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Amigos, estoy corrigiendo este libro del asesinato de Kennedy, para re-publicarlo en Amazon… compartiré con vosotros todos los capítulos. Aparte de la historia muy interesante en su interior, el último capítulo revela quien le asesino. Detrás hay muchas horas de documentación para abordarlo. -j ré

By juan Re crivello. Este capítulo pertenece al libro de ficción histórica  Kennedy (obscenity)           (C) Derechos reservados

De mi lista, decidí llamar al siguiente, respondía a un seudónimo del Face, era un tal Mario G P. Convinimos en vernos en la terraza de un edificio del Est End, sus indicaciones precisas me llegaron a mi buzón: “al llegar a la entrada, presiona en un candado exterior y se abrirá, luego sube por ascensor hasta la planta 23, y dejando la salida, a la derecha aparecerá una escalera de hierro negro y putrefacta que se balancea. Al final encontrará una puerta con un pestillo con balancín la cual te permitirá acceder a una azotea, donde un gigantesco cartel de Pepsi Cola sujeto a una barandilla de alambre, deja ver una parte de Nueva York. Deberás estar allí a las 7 de la mañana, pero el día escogido será cuando el hombre del tiempo anuncie bruma y tormenta sobre la ciudad”. Espere dos días y deduje que esa madrugada era la ideal, me abrigue bien, llegué al edificio, y desde la planta 23 trepé por la escalera y al atravesar el pestillo apareció el inmenso cartel, casi al final sosteniéndose en el vacío a 30 metros de mi posición. Pude ver de pie, una figura de abrigo gris con las alas del cuello tapándole las orejas. Al acercarme, dije:

–Hace frio. No era muy alto. Me ofreció una lata de Pepsi. Convino que una vez abierta le echara dos gotitas de ginebra Dos Pasos de una petaca que me deslizó. Aquello sabía a gloria, la bruma flotaba sobre nosotros a punto de estallar en una sólida tormenta. Él comenzó la conversación y dijo:

–Acepte su entrevista porque es el único seguidor que tengo de España. Mi interlocutor llevaba un sombrero de galerías Lafayette, y las arrugas bordeaban los ojos hasta meterse detrás de una mata de pelo gris y débil. Mi conclusión era que representaba alrededor de 80 años, pero se le veía en un gran estado físico. Me tocaba mi turno y dije:

–He venido a New York a por experiencias nuevas y gratificantes, pero cuando me hice seguidor de su página del magnicidio, es tal vez por un sentido de conciencia moderna respecto a la libertad. Él no se inmuto –aquello le sonaba a palabrería de progresista–, estaba tieso, no sé si sería el frio, el rumor de la tormenta por venir, o era su estilo.

–El asesinato de Kennedy –dijo– fue la demostración de la manera que se puede acabar con la democracia sin consultar a la sociedad. Me llevaba hacia un tema que no venía a cuento, pero le deje seguir. Vea, y extrajo una imagen de sucesivas fotos donde Kennedy se retorcía primero desde atrás y luego desde delante. ¡Dos tiradores!  –exclamó. Pero esta era una de las clásicas teorías, luego diserto sobre la famosa bala mágica o CE399  –para agregar: “una sola bala, una bala de rifle de una pulgada de largo recubierta  de cobre, la cual es disparada desde el sexto piso del Texas School Book Depository que atravesó el cuello del Presidente, el pecho y la muñeca de Connally para terminar finalmente en el muslo de este último. Al realizar este itinerario, además la bala se introdujo en 15 capas de ropa, aproximadamente 15 pulgadas de tejido, golpeo en el nudo de la corbata, removió 4 pulgadas de costillas y se alojó en el hueso del muslo ¿Ud. se lo cree?”

–No –respondí. Pero a cuento de que venía este drama social, si mi vida en esta ciudad me remitía a establecerme y pasármelo bien. Él pudo captar mi desconfianza y detrás de aquellos ojos líquidos y verdes –afirmó:

–Ya soy mayor, si Ud. me ayuda en algunas investigaciones puede ganarse un dinero extra. Es anticuario de profesión ¿no? Pues este asesinato nunca se ha visto bajo la mirada de un profesional que cuida de lo antiguo con la máxima discreción.

