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Barcelona / j re crivello

5 consejos para un escritor joven

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Este libro ya está muy cerca de ser editado

Dedicado a Alex, joven, muy joven escritor de la ESO / by j re crivello

1-No te dejes llevar por las modas. Influyen en el ánimo, pero con el tiempo dejan tu escritura anquilosada y triste. ¿Quién se acuerda de los surrealistas? ¡Nadie! Están en botellas de boticario y en los estantes altos lo que les convierte en rutinas alejadas de la cultura.

2-No busque justificaciones morales. ¿Quién te ha traicionado? ¿Tus lectores? O tan solo aún no has encontrado ese estilo personal y cálido; o personal e irascible; o personal e íntimo.

3-No des tu opinión en todo. Aunque veas que yo lo hago. Especialízate en miradas profundas y personales de temas que creen en ti un adicto y en el lector un fanatico de esa porción de la inteligencia.

5- No seas tolerante, por cortesía. Si eres autoexigente contigo no aplaudas a los papanatas ni hagas alianzas con otros escritores para difundir lo malo, lo caótico. Solo aplaude lo genuino y original.

6-Escribir como en cualquier profesión es una carrera a largo plazo. ¡Fácil!

La Gatti: 12 a quién Ud no invitaría -05

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Compartimento C / Ew Hopper

by j re crivello 05

U Faber se sentó en el mismo sitio donde el sushi venia envenenado y mezclado con carne de delfín y pidió un plato variado, La Gatti hizo lo mismo. Para ella vivir en Nueva York se estaba convirtiendo en un día detrás del otro y variaba continuamente. Vio la mirada de su interlocutor y se dispuso a contarle algo de su pasado. La cerveza rodaría y tal vez el taxista pasaría por la piedra o se frenaría, o ambas a la vez. Qué pensaría él de su vida pasada, y su novia oficial la tal Mor Fernández.

Hace unos años vi la serie de 2 metros bajo tierra, en aquella época me parecía una burla del destino —comenzó a explicarse mientras cruzaba las piernas y el sol raspaba sus muslos tan sensuales y prosiguió-, mi marido, -estuvo a punto de decir el primero de ellos, el original-, se inventó su muerte y su entierro, y ante aquello me eche un amante, él me descubrió al volver y de tal lio, él aún vive desquiciado al lado del cementerio y yo me he transformado en una divorciada, llena de vida y con un corazón arrebatado por las dudas. Otro movimiento de piernas altero a U Faber aún más. Pero ella siguió. A veces la vida no es un camino de rosas. Pasados unos días del escándalo, surgió en mi interior un deseo de ir de aventuras. Recuerdo una, me encontraba sentada en el único bar del pueblo y se detuvo un coche, azul, de faldones dorados. ¿Quién podía visitar esta comarca llena de antiguos pleitos? Cerca de Barcelona pero a la vez protegida de la gran ciudad. Y del coche bajo un tipo espeso, de gomina en el centro de la nuca y camiseta de mangas cortas de color rosa. ¡Por Dios que mal gusto! Pero… al verle: ¡era mi primo! Y venia en mi dirección. Por mi cabeza pasaron rápido y reajustadas en el tiempo las tardes en el pajar, las confidencias, las primeras experiencias referidas a la piel, el vello, la lengua, las nalgas. Conocía su paisaje físico y él mi intimidad. ¡Trágame tierra! –Exclamé- Ya era tarde, una voz con tintes de rock espeso y mezclada en aceite de ciudad dijo:

—Hola

— ¿Qué haces aquí? —pregunte, mientras recordaba a la psicóloga y las prevenciones referidas a contenerse con el sexo, o ráfagas del palo: “Ud. perdió a su marido y el necesito llamar su atención con un suicidio falso”

—Pasaba por aquí, del otro lado de aquella montaña -dijo señalando y mirandole por debajo de las RayBan, y recordé el valle, la comarca. Recordé el pajar, nuestras charlas que están metidas en mis últimas canciones. ¿La has escuchado? La Gatti frunció el ceño, perdida en esa garganta regada en  verde, donde todos se odian. No podía confesar que sus canciones le aportaban un soplo de vida. Ni confesar que veía sus apariciones en el canal de Youtube. Y respondió.

Carne de sauce

Ron y pastillas de jabón

Al pasar tu mano el sol se desploma. Había recitado sin más una estrofa que salía en la radio cada día ¡Qué horror! Estaba ahora a sus pies, como confesando que aquellos días estaban tan presentes aún en su vida, que no eran un amago, no eran un destino, sino una fuerza de los genes que une a algunos primos, como decía en un artículo leído en la prensa hace un mes.

