolsa redonda.

— ¡Un escroto! —exclamó Wert

— ¡Eso! Al entrar por el pasillo del mercado bailoteaba —agregó riendo con fuerza. Wert preguntó en las tiendas de alrededor, todas le describían como el señor tan presentable que insinuaba un cierto misterio.

— ¿Misterio? —preguntó a una vendedora. La dependienta del pescado agitó una lubina en la losa de mármol y sin cortarse agregó:

—Nadie le conocía ni trabajo, ni amores. A vosotros, los hombres —y la lubina se deslizó cerca del cuchillo— igual que al pescado, se os conoce por la boca. Y riendo remato: «Por la boca muere el pez».

Esa tarde Wert logró entrar al piso de A. Renz, todo estaba sumamente limpio y prolijo. Vio fotos, cartas, documentos, camisas apiladas y planchadas con estilo casi irreal y una colección de botas. Su ayudante exclamó:

—Este tipo es gay o bisexual. Wert asintió con la mirada y acordaron que su ayudante fuera a la calle del Pecado en Sitges y enseñara por los bares su foto por si era un habitual. Dos cartas les llamaron la atención: la primera muy corta y seca de A. Fer, decía:

«Querido

Te he presentado a Marta y está loca por ti. Me debes una. A Fer»

La otra estaba escrita por Blanca. Antes de abrirla Wert se preguntó si aún se escribían cartas físicas, con tanto e mail y WhatsApp. Era de hace un año, perfumada, y con un detalle cursi en el lateral. Un falo dibujado y estirado y palabras sueltas:

« ¡Ahora sí! La noche increíble. ¿Repetimos? ¿Re-sintonizamos?»

« ¿Comemos juntos en La Gota?»

Tuya B. Foss

Wert guardó en su bolsillo un amuleto que le llamó la atención y cerraron la puerta. Todo era demasiado explícito:

— ¡Y el pájaro ha volado! —agregó su ayudante.

—Busquemos mierda —agregó Wert. Su ayudante señaló la Calle del pecado y Blanca como lugares del rompecabezas, pero Wert intuía que el juez no daría una autorización para «limpiar» el piso de Blanca.

—Estamos de nuevo a cero —dijo. Al despedirse de su ayudante extrajo la lista de la «banda de los seis» y escribió un WhatsApp a A. Fer:

#Soy Wert, Jefe de Policía. Le visitaré en su casa mañana#. Una respuesta apareció.

#Estoy lista para defender a mi amiga# Wert sonrió. Otro mensaje apareció a continuación:

#Preséntese en la Central#

Wert intuía que los cambios por arriba traían noticias y no positivas. Comenzó a caminar por la Diagonal en dirección a la Central. La ciudad estaba engalanada del Congreso de Móviles. Todos caminaban inquietos ante una primavera tan lluviosa. Los carteles de una marca coreana de móviles hablaban de: «Humedad en los talones», «humedad en las relaciones», «humedad en la amistad»

#Humedad en el sexo# —pensó Wert— y en su cabeza retumbó: «este es un caso húmedo».

Piratas & Mercado Libre. ¡Apoyanos!

Soy David

Somos David

“Metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra. Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano”. (Samuel 17, 49-50).

La piratería es tan especial que no conocemos su efecto hasta que el país permite estas prácticas. Escribir un libro es mimarlo, amarlo trabajar horas. Luego es crear una portada que conjugue con él, luego buscar un editor que se arriesgue y una red que lo distribuya. Y en este mundo global luego encontrar aquellos gestores culturales que lo muestren, lo comprendan lo acerquen a los lectores desde su red que cuesta muchas horas crear con esfuerzo y creatividad.

Los piratas solo aman sus vidas. Los escritores, los editores, los correctores, los editores, los gestores culturales amamos las vidas de los demás. Por ello somos Davids. Gente que ama la cultura y la elegancia. Que crea montañas desde la nada para que nuestras fantasías inviten a la gente a buscar nuevas fronteras.

Los piratas que hoy piratean mi obra, o la de los 47 autores que ha publicado Fleming, son por ejemplo #mercado libre de Argentina y no nos hacemos ilusión que nos respeten. Pero si podemos hacerla daño comprando en Amazon, en la FNAC, en el Corte Ingles y tantos que respetan a los autores.

Te invito a firmar. ¡A liarla! A darles los golpes que necesitan para que pongan un email para denunciar. En su fantástica web y visible ¡Visible! O visitar Change org link: http://chng.it/MRm869Jptt

¿Quieres firmar? Envíamelo aquí (fleminglabwork@gmail.com), y lo subiré a mi blog y ¡Muévelo en la red!

He creado un libro y me he dado de alta en su web y les obligaré a vender mi libro que solo llevará esta carta y cuentos.

Soy David!