–Pasados tantos años no creo que podamos saber la verdad —insinué.

–Quizás, pero si podemos conservar un relato de un Golpe de Estado que giró la sociedad en dirección a la Guerra de Vietnam.

– ¿Y cuál sería mi tarea?

–Yo le haría llegar material y Ud. lo subiría a una página y buscaría para conservarlo un sitio apartado de mis constantes físicas, pues mi decadencia ha comenzado y depende de Ud. garantizar la seguridad.

–Y… ¿si Ud. se muere? Me queda a mí el marrón. ¡Ni hablar!

–Le propongo crear una fundación bien financiada para que no dependa de una sola persona.

– ¿Porque me lo ofrece a mí? Soy un tipo recién llegado, mi inglés es normal, no tengo casi contactos. El tipo tosió y desvió su mirada hacia el cartel, intentaba convencerme de algo que sabía no podía aceptar. Era poner todas sus investigaciones en manos de un desconocido como si aquella tarea ciclópea me perteneciera. Reflexioné unos minutos. El silencio fue espaciándose y el extrajo de un bolsillo interior un papel impreso de la Wikipedia, decía textual: “A las 12:34 pm, aproximadamente cuatro minutos después de los disparos, la primera noticia dio la vuelta al mundo:

“DALLAS NOV. 22 (UPI) — TRES BALAS FUERON DISPARADAS A LA CARAVANA DEL PRESIDENTE KENNEDY EN EL CENTRO DE DALLAS… JT1234PCS”2  (1) Luego retomo el discurso al decir: Para que esto fuera posible, el periodista que iba en el sexto coche de la caravana presidencial necesitó enviar la noticia un minuto después del magnicidio (1). Algo insuperable en aquellos tiempos que no existían los móviles –agrego con cara de desconfianza–.

–Bueno, comprendo que son evidencias que no encajan. Los anticuarios decimos que las pistas del pasado construyen una historia cruda de los relatos por venir, por ello comerciamos con objetos o testimonios. En mi caso siempre me ha apasionado comprar y vender documentos antiguos.

–Ese es el perfil que me ha llevado hasta Ud. –agrego ufano mi interlocutor.

–Ya, pero las evidencias están dispersas, en miles de libros, e inclusive catalogadas bajo secreto de sumario.

–No todas. En su caso dispondría de ellas para estructurarlas y darlas al gran público como si fuera un gran relato.

–Los anticuarios no escribimos relatos, a lo máximo cuidamos de una fuente o varias fuentes, para preservar la voz de la trama. Sin escuchar mi dejo progresista –agregó:

–Es más, puede Ud. montar una oficina con una Web para iluminar aspectos del magnicidio.

– ¿De dónde sale el material? –pregunté.

–De colaboradores, de fundaciones sin ánimo de lucro y… de unos patronos.

– ¿Quiénes son los patronos?

–Son 150 ex agentes de la CIA. Nosotros pensamos que la organización estuvo detrás del magnicidio y antes de desaparecer físicamente hemos creado un fondo para financiar la divulgación y el debate respecto al asesinato. Hemos llegado a un acuerdo y me corresponde encontrar la persona adecuada para la misión. Una ligera llovizna comenzó a caer, mi contertulio abrió un paraguas y me refugie debajo, ya casi era de día y podía ver su cara. La nariz sobresalía inclinada desde la altura de los ojos. Le pregunte:

– ¿Que le obsesiona? Una mirada irónica contuvo la respuesta, apretó la lata de Pepsi y la envió contra el cartel, los chispazos del plástico protector dejaron sin luz la “o” de cola, luego dijo:

–En aquella época tenía 50 años y estaba de pie, muy cerca del magnicidio y me sorprendió profundamente. Siempre pensé que fueron tres o cuatro disparos, pero con dos orígenes diferentes. Aun puedo reconstruir en mi interior el suave sonido de una trayectoria por detrás mío que no provenía de la biblioteca. Ese es el sonido del proyectil en cuestión, aquel día, el estado de excitación ha borrado casi todos los recuerdos, pero los sonidos aparecen sin cesar. Me guía el ruido de dos diferentes ángulos y ello abre en mi la teoría del complot. Luego trabaje hasta jubilarme en la CIA y pude reunir fuerzas y material para reconstruir el magnicidio, poco a poco, solo a partir de preguntas y tejiendo una red entre mis compañeros para financiar el proyecto. Mi trabajo está hecho, solo me interesa publicarlo de una manera ordenada…

– ¿Cómo contactaremos? No me atrevía a decir nada más, quería ver si era un proyecto real o una encerrona.

–Le hare llegar mensajes y nos veremos para trasladarle el material, Ud. lo situara en la Web.

–Y, ¿si hay escandalo?

–Ya está todo dicho o casi. Por ejemplo algo que no pensamos transigir es respecto al agujero de la chaqueta de la espalda y de la camisa, lo cual impide afirmar que la trayectoria de la bala haya provenido desde el sitio del tirador de la Biblioteca (2). Nosotros pensamos que está situada demasiada baja, lo que confirma  la existencia de un cuarto proyectil, o de un tercer proyectil desde un segundo tirador. Se detuvo, respiro, luego introdujo la mano derecha en su pesado gabán y saco dos sobres –y agrego–. Este tiene dinero para que monte una pequeña oficina y en este otro está la primera remesa de documentos que tendrás que escanear, limpiar y subir a la red. Los retuve y separe el dinero que fue a mi bolsillo del pantalón. Nos despedimos. Él dijo: “le hare saber de la próxima cita”. Dejé aquel cartel y comencé a bajar por las escaleras, luego monté en el ascensor, al salir a la calle temblaba, sentía en mi espalda un agudo silencio, como si me vigilaran, por ello corrí apresuradamente hasta girar la esquina donde me esperaba el taxi de mi amigo, al verle suspire y su sonrisa me recordó a la mantequilla fresca. Le pedí me llevara hasta el hotel.  Antes paramos en una tienda de productos informáticos y compre un escáner rápido y ágil, que conectaba directamente a la red. Esa tarde noche –antes de ver a Elsa Rockefeller-, puse en resguardo aquella documentación. La dirección IP de la web la mantuve apartada, pero en la imagen de Face que él había creado hace unos días subí los primeros documentos abiertos al público.

 

Notas

(1) http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_de_una_sola_bala#cite_note-1

(1) ·  Merriman Smith, “Eyewitness–The death of President Kennedy”, historiadel UPI, 23 de noviembre de 1963

(2)If my analysis is correct, the HSCA Photographic Evidence Panel’s wound-pattern conclusion is not correct. The back wound would be higher than the throat wound. Si mi análisis es correcto, el Grupo HSCA evidencia fotográfica de la herida patrón conclusión no es correcta. La herida de nuevo sería mayor que la herida garganta.

The holes in the back of JFK’s shirt and jacket are indeed too low to allow a bullet fired from the “sniper’s nest” to emerge from Kennedy’s throat and cause Governor Connally’s back wound. The holes have been measured by the FBI, the Clark Panel (CP), and the House Select Committee on Assassinations (HSCA). The measurements vary slightly, but are close enough to determine that the same missile made the respective holes in the shirt and jacket. The locations determined are as follows:

I would like to make one point before I address the photographic record, a record that is ripe with photographs and films of John Kennedy’s jacket, yet shows precious little of his shirt, and nothing of the back of the shirt which concerns us here. In regard to the photographic record and the shirt back, it is inappropriate to speculate about that which cannot be seen. Yet, the issue must be dealt with in some fashion. Because the holes in the shirt and jacket align with one another, and if the jacket was flush and in the normal position when the shot struck, then the shirt must also have been flush and in the normal position. Conversely, because the holes align, if the jacket was elevated when the shot struck, the shirt must also have been elevated. That logic serves to conjoin the discussion about the photographic record of the shirt and the coat for the purpose of this essa.  All rights reserved. 1999. John Hunt, Jr.

 

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