—Me he divorciado –dijo la Gatti

—Ese no era para ti. Cada vez que hablaba te decía palabras cargadas de naftalina. ¿Me llevas hasta allí donde nos juntábamos hace años?

— ¿Al pajar? ¡Tú estás loco!

—Sí, insistió Víctor. Desde que compuse aquella canción siento que debo volver por la senda para saber qué pasa cuando los años nos recorren en sentido inverso.

Carne de sauce

Y… sexo antiguo. Agrego la Gatti, como recitando el final de la canción, pero esta vez dejo escapar su ritmo mientras su rodilla izquierda marcaba el compás. Y se montaron en el coche. El granero estaba a una milla del pueblo. Una sierra que se elevaba despacio, de dorados, de verdes suaves. La propiedad aún era de su familia, pero ese refugio estaba deshabitado, suelto en el paisaje, dejado a medias, rodeado de los humores de la comarca: broncos, llenos de sandeces vitales y de porfiados habitantes que lidiaban entre sí por alcohol y mentiras. Bajaron. La puerta de tres metros de alto quedo entreabierta. Se quitaron la ropa con prisa mientras recordaban el lugar donde todo comenzó con una cita referida a doctores y enfermos. Allí La Gatti afirmaba que deseaba ser médica, que sus inyecciones eran sutiles, y el miro a su vida y paso en segundos por su alejamiento, y las canciones que escuchaba lastradas de abandono. En segundos la desnudez y la gimnasia les separo. Aquello no funcionaba. Estaba rota la aventura, la fantasía, el deseo, pero las lágrimas brotaron y las risas, y las confidencias. Ella dijo:

— ¿A dónde ir?

— Márchate a Nueva York–respondió Víctor. Ya te dejo el dinero. Desnuda la Gatti, de pie, con un físico esplendido, senos como dos astros del cielo, barriga suave, lunares en la cadera y vello castaño, mirándole, dijo:

—Me voy. Déjame más allá de la montaña que cierra el valle. Me compraré un billete en el aeropuerto. Víctor sonrió, desnudo, con tatuajes en la pelvis rodeándole el pene de un dragón. Y entono unas frases:

Carne de sauce

Tus mentiras son las mías.

Hubo una pausa larga, el sushi bailaba en aceite, U Faber apuraba otra cerveza. La Gatti dio a entender que por ello estaba en nueva York. No había ningún proyecto personal detrás tan solo un viaje financiado con dinero de un primo cantante y famoso. U Faber sonrió. Tal vez era fácil dar algún contenido amargo a esa vida contada al revés, o dar consejo, ¡o que se yo! Apuro la cerveza. Solo dijo:

—Si te apetece puedes quedarte en casa hasta que encuentres trabajo y decidas hacia dónde ir. ¿Qué tu ex marido se hizo el muerto? ¿Se hizo enterrar?

Sí, yo le quería. La Gatti le miró como diciendo ya te contaré esa historia. U Faber se puso de pie, le invitó a quedarse en su piso de la 58.

—Tengo una habitación vacía. Dijo— y se marcharon

 

Nota 1

Un día después el coche subió en dirección a la única salida del valle, una carretera espesa y de curvas que ascendía amagando perderse en la montaña. La Gatti miro hacia atrás antes de sobrepasar el Km 46 donde se ve el valle y se abre un sendero de subidas y bajadas de montañas gigantes que dejan detrás un pueblo que solo ve su vida y respira sus amoríos e incesto con orgullo e ingenuidad.

¿Quieres ver una foto de la Gatti? link

Universo La Maga & FlemingLAB suman esfuerzos

Universo La Maga & FlemingLAB suman esfuerzos para ofrecer servicios. La web de FlemingLAB  ya ofrece los diferentes servicios para escritores y otras artes de Universo La Maga y ellos muestran el taller de FlemingLAB / j re crivello para sus clientes en más de 80 países. ¡Brindamos por la cultura! –j re crivello

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Los españoles/as: ¿Somos toreros o cobardes?

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By J Re crivello

 “Un país como aquel en el que estaban todos vestidos de toreros, sin embargo era uno de los países más cobardes que he conocido, curiosísimo. Nosotros tenemos esa fascinación por los toreros, pero aquí de toreros, nada, una mata de cobardes”.