Somos David!

En change.org 250.000 persona firman contra el maltrato animal, y solo 1000 contra el maltrato de los autores ¡Ya Está bien!

J re crivello

Fundador de MasticadoresdeLetras

¿Que tripa se te ha roto? -04

Saul Leiter fotógrafo

El cuchillo

by J. re crivello

Wert pulsó el timbre de la casa de Marta, había venido solo. Frente a sí, una unifamiliar de tonos grises con lo que imaginaba que escondería un jardincillo interior. Una voz femenina le abrió paso, atravesó un camino de guijarros, al lado, la monotonía del manto verde tan solo era rota por un rosal. Luego escuchó un «tac» y la puerta se abrió desde el interior, un comedor y al final una silueta delgada, de una mujer casi en los treinta y cinco, de cabello oscuro y tez fina y blanca. Serían las siete de la tarde, en Barcelona la ciudad mudaba la piel, los turistas se calzaban ropa de noche, los últimos japos adoraban la Sagrada Familia y Wert ya en retirada venía al núcleo del conflicto: dos cuchillos, dos cuchillos retumbaban en sus preocupaciones. La exótica mujer le ofreció asiento, un sofá amarillo chillón rompía la uniformidad de los grises de diseño. ¿Por qué había aceptado verla en su propio terreno? Tal vez así desvelar algo que le había pasado inadvertido: un detalle, un tic, una mueca de risa nerviosa. Pero delante se sentaba una mujer de piernas lisas y claras, una cadera de las antiguas, unos hombros cortados en seco y una sonrisa blanca y enigmática, además de unos labios pintados de rojo como las estrellas antiguas de Hollywood. Ese era el primer aviso, toda la atmósfera era de diseño pero el hielo lo cortaba la poseedora de las claves, tan caliente, tan dueña de sí misma pero con un sabor antiguo, clásico, aterradoramente clásico. Y preguntó mirándola a ella:

— ¿El cuchillo? ¿Es suyo?

—No hay otro —respondió mirándole con dos ojos azules parecidos a dos zafiros.

—El que Ud. nos entrega tiene restos de sangre del escritor y de otra persona, y el que nos entrega J. Re es igual, pero con sangre de él.  ¿Cómo explica que existan dos cuchillos?

—Solo hay uno. El otro es una infamia de quien no sé porque razón intenta implicarme en un caso raro.

—Explíqueme nuevamente lo que ocurrió. Marta detalla que el accidente fue tonto, bromeaban, él se desequilibró, se le vino encima al estar bebido y se enterró la daga en un segundo. Al desmayarse el pánico la empujó a quitárselo, dejó una toalla tapando el agujero y salió corriendo a llamar a su amiga A. Fer  y a la policía.

—Ud. ha llamado a la Policía unos minutos después que a su amiga.

—Es lógico —respondió Marta— con los nervios, al regresar vi que no estaba el escritor en la cocina y dudé. ¿A quién llamar si no había accidente? ¿Le diría a la policía que un amigo se había cortado levemente y que yo tenía el cuchillo y no sabía dónde estaba él?

—Lógico, dijo Wert. Y repasó mentalmente, tenemos un herido, dos cuchillos con sangre y una señora muy lista. El caso está cerrado y preguntó: ¿Cuál es su relación con el escritor?

—Nada, solo acepte que subiera a mi casa ese día. Le invite a una copa y ocurrió el infeliz desenlace.

— ¿Y si el escritor presenta una denuncia por herida con arma blanca?

—No lo hará.

— ¿Cómo lo sabe? Marta se puso de pie y caminó como si pensara en esa opción pero estuviera muy segura de la reacción del otro. Luego marcó con un lápiz en una hoja una respuesta y al inclinarse muy cerca de Wert percibió un halo envolvente y arrebatador. Algo seguía haciendo «crack» en su cabeza. Abrió el papel y leyó:

«Lo sé».

Aquella respuesta le iluminó. Quien estuvo allí esa noche estaba en el círculo íntimo de Marta. Se puso de pie y caminando al azar vio una foto encima de un mueble de varios jóvenes y preguntó si podía quedársela, ella asintió, y puso detrás «nombre de la banda de los seis» y le solicitó a Marta que detallara en un papel sus nombres, sus teléfonos y direcciones de correo electrónico. Wert se despidió. Al salir envió un WhatsApp al escritor:

#Hemos presentado denuncia por heridas leves en casa de Marta Foss, pase a firmar mañana#

Un mensaje de J. Re apareció en la pantalla.

#Ok#

Wert caminó lentamente por el Paseo Sant Juan. Otra vez lloviznaba. La ciudad estaba cálidamente oscura. Un viento movía las hojas de los plataneros hacia la montaña. En los laterales del paseo un grupo de porreros, calaban y calaban. ¡Qué asco! —dijo.