Fascinante observación por parte de Eduardo Arroyo sobre la España que crece a finales de los años 80. Debemos convenir que todo paisaje tiene sus iconos y puestos a decir: el toreo, el toro, las figuras doradas de la plaza que nos alimentaron durante gran parte del siglo XX han pasado a formar el escenario de los autobuses de turistas.

Pero si algo sigue vigente es esta frase del pintor que ha quedado flotando y es la definición “una mata de cobardes”. Ante lo cual no he podido más que retroceder al pasado. Diríamos que la valentía, el gasto en consumo de héroes acabo en la guerra Civil, en ese claroscuro tan lejano  y ausente  donde los españoles decidieron participar hasta que la náusea de lo vivido diera con ellos. Luego una larga noche de arrepentimiento, o de desahogo personal o solitario permitió equilibrar valentía o sumisión.

Las nuevas generaciones del siglo XXI ya amasan ese pequeño tesoro, de ambición, valor  y autonomía. Han desaparecidos los fantasmas, los recuerdos de nostalgia de narraciones que surgían en sus abuelos. Es una lógica que está fuera de sus apetitos vitales. Nadie se pregunta si aquello debería ser reparado, como lo hacíamos nosotros aun en los años 70. Cuándo al conversar o pensar, decíamos que la derrota de la izquierda –o de la República, era una deuda que debíamos reparar cultivando sus mitos, debilidades o aspectos positivos.

El cubo de la lavadora ya ha dado varias vueltas más, no sabemos si estuvimos allí o soñamos. Cada nuevo minuto habla por sí solo de nuevas expectativas: la desazón por la crisis, las complicidades emocionales, los intereses ecológicos, las redes sociales.

La puerta se ha cerrado. No nos vestiremos ya más de toreros, ni presumiremos de valientes como antaño, ni admiraremos las fotos de Frank Capa. Se abren tiempos rápidos y ligeros en donde corremos para encajar en la ola prestada y firme que se incuba en la cuenca del Pacífico. Ni siquiera los liberales resistiremos a esta nueva ideología que aún no ha sido bautizada. Pero si sabemos que posee esa impronta característica de los espectáculos deportivos “no tiene un final preconcebido”.

Nota:

El sábado fui a comer a casa de unos amigos, de golpe una pareja mencionó mirándome “asistimos a un debate-coloquio sobre Carlos Barral, ¿te acuerdas de él?” Si me acordaba de ese torero. De la Barcelona abierta y multicultural y no cerrada y nacionalista actual.

Nota 2: Carlos Barral

Se le considera uno de los artífices del boom latinoamericano dando a conocer a autores como Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique o Julio Cortázar.

Su obra memorialista incluye treinta años de Diarios y la correspondencia, entre otros, con Max Aub, María Zambrano, Camilo José Cela, Miguel Delibes, Gonzalo Torrente Ballester, Vicente Aleixandre, Caballero Bonald, Alfredo Bryce Echenique, Giulio Einaudi, Alberto Oliart, Jaime Gil de Biedma, Jaime Salinas Bonmatí y los presos políticos de Burgos. Su archivo se encuentra depositado en la Biblioteca de Cataluña Ver la Wikie.

 

Os presento a Maite R. Ochotorena

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¿Sábado?, Vamos a comprar, nos vestimos de gala para la tarde, o salimos con los hijos/as. O vemos una peli con nuestro amor. Y consultamos el móvil o la Tablet y allí llega esta presentación de j., de una escritora sugerente. Les dejo a Maite.  Un saludo Vuestro J. re

By Maite R. Ochotorena

Hoy me gustaría compartir contigo un pedacito de quién soy, ¿sabes por qué? Porque creo que mi lucha puede ser la tuya, aunque nuestros sueños sean bien distintos. ¿Qué quieres tú? ¿Qué te dice esa voz interior que hagas? Esa voz que te repite como un sonsonete cuánto te gustaría… ¿qué? La mayoría de nosotros ni siquiera somos conscientes de esa voz, o la tenemos tan ahogada que no podemos escucharla, o… si la escuchamos, se oye tan distorsionada que no somos capaces de entenderla.

Lo sé porque yo lo he estado haciendo toda mi vida, correr en dirección contraria. En mi caso siempre he sabido bien lo que deseaba: mi sueño era, es y será, ser escritora. Sin embargo he pasado mi vida yendo contra corriente, negándome quién soy, lo que soy, y empeñando enormes dosis de energía vital en ser otra cosa. ¿Por qué?

He tenido mil excusas, de verdad: está la falta de autoestima, nunca me creí que lo que yo escribiera fuera a interesarle a alguien, nunca pensé que tuviera calidad como para dedicarme a ello… También está la educación, porque… nos han recalcado tanto que esto de ser artista, pintor, escritor, músico es un sueño inalcanzable reservado sólo a unos pocos privilegiados, que nos moriremos de hambre persiguiendo una quimera, que no es serio, que no hemos estudiado para acabar siendo poetas…

Si tienes miedo, existe todo un catálogo de excusas a la carta que la propia sociedad te sirve en bandeja, y si le sumas las que tú mismo creas… Pues te pasas la vida minando tu personalidad, volviéndote una persona gris, sin ilusión, que se limita a vivir otra vida… apostando por proyectos ajenos, por ilusiones distintas, negándote a ti mismo y a los demás lo más valioso que posees: quién eres de verdad, tu autenticidad, tu talento.

Eso corrompe, destruye por dentro, y un día sin saber por qué te levantas apático, depresivo, enfadado con el mundo, furioso contigo mismo.

Yo lo he hecho.

Pero hoy ya no.

Hace ya un año que di el paso, que escogí darme una oportunidad, apostar por mí, por una vez, por mis proyectos, por mis sueños, en vez de por los sueños de otros. He derrochado tanta energía por otras batallas, que si la hubiera empleado en la mía, ¡habría llegado a la luna! ¿Y sabes lo que ha pasado? Que aquí sigo, feliz de poder dedicarme a lo que me apasiona, aunque, no te mentiré, a base de mucho esfuerzo y constancia, con días buenos y días nefastos… pero adelante.

Siempre adelante. Merece la pena.

Link a este texto: https://maiterochotorena.blogspot.com.es/2016/03/luchar-por-lo-que-uno-quiere.html

Link a mi blog: https://maiterochotorena.blogspot.com.es

Link a mi novela El Destino de Ana H. Murria: https://www.amazon.es/Destino-Ana-Murria-Novela-Negra-ebook/dp/B01LYA19RN/ref=sr_1_2?s=books&ie=UTF8&qid=1490011480&sr=1-2

 

 

La Gatti: 12 a quién Ud. no invitaría a cenar

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Ha sido una maravilla
— ¿El qué?
—El polvo –dijo él.
—Bueno ni he tenido tiempo de respirar –dice la Gatti. Sus ojos redondos, aparecen cubiertos de una humedad que carga de fuego el habitáculo.
—Y en un wáter –insistirá él, como cualquier hombre que después del sexo quiere hablar de la proeza, de la descarga, de aquella aventura tan inusual. Es Román Brodwsky, vendedor de zapatos y lunático.
—Es el mejor sitio. Es autentico. La risa de la Gatti avisa de su peculiar encuentro.
—Lo hiciste antes alguna vez… ¿de esta manera? –pregunta él. Imagina que los hombres son malas compañías de los sueños femeninos, les asusta dejar de ser amantes ideales.
—Dos veces responde ella, fría. Para la Gatti el sabor de tanta fuerza de la naturaleza es parte de su historia. Hasta que se divorció por que su marido le descubrió con otro, fue hace un tiempo cuando a él le dio por hacer una broma y hacerse el muerto con entierro incluido, si no ella tal vez no habría salido a esos espacios de caza donde los hombres son dueños y se descomponen para sumar conquistas. La Gatti había ido dejándose ver poco a poco, en esto del sexo y el amor, y ahora era una forma de salir de la rutina. De vivir experiencias singulares. Y… -ella agrego-, a veces lo hago para romper con la rutina.
— ¡Quiere decir que no fue una casualidad! Para él aquello se torcía. Dentro de dos horas no le vería jamás a esta mujer, ni a este lavabo de señoras. El sexo sería un remoto espectáculo.
—Fue casual. ¡Siempre es casual! Dijo la Gatti despegándose de sus dos muslos y subiendo unas bragas rojas hasta muy poco más arriba de su sexo. Su fina barriga y un vello rubio trepaban más allá de la cintura. Era lo que siempre deleitaba a sus fans. Esa silueta dominada por un vello rubio zigzagueante. A los minutos la mesa del bar les unía de nuevo. Me queda media hora –dijo ella. Me tengo que ir. El dudaba que hacer, si acompañarle hasta el andén pero se refugió detrás de la cola. Se despidieron. La Gatti camino hasta la salida y pudo verle aun detrás de los cristales. La estación de trenes era antigua y los carteles de neón puestos por aquí o allá daban un aire antiguo y destartalado. Ella solo deseaba montarse en su vagón. Miro la hora. Miro el número. Y se sentó. Había quedado con U Faber en la estación central de Nueva York. Fuera el viento que corría se llevaba los papelillos de un grupo de seguidores de un club de futbol local. La Gatti sentía que su corazón le apretaba. Intentaba quitarse esa responsabilidad que tienen las mujeres cuando el sexo es hambre y diáspora. Hambre y ruptura con el aburrimiento. Saco su diario y escribió.