¿Qué tripa se te ha roto? -03

«Jefe, alguien le espera en la recepción» -03

by J. re crivello

«Jefe, alguien le espera en la recepción». El temido Inspector Wert bebía café en un rincón del despacho. Llevaba la corbata suelta, una camisa a rayas azules, se había quitado la chaqueta y arrastraba un humor de perros. Su Comisaría, situada en el barrio de Gracia de Barcelona padecía recortes, le habían quitado tropa de a pie, dos coches en el taller mecánico, y otros dos sin presupuesto para gasolina. A su jefe inmediato lo habían pillado por cohecho y su puesto bailaba en la jerarquía hasta las nuevas elecciones. Nada marchaba bien, hasta la Mafia china corría mejor suerte que su comisaría de 300 hombres metiendo una nueva droga líquida en las salas de fiestas de los puretas o cincuentones divorciados y de vuelta, que mezclaban tabaco Winston con esos mililitros de agua de soda. El país se venía abajo ¡joder!

— ¡Hazlo pasar!

Por la puerta apareció un tipo de metro ochenta y pico, con mirada rápida y barriga de sesentón, gafas rectangulares y una camisa roja a cuadros. Le acompañaba un buitre, un abogado de la calle Río Negro, 13. « ¡El escritor desaparecido!» —exclamó Wert.

—Mi cliente está arrepentido de escapar de la casa y como gesto de buena voluntad se presenta y además trae consigo el cuchillo. Wert miró el sobre y la daga Sniff venía limpia con Fairy y brillaba como nueva, pero en una parte de la empuñadura observó un hilillo de sangre reseco. Lo entregó a su ayudante para laboratorio; de los recortes logró salvar una máquina que al poner la sangre a una luz azulada leía el ADN en minutos, con ello sabría quién era el muerto. Los hizo sentar:

—Ud. ¿Por qué se marchó?

—Un asunto privado —respondió el escritor.

— ¡Y dale con el asunto privado! —Exclamó Wert— ¡Ud. me ha puesto en ridículo ante los ciudadanos!, y ahora pretende que me trague esa historia de que estaba con una mujer en una casa y además…

—Mi cliente aporta su voluntad, pedirá disculpas en público y solo acepta narrar los hechos una vez y en mi presencia —dijo el abogado con una voz espesa, de anís con moscatel pero de bar fino y del centro de Barcelona. Acabemos —pensó Wert— mientras la secretaria tomaba notas en un portátil.

—La noche de autos— comenzó a relatar J. Re.

—De autos ¡joder! Ustedes los escritores ven solo tele… al tema, al tema.

—Estaba en la cocina bastante bebido y riendo, llegué allí por una invitación de Marta sin comprender a cuento de qué iba. Me encontraba apoyado en el lateral de la cocina a «lo Bertin»; de aluminio, tipo isla, cuando Marta bromeaba con un cuchillo insistiendo en que escribía y no se atrevía a publicar, y sus personajes usaban el cuchillo así y asá; mientras lo movía amenazadoramente a muy pocos centímetros de mi barriga. La atmósfera de seducción y complicidad nos rodeaba cuando sentí que alguien saltó por detrás empujándome, el cuchillo de Marta se me clavó y al retorcerme pude ver a otra persona que peleaba con Marta y esta se defendía con otro cuchillo y me desmayé.

— ¿Y? —preguntó la secretaria.

—Al despertarme estaba solo, pude ver sangre en la cocina, me arrastre con el cuchillo, me lo quité, tapé con el paño de cocina y escapé.

—Mi cliente aporta el trapo de cocina —dijo el abogado— entregando otro sobre con un trapo de flores que olía a paella.

Wert se puso de pie y llamó por el teléfono. Luego dijo:

—Tenemos dos cuchillos el aportado por Marta y el que nos ha entregado. Del laboratorio nos confirman que la sangre es diferente. Me imagino que una es suya y la otra pertenece al gorila que le empujó en la cocina. Vale, puede marcharse, le llamaremos después de interrogar a Marta y la mujer que le encontró, esa amiga que le acompañaba.

—A. Fer —confirmó la secretaria. Antes de salir Wert fue hasta simpático, acercándose al escritor dijo con cierta picardía: «leí un cuento escrito por Ud.».

— ¡Ah! —dijo el escritor. Y el Inspector Wert le relato el cuento del tal Manolo Olguín que comía gallos salvajes criados en la parte alta de la ciudad y ambos rieron hasta la salida de la comisaría. J. Re una vez fuera, escribió un WhatsApp a Marta:

#El gorila que nos atacó anda suelto ¿Va a por ti o por mí?#

Una respuesta rápida apareció en pantalla.

# ¿Qué gorila?#  Marta.

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