¡Joder! ¡Estoy hasta las narices de no poder separar sexo de amor!
¡Hasta las narices!
Roman Brodwsky llego a su casa cerca del mediodía, abrió una cerveza y puso la tele. Luego vago en calzoncillos por su departamento, mordisqueo la pizza que le sirvieron de la casa de las pizzas de dos colores. Luego lloro un rato, si hubiera estado un amigo cerca habría escuchado su frase dicha en voz alta: ¡la muy puta… me gano en todo!

U Faber se puso colonia a lavanda, venia de un asalto de sexo con Mor Fernández, y en unos minutos vería a la Gatti. Mientras se alisaba el pelo pensó:

“Atrapado estoy entre la adrenalina y las dudas de amor. Como siempre resolveré desde lo caliente, espero esta vez no equivocarme”. Paro el taxi y pudo ver una flaca, rubia de ojos verdes sentada en un descansillo. Sus piernas brillaban desde lejos atrayendo las miradas masculinas. La saludó. El beso en la mejilla rozo un labio. Sabía a sal.

A sal

 

Nota

Continúa el Lunes: La Gatti

Web de 12 a quién Ud. no invitaría a cenar

Disparadores: ¿Cuál es la diferencia entre un escritor que escribe y uno al que lo leen?

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Ambos escriben… pero:

  • Cuando a uno lo leen mucho aparece en su interior la sensación de que no es necesario ser leído, pues ya escribe para fluir.
  • Si uno fluye surgen multitud de ideas y una libera a la siguiente, como una carrera mágica que no parece tener fin.
  • El ego mengua, cada vez más pues detrás se acumulan miles de horas (recuerde Ud. que un buen coach es aquel que ha servido al cliente más de 10.000 horas) y ellas ennoblecen las historias futuras. Y las que vendrán serán más sabrosas y atractivas.
  • Hace ya tiempo que he decidido escribir como mínimo 5 artículos semanales. Es como ir al gimnasio –pero sin agujetas ni lesiones-. La cabeza y la creatividad cada vez están más despiertas y agiles.
  • A ambos escritores les interesan que les lean. Salvo que a aquel que le leen continuamente genera un flujo de simpatía entre él y aquellos que le echan una ojeada. En el primero son sus lectores, en el leído son sus compañeros de viaje.

¿Se atreve a insultarme? Mañana tal vez le devuelva un artículo que comience por: un tipo/una tipa ayer me dijo…

Espero su opinión/ Saludos -j re

U Faber. 12 a quién Ud no invitaría a cenar

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Última foto que me ha enviado La Gatti hace unos días -j re

Alguien se cruzó por delante del taxi y U Faber freno en seco. Se abrió la puerta y se montó una rubia delgada con sonrisa atrapadora. Labios pequeños, cara de joven rebelde pero tal vez treintañera. ¡Casi la atropello! Exclamó U Faber mirando por el retrovisor. No obtuvo respuesta, la rubia miraba por la ventana como abstraída mientras mordisqueaba una cañita para beber cola sin azúcar. Puso en marcha el coche y atravesó el lateral de Central Park, pero la tipa no hablaba. U Faber repitió su pregunta en francés, luego en alemán y en ruso, ya agotado dijo en español su frase tan remanida pero que daba resultados: ¿Cómo se llama? ¿De dónde viene? Se escuchó una voz marcada y cual torrente que hizo que el taxista notará que en su coche estaba otra de aquellas mujeres que el tanto apreciaba:

—Soy la Gatti. Vengo de Barcelona. U Faber conocía el español de vivir unos años sus padres en Puerto Rico. En su acento tan tropical quiso averiguar si giraba por Central Park o se alejaba, pero escuchó:

—Tú ¿adónde me llevarías? La pregunta violaba sus defensas, a esa flaca, rubia y con cara de gorra la dejaría en la calle o la subiría a su piso de la calle 89. Pero más disciplinado pues ahora tenía una semi-novia una tal Mor Fernández, decidió vender un viaje.

—Si le parece, le puedo llevar a un restaurante donde preparan un sushi de delfín —aconsejó. Esa ruta era de las que sorprendían a los turistas, el tenía varias del tipo: en los próximos 5 minutos veremos el alma de Nueva York. La Gatti asintió, su mirada era verde, suave. Al quitarse las gafas U Faber presintió que aquella arrastraba una gran historia detrás, pero se preguntaba como la haría hablar.

A la media hora se sentaban en el restaurante, siempre paraba el taxi en un reservado ilegal que los polis respetaban y solía comer con quien contrataba su viaje, esa era su rutina, pero con esta clienta nada había sido acordado. Nada era previsible. Dio a entender que la comida la pagaba ella y su mirada verde esta vez más clara, la acompaño con una frase: “no te enrolles”.

—¿Dónde te alojas? ¡Zas! Ese tuteo le parecía tan artificial.

—Me he bajado en el aeropuerto esta mañana y no traigo ropa. Comprare todo aquí. ¿Luego me puede llevar a un hotel no muy caro? U Faber respondió que la llevaría a un hotel acogedor de un amigo y envió un mensaje de whatsapp para reservarle una habitación que daba a una plaza pequeña.

—¿Se quedara mucho por aquí? La Gatti le miro, sus ojos eran de un color verde casi opaco, y dejó caer una historia como que no llevaba rumbo. O tal vez sí. De donde venía aquello seguiría estando allí, incluido sus ex maridos.

—Nueva York es un buen sitio para cambiar de aires —agrego él.

Estás casado –preguntó ella. U Faber soltó una carcajada. Llevaba varios días que su estado civil parecía querer alterarse. Prefirió no responder, o mejor dio un rodeo hablando de la ciudad. “Hablas de las maravillas de la ciudad, con lo cual estás solo” —volvió a la carga La Gatti.

—Hace años que estoy solo —asumió sin reservas un U Faber que reculaba ante una clienta quien parecía conocer desde hace años.

—Cuando estamos solos la vida nos parece muy cabrona —dijo La Gatti. Luego saco una pequeña libreta de su bolso y escribió:

Queremos comer lechuga, pero nos atragantamos de carne. Se levantó, para agregar: llévame a ese hotel de tu amigo. Y salieron dejando el plato de sushi a medias.

Mañana: La Gatti

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6- disparadores para escribir

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by j re crivello

Como escribir… pero suponemos que antes leyendo. Digamos que el escritor puede nutrirse con papaya, con coca cola o drogas. O con historias familiares, o con sueños. Pero hay algo más sencillo: navegar

Si, navegar por los periódicos buceando historias que le invitarán a incluirlas en el reparto de su nuevo texto. Para ello es aconsejable

1-No copiar, sino meter el link y un trozo como base y luego escribir siguiendo la fiebre de la creatividad.

2-Luego buscar en internet historias paralelas que documenten aquella.

3-Regresar al texto y corregir

Y ya tenemos un nuevo artículo, la Inteligencia Artificial abrirá insospechadas vías de agua, pues le dirán al robot: escribe una historia para señores salvajes abandonados en una isla, y navegara por la red acumulando pequeñas dosis de antiguas rencillas de malos o buenos guionistas y las mezclara bajo los parámetros que ha sido solicitado el texto: tres hombres, una mujer, odio salvaje, muerte y entierro de dos de ellos. Fin.

Nada puede cambiar la I A. Y tal vez necesite acostarse con alguno de nosotros/as que escribimos historias. Para él, la cama, el coito, el enamoramiento entre el robot que quiere escribir una gran historia y nosotros quizás no produzca sexo en el sentido antiguo, pero si historias desabridas de humanos y chatarra.

¡Que lastima! Ud. tal vez anhelaba un enamoramiento o un sexo rápido… diremos que el futuro encontrara a escritores en islas perdidas dentro de moles rocosas y plástico con neón intentando contar un cuento. La duda será si al oído –via youtuber-, por las redes o por videojuegos.

Antes de escribir recuerde, navegue, antiguamente los viejos escritores leíamos. Pero se están muriendo todos los viejos roqueros. Inclusive este tipo que le cuenta cosas y bebe café y se sienta a escribir con una manta marrón en las piernas y un buda de madera detrás regalo de dos almas limpias. Per… prometo aún darle la lata…

 